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Alma de todas las devociones a la Virgen-I

 – Publicado el 7 de junio de 2013 en el blog –

LA DEVOCIÓN AL CORAZÓN DE MARÍA NO ES COMO LAS DEMÁS DEVOCIONES

“…el Corazón de María. Ya su nombre, tan dulce para los labios, es fuente de una esperanza que no puede fallar” 

(Carlos Eleonor Dufriche-Desgenettes)[1]

El movimiento mariano, Fátima, una corbata, una tesis, la dormición, el aplauso, un fichero, el claretiano… y el Corazón de María

            Son muchos los hechos que nos hacen a tantos pensar que, desde hace mucho tiempo y de forma que, seguramente, se intensifica cada vez más, vivimos en la Iglesia un llamado movimiento mariano. También un movimiento del Espíritu Santo.

            En lugar singular de este movimiento se encuentran las apariciones marianas de Fátima (1917), Pontevedra (1925) y Tuy (1929), las de 1917 a los tres pastorcillos, las otras sólo a Lucia. Y el caso es que uno de los mejores estudiosos que ha tenido Fátima, el P. Joaquín María Alonso, C.M.F. (1913-1981), decía que el Corazón Inmaculado de María era el “alma del mensaje de Fátima”[2].

            Fátima, amigos míos, es como si fuera mi patria. Yo soy de Barcelona, que cae más bien a desmano, y todo empezó en Barcelona (provincia), en el colegio, cuando, teniendo yo quizá 11 años, nos pusieron una película sobre la Virgen de Fátima. Aún recuerdo las lágrimas, secadas con la corbata del uniforme si la memoria no me traiciona, que me saltaron cuando la Virgen decía: “Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. Rusia se convertirá, y un período de paz será concedido al mundo” (aparición de julio de 1917)[3]. La oración que me saltó, como un ciervo apasionado, en aquel momento, me la callo por razones de prudencia. Todavía vivo de aquella oración –amigos míos-, y tengo cuarenta y cinco añazos todavía insatisfechos. Pero que nadie piense en místicas, porque no las hay.

            Por eso, siempre ha sido el Corazón de María mi Virgen predilecta[4]. Ese Corazón lleva dentro mi vida. Y es gracias a Fátima por lo que yo digo, con seguridad, que el movimiento mariano ha de tener como bandera y como emblema el Corazón de María.

            Pero algo tendrá el agua cuando la bendicen, y nosotros hemos de tratar de saber qué ha impulsado a nuestra queridísima madre a llamarnos a mirar hacia su Corazón. Sencillamente, un capricho de ella no puede ser. Y yo creo saber lo que pasa, pero no por mí, sino porque me lo han contado… Y me lo ha contado el señor que antes mencionaba, el P. Alonso, sobre cuya teología del Corazón de María defendí el año pasado mi tesis de licenciatura en teología[5], con la presencia –que daba calor- de no sé cuántos de mis numerosos hermanos y sobrinos; dos de ellos, por cierto, cuando acababa el discurso de defensa, fueron tildados de sospechosos de dormición. Y lo más divertido fue cuando una de ellos inició un aplauso en un momento en que no correspondía, la secundaron, y el presidente cortó por lo sano. Más tarde me decía ella: “Pero ¿no me dijiste que teníamos que aplaudirte?” “Sí.” “Pero ¿por qué?” “Pues porque quería que me aplaudierais.” Y había, por cierto, un fichero cerrado sobre mi mesa, estratégicamente colocado para que ningún profesor pudiese tocarlo, porque tener –oh amigos- un fichero sobre la mesa da tanto prestigio al licenciando cuanto vacío, completamente vacío estaba el fichero de autos. Las cosas de la vida, de los ficheros y de los aplausos. Los trucos. Las cosas de mis hermanos, de tanto amor.

            Pues, señor, a contaros vengo la importancia y el lugar del Corazón de María[6] según la opinión del P. Alonso –que en este punto comparto plenamente-, con alguna mínima aportación mía[7]. Para ello, luego habrá que explicar qué es el Corazón de María –porque no es un corazón-, y explicar que no es lo mismo María que el Corazón de María, y que eso que dice la segunda expresión, y la primera no, es algo, y es algo que real y verdaderamente nos interesa. Yo estoy en que sí; ya lo creo que sí.

            Y que quede claro que el Corazón de María no nace en Fátima. Su cuna está muchísimo más alta, como que es el Evangelio de San Lucas: Lc 2,19: “María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón”; 2,35: “Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones”; y 2,51: “Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón”. El Fundador del Corazón de María es el Espíritu Santo.

            Luego ha tenido el Corazón de María una historia gloriosísima[8], cuyos principales hitos son San Juan Eudes, San Antonio-María Claret y Fátima.

Una posición de privilegio para la devoción al Corazón de María

Para Alonso, la devoción al Corazón de María es la vocación de cualquier otra devoción mariana. Si esa otra –la que sea- se vive con autenticidad, tiende a la devoción cordimariana por naturaleza. Y hay que aclarar dos puntos: primero, que se puede vivir de forma anónima -y espontáneamente muchos lo hacen- nuestra devoción, quiero decir, sin mencionar el Corazón de María ni dirigirse a él, pero viviendo la devoción mariana muy en el espíritu de María, que no es otro que el Espíritu Santo; quienes así viven no lo saben, les falta sólo un nombre, pero son devotos del Corazón de María[9]. Segundo, que esta ley se refiere al normal desarrollo de la devoción y del devoto, y en realidad es infrecuente que se desemboque en el Corazón de María, porque no estamos dispuestos a dar –en frutos de santidad- tanto como esta devoción nos pide. Es lo que hace millones de años me enseñó mi hermana –la del aplauso, sí, señores: lo habéis adivinado muy bien-: la diferencia entre lo normal y lo corriente. Lo normal es lo que se ajusta a la norma, y lo corriente, lo que corre por ahí, o sea, “lo que hay”.

La devoción al Corazón de María está, por tanto, como en germen en las demás devociones marianas, y así como Tertuliano dijo que “el alma humana es por naturaleza cristiana” –lo cual es una potentísima verdad, y lo digo porque la he tocado-; así podríamos ahora ponernos finos nosotros y decir aquí, porque así es, que “el alma mariana es por naturaleza cordimariana”. Y no está el punto en abandonar unas u otras devociones marianas para quedarse con la cordimariana. Esta llama a su centro a las demás, porque ese Corazón es centro de María –lo hemos de ver-. Las espiritualiza, porque ese Corazón es espíritu –lo hemos de ver también-, o, como quería San Juan Eudes, “el corazón del alma”[10]. Hay, pues, que quedarse con la devoción que se desee, pero dejando que se impregne –que nos impregne- con ese aroma de la más pura espiritualidad que el Corazón de María le va a trasvasar.

Y permitidme que insista en lo que he sugerido en nota. Conocido el Corazón, yo no sería tan valiente como para negarme a abrazar su devoción, y eso, porque ese Corazón campea como un imán de corazones en las páginas más maternales de nuestros Evangelios; por la llamativa insistencia que hace la Virgen en tantas apariciones –no sólo en Fátima, pero principalmente en Fátima-; y también por lo que espero que entendáis conmigo sobre la maravilla fulgurante que es la devoción en favor de la cual me empecino en gritar. Acaso, caminantes, queráis hacer conmigo lo que pedía el bueno de Gonzalo de Berceo, y me otorguéis, en recompensa, “un vaso de bon vino”.

Pedimos, pues, lo que Alonso llama “una posición de privilegio”[11] para la devoción cordimariana. Pero es que no es descabellado pensar que eso está pedido en Fátima, y además, estamos dando la razón de ser de esa pretensión.

Y la posición de privilegio no significa que sea una devoción superior; hay un documento pontificio que niega la existencia de alguna devoción mariana superior a las demás. Alonso dice que nuestra devoción no es “ni siquiera la más importante”[12], e insiste en que no se trata de superioridad, sino de impregnación.

Quedamos, pues, en que la devoción al Corazón de María es la forma de las demás devociones. Es una devoción mariana y es el espíritu de todas las demás; a las cuales impregna. No está a su lado. No puede ponerse en una lista con todas las demás, por ejemplo en orden alfabético. Alonso la compara con la caridad, ya que, en la visión de Santo Tomás de Aquino, esta virtud se requiere para que haya cualquier otra virtud sobrenatural. Santo Tomás se apoyaba, con seguridad, en 1 Cor 13:

“Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, sería como el bronce que resuena o un golpear de platillos.

“Y aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, y aunque tuviera tanta fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, no sería nada.

“Y aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo para dejarme quemar, si no tengo caridad, de nada me aprovecharía” (1 Cor 13,1-3).

 

            También dice Santo Tomás, si no me falla a mí la memoria, que la caridad es a las virtudes lo que la mano es a los dedos. La caridad, el amor, ¿no los simbolizamos con el corazón? Pero más adelante hablaremos de ello.

            Y si eso es verdad –como lo es-, y además resulta –como resulta- que el Corazón de María es también el centro y la interioridad de María, la fuente de María, la unidad de María y la gracia y la santidad de María, entonces os hago saber que el Corazón de María resulta ser la razón mismísima por la que veneramos y amamos a María. Ni más ni menos. Y os hago saber también que quien venera el Corazón de María se adentra en la María esencial o en toda María. Acude con amor a aquella raíz, a aquella fuente de María que justifica cualquier forma de culto a esta madre. El Corazón de María es el corazón de las devociones a María. Y lo es, en último análisis, porque del Corazón (esa fuente) brota todo. El Maestro mismo es quien lo dice: “De dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas” (Mc 7,21), y no cuesta nada adivinar que lo mismo hubiese podido afirmar de las buenas.

            Cierto que acabo de anticipar muchas cosas que me tocará probar. Pero sépase que, para Joaquín María Alonso, todas las virtudes de la Santísima Virgen, y todas sus acciones, y todos sus privilegios, y en general todas sus excelencias, son –eficaz expresión donde las hay- partes potenciales de su amor, y por lo tanto de su Corazón, y, de forma proporcional, todas las demás devociones marianas vienen a ser partes potenciales de esta devoción. Así es: cada devoción, así como su fundamento en el ser de la Virgen, “vienen a ser como partes potenciales que van realizando parcialmente la perfección del todo formal de que dependen”[13], el cual es el Corazón. El fundamento de toda devoción a María tiene su fundamento en el Corazón de María. “Toda la belleza de la hija del rey está en el interior” (Sl 44,14, en la traducción de S. Jerónimo). Todo nace del Corazón, empezando por el mismo Jesús, que no entró en el mundo por el vientre de María, sino por el Corazón de María; aunque esto cae fuera del tema de hoy.

            Espero haber entendido bien al P. Alonso. Espero haber despertado vuestra sorpresa al descubrir eso tan inesperado que resulta que es el Corazón de María, si bien hoy todavía no he entrado de lleno en el concepto como tal. Espero también –y proclamo que lo he intentado- no haber sido soporífero. Queda una segunda entrega, que os atizaré cuanto antes, porque lo que he anticipado no va a quedar sin explicación y porque aún queda más hilo para la cometa.

            Faltan ahora mismo cuatro minutos para que comience la fiesta del Inmaculado Corazón. Que él me perdone mis deslealtades en su servicio. Y que el Espíritu Santo –nosotros, en el Corazón de María, hemos de ver al Espíritu Santo- os haga entender, y más que entender amar, hasta qué extremo ese Corazón es el nido en la tierra de esa divina Paloma.

Anejo

            El famoso pasaje de la vocación de Santa Teresita de Lisieux es de una belleza que marea. Al mismo tiempo, sirve a maravilla para ilustrar el pasaje de 1 Cor 13 que tanto nos ha ayudado, y al dar en el centro de la relación entre el amor y las vocaciones, nos está hablando, casi, de la relación entre la devoción cordimariana y las otras devociones a María. Decía Benedicto XVI que los santos son la mejor interpretación de la Sagrada Escritura. Os lo pongo en el artículo que sigue inmediatamente.

            Sed felices.

[El pasaje de Sta. Teresita lo publiqué ese mismo 7 de junio bajo el título “Mi vocación es el amor”.]


[1] Manuel d’instructions et de prières à l’usage des membres de l’Archiconfrérie du très saint et immaculé Coeur de Marie établie… à Paris, Paris, 21839, p. 179.

[2] “El Corazón Inmaculado de María, alma del mensaje de Fátima”, Ephemerides Mariologicae, 22 (1972) 240-303; 23 (1973) 19-75.

[3] Aunque las palabras auténticas no son exactamente esas.

[4] Pero es importante aclarar que no es una advocación mariana, sino una devoción. Acaso sin saber esto no se podría entender lo que voy a decir hoy. Y como la palabra devoción sufre hoy cierto desprestigio, como si fuera algo sólo femenino y además despreciable, yo recordaré que viene de devoveo, “entregarse, dedicarse, consagrarse”; y que S. Agustín decía: Vera devotio est imitare quod colimus: “La verdadera devoción es imitar aquello a que tenemos devoción”. Parece, pues, que la devoción no es nada poco recio, ni poco valioso, ni poco santificador.

[5] Fundamentos dogmáticos de la devoción al Corazón de María, en la obra del P. Joaquín María Alonso (tesis para la obtención del grado de licenciatura en teología dogmática, dir. José Luis Cabria Ortega), Burgos: Facultad de Teología del Norte de España/Sede de Burgos, 2012.

[6] Casi todo lo que se va a decir se aplica también al Sagrado Corazón de Jesús, salvando siempre la diferencia que proviene de la unión hipostática: el Corazón de Cristo está unido a la Persona del Hijo, y en cambio, el de María Santísima es el de una persona meramente humana. No creo que haga falta repetir a cada paso “y también el Corazón de Jesús”, porque sois suficientemente listos.

[7] Y en este sentido, este artículo no es como los que hasta ahora se han publicado en el blog sobre materias directamente religiosas. Porque lo que en él se dice no es doctrina de la Iglesia, y cualquiera puede no estar de acuerdo sin por ello sentirse al margen de la doctrina. En la Iglesia hay infinitamente más libertad de pensamiento de la que se creen muchos de afuera, y el P. Alonso y yo exponemos lo que nos parece que es verdad, pero no que es el Catecismo de la Iglesia Católica. / Conste que la tesis la hubiese puesto en el blog si hubiera sabido cómo, pero todo se andará; hay, además, unos artículos sobre la misma temática cordimariana que también incluiremos. De momento, podéis ver la tesis y algunas cosas más –también marianas, y también relacionadas con el Corazón de María, pero que no tratan directamente de este- aquí y también aquí.

[8] Podéis ver el cap. 1 de mi tesis.

[9] Al mismo tiempo, parece justo reclamar que, cuando el Corazón de María aparece con su nombre y con sus exigencias, sea admitido sin reservas. En realidad, el obstáculo para ello es el no saber qué es el Corazón de María, y por eso me parece tan importante toda esta clase de estudios y de catequesis.

[10] Cit. por Alonso, El Corazón de María en San Juan Eudes-II, Madrid: COCULSA, 1958, p. 21.

[11] La Consagración al Corazón de María, acto perfectísimo de la virtud de la religión, introd. a José María Canal, La Consagración a la Virgen y a su Corazón-I, Madrid: COCULSA, 1960, pp. 5-116, la cita en p. 115.

[12] La Consagración al Corazón de María…, 38.

[13]El Corazón de la Inmaculada”, Verdad y Vida, 15 (1957), pp. 325-355.

Miguel Ruiz Tintoré – miguelruiztintore@gmail.com- 7 de junio de 2013

Permisos de difusión y reproducción.-  El autor de esta obra autoriza expresamente su libre difusión o reproducción, por cualquier medio, siempre para buen fin, citando como mínimo el autor y el título y comunicando tal reproducción o difusión; la dirección electrónica para hacerlo es: “miguelruiztintore@gmail.com”; si se pensare en ponerla a la venta, será necesario pedir antes permiso por el mismo medio, y la respuesta más previsible es la concesión de tal permiso. La contravención de estas disposiciones podría dar origen a acciones judiciales.

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4 comentarios leave one →
  1. Jero permalink
    26 julio 2014 12:55

    Al recordar que “mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su Corazón”, he caído en la cuenta de que, además de la razón, la inteligencia, la memoria, estos tesoros escondidos son para vivirlos desde el corazón.

    Es necesario orar desde el corazón, dice el Papa Franciso:

    http://www.news.va/es/news/es-necesario-orar-con-el-corazon-el-papa-el-lunes

    Y en palabras de San Luis María:

    “El corazón me ha dictado cuanto acabo de escribir con alegría particular para demostrar que la excelsa María ha permanecido hasta ahora desconocida ….”, y en otro sitio: “…aman con filial afecto y honran efectivamente a la Santísima Virgen como a su cariñosa Madre y Señora. La aman no solo de palabra, sino de hecho. La honran no solo exteriormente, sino en el fondo del corazón. La honran no solo exteriormente, sino en el fondo del corazón” (Tratado de la Verdadera Devoción).

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  2. 26 julio 2014 16:29

    Para algo se inventó el Rosario. Mira esto:

    “Si el Evangelio nos dice que ella todo lo guardaba y meditaba en su corazón, significa que ella componía su oración con estos acontecimientos. Es como si ella rezara su rosario, un rosario sin cuentas, volviendo siempre a lo importante en la vida de su Hijo y en su propia vida. María no podía olvidar el primer acontecimiento de gran importancia en su vida, que fue la anunciación, ni tampoco los demás acontecimientos gozosos, ni aquellos que se relacionaran con la pasión y la resurrección de su Hijo. Y esa fue su oración.

    “Si rezas el rosario, oras como María, eres como una imagen de la madre de Dios. La imitas en guardar y meditar los misterios del Hijo y de la Madre (cfr. Lc 2,19.51). Ella es la memoria de la Iglesia, nuestra memoria sobre aquellos acontecimientos que deben ser para nosotros algo vivo. Al meditarlos entras en contacto con esos misterios, y así se convierten en canales de gracia para ti. Enamorarse del rosario significa enamorarse del Evangelio, enamorarse también de María y de todas las cosas que ella guardaba y meditaba en su corazón (cfr. Lc 2,19), aquellas que fueron el contenido de su vida” (Tadeusz Dajczer, “Meditaciones sobre la fe”, San Pablo, Madrid 1994, 241-242).

    El Rosario, pues, es como una cánula por la que la que se nos hace una transfusión del Corazón de María al nuestro. De sangre no: de Vida.

    Y no cualquier amasijo de cincuenta avemarías y cinco padrenuestros merece ser llamado Rosario, como bien sabes. Lo que puede llamarse Rosario es lo que pueda llamarse Ventana a la vida de Jesús y María para ir suprimiendo diferencias entre la mía y esas.

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    • Jero permalink
      2 agosto 2014 23:12

      Gracias por su artículo. Me ha encantado.

      Me ha recordado cómo nos pide la Virgen desde Medjugorje que recemos el rosario desde el corazón. Y en otro mensaje dice algo así como “rezad hasta que el corazón se llene de alegría” (si lo encuentro se lo envío). Ya sé que todavía no se ha pronunciado la Iglesia, pero que la Virgen lleve treinta años apareciéndose, para nosotros es para estar impresionado (además de todas las apariciones a lo largo de la historia, muchas reconocidas por la Iglesia).

      Aquí he encontrado un testimonio:

      http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=25113

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      • 4 agosto 2014 16:29

        Bien, Jero. Estoy de acuerdo con todo lo que dices, pero no con que lo digas. Mi artículo no versa -de momento- sobre la actitud de nuestro corazón para con el Corazón, sino del Corazón en sí y en su lugar. Aprovechar cualquier artículo más o menos afín para llevar el agua al propio molino deja en pésimo lugar a ese molino, fundamentalmente por el tufo propagandístico, que no puede por menos de desagradar a los lectores. Y es lástima grande que se trate en este caso del Molino de Medjugorje.

        Un abrazo.

        Me gusta

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