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MEMORIA DEL CORAZÓN DE DULCENOMBRE

30 marzo 2017


DULCENOMBRE: ¡ESCRIBE!


              «Este documento es consecuencia de una petición que me hizo el Señor. Me dijo “escribe” de una forma clara e inequívoca. Lo oí en mi alma en un momento de oración en el que le pedía que me dijera qué esperaba de mí. Pero yo esperaba que me lo mostrara de algún modo. No esperaba sus palabras, pues fue la primera vez que le oía. Y le oí tan claro, tan innegable, como si hubiese sido audible…

»Cuando el Señor me dijo “escribe”, me sentí desbordada por la petición. Le pregunté: “Pero ¿qué quieres que escriba?”… Pero el Señor no añadió nada. La palabra “escribe” se quedó resonando en mi mente y en mi alma…»


 «He aquí que estoy a la puerta y llamo. Si alguno escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo» (Ap 3,20). Silencio, silencio… ¿Ibas a hablar, Dulcenombre…?

Para otras entregas de Dulcenombre, pinchad esa etiqueta, bien en la nube de etiquetas de la derecha, bien debajo del título de esta entrega.

«Ellos oraron rogándote que les devolvieras la luz, tu Luz, y Tú les dijiste que qué estamos haciendo, que no hay apenas jóvenes, que somos una generación perdida, y que Tú tienes un ejército de jóvenes preparado.»-  Está escrito por aquí abajo.

Mi bendito Señor,

Ayer fue el encuentro regional de la Renovación Carismática en el colegio ***. Gracias, Señor, porque nos guardaste justo dos sitios en tercera fila, rodeados por nuestros amigos de grupos de oración. Gracias porque cuando llegamos estaban cantando y me llenaste con tu amor, tu abrazo, tu Espíritu. No me diste tiempo a recogerme en mi interior para hablar contigo, ni siquiera había dejado el abrigo. Entraste en mí como un vendaval atravesando mi carne con tu presencia. ¿Qué tienen, Señor, estos encuentros, que manifiestas tu presencia de esta forma tan clara? ¿Por qué en nuestros pequeños grupos de oración te siento de una forma más suave? No lo entiendo. Solo Tú lo sabes todo. Yo solo soy tu niña. Cada vez me siento más niña ante Ti, y por tanto más niña objetivamente; aunque tenga que parecer una adulta, madura, que sabe de la vida, en mi interior sé que no sé nada. Cuando me presento ante ti, me doy cuenta de lo pequeña que soy y lo poco que sé. Gracias, Señor, gracias, gracias, gracias.

Resultado de imagen de Espíritu Santo llamaAyer les conté a los niños lo que habíamos hecho en el encuentro. Y me doy cuenta de que lo que me marcó fue la parte de la tarde.

No se lo conté, pero me marcó el testimonio que dio *** sobre la reunión de consulta profética en Belén, de la Renovación Carismática General. Me impresionaron varias de las profecías y hechos. La primera, que empezaste diciéndoles “os amo, yo os he convocado aquí” y varias veces “os amo, os amo, os amo”. Segundo, que hiciste que se fuera la luz en toda la ciudad de Belén. Ellos oraron rogándote que les devolvieras la luz, tu Luz, y Tú les dijiste que qué estamos haciendo, que no hay apenas jóvenes, que somos una generación perdida, y que Tú tienes un ejército de jóvenes preparado. Les dijiste que tenemos que convertirnos y dejar que seas Tú el que guíe nuestras vidas y acciones. Tercero, que les devolvieras la luz cuando se arrodillaron ante tu cruz diciéndote “aquí estoy, Señor”, arrepentidos. Cuarto, cómo permitiste su oración comunitaria en el Cenáculo, donde instituiste la Eucaristía, que hasta se movieron las paredes. Y la conclusión, hermosa, que debemos volver a unirnos, carismáticos estatutarios y no estatutarios, que oremos y nos dejemos llevar por tu Espíritu.

Sí les conté a los niños lo que nos contó don Aurelio sobre la limosna. Nos habló de varias enseñanzas del Papa. La primera que me marcó es que dijo el Papa: “Desconfío dImagen relacionadae la limosna que no cuesta y que no duele”. También habló de interesarnos por los pobres. No solo darle una moneda caal mendigo, sino también hablar con él, saber cómo se llama, si tiene familia o hijos.

Yo esta semana, por primera vez, me atreví a hablar con el pobre del semáforo de mi trabajo. Le pregunté cómo se llama, le di una moneda y le dije: “Pues que sepas, Luiso, que yo rezo por ti, para que te vaya bien”. Él me contestó “gracias, gracias, gracias”. Yo pensé que tal vez era mejor así, ir poco a poco, en vez de preguntarle si quería que le invitara a desayunar y pedirle que me contara su historia. Pero la charla de don Aurelio me indicaba que tengo que ir más allá, no conformarme con saber su nombre. Al salir, sola, me encontré un mendigo en la calle. Llovía. Hice una cosa a la que antes no me atrevía: le dije “un momento”, abrí el bolso, saqué el monedero y lo abrí delante de él, para sacar una moneda. Yo, esto, antes no lo hacía, porque pensaba que si sacaba el monedero me lo podían robar, y que yo quedaba mal, como una ricachona. Pero ayer me atreví. El mendigo se recostó sobre su muleta suspirando de cansancio, y le pregunté: “¿Qué tal? Cansado, ¿no? ¿Cómo te llamas?” “Camilo, que tengas un buen día”. Se quedó sorprendido. Pero entonces me di cuenta de que nada podía hacerle comprender que yo hacía esto porque creía en Dios, en ti, mi Señor, así que me giré y le dije: “Que Dios te bendiga”. Y ya sí que me fui muy feliz. Ahora lo pienso y me asombro.

Mi hijo mayor, cuando le conté lo de Luiso, me preguntó si no me había dado vergüenza hablar con él. Tiene razón, me dio un poquito, porque esperé a que se fueran los primeros coches, que estaban junto al semáforo, para que no pensasen que estaba loca, y luego me acerqué a él. Lo cierto es que en el pasado me daba mucha vergüenza hablar con cualquier mendigo, y ahora me doy cuenta de que los tratamos como parias, como excluidos de nuestra sociedad. Huimos de ellos la mirada y la palabra. Además de no acercarnos. ¡Quién me iba a decir a mí, hace años, que yo iba a ser capaz de hablar con dos de ellos! Esto, Señor, es obra tuya, claramente, porque yo antes no era así.

No quiero olvidar dos cosas. Primero, la adoración de la mañana. Tal vez no recuerdo ninguna enseñanza concreta, nada que pueda poner en palabras, pero fue hermosísima. Me regalaste el don de lágrimas, que me salían suaves, y me regalaste amor, sentir amor por ti, ahí expuesto y encerrado en la custodia, tan blanco y hermoso. CResultado de imagen de lágrimas de amoromo dijo don Aurelio, Tú dijiste “estaré con vosotros hasta el fin del mundo”, y como subrayó: “Promesa cumplida”. Allí estabas, acompañándonos, dispuesto para unirte a nosotros, para formar parte de nosotros, para alimentarnos con tu cuerpo y tu Espíritu. Mi esposo y más gente también lloró. No sabemos por qué, pero lloramos.

[…]

30/03/2014


Mi querido Jesús,

Me siento triste. Mi esposo está dolido conmigo porque no le dedico apenas tiempo. Es cierto, pero es que estoy muy cansada, no paro entre el trabajo, la casa y los niños. No sé qué hacer para que se le pase. Se me nubla el corazón y la mente. No sé qué escribir.

Ayer vino una señora a pedir comida a la puerta de casa. Le pregunté que qué le interesaba más, pero me dijo que cualquier cosa, que tenía tres hijos y que no tenían comida. Le di una bolsa variada. Cuando ya se iba, pensé que quería que ella supiera que yo creía en ti, Jesús, así que me despedí diciéndole “que Dios te bendiga”. Se me hizo extraño ver que no parecía que le afectase, como si ella no tuviera fe. ¿Puede un pobre no tener fe? ¡Qué triste, Señor! Si yo fuera pobre, el no tener fe me dejaría sin esperanza y sería aún más pobre. Ayúdala, Señor, te lo ruego. Dale fe, dale esperanza. Pon cerca de ella personas de fe, personas que la ayuden. Condúcela hacia ti, llénala de tu Amor, llévala al pie de tu Cruz, donde tú eres el consuelo de cada hombre.

Al irse, noté que no le había preguntado su nomResultado de imagen de Papa Francisco limosnabre. Aún no tengo la costumbre de preguntar su nombre al que me pide. Tampoco la hice pasar a casa. Es cierto que bajé, abrí la puerta y charlé con ella. Cosas que antes no hacía. Pero no la invité a entrar. No sé si debo hacerlo. Tal vez sea un riesgo, por si la persona está loca, o tiene intención de robar o algo así. No sé qué haré la próxima vez. Ilumíname, Señor, sobre qué quieres de mí. Tampoco quiero hacer cosas que no debo, por voluntarismo o por ignorancia. No quiero ser voluntarista, ni escrupulosa. Quiero hacer lo que Tú quieres, lo que el Padre quiere, tu voluntad. Ayúdame a descubrirlo y a hacerlo, Señor.

06/04/2014


Mi querido Jesús,

¡Buenos días! Hoy es mi cumpleaños y hace un día precioso. Siento como si me abrazaras y me dijeras “feliz día, hija mía”. ¡Qué ternura la que me llega de ti! Gracias, Señor, gracias.

Ayer me confesé con Emilio, y me siento tan cerca de ti, tan acariciada por tu Amor, que no sé cómo expresarlo. Me llenas de paz, de alegría, de perdón, de amor a los demás. Y nada me hace sentir más feliz que esto.

Ayer le conté a Emilio que me había hecho el propósito de Cuaresma de pedir perdón a los demás por el daño que he hecho en mi vida, pero ya estamos en Domingo de Ramos, y aún no lo he cumplido con nadie. Me dijo que elija una persona y que lo haga solo con esa, que para ti no es una cuestión de cantidad, de hacerlo con muchos, sino de conversión. Pensé que quiero hacerlo con mi abuela, ya que me preocupa que se muera y no pueda hacerlo antes, y con mi esposo, que es el más cercano y a quien más daño he podido y sigo pudiendo hacer. Con los demás, podré hacerlo poco a poco.

También le conté que ahora me siento más alejada de ti que cuando me convertí. No es cierto siempre; por ejemplo, ayer, cuando me perdonaste en la Confesión, te sentí muy cerca; pero sí es cierto en general. Entiendo que debe ser así, que del enamoramiento hay que pasar al amor, pero me da miedo haberme alejado de ti y de tu voluntad, y que sea por eso, por mi pecado, por lo que no te siento. Me dijo que esto lo envías Tú para que maduremos, pero que siempre nos envías también cireneos para que nos ayuden a llevar la cruz. Me dijo que la Iglesia, si no tiene el costado traspasado, no es de Cristo. ¡Cómo me has cambiado, Señor! Antes esto me habría chirriado, pero ahora me parece hermoso: me parece hermosa la pasión, llena de amor, tanto amor que desborda sobre el dolor que se ve en ella. Gracias, Señor, gracias por amarnos tanto, por habernos salvado.

Gracias también por mi hija. Hace tres días, cumplió once años. Gracias por su compañía, por su bondad. Cuida de ella, te lo ruego, que nunca se aleje de ti.

Hoy celebramos nuestro cumpleaños con la familia, que viene a comer a casa. Bendice, Señor, este día, bendice esta celebración y, si puede ser, que se acerquen a ti los que están alejados. Ya sabes que me preocupa mucho mi familia alejada de ti. Llámalos a ti, Jesús, no te olvides de ellos. Muéstrame si puedo hacer algo para ayudarlos a acercarse a ti, muéstranoslo a mí y a mi esposo, que sé que me quiere y también quiere ayudarlos. Bendícelos a todos, desátalos de su pecado, condúcelos a tu lado, para que sean tan felices como yo aquí, y más felices aún en la vida eterna. Gracias, Señor, gracias.

13/04/2014


Mi Señor Jesús,

Hoy es el día de tu Resurrección. Debería estar alegre; perdóname porque no lo estoy. Ayer discutí con mi esposo y me dijo una frase horrible que me hirió. Y soy tan tonta que no consigo sacármela de la cabeza. Sé que tú soportaste Imagen relacionadamucho más, te pegaron, te insultaron, te desnudaron y te clavaron en una cruz. Y allí clavado, con el cuerpo destrozado, seguían burlándose de ti. A ti te escupieron sobre tus heridas, y supiste perdonarles y pedirle al Padre que los perdonase. Y yo, en cambio, aquí estoy, acariciándome la herida, pensando en la injusticia, en la afrenta, en la falta de amor que representa. Y Tú, en la cruz, nuestro Creador, a quien rechazamos al principio de los tiempos, clavado por las criaturas que creaste, amándonos hasta el extremo de dejarte crucificar, cargando con nuestras culpas, para pagar Tú por ellas y que nosotros podamos resucitar contigo. En tu cruz cargaste con la frase de mi esposo, y con mi incapacidad para perdonar. Perdón, Señor, perdón. Yo te quiero descargar de esos dos pecados en tu cruz. Quiero perdonar a mi esposo, ayúdame, hazlo Tú en mí. Y ya que he sufrido yo, no sufras Tú por eso.  Enséñame a llevar mi pequeña cruz, a perdonar, a caminar a tu lado. Aunque solo pueda descargarte de pequeñas cosas, Jesús, yo quiero descargarte como el cireneo. Perdón, Jesús, por mi dureza de corazón, perdona también a mi esposo, que sé que me quiere. Acepta, Jesús, mi corazón junto al tuyo, que es un océano infinito de amor, para que descanse en ti, lléname de tu amor. Es como Tú dijiste, tu yugo es suave y tu carga es ligera.

Yo, Señor, quisiera postrarme a tus pies, como las mujeres que te vieron resucitado en la mañana de aquel domingo, para llorar de alegría y dar gracias al Padre porque has resucitado. Gracias, Padre, gracias, gracias, gracias. Gracias por amarnos. Gracias por enviarnos a Jesús. Gracias por salvarnos, por pagar nuestras culpas. Gracias por ofrecernos la vida eterna de nuevo a tu lado. Gracias por quedarte con nosotros para siempre, con tu Espíritu en nuestro corazón, y con el cuerpo y la sangre de Jesús en la Eucaristía. Gracias, gracias, gracias.

20/04/2014

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