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PARA VIVIR Y AYUDAR A VIVIR LA ENFERMEDAD

14 febrero 2017

Resultado de imagen de dolor

Con el recuerdo todavía ardiente de la fiesta de la Virgen de Lourdes (¡la de los enfermos!… y más), os planto aquí esto, que en origen es un pliego sin datar, de cuatro páginas en cuartilla, publicado por los capellanes de entonces de la Clínica Universidad de Navarra; proviene el tal pliego del libro de los mismos autores El sentido del sufrimiento (Palabra, Madrid 1998). No me cabe duda de que ayudará a muchos enfermos a encontrar sentido a su sufrimiento y orientaciones para afrontarlo, y también será útil a sus allegados. El pliego incluye unos consejos para visitar enfermos que publicaré aparte [¡ya lo he hecho, amigos!, y aquí está]. Miguel Ángel Monge-José Luis León


Resultado de imagen de Enfermos en la gruta de LourdesLa enfermedad, aunque casi siempre transitoria, es una experiencia universal. Nadie se libra de ella. Por ello, conviene estar preparados para cuando llegue y tener resortes para afrontarla convenientemente, tanto cuando nos afecte personalmente como cuando e llegue a una persona querida. He aquí algunos consejos.

¿Qué hacer con el dolor?

Ante la pregunta sobre qué hacer con el dolor, la
primera respuesta es muy sencilla: procurar suprimirlo. En el Antiguo Testamento hay un texto, reproducido en la puerta del hospital Maimónides de Nueva York, que dice


Acude al médico y sigue sus consejos, que también él es hijo de Dios, y a veces le permite acertar.


Ecclo 38,12-13


Imagen relacionada

S. Josemaría Escrivá fundador de la Clínica Universidad de Navarra

En nuestra experiencia de capellanes de hospital, nos han servido mucho estas palabras de San Josemaría:


El dolor físico, cuando se puede quitar se quita; ¡bastantes sufrimientos hay en la vida!  Cuando no se puede quitar, se ofrece [5]


Pero cuando no se puede quitar o mientras desaparece, ¿qué hacer?

¿Cómo ayudar a asumir el sufrimiento?

Resultado de imagen de Enfermos en la gruta de LourdesTarde o temprano, todos nos encontramos en la vida con el sufrimiento: enfermedad, vejez, desgracia, pérdida de seres queridos, etc. Es el lado oscuro y doloroso de la vida, que revela nuestra fragilidad y es fruto de nuestra radical limitación de criaturas. Podemos retrasarlo o atenuarlo, pero no siempre suprimirlo.

En esta vida, no podemos evitar siempre el sufrimiento. Sobre todo, porque si amamos mucho, tendremos muchos motivos de dolor. Lo expresa bien el folclore popular cuando canta:


“Corazón que no quiera

sufrir dolores,

pase la vida entera

libre de amores”.


Quien quiera servir a Dios y a los demás tiene motivos de disgusto, porque ama muchas cosas más que a sí mismo.

Resultado de imagen de dolor

Eso no significa imaginar a Dios mandando dolores a sus hijos por el gusto de Resultado de imagen de dolorhacerlos sufrir o de probarlos. La realidad es que el dolor es parte de nuestra condición de criaturas; deuda de nuestra raza de seres atados por el tiempo a la fugacidad; fruto de nuestra naturaleza. Por eso no hay hombre sin dolor.

Lo que nos da Dios es la posibilidad de que ese dolor sea fructífero. Entonces, ¿qué podemos hacer ante lo inevitable? Hay que esforzarse por evitar actitudes que, siendo explicables, por lo general, intensifican más todavía el sufrimiento, exasperan a la persona y pueden llevar a la desesperación. Y no es que el enfermo no tenga derecho a quejarse, pues la queja resulta hasta cierto punto inevitable. Y es que, cuando uno no entiende bien lo que le sucede, es comprensible que se queje. Pero la postura cristiana debe ser la aceptación rendida.Imagen relacionada

Refiriéndose a las contradicciones que encuentra el cristiano a lo largo de su vida, dice San Josemaría:


Y cuando nos acecha -violenta- la tentación del desánimo, de los contrastes, de la lucha, de la tribulación, de una Resultado de imagen de dolornueva noche en el alma, nos pone el salmista en los labios y en la inteligencia aquellas palabras: “Con él estoy en el tiempo de la adversidad” (Sal 91 (90),15). ¿Qué vale, Jesús, ante tu Cruz la mía; ante tus heridas, mis rasguños? ¿Qué vale, ante tu Amor inmenso, puro e infinito, esta pobrecita pesadumbre que has cargado Tú sobre mis espaldas? [1] Y los corazones vuestros, y el mío, se llenan de una santa avidez, confesándole -con obras- que morimos de amor [cfr. Cant 2,5] [6].


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No encerrarse en el dolor

A Jesús, el sufrimiento no le endurece ni le encierra en Sí mismo, antes bien, le hace sensible al dolor ajeno, y capaz de


auxiliar a los que se ven probados


Heb 2,18


y de identificarse con los hermanos que sufren:


Estuve enfermo y me visitasteis


(Mt 25,36)


Si el enfermo se encierra en su dolor, se deprime más. Ante el riesgo de quedar totalmente  absorto en su dolenciaResultado de imagen de dolor, ha de luchar por romper el círculo que le aprisiona. Y no es que no pueda protestar, pues la queja, en esas circunstancias, resulta comprensible. El mismo Jesucristo en la Pasión parece quejarse a su Padre:


Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?


Mt 27,47


Resultado de imagen de papa francisco y enfermosEs verdad que estas palabras corresponden al salmo 22,2, y son más bien un grito de confianza y de abandono en los planes del Padre [2]. Pero también muestran el sufrimiento físico y moral que padeció nuestro Redentor en la agonía de la Cruz. Quejarse a Dios de ese modo no supone rebeldía ni desobediencia; es la queja del hijo que sufre y, al no entender, protesta. Pero una cosa es manifestar alguna queja y otra convertirse en el centro de atención, negándose a aceptar las limitaciones que supone la enfermedad, lo que puede convertir al enfermo en insoportable. Ante casos así, recordemos el consejo de San Josemaría:


Mientras estamos enfermos, podemos ser cargantes: No me atienden bien, nadie se preocupa de mí, no me cuidan como merezco, ninguno me comprende… El diablo, que anda siempre al acecho, ataca por cualquier flanco; en la enfermedad, su táctica consiste en fomentar una especie de psicosis, que aparte de Dios, que amargue el ambiente, o que destruya ese tesoro de méritos que, para bien de todas las almas, se alcanza cuando se lleva con optimismo sobrenatural -¡cuando se ama!- el dolor. Por lo tanto, si es voluntad de Dios que nos alcance el zarpazo de la aflicción, tomadlo como señal de que nos considera maduros para asociarnos más estrechamente a su Cruz redentora [7]


Llenar el sufriResultado de imagen de papa francisco y enfermosmiento de amor

Jesús acepta el sufrimiento y lo asume con realismo, como una ocasión de mostrar su amor y abandono total en el Padre y su amor a los hombres. En la Cruz, se preocupa de su Madre (“Hijo, ahí tienes a tu madre” [Jn 19,27] [3]), perdona a sus verdugos (“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” [Lc 23,34]) y acoge la súplica del buen ladrón (“Hoy estarás conmigo en el paraíso” [Lc 23,43]).

Llenar y trascender el dolor con el amor es, se ha dicho, el más bello milagro de la fe cristiana. Quizá no sea fácil conseguirlo, pero vale la pena intentarlo. Desde luego, hay una cosa clara: cuando se ama de verdad, se aceptan todos los sacrificios.

El sufrimiento, además, genera paz. El Papa Juan Pablo II lo expresaba así:


El creyente sabe que, asociándose a los sufrimientos de Cristo, se convierte en un auténtico artífice de paz. Es un misterio insondable, cuyos frutos aparecen con evidencia en la historia de la Iglesia y, especialmente, en la vida de los santos. Si existe un sufrimiento que provoca la muerte, existe también, según el plan de Dios, un sufrimiento que lleva a la conversión y a la transformación del corazón del hombre (cfr. 2 Cor 7,10): es el sufrimiento el que, en cuanto complemento en la propia carne de lo que falta a la Pasión de Cristo (cfr. Col 1,24), se transforma en razón y fuente de gozo, porque genera vida y paz [8].


El sufrimiento purifica nuestra

relación con Dios

Resultado de imagen de papa francisco y enfermosMuchos enfermos, pasada la enfermedad, reflejan esta misma realidad. Martín Descalzo, desde su experiencia personal, ha escrito:


Solo el crisol de la angustia ha permitido que mi fe se multiplicase y purificase. Si la enfermedad ilumina mi fe, he de añadir que, mucho más, la fe iluminaba mi enfermedad. Creo haber dicho ya que lo importante en la enfermedad es descubrir su sentido. Pues bien, encontrar que desde mi enfermedad participo más viva y verdaderamente en la Pasión de Jesús ha sido para mí la fuente primordial de mi esperanza y mi alegría. Quiero proclamar que esa idea de que la enfermedad es realmente redentora  no es un tópico teológico, sino algo radicalmente verdadero. Aclararé, para no caer en masoquismo equivocado, que lo que Dios espera de nosotros no es nuestro dolor, sino nuestro amor; pero es bien cierto que uno de los principales modos en que podemos demostrarle nuestro amor es uniéndonos apasionadamente a su cruz y a su labor redentora [9].


Orar en la enfermedad

No conviene inquietarse cuando los eResultado de imagen de ENFERMOSnfermos manifiestan su desgana por la oración, que a veces interpretan como un enfriamiento de su relación con Dios. No suele ser así; lo mismo que se pierden las ganas de comer o de distraerse, se pierden igualmente las ganas de rezar. Convendrá aconsejar en estos momentos oraciones cortas, actos de fe, de abandono en Dios, aunque no se logren realizar las oraciones habituales. Muchas personas encuentran en la enfermedad las oraciones sencillas que aprendieron de sus padres: rezar algún misterio del rosario, tomar en la mano un crucifijo, encomendarse a la advocación de la Virgen patrona del lugar de origen…

No puede faltar la oración de petición, incluso por uno mismo. Pero ¿es conveniente pedir por esto? Siempre se ha hecho en la vida cristiana.


Mediante la oración de petición mostramos la conciencia de nuestra relación con Dios: por ser criaturas, no somos ni nuestro propio origen, ni dueños de nuestras adversidades, ni nuestro fin último; pero también por ser pecadores sabemos, como cristianos, que nos apartamos de nuestro Padre. La petición ya es un retorno hacia Él [4].


Resultado de imagen de José Luis Martín Descalzo

José Luis Martín Descalzo, sacerdote, poeta, escritor

Hay, sin embargo, testimonios maravillosos de personas que no lo hacen. Recordamos el ejemplo de Martín Descalzo, que padecía una nefropatía de la que murió en 1991:


Dejadme que os confiese con sencillez que yo jamás pido a Dios que me cure mi enfermedad. No lo pido porque me parece un abuso de confianza; pero, sobre todo, porque temo que, si me quitase Dios mi enfermedad, me estaría privando de una de las pocas cosas buenas que tengo: mi posibilidad de colaborar con Él más íntimamente, más realmente. Le pido, sí, que me ayude a llevar la enfermedad con alegría; le pido que la haga fructificar, que no la estropee yo por mi egoísmo o mi necesidad de cariño. Pero que no me la quite. Estar, vivir en el Huerto no es ningún placer, pero sí es un regalo, un don, tal vez el único que, al final de miResultado de imagen de dolor vida, pueda yo poner en sus manos de Padre [9].



[1] Podéis leer sobre esto el estremecedor poema de Gabriela Mistral que tenéis aquí. (Nota de Miguel.)

[2] Es una interpretación no compartida por todos los exegetas. (Nota de Miguel.)

[3] La palabra hijo no aparece en el versículo. Es un error en el que se incurre, probablemente, por el versículo correspondiente, que sí dice “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,26). (Nota de Miguel.)

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, n.º 2629. También dice el Catecismo que “la transformación del corazón que ora es la primera respuesta a nuestra petición” (n.º 2739). (Nota de Miguel.)

Amigos de Dios (múltiples eds.; en España, ed. Rialp, Madrid), n.º 310

[5] G. Herranz, Sin miedo a la vida y sin miedo a la muerte, en Miguel Ángel Monge, San Josemaría y los enfermos, Palabra, Madrid 2005, 95.

[6] Amigos de Dios (múltiples eds.; en España, ed. Rialp, Madrid), n.º 310.

[7] Amigos de Dios, cit., n.º 124.

[8] Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo, 11-II-1995: rev. Ecclesia, 2.723 (1995), 197.

[9] Reflexiones de un enfermo, cit., 16.

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