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Misericordia/126

10 abril 2017

La Palabra de Dios

* Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no envejecen, un tesoro que no se agota en el cielo, donde el ladrón no llega ni corroe la polilla. Porque donlide está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.- Palabras de Jesús en Lc 12,33-34.

Las palabras de los hombres

María aparece como Aquella que atrae a los pecadores y les revela, con su simpatía e indulgencia, el don divino de la reconciliación.- S. Juan Pablo II, audiencia, 11/5/1983).

Para una explicación de todo este lío, pincha aquí

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9 comentarios leave one →
  1. Isabel permalink
    11 abril 2017 12:28

    ¿Qué se hace cuando no puede hacerse nada? Cuando tienes un corazón malo y retorcido.

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  2. Isabel permalink
    11 abril 2017 18:44

    Hola. Esta tarde he escrito un comentario a medias. La polilla entra en el alma por la vista, por los sentidos, por la imaginación, el deseo. Lo peor es que, cuando ha entrado, es muy difícil de eliminar. Hay que ir echando insecticida especial en cada uno de los agujeritos, y si una se deja alguno, la polilla seguirá hasta convertirse en mariposa. Algunos hemos conseguido llenar nuestros corazones de tesoros materiales, de oraciones, de avemarías, de obras de caridad. Son esos tesoros que nos hacen buena gente, pero están apolillados; son tesoros sin vida. Sin Dios. Los que un día hemos hecho de Dios toda muestra existencia, le hemos amado con toda nuestra alma, también tenemos el infortunio de “odiar” en la misma medida. Gracias a alguien, ya no odio tanto, pero tampoco he recuperado la fe. Sigo apolillada, y mi pronóstico. (Espero que se entienda. No me mande al espán.)

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  3. 11 abril 2017 21:47

    Un saludo cordial, Isabel. Creo entender el caso que me presentas, pero, al mismo tiempo, me das muchas imágenes (eficaces), pero concretas muy poco. Por ejemplo, a partir de qué momento las obras de caridad se desinflaron de Dios, y qué pensaste entonces. Por ejemplo, y eso es muy importante, qué edad tienes. Por ejemplo, quién es esa persona que te ayuda. Todo ello, para no despacharte displicentemente con una receta común, sino para tomar tu caso en serio, como el de cualquiera que me pregunta, y poder acertar a trabajar en la dirección adecuada.

    Que sepan, por lo demás, mis televidentes que cuando Isabel habla de “odiar” a Dios, lo hace así, entre comillas: no es real. En cambio, no necesita poner comillas para decir que lo amó: es real.

    Isabel: Tienes deseos de Dios. Tienes nostalgia de las colinas donde habitaste con Dios. Había fuegos interiores. Teniendo tú esos deseos, para Él ya estás de nuevo habitando con Él. Dios nos mide por nuestros deseos. Si un niño pequeño bota para llegar a besar las barbas de su padre, no llega, pero el padre lo cuenta como un beso. Por eso, alégrate, porque “Si lo buscáis, se dejará encontrar” (2 Cró 15,2); “Bien sé Yo los designios que me he propuesto en favor vuestro […]: designios de paz y no de desgracia, de daros ventura y esperanza. Me invocaréis, vendréis a rezarme, y Yo os escucharé. Me buscaréis y me encontraréis, si me buscáis de todo corazón. Me dejaré encontrar de vosotros”; “el que busca a Dios es que ya lo ha encontrado” (Pascal probablemente). Y permíteme que te copie estos dos fragmentos de la encíclica “Lumen fidei”, de Francisco, porque pienso que te harán bien:

    1. “Podemos entender así que el cmino del hombre religioso pasa por la confesión de un Dios que se preocupa de él y que no es inaccesible. ¿Qué mejor recompensa podría dar Dios a los que lo buscan que dejarse encontrar? […] Dios es luminoso, y se deja encontrar por aquellos que lo buscan con sincero corazón” (n.º 35).

    2. “Al configurarse como vía [= ya que es vía, en la medida en que es vía], la fe concierne también a la vida de los hombres que, aunque no crean, desean creer y no dejan de buscar. En la medida en que se abren al amor con corazón sincero y se ponen en marcha con aquella luz que consiguen alcanzar, viven ya, sin saberlo, en la senda hacia la fe. Intentan vivir como si Dios existiese, a veces porque reconocen su importancia para encontrar orientación segura en la vida común, y otras veces porque experimentan el deseo de luz en la oscuridad, pero también intuyendo, a la vista de la grandeza y la belleza de la vida, que esta sería todavía mayor con la presencia de Dios. Dice San Ireneo de Lyon [s. II] que Abrahán, antes de oír la voz de Dios, ya lo buscaba “ardientemente en su corazón”, y que “recorría todo el mundo, preguntándose dónde estaba Dios”, hasta que “Dios tuvo piedad de aquel que, por su cuenta, lo buscaba en el silencio” [hay nota: “Demonstratio apostolicae praedicationis”, etc.]. Quien se pone en camino para practicar el bien se acerca a Dios, y ya es sostenido por él, porque es propio de la dinámica de la luz divina iluminar nuestros ojos cuando caminamos hacia la plenitud del amor” (ibíd.).

    Pero esto son recetas para todos. Yo quisiera pensar la tuya, y por eso te pido que me expliques esas cosillas. ¿Lo harás, Isabel?

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    • Isabel permalink
      12 abril 2017 8:25

      Supongo que está en su derecho a pedir respuestas: tengo 44 años, y hace más de 19 años que no piso una iglesia; bueno, miento: he ido alguna vez a algún bautizo o boda.No estoy casada ni tengo hijos. Que no quiere decir que esté como una santa en casa… Y todo lo demás es pasado lejano. La mejor ayuda siempre es la familia.

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      • 12 abril 2017 19:10

        Estoy de acuerdo: la mejor ayuda es siempre la familia; pero cuando te duelen las muelas, vas al dentista; cuando quieres unos zapatos, al zapatero; y cuando quieres orientación espiritual, al cura. Muy probablemente, algún familiar te acompaña al dentista, otro te sugiere la dirección de un zapatero, y otro te presenta un cura. Pero -con el acompañamiento constante del tal familiar, que yo no quiero echar a nadie que tú sientas valioso- yo no quiero hablarte como familiar, sino como sacerdote, y va diferencia.

        Y mira: la verdad es que ya me parecía a mí que iba a darte este consejo. Para volver a Dios, para resucitar tu corazón yerto y lloroso, pero que hace tiempo apunta brotes seguros de primavera gallarda, necesitas ponerte en sintonía con Dios; necesitas echar insecticidas eficaces a las polillas; necesitas, para ello, confesarte; y, luego, vigilar para llevar una vida según Dios. En este blog encontrarás mucho sobre la Confesión; mira en las etiquetas de la derecha “Confesión” o “Penitencia”, que dan los mismos resultados.

        Te preguntarás: ¿Y cómo puedo confesarme yo, que “odio” a Dios? No lo odias, porque lo pusiste entre comillas. Por el contrario, haces evidente una sed de Dios bien honda y nada reciente (mírate el pasaje de la samaritana, Jn 4). Está claro que si lo odiaras, no podrías confesarte, no se te daría la absolución; pero es que, quizá sin tener un amor sensible por Él, lo cierto es que tus entrañas braman por el encuentro tanto tiempo deseado. Y eso solo puede empezarse -como es lógico pensar- con una Confesión y, con la Confesión, ese propósito de vida cristiana.

        ¡Alégrate, Isabel, porque lo tienes en la mano! Porque tiempos mejores te están esperando. Porque Dios se pasa de Grande y de Bueno y de Perdonador. Es mentira que no pueda hacerse nada (porque se tenga un corazón malo y retorcido). Dios es Aquel que siempre te tendrá una oportunidad más.

        Acabo con unas palabras de San Juan de Ávila: “Hermano, si ese brío y esos propósitos andan meneando tu ánima, entiende que te ha amanecido el alba, que es el aparejo para venir a estado de gracia; entiende que anda por tu corazón el favor de la Virgen María, que te ha alcanzado la gracia preveniente, significada por ella mesma, con que te aparejes a recebir la gracia de Dios, que te ponga en su amistad” (de un sermón).

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  4. Isabel permalink
    12 abril 2017 19:28

    La verdad, eso no es un gran consejo, pero supongo que es el único que un cura puede dar. Por eso no quería consejo. Siento haberle hecho perder el tiempo. En realidad, prefiero creer en Dios a mi manera. Ha sido un error entrar en el blog. Gracias. Puede borrar los comentarios: afean las entradas. Adiós y gracias.

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  5. 12 abril 2017 19:48

    Sí querías consejo, Isabel. Desde tu primera apostilla, querías consejo.

    Que sepas que, en uno o en otro caso, no creo haber perdido el tiempo. Ha sido grato -la mayoría de veces- tratar contigo.

    Pero sí que da pena eso de que quieras “creer en Dios a tu manera”. A Dios no puedes darle la forma que quieras: tiene la que tiene, y tú no lo vas a cambiar. El Dios a tu medida es un engaño que te haces a ti misma con tal de no aceptar lo que es evidente. ¿Quieres pasar otros veinte años apolillada y acabar “odiando” a Dios? ¿Te falta valentía y dejas naufragar tu barco?

    Esta es aquella forma de caridad que se llama decir la verdad. En cualquier caso, tienes tu casa en este blog para entrar y salir cada y cuando quieras. Un abrazo sincero.

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    • Isabel permalink
      12 abril 2017 20:16

      Usted no quiere ayudarme… Usted da consejos sin conocerme. Le he dicho que no quería confesarme, y se ha ido a lo cómodo, que es decir que soy cobarde. Probablemente sea miedo, no le digo que no. Aunque solo es una parte de la verdad. En la primera apostilla. Es que dar dos veces con la cabeza en la misma piedra, sería mucho.

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  6. 12 abril 2017 21:15

    Isabel, Isabel amiga, mira: por supuesto que quiero ayudarte: mis apostillas pasadas lo hacen evidente. En cuanto a conocerte, para algo te he hecho unas cuantas preguntas, que tú solo has respondido en parte.

    Y luego, ya, de lo que dices, se me escapa bastante. Aceptas el miedo. Dale, pues, un tratamiento. Ten valentía contra ti misma, en favor de ti misma.

    Lo de “una parte de la verdad” parece aludir a alguna historia, pero si no la conozco… Y el redactado de las dos últimas frases, no lo entiendo.

    Nunca estaré contra ti. Si tú me escribes, siempre me encontrarás con los brazos abiertos, también cuando me encauses. Los sacerdotes somos perrillos que jamás abandonan a sus amos; y en esta ocasión, la Providencia me ha puesto como gozquecillo tuyo, como siervo tuyo. Por eso, te pido que no te enfades; que, en lugar de eso, reflexiones (para adentro) y hagas examen de conciencia. Solemos tener poco cultivada la interioridad, y eso nos traiciona cuando…

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