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DOS AMORES Y UN AMOR (MEDITACIÓN BÍBLICA Y ABURRIDA EN EL DOMINGO DE RAMOS)

19 marzo 2016

Viene el príncipe de este mundo [el diablo]; contra mí no puede nada, pero el mundo debe conocer que amo al Padre y que obro tal como me ordenó” (Jn 14,30). Miguel


Ya en este blog la amiga Elisa y yo hemos debatido lo que puede ser la espina dorsal de la Pasión del Señor (ved las apostillas a este artículo), que hoy leemos íntegra en el comienzo de la Semana Santa. Y decíamos que el amor era el elemento motivo (la causa), la obediencia el elemento constitutivo (el contenido de la Pasión es la obediencia al Padre), y el sufrimiento el elemento manifestativo.

Algo de esto quisiera decir, porque, señores míos, estoy desde hace años impactado por un versículo de San Juan. He aquí que Jesús explica a los Apóstoles (en la Cena) la causa de la Pasión. Y dice para ello: Viene el príncipe de este mundo [el diablo]; contra mí no puede nada, pero el mundo debe conocer que amo al Padre y que obro tal como me ordenó” (Jn 14,30).

Queda meridianamente claro que Jesús entiende su Pasión como un acto de obediencia a su Padre. Y yo creo entrever también un secreto orgullo santísimo por la ilusión de que todo el mundo, toda la historia, conozca su amor al Padre.

Pero, si la Pasión es para nuestra Redención, diría alguno que no es por amor al Padre, sino por amor a nosotros; que es lo que estamos acostumbrados a considerar.

Pero esta aporía, si lo es, tiene solución. En Jesús no hay dos amores; Él tiene un solo Corazón, con el cual ama al Padre ante todo por razones evidentes. Pero ese amor lo lleva a amarnos a nosotros. No hay dos amores. No hay contraposición de amores. Hay un solo amor diversamente enfocado, y Jesús ama al Padre en nosotros (amándonos a nosotros) y nos ama a nosotros en el Padre (amando al Padre). [Nota posterior: no se me ocurrió aducir el v. “en esto conocemos que somos hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos”, 1 Jn 5,2.- 29/3/2016].

¿Y no es eso, acaso, lo que nos manda Jesús: encontrar a Dios en el otro, encontrar al otro en Dios? Si al llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, vete primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve después para presentar tu ofrenda” (Mt 5,23-24). Aquí creo que, al proclamar la incompatibilidad radical de las enemistades y rencores con el culto divino, nos enseña a encontrar a los hermanos en Dios; me parece que es una inferencia perfectamente válida. Pero en cualquier caso, Jesús, que continuamente, sin cesar, predica el amor al prójimo, y que nos da el mandamiento nuevo del amor (“Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado”, Jn 15,12), es aquel Jesús que declara: Yo no he hablado por mí mismo, sino que el Padre que me envió, Él me ha ordenado lo que tengo que decir y hablar (…). Lo que yo hablo, según me lo ha dicho el Padre, así lo hablo” (Jn 12,49-50).

Resulta más rápido demostrar hasta qué punto, en la enseñanza de Jesús, Dios está en los hermanos. Ahí está -para no dejarme mentir- el capítulo 25 de S. Mateo, con la profecía (¡que no parábola!) del Juicio Final. Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer (…). ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer (…)’? Y el Rey, en respuesta, les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis’” (Mt 25,34-40). Y conocéis la segunda parte, el juicio de quienes no dieron de comer (y etc.) y son enviados al suplicio eterno” (v. 46).

Así pues, el amor de Jesús es único, pero se enfoca al Padre y a los hermanos. Nuestro amor debe ser a Dios (al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo), pero en Dios encontraremos a los hermanos; y cuando bajemos para servirles, veremos en su rostro una presencia de Dios. Y quede claro que este doble amor es un amor único, por una parte; y por otra parte, que este amor doble empieza y se fundamenta en Lo que es realmente amable, que es Dios sin disputa ninguna. Lo demás son encargos. Amamos a los demás en el nombre de Dios. Con el Corazón de Cristo los amamos (“yo os amo a todos en el corazón de Jesucristo”, Flp 1,8). Primero es Dios, y luego todos los demás, encabezados -faltaría más- por la Virgen Santísima.

Y esto es, en realidad, algo muy parecido a lo que encuentro -lo que encontró Benedicto XVI- en la triple confesión de amor de Pedro. Había negado conocer a Jesús tres veces por cobardía, y Jesús le ofrece -es difícil no adivinar su intención) la ocasión de reparar esas tres traiciones; por tres veces le pregunta si lo quiere. Y ahora, lo que me interesa. Cada vez que Pedro le expresa su amor (era inmenso y sincero, debilidades aparte), Jesús le hace entrega de su rebaño: Apacienta mis corderos”, “Pastorea mis ovejas”, “Apacienta mis ovejas” (Jn 21,15-18).

Esto es: el criterio para saber si Pedro puede desempeñar su vocación de primer pastor universal de la Iglesia no es si tiene mucha sabiduría, mucha experiencia, ni siquiera mucha santidad. La materia del examen es, exactamente y exclusivamente, el amor a Jesucristo. Se dice actualmente que el nervio central de la vida del sacerdote es la caridad pastoral. Tendremos que añadir que la caridad pastoral es un amor a las ovejas por amor al Pastor.

Bueno, señores: todo esto es fundamental, aunque es posible que yo lo haya vuelto un poco aburrido. Hemos de recuperar, en la Iglesia, el sentido y fundamento teologal de toda realidad y de toda nuestra vida. Teologal significa referido a Dios. Sin eso, seguiremos haciendo salvajadas en las Misas, porque las consideraremos, noya el Sacrificio del Dios-Hombre, sino una reunión para cantar el padrenuestro de Jesucristo Super-Star cogiditos de las manitas, ay, ay, ay.

Cuanto menos oremos, más perderemos de vista este fundamento teologal, y Dios dejará de ser un fuego en el corazón, un verdadero Amigo, un Alguien adorable y amado, para convertirse en una silueta lejana y sin relevancia. Y, en mi opinión, Benedicto XVI, el principal objetivo que tenía en relación con la Iglesia -otra cosa es el diálogo con el resto del mundo- era este: el de recentrarla, des-secularizarla, y yo creo que lo hizo de maravilla en el corto trecho temporal que le fue concedido.

Si no hay fundamento teologal, se muere todo. Y creemos sustituir el amor a Dios con programas y reuniones. “Sin mí, dice el Señor, no podéis hacer nada” (Jn 15,5).

¿Que no es esta una meditación adecuada para el Domingo de Ramos? Yo creo que sí, ¿eh?; porque creo que he explicado lo que, a mi ver, constituye la base de la Pasión, pero también de la vida de Jesús, de la nuestra y de la Iglesia. Porque ¿cómo podríamos ser diferentes de nuestro pdulce Jesús?

P. D.- Me encuentro con unos párrafos de San Juan de Ávila que vienen muy al caso (aunque agavillan más ideas  de las aquí expuestas):

“Has, pues, de saber que así como la causa por la que amó Cristo al hombre no es el hombre, sino Dios, así también el medio por el cual Dios tiene prometidos tantos beneficios al hombre no  es el hombre, sino Cristo. La causa por la que el Hijo nos ama es porque se lo mandó el Padre, y la causa por la que el Padre nos favorece es porque se lo pide y merece su Hijo (cfr. Jn 17,20) (…) ¡Cuán firmes son los estribos de nuestro amor!” (Tratado del amor de Dios, 12).

[Dios ya no nos ve como algo diferente al Hijo, sino como uno en Él] De manera que el amar [el Padre] a Él  [Jesucristo], será amar a ellos, y amar a ellos, será amar a Él, por ser uno ellos y Él” (Cabeza y miembros del Cuerpo de Cristo) (Sermón 53, 33).

La teología nos dice que Dios Padre nos ama “dentro del” mismo amor con el que ama a Jesucristo. Así que se nos ha conferido una dignidad casi infinita.


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14 comentarios leave one →
  1. 19 marzo 2016 17:57

    La vi la semana pasada por segunda vez. Es preciosa.

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  2. 19 marzo 2016 19:35

    ¿El qué, Corazonenlamano99?

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  3. 19 marzo 2016 21:59

    ¡La película!

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  4. 19 marzo 2016 22:15

    Y aún te faltaría especificar de qué película se trata, pero no nos cuesta excesivo trabajo adivinar que es “La Pasión de Cristo”, de Mel Gibson. ¿Te pareció a ti, como a tantos, demasiado sangrienta?

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  5. Iñigo permalink
    20 marzo 2016 15:34

    ¡Ya salió “la película”! Ha llegado a tanta antonomasia, que cuando se dice solo “la”, ya sabemos de qué se está hablando. No niego que el argumento es muy acertado, pero sí que es bastante enrevesado como para centrarnos en él todas las Semanas Santas.

    “Cantar del pueblo andaluz,.
    que todas las primaveras
    anda pidiendo escaleras
    para subir a la cruz.”

    La Semana Santa, la Pasión, no pueden ser el tópico que repetimos cada año. Mucho menos, la película que consumimos como un alimento enlatado. La imagen que se mueve es sueño fabricado. No veo yo en estas fotos al Espíritu Santo, como tampoco puedo ver siquiera el argumento. Sangre, solo sangre. Ni siquiera las lágrimas que por nosotros y por su Madre vertería Jesús.

    Los cristianos tenemos que recordar que no se ha escrito un nuevo Evangelio en celuloide, porque esto no es manera de conmemorar la Pasión.

    Cambiando de tercio: “El padrenuestro de la película Jesucristo Super-star” no se llama así, es GodFather, de Simond and Garfunkel. Yo -que soy de gregorianos- encuentro que tiene también su espiritualidad y que nunca estará esta reñida con la alegría. El problema es que no la veo una pieza adecuada para cantar (y danzar) en Misa, y que las versiones que se emplean olvidan un detalle importante: el padrenuestro es una oración que nos enseñó Jesucristo en persona, literal. No podemos cambiarla para que cumpla una métrica o poder llevarla al verso.

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    • 20 marzo 2016 18:30

      Parto una lanza por “la”, como me dejaría partir las piernas si con ello lograse que un cristiano se hiciese consciente de lo que esto es. Cuando éramos normales, meditábamos la Pasión con libros como el de Fray Luis de Granada, Catalina Emmerich y muchos más. Hoy, no verás una persona leyendo ni en las bibliotecas. ¿Necesitan esos medios para encontrarse con Dios? Dénseles esos medios.

      La estrofa de Machado es mucho más aplicable a lo que de hecho él la aplicaba: los folclorismos de Semana Santa.

      La imagen enlatada funciona, porque genera sentimientos y conciencias, con tal que el espectador sepa que aquello se realizó por él: “Me amó y se entregó por mí” (Gál 2,20), o, como decía horrorizada Santa Ángela de Foligno, “¡no me has amado en broma!” Por cierto que lo decía después de una aparición de Jesús flagelado, por si a alguien le parece esto comparable a una “la”. En cualquier caso, la imagen de “la” funciona, precisamente, porque está obrando el Espíritu Santo. Tampoco ves al Padre, y vaya que si está.

      De acuerdo en que no es manera de celebrar; ver una película no es celebrar. Pero puede celebrarse y ver “la”.

      Gracias por las precisiones a propósito del padrenuestro; desde luego, debe respetarse la literalidad o no cantarse.

      Pero esto no quedará así. Te quejas de que en “la” ves “sangre, solo sangre”. Sobre esto, voy a poner otra apostilla a continuación.

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      • 20 marzo 2016 19:05

        “SANGRE, SOLO SANGRE”

        Iñigo -lo conozco, y es un cristiano mucho más que cabal- se queja de no encontrar en la película “La Pasión de Cristo” más que “sangre, solo sangre”.

        Iñigo, dos puntos: esa sangre es por ti. Aclámala.

        Una vez oía yo un cedé sobre mártires de la guerra o cosa tal, y el presentador empleó una frase lapidaria que he repetido en bastantes sermones: “La muerte es el único don de cuya generosidad nadie puede tener ninguna duda”. Con cualquier otro regalo, puedo estar esperando algo a cambio, o fingiendo amistad con malos fines, etc. El que muere no gana absolutamente nada.

        En realidad, es lo que, hablando de sí, dijo Jesús una vez: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). Como indico al principio del artículo, llegamos a la concusión de que el dolor, en la Pasión, solo cuenta para manifestarnos el amor: Jesús pudo redimirnos con solo un movimiento de su mente, pero entonces nosotros nos quedaríamos en ayunas del amor que Él nos tiene. Decía Benedicto XVI que la sangre y la muerte no eran solo el dolor y la sangre, sino la evidencia palmaria de un amor que era capaz de llegar a la sangre e incluso la muerte. La “sangre, solo sangre” es un amor hasta el último confín, explorando incluso, siendo Dios, el valle oscuro de la muerte (un nuevo sentido con el que podemos rezar el Sl 23: “Cuando camino por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo”).

        Voy a copiar un rico pasaje de la enc. “Lumen fidei”, del Papa Francisco (2013):

        “La mayor prueba de la fiabilidad del amor de Cristo se encuentra en su muerte por los hombres. Si dar la vida por los amigos es la demostración más grande de amor (cfr. Jn 15,13), Jesús ha ofrecido la suya por todos, también por los que eran sus enemigos, para transformar los corazones. Por eso, los evangelistas han situado en la hora de la cruz el momento culminante de la mirada de fe, porque en esa hora resplandece el amor divino en toda su altura y amplitud. San Juan introduce aquí su solemne testimonio cuando, junto a la Madre de Jesús, contempla al que habían atravesado (cfr. Jn 19,37): ‘El que lo vio da testimonio, su testimonio es verdadero, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis’ (Jn 19,35).

        Sangre. El toque está en lo que nos decía un profesor cuando “la” estaba estrenándose: “Tenéis que verla pensando continuamente: ‘Por mí, por mí, por mí…'”

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    • 20 marzo 2016 20:46

      Iñigo hermano, si se me permite meter bocado, creo que la película es una obra de arte. Lo segundo que te diré es que la vi estando yo apartada de la fe, y la vi en cine. Y esta película tuvo que mucho que ver en mi retorno de hija pródiga. ¿Todas las Pascuas? Sí, Dios se vale de todo para que sus hijos se salven. Muchas personas no saben que Jesus murió por amor a ellas. Tenés para ver el testimonio de Hans Myullots, por ejemplo, él mismo dice que habiendo querido suicidarse once veces, entró un jesuita en su habitación de hospital y le dijo: “Hijo, Jesús te ama”. Investigó qué era aquello y encontró que Alguien en su vida lo había amado. ¿Por qué no puede una película ser instrumento cada Pascua? No todos estamos en la misma órbita en lo que a fe respecta. Todo vale para que un alma se salve. Es lo único que importa.

      ¿Con tanta sangre? Si hubiéramos estado presentes hace dos mil años, la película nos resultaría sin dudas una muestra gratis de aquello.

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  6. Pablo permalink*
    20 marzo 2016 17:29

    Preciosa reflexión.

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  7. 20 marzo 2016 17:40

    Decís: “Pero esta aporía, si lo es, tiene solución. En Jesús no hay dos amores; Él tiene un solo Corazón, con el cual ama al Padre ante todo por razones evidentes. Pero ese amor lo lleva a amarnos a nosotros. No hay dos amores. No hay contraposición de amores”.

    Hay una verdad que es radical, Dios no conoce la división, mucho menos su Hijo, que es uno con el Padre. Ya sabemos quién inventó la división. Y como Dios no la conoce y nosotros sí, no podemos imaginarnos el amor sin categorías. El amor de Dios y de su Hijo son uno y el mismo, que se manifiesta, de hecho, como tercera Persona, el Espíritu Santo. Pero aún así no están divididos, son uno y lo mismo. Así de importante es el amor, que no es susceptible de ser dividido. A lo que voy es a que todo el embrollo de las palabras de Jesús, y todo el enigma de su obediencia perfecta, que a veces nos resultan tan difíciles de comprender, nos cuestan porque nosotros sí tenemos esa triste capacidad de dividir o de categorizar las cosas.

    En fin, “amar a Dios por sobre todas las cosas”. Dios nos dio este mandamiento, que no es ni el tercero ni el séptimo, ¡es el primero! Y por algo es el primero. Porque creo que es la llave maestra de toda la caridad de nuestro corazón, para que amemos en espíritu y verdad a los demás. En Dios se plenifica el amor que podamos dar a todo el resto de la creación. ¿Y no iba a valer esto para su Hijo unigénito?

    ¡Hosana al Hijo de David!, que padeció tanto para enseñarnos estas verdades.

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    • 23 marzo 2016 15:15

      Y así, poco a poco, voy entendiendo, no el misterio de la Santísima Trinidad, sino cómo sin su referencia a la Trinidad ninguna cosa se entiende, así como que lo único -puede decirse- que nos ha revelado Jesús es la Santísima Trinidad y, también, que la Trinidad es “la gramática de la vida cristiana”, como dice un profesor nuestro… que a nosotros no nos lo explicó.

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  8. Iñigo permalink
    22 marzo 2016 1:39

    Miguel: No soy de aquellos que ven “la” como una película del género gore, de los que se escandalizan por su dureza como hizo el mismísimo Quentin Tarantino (el director de “kill Bill”). Entiendo que “La” pretende reconstruir la Pasión tal como tenemos documentada en los Evangelios y que se hizo un estudio muy preciso y con mucho detalle sobre lo que se sabe de crucifixiones en general y de la de Jesucristo en particular. Veo que hay pequeños detalles, como que la sangre no parece obedecer a otra gravedad que la de la escena. (Cambio de escena, cambio de inclinación y todos los chorritos paralelos); o que en muchas ocasiones no sangran nada las heridas, abiertas como están. Y otras lo hacen poco, ya que un clavo atravesando la mano podría causar desangrado por sí mismo. Son detalles sin importancia para lo que se representa.

    Pero no nos sitúa “La” en lo que aquí nos expones: Cumplimiento de la Voluntad del Padre,
    expiación de nuestros pecados y amor extremo. Nos quedamos diciendo “pobrecito”,”pobre”. Obnubila un poco todo lo demás y quizá digamos también: “¡Qué malos son los romanos!”, porque carga demasiado las tintas en algunos aspectos y otros nos pasan desapercibidos entre tanto “messiaca” y “Elah Jajai”.

    “La” película -y permíteme esta expresión cariñosa- que yo vivo son las Lecturas de esta misa de Domingo de Ramos, por ejemplo. Por no distraerme, fui por la mañana a la bendición con mi hija y su palma (quizá podría decir “aspa de helicóptero”, ¡qué bruta!). Estuve allí con mi mujer, mi suegro y los Hossanas. Entre el burro, los romanos de guardarropía y los rosarios de azúcar. Mu bonito, mu alegre y mu todetó; pero necesitaba otro ambiente para seguir las Lecturas y para la parte “amarga”. (si es que nos puede parecer amargo que Jesús nos redima con amor e infinito perdón).

    Me busqué la misa de ocho, después del segundo Via Crucis y entre personas mayores, que ya los críos estarían viendo Bob Esponja. Y seguí mi costumbre de mirar al florón, las vidriera y la lámpara mientras el cura leía. Estilo redondo, no como en casa, que las paredes son acuchilladas porque es estilo cuadrado. Vale, muy bien. Pero visualizaba las escenas, y aunque no había caídas en cámara lenta o planos cenitales tomados por helicópteros -mi imaginación no tiene presupuesto para tanto-, en mi visión salía un Cristo vivo para aquel momento, a quien veía por única vez de aquella manera. Como un Herodes y un Pilatos que no se parecían en nada a los del año pasado o el otro. Porque la bóveda hiperboloide parabólica de la parroquia en que estaba no la había dirigido Mel Gibson, era solo la pantalla (de horribles colores) en donde se proyectaba “mi” película.

    Y eso es lo que quiero: Que no tengamos una “la” sino una “Mi” y que podamos verla cada año de una manera diferente. Porque “La” tiene además otro problema: Te dirán “Abenadero, itiota”, pero no te explican si esto que sale aquí es una visión de Catalina Emmerich o lo de más allá figura en el Evangelio según San Juan.

    Consideremos también que la Pasión aislada no tiene sentido. A un hombre le torturan hasta el agotamiento de los verdugos, le hacen arrastrar un madero hasta la extenuación y le clavan en una cruz hasta que muere. ¿Y punto? ¿Se acabó?… Si no se da el contexto en que sucedió todo, pensaremos algo muy diferente: Qué crueldad y pobre hombre.

    Pero cuando es el Hijo de Dios, el Signo de Contradicción, el Redentor y hasta el cumplimiento de las Profecías, ahí todo encaja.

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    • 23 marzo 2016 16:21

      Había escrito una apostilla larga, y se me ha borrado. Como contra esto no tengo fuerza psicológica, no la rehago.

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