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«…JESUCRISTO, QUE, DESDE DIOS, BAJÓ HASTA NOSOTROS, Y EN SU AMOR CRUCIFICADO, NOS TOMA DE LA MANO Y NOS LLEVA A LO ALTO» (BENEDICTO XVI, DOMINGO DE RAMOS)

9 abril 2017

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Cuando Benedicto XVI renunció al papado, expuse en esta casa mi visión de conjunto de lo que había sido ese papado: fundamentalmente, un afán de devolver el mundo a Dios (El Papa no se va). Mucho de eso se percibe en esta hermosa homilía, que además incluye la profundización en Cristo y la exhortación a dejarse hacer por Dios, entre otras cosas.- Benedicto XVI


HOMILÍA DE BENEDICTO XVI EN EL DOMINGO DE RAMOS, 17 DE ABRIL DE 2011


Queridos hermanos y hermanas,
queridos jóvenes:

Resultado de imagen de Benedicto XVI Domingo de RamosComo cada año, en el Domingo de Ramos, nos conmueve subir junto a Jesús al monte, al santuario, acompañarlo en su ascenso. En este día, por toda la faz de la tierra y a través de todos los siglos, jóvenes y gente de todas las edades lo aclaman gritando: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».

Pero, ¿qué hacemos realmente cuando nos unimos a la procesión, al cortejo de aquellos que junto con Jesús subían a Jerusalén y lo aclamaban como rey de Israel? ¿Es algo más que una ceremonia, que una bella tradición? ¿Tiene quizás algo que ver con la verdadeImagen relacionadara realidad de nuestra vida, de nuestro mundo? Para encontrar la respuesta, debemos clarificar ante todo qué es lo que en realidad ha querido y ha hecho Jesús mismo. Tras la profesión de fe, que Pedro había realizado en Cesarea de Filipo, en el extremo norte de la Tierra Santa, Jesús se había dirigido como peregrino hacia Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Es un camino hacia el templo en la Ciudad Santa, hacia aquel lugar que aseguraba de modo particular a Israel la cercanía de Dios a su pueblo. Es un camino hacia la fiesta común de la Pascua, memorial de la liberación de Egipto y signo de la esperanza en la liberación definitiva. Él sabe que le espera una nueva Pascua, y que él mismo ocupará el lugar de los corderos inmolados, ofreciéndose así mismo en la cruz. Sabe que, en los dones misteriosos del pan y del vino, se entregará para siempre a los suyos, les abrirá la puerta hacia un nuevo camino de liberación, hacia la comunión con el Dios vImagen relacionadaivo. Es un camino hacia la altura de la Cruz, hacia el momento del amor que se entrega. El fin último de su peregrinación es la altura de Dios mismo, a la cual él quiere elevar al ser humano.

Nuestra procesión de hoy por tanto quiere ser imagen de algo más profundo, imagen del hecho que, junto con Jesús, comenzamos la peregrinación: por el

Pueri hebraeorum: uno de los cantos más característicos del día de hoy.

camino elevado hacia el Dios vivo. Se trata de esta subida. Es el camino al que Jesús nos invita. Pero ¿cómo podemos mantener el paso en esta subida? ¿No sobrepasa quizás nuestras fuerzas? Sí, está por encima de nuestras posibilidades. Desde siempre los hombres están llenos – y hoy más que nunca – del deseo de “ser como Dios”, de alcanzar esa misma altura de Dios. En todos los descubrimientos del espíritu humano se busca en último término obtener alas, para poderse elevar a la altura del Ser, para ser independiente, totalmente libre, como lo es Dios. Son tantas las cosas que ha podido llevar a cabo la humanidad: tenemos la capacidad de volar. Podemos vernos, escucharnos y hablar de un extremo al otro del mundo. Sin embargo, la fuerza Resultado de imagen de cristo crucificado dibujo de gravedad que nos tira hacía abajo es poderosa. Junto con nuestras capacidades, no ha crecido solamente el bien. También han aumentado las posibilidades del mal que se presentan como tempestades amenazadoras sobre la historia. También permanecen nuestros límites: basta pensar en las catástrofes que en estos meses han afligido y siguen afligiendo a la humanidad.

Los Santos Padres han dicho que el hombre se encuentra en el punto de intersección entre dos campos de gravedad. Ante todo, está la fuerza queResultado de imagen de cristo crucificado dibujo le atrae hacia abajo – hacía el egoísmo, hacia la mentira y hacia el mal; la gravedad que nos abaja y nos aleja de la altura de Dios. Por otro lado, está la fuerza de gravedad del amor de Dios: el ser amados de Dios y la respuesta de nuestro amor que nos atrae hacia lo alto. El hombre se encuentra en medio de esta doble fuerza de gravedad, y todo depende del poder escapar del campo de gravedad del mal y ser libres de dejarse atraer totalmente por la fuerza de gravedad de Dios, que nos hace auténticos, nos eleva, nos da la verdadera libertad.

Tras la Liturgia de la Palabra, al inicio de la Plegaría eucarística durante la cual el Señor entra en medio de nosotros, la Iglesia nos dirige la invitación: “Sursum corda – levantemos el corazón”. Según la concepción bíblica y la visión de los Santos Padres, el corazón es ese centro del hombre en el que se unen el intelecto, la voluntad y el sentimiento, el cuerpo y el alma. Ese centro en el que el espíritu se hace cuerpo y el cuerpo se hace espíritu; en el que voluntad, sentimiento e intelecto se unen en el conocimiento de Dios y en el amor por Él. Este “corazón” debe ser elevado. Pero repito: nosotros solos somos demasiado débiles  para elevar nuestro corazón hasta la altura de Dios. No somos capaces. Precisamente la soberbia de querer hacerlo solos nos Resultado de imagen de palma domingo de ramosderrumba y nos aleja de Dios. Dios mismo debe elevarnos, y esto es lo que Cristo comenzó en la cruz. Él ha descendido hasta la extrema bajeza de la existencia humana, para elevarnos hacia Él, hacia el Dios vivo. Se ha hecho humilde, dice hoy la segunda lectura. Solamente así nuestra soberbia podía ser superada: la humildad de Dios es la forma extrema de su amor, y este amor humilde atrae hacia lo alto.

El salmo procesional 23, que la Iglesia nos propone como “canto de subida” para la liturgia de hoy, indica algunos elementos concretos que forman parte de nuestra subida, y sin los cuales no podemos ser levantados: las manos inocentes, el corazón puro, el rechazo de la mentira, la búsqueda del rostro de Resultado de imagen de Benedicto XVI Domingo de RamosDios. Las grandes conquistas de la técnica nos hacen libres y son elementos del progreso de la humanidad sólo si están unidas a estas actitudes; si nuestras manos se hacen inocentes y nuestro corazón puro; si estamos en busca de la verdad, en busca de Dios mismo, y nos dejamos tocar e interpelar por su amor. Todos estos elementos de la subida son eficaces sólo si reconocemos humildemente que debemos ser atraídos hacia lo alto; si abandonamos la soberbia de querer hacernos Dios a nosotros mismos. Le necesitamos. Él nos atrae hacia lo alto, sosteniéndonos en sus manos –es decir, en la fe– nos da la justa orientación y la fuerza interior que nos eleva. Tenemos necesidad de la humildad de la fe que busca el rostro de Dios y se confía a la verdad de su amor.

La cuestión de cómo el hombre pueda llegar a lo alto, ser totalmente él mismo y verdaderamente semejante a Dios, ha cuestionado siempre a la humanidad. Ha sido discutida apasionadamente por los filósofos platónicos del tercer y cuarto siglo. Su pregunta central era cómo encontrar medios de purificación, mediante los cuales el hombre pudiese liberarse del grave peso que lo abaja y poder ascender a la altura de su verdadero ser, a la altura de su divinidad. San Agustín, en su búsqueda del camino recto, buscó por algún tiempo apoyo en aquellas filosofías. Pero, al final, tuvo que reconocer que su respuesta no era suficiente, que con sus métodos no habría alcanzado realmente a Dios. Dijo a Imagen relacionadasus representantes: reconoced por tanto que la fuerza del hombre y de todas sus purificaciones no bastan para llevarlo realmente a la altura de lo divino, a la altura adecuada. Y dijo que habría perdido la esperanza en sí mismo y en la existencia humana, si no hubiese encontrado a aquel que hace aquello que nosotros mismos no podemos hacer; aquel que nos eleva a la altura de Dios, a pesar de nuestra miseria: Jesucristo que, desde Dios, ha bajado hasta nosotros, y en su amor crucificado, nos toma de la mano y nos lleva hacia lo alto.

Subimos con el Señor en peregrinación. Buscamos el corazón puro y las manos inocentes, buscamos la verdad, buscamos el rostro de Dios. Manifestemos al Señor nuestro deseo de llegar a ser justos y le pedimos: ¡Llévanos Tú hacia lo alto! ¡Haznos puros! Haz que nos sirva la Palabra que cantamos con el Salmo procesional, es decir que podamos pertenecer a la generación que busca a Dios, “que busca tu rostro, Dios de Jacob” (Sal 23, 6). Amén.

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7 comentarios leave one →
  1. Isabel permalink
    9 abril 2017 9:52

    ¿Usted es de los que creen que uno no se puede enfadar con Dios?

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  2. 9 abril 2017 15:57

    Uno de los himnos que hemos estado rezando, hasta hoy justamente, en Cuaresma, dice: “Que yo comprenda, Señor mío, / al que se queja y retrocede. / Que el corazón no se me quede / desentendidamente frío”. Y yo comprendo perfectamente a aquellas personas que, en un dolor aplastante, se quejan, incluso, ante Dios.

    Eso, por ser el hombre quien es. Ahora bien, hemos de entender en la medida de lo posible Quién es Dios, para que podamos obrar por ser Dios quien es. Dios no es un camarada de la partida de las tardes ni alguien con quien comparto el tabaco cuando hay más aburrimiento que trabajo. Dios no parte chorizo conmigo en el pinar, entre dos botellas. Dios es el Infinitamente Grande, Uno, Todoamoroso, Todomisericordioso, Todopoderoso, Eterno, Creador. El que nos dio a su Hijo para que, muriendo, nos diera el Salto Parriba de la Redención y nos exhibiera con la sangre el amor. Y más y más y más podríamos decir. Dios, entre otras cosas, es nuestro Dueño, y tiene derecho a hacer con nosotros lo que le plazca, ¡y bendito derecho el que tiene quien “a su propio Hijo no perdonó, sino que lo entregó a la muerte por nosotros” (San Pablo)”!

    Si juntamos el primer párrafo y el segundo, yo creo que “derecho” a quejarnos a Dios, como tal “derecho”, no lo tenemos. Él es Quien es. Podemos, en cambio, tener necesidad y no poder contenernos. Quéjese entonces la amiga Isabel. Pero, en cuanto pueda, dígale al Señor que mande a un ángel borrar su queja con una goma de borrar.

    Por otro lado, la queja ha de ser queja. La que no puede admitirse es la queja-rebeldía, o, si acaso, todo lo más, como actitud momentánea e incontenible. Y luego, se pide el angelito de la goma.

    Es interesante conocer cómo lo hacía cierta enferma famosa, Alexia, que está en proceso de beatificación. Murió con catorce años tras varios de sufrimientos espantosos. Puedes poner “Alexia” en el buscador de este blog. Pues bien, ella se quejaba, pero entre bromas y veras, para decirle luego a su madre -que le reprochaba que hablara así con Jesús- que no, que Jesús ya sabía que estaba jugando. Y su madre se quedaba tranquila…

    Isabel, gracias por la confianza.

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    • Isabel permalink
      9 abril 2017 16:35

      No confío en usted, sé que es capaz de mentirme o de decirme una verdad a medias.

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    • 12 abril 2017 20:12

      Perdón por meterme por aquí. Lo del ángel de la goma de borrar seguro que está en la confesión, y lo bueno es que lo borra todo, no queda nada, aunque volvamos a caer de nuevo en lo mismo, pero no es acumulativo, Dios ya ha olvidado lo perdonado en Su nombre.

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  3. 9 abril 2017 16:43

    Ante eso, nada puedo hacer yo. ¿No te parece?

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    • Isabel permalink
      9 abril 2017 17:46

      Ya hemos dejado claro que no somos amigos. Que Usted me trata bien porque es su trabajo, y yo con respeto porque es mayor.

      Entonces, Dios es un dictador. Por cierto, no existe un ángel con goma de borrar.

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  4. 9 abril 2017 18:23

    Bueno, Isabel: tú no seas amiga mía si no quieres; permíteme que yo, que ya te he cogido un poquito de aprecio, sí me considere un poco amigo tuyo. Espero que sí me lo permitirás. Por lo demás, no es mi trabajo; no es por ser cura; es por la caridad, el amor cristiano, que es el centro de la vida de todos los cristianos, y entre los cristianos, los curas somos una exigua minoría.

    Respecto del ángel de la goma, no sé en qué te fundas para negarlo. Yo, en cambio, tenía derecho para afirmarlo, porque estaba claro de siete leguas que era una imagen literaria. Y, aún así, cuando te hayas remontado al cielo con tu paraguas, a lo Mary Poppins, y lo hayas recorrido de parte a parte, entonces y solo entonces podrás decirme si has visto o no un ángel con goma de borrar. Porque tú lo sitúas en el terreno de la realidad, y yo en el de la ficción, y con eso consigues que te castigue con horrenda crueldad.

    En cuanto a lo del Dios dictador, sin acrimonia ninguna, veamos. Tù dices: “Entonces, Dios es un dictador”. “Entonces” indica con claridad a lo que yo he escrito anteriormente. Veamos qué es ello, que no me invento nada. Dios no es

    “un camarada de la partida de las tardes ni alguien con quien comparto el tabaco cuando hay más aburrimiento que trabajo. Dios no parte chorizo conmigo en el pinar, entre dos botellas.” En esto, por supuesto, estamos de acuerdo. Dios tiene que ser algo más.

    Dios es

    (pero ¡quién es Dios, por Dios?): Ah, pues Dios es

    “el Infinitamente Grande, Uno, Todoamoroso, Todomisericordioso, Todopoderoso, Eterno, Creador. El que nos dio a su Hijo para que, muriendo, nos diera el Salto Parriba de la Redención y nos exhibiera con la sangre el amor. Y más y más y más podríamos decir. Dios, entre otras cosas, es nuestro Dueño, y tiene derecho a hacer con nosotros lo que le plazca, ¡y bendito derecho el que tiene quien “a su propio Hijo no perdonó, sino que lo entregó a la muerte por nosotros” (San Pablo)!” Es para nosotros un gran negocio.

    Así pues, un Dios Todoamoroso, Todomisericordioso, que de esa manera entrega a su Hijo para que muriendo nos salve (y el amor entre el Padre y el Hijo es indiscutiblemente infinito), y cuyo Hijo nos hace su declaración de amor con una muerte por tortura sanguinolenta, ¿eso es un tirano? El que se arranca el Hijo. El que podía habernos aniquilado en Adán y Eva cuando el primer pecado. El que “no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”. El que “nos ha destinado a obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo”. El que “quiere que todos los hombres se salven”. Todas estas citas son del Nuevo Testamento, Isabel.

    Además, cuando admito el derecho a la queja (mientras no sea insurrección), estoy dando a entender que me parece que Él lo admite también. Eso parece evidente.

    Amigos o enemigos, vaya para allá mi saludo.

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