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DESPERTAR A LA PASIÓN DEL SEÑOR-III

15 septiembre 2015

Elisa Shejtman, en la fiesta de la Virgen Dolorosa

«De la pasión se han de sacar tres puntos principales: amor de Dios y esperanza en Él y caridad con los prójimos, y luego las virtudes mirando a las que tuvo Cristo»

(San Juan de Ávila, carta 236).

«“Dios es amor” (1 Jn 4,8). Es allí, en la Cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar»

(Benedicto XVi, encíclica Deus caritas est (2005), 12.

(De las razones para meditar la Pasión del Señor: continuación)

Identificar al verdadero enemigo

“LUEGO LE ESCUPIERON EN LA CARA y lo abofetearon. Otros lo golpeaban, diciéndole: ‘Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos quién te golpeó’” (Mt 26, 67-68).

Una de las armas del enemigo es disfrazarse en personas que se cruzan en nuestro camino, para ponernos palos en la rueda y derribarnos con tentaciones terribles. Podemos incluso caer tan bajo como llegar a desear la muerte de alguien.

Cuántas veces tenemos problemas -en la oficina, en casa, con amigos- en los cuales no podemos entender la razón por la cual nos atacan. Si no hemos provocado ninguna situación, se nos escapan de la comprensión los motivos por los cuales algunas personas nos “pegan” gratuitamente sin tener culpa alguna. Ensañamientos que nos hacen sufrir porque no entendemos lo que está pasando.

Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero se he hablado bien, ¿por qué me pegas?” (Jn 18,23)

La respuesta a este interrogante la encontramos en el juicio del Señor. Cuando lo leo, no puedo sino pensar en Satanás, que odia a Jesús más que a nada. Lo tiene acorralado, en manos de sus enemigos, y al fin se está dando el gusto de golpearlo, con la brutalidad tanto tiempo soñada. El tono burlón de la pregunta es muy evidente: “Profetiza, dinos quién te golpeó” (Mt 26,68).

¿Quién está hablando realmente aquí? Un poco antes el Evangelio nos dice: “Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote” (Lc 22, 3-4). Y esa misma noche dice el Señor: “Pero esta es la hora de ustedes y el poder de las tinieblas” (Lc 22, 53).

Esto es lo que pasa cuando elegimos al enemigo como padre. Nos domina y hace lo que quiere en nosotros y a través nuestro. Y cuando golpeaban a Jesús, sí, eran los sanedritas. Pero quien manejaba los hilos desde un poder mucho mayor era el enemigo radical de Dios. Lo dice la Palabra. Comprendiendo esto y fortaleciéndonos en la Pasión del Señor, aprenderemos a verlo desde otro ángulo mucho más fructífero:

El enemigo es estructurado, y tiene mañas que son perfectamente reconocibles. Cuando sufrimos persecución sin motivo, siendo del todo inocentes, meditando la Pasión, encontramos quién es el verdadero autor de todo. Si meditando la Pasión nos revestimos de Cristo, seremos capaces de comprender que Dios tiene un propósito en esta persecución. Esto nos permite llevar este tipo de sufrimientos con una mayor paciencia y mansedumbre para salir victoriosos. Porque el Señor sabe muy bien quién está detrás.

Cuando era insultado, no devolvía el insulto, y mientras padecía, no profería amenazas; al contrario, confiaba su causa al que juzga rectamente” (1Pe 2, 23).

Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores” (Mt 5,44).

¿Por qué rezar por ellos? A Dios le duele terriblemente cada alma que se pierde, porque todos somos sus hijos. Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador. Y quien se está dejando dominar así por el enemigo, infligiendo un tormento tan grande gratuitamente, bueno, creo que es fácil conjeturar el destino que le espera: “llanto y rechinar de dientes” (Lc 13,28). Y mientras hay vida hay esperanza. Acaso Dios pondrá a favor de esta persona nuestro sufrimiento. Tal vez contribuya a salvar esta alma de sí misma.

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Es una tentación decir “se la buscó”. Pero si el Señor tuvo la misericordia de que yo me salve, ¿quién soy yo para no tener misericordia de los demás, y desear para ellos la salvación? Porque tampoco es nada seguro. Sabré que me salvé el día que el Señor me llame a su presencia. Hasta entonces, todos estamos en peligro de perdernos. Sin embargo, un corazón misericordioso abre las compuertas de la misericordia de Dios de par en par. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia” (Mt 5,7). Tendrá un juicio sin misericordia el que no tuvo misericordia; pero la misericordia se ríe del juicio (St 2,13).

”Mi realeza no es de este mundo” (Jn 18,36). Los planes de Dios

“‘MI REALEZA NO ES DE ESTE MUNDO. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí’. Pilato le dijo: ‘Entonces ¿tú eres rey?’. Jesús respondió: ‘Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad escucha mi voz’” (Jn 18, 36-37).

Otra consideración fundamental que demuestra la necesidad de meditar la Pasión. Dios tiene un plan. Un plan para nosotros y desde nosotros. Un plan personal y un plan que nos hará partícipes de un proyecto celestial mayor. Para lo cual Dios necesita de nuestro sí. Y necesita que tengamos la claridad de darnos cuenta de lo que está pidiendonos.

O nos dedicamos a vivir la vida según nuestros planes, o escuchamos a Dios y le preguntamos qué quiere de nosotros. Estas respuestas surgen sin problemas meditando la Pasión. Considero esto una gracia especial. Todo nuestro ser se unifica con el plan de Dios, y Él va revelándonos qué es lo que quiere de nosotros a cada momento.

Y es que somos débiles, y nos confundimos con facilidad. El enemigo es muy astuto, y siempre está atento a que nos desviemos de la voluntad de Dios. Meditar la Pasión hace caer por tierra estos planes, estos errores nuestros, y nos centra en lo que es verdaderamente importante.

Porque nos confundimos con enorme facilidad cuando se trata de éxitos humanos. Estos crean una ficción del amor, nos sentimos realizados, admirados, necesitados. Dios quiere amor, pero amor verdadero, y no amores colgados de una ficción. Es de extrema peligrosidad, y hasta diría que ha sido camino sin retorno para muchos, confundir los éxitos humanos con amor verdadero. Solo de Dios procede este amor.

Y meditar la Pasión del Señor nos despeja la mente de estas ficciones, para dejar libre el camino a la voz de Dios que quiere hablarnos con la verdad.

Continuará…


Música recomendada para hoy:

Llora la Virgen en la Cruz


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