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Perlas para mis amigos-74: el discursito

19 marzo 2015

 


Orden del día:

El n.º 74 de Perlas para mis amigos comprende:

– Este discursito

– Himno a San José

 «No problem» con la ciencia

– No, si aún va a ser lucrativo el ayuno


 

 

SAN JOSÉ, Y LOS DEMÁS APARTE / DE COMPLEJOS, DE PREJUICIOS / AYUNAR, SÍ; PERO A LA HUCHA DE LOS POBRES

Regalo las obras marianas de San Luis María Grignion de Montfort a quien me las pida en audio (solo el Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen) o en pdf; en papel, a partir de ahora tendré que cobrar 1,75 euros por libro más los gastos de envío*.

A Aurora

Queridos amigos:

La primera perla de hoy fue un trabajo a varias manos. Mi sueño, oír un día, insospechadamente, cómo en algún sitio se canta el himno a San José con esta tonada.

San José es padre de Jesús, y lo dicen 6 u 8 veces los dos Evangelios a quienes más convenía callarlo, porque son los que hablan de la virginidad de María. San José, de entrada, protegió la virginidad de María; y evitó el escándalo para María cuando descubrieron que María estaba encinta antes de tiempo: probablemente José planeaba marcharse, con lo cual la infamia más grande era la suya.

San José es, según San Agustín, más padre de Jesús de lo que lo son los padres según la sangre. La manera perfectísima que hemos de suponer que tuvo de cuidar y educar a Jesús así lo acredita. Y resulta que el engendramiento corporal es menos cosa que la alimentación espiritual. ¿Y por qué “hemos de suponer”? Porque, si con la madre hemos de suponer (y termina dogma) que Dios, para su Hijo, escogió la mejor madre, también es lícito suponerlo con el padre; y yo he oído que hay sospecha la inmaculada concepción de San José.

La segunda perla de hoy deniega la incompatibilidad entre la fe y la ciencia. Decía, gloriosamente, un profesor mío: «No entiendo por qué un teólogo tiene que ponerse nervioso delante de un científico». ¡Y cuántos complejos vergonzantes se derivan de no conocer la propia fe! Tantos no pasan del catecismo elemental, y todavía creen en las llamas del infierno y el demonio con cuernos y tridente. Por lo demás, son –eso sí- ingenieros informáticos, licenciados en filología o, incluso, filosofía, y me han publicado dos libros de a dos mil páginas. Y son creyentes; pero como salga conversación con el científico ateo (cuyo ateísmo está construido de prejuicios), nerviosismo, y a desviar la conversación. Pues no, señor. Pues lea usted el Catecismo de la Iglesia Católica y tantas mil obras, y se pasmará ante la riqueza de fe y de razón del cristianismo.

La tercera perla de hoy es cuaresmal. Algún Papa hacía notar cómo, en la parábola del epulón y Lázaro, lo tremendo, más que no socorrer a Lázaro continuamente tirado a su puerta, era no saber que estaba allí. Lo mismo ocurre con los pobres. Están cerca, y los sentimos lejos. Están cerca, hoy, estén donde estén, por la globalización del conocimiento; precisamente el Papa Francisco habló, en el mensaje para la Cuaresma, de la «globalización de la indiferencia».

Y, en fin, más podríamos decir, pero el discursito  de las perlas me sirve para entrenarme, pues os  es sabido y notorio que la brevedad no es mi fuerte. Un abrazo para todos del sacerdote

Miguel Ruiz Tintoré,

esclavo de María

A Pablo, a Joni, muchas gracias por muchas cosas.

 

  1. Para entrar en la perla primera: «Himno a San José»,  pinchad aquí.
  2. Para entrar en la perla segunda: «”No problem” con la ciencia», pinchad aquí.
  3. Para entrar en la perla tercera: «No, si aún será lucrativo el ayuno»,  pinchad aquí.

* El hecho de que la Sociedad Grignion de Montfort -a la que pertenezco-, que desde 1980 ha regalado estos libros en cantidades increíbles, tenga que cobrárnoslos ahora se debe a la difícil situación económica de la asociación.

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57 comentarios leave one →
  1. 20 marzo 2015 4:41

    ¿Inmaculada concepción de San José? ¿Y eso como sería?

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    • 20 marzo 2015 23:03

      Lo que puse es casi, o sin casi, todo lo que sé: que hay quienes piensan en la posibilidad. Pero claro: no tenemos datos bíblicos, no tenemos datos de la Tradición… No podemos afirmarlo.

      Solo que… que no podamos afirmarlo, que no lo sepamos, no quiere decir que no sucediera, como tampoco quiere decir que sucediera.

      Y lo único que puede hacerse es dar razones de conveniencia. Por ejemplo: ¿no querría Dios que los dos “padres” fuesen (dentro de las posibilidades humanas) dignos de su Hijo? ¿No cumplió Dios con María el mandamiento de honrar… a los padres? Porque, oigasté, los padres son dos, aunque uno (José), en lugar de ser un padre corriente, sea padre por varios títulos: padre legal, padre moral que cuida, educa, nutre, padre real a los ojos de la gente…

      Y mira, Elisa: yo no creo en el argumento clásico para la Inmaculada (y confieso que no me he leído la bula de definición, eso quede bien caro: puede ser que en ella figure, y en ese caso doy por nulo lo que digo). Ese argumento dice: Dios pudo (hacer a María Inmaculada), Dios quiso, luego Dios lo hizo. En primer lugar, el problema de la Inmaculada no estaba en esas cuestiones, sino en que parecía imposible una Inmaculada redimida, y, desde luego, todos tenemos que ser redimidos; esto se solucionó con la “redención preservativa”: redimida, la más perfectamente redimida, porque a nosotros nos levantan, pero a ella, no la dejan caer, y eso, por aplicación anticipada de los méritos de Cristo.

      En segundo lugar, no podemos negar el “pudo”, pero el “quiso” es una conjetura, por muy razonable que sea. Es una aplicación a Dios de lo que hubiésemos hecho nosotros, pero no tiene solidez, a mi modo de ver. Dios ¿no es el que siempre sorprende?

      Para mí, el mejor argumento es la corredención. Heb 7,26, hablando de Jesús, dice: “Nos convenía, en efecto, que el Sumo Sacerdote fuera santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores”. Es claro que un Reparador –en este ámbito de cosas- debe ser inmaculado, porque si es pecador, no repara nada. Y luego lo aplico a la Virgen, y de ahí colijo yo la necesidad –no ya la conveniencia- de la Inmaculada.

      Ahora bien, la corredención de María empieza con el “fiat” y termina al pie de la Cruz. La cooperación de María a la salvación es su maternidad y la santidad y entrega totales con que la ejerció.

      Pues bien: San José también cooperó a la salvación, fue corredentor, hasta que murió mucho o poco tiempo antes de la Pasión de su Hijo. Y su entrega, no creo que dudes de que fue heroica. Y así, si creemos que San José fue corredentor –es una idea mía-, aunque en menor grado que María (el grado que Dios le asignó), podemos sospechar que fuera inmaculado.

      Todo esto es muy mío, está cogido con alfileres, pero podrá hacer reflexionar a alguna cabezota, o bien a la inteligencia inigualada de Elisa la Letradísima.

      El Majagranzas

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  2. 21 marzo 2015 4:55

    No me lo hubiera imaginado nunca, a San José inmaculado. Más de una vez me lo habían pintado tan dudoso de todo, que lo vi de lo más parecido a nos, los pobres pecadores. Más allá del mucho amor que le tengo y de la devoción que le manifiesto, qué mala imagen me han metido, me doy cuenta ahora.

    Hay cierto icono, ruso creo, que me lo explicaron así, con un José muy turbado y dudoso. De ahí me había quedado esta idea, y por supuesto no me condecía con la posibilidad de una inmaculada persona de San José, porque la duda no es de Dios (habló la letradísima…).

    Y ahora, de pronto, al verlo de este modo, lo de la corredención tiene más sentido del que pudiera esperar, da para pensar y mucho.

    ————————-
    Se habla mucho del Quinto dogma, María corredentora. ¿Será que se viene al fin este dogma? Porque ya creo que no hay por donde excusarse para no darle esta dignidad.

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    • 21 marzo 2015 12:34

      Te contestaré sobre San José en una apostilla, y sobre lo del quinto dogma, en otra.

      1. Yo creía que había quedado clarísimo que lo del José correndentor y tantas otras cosas eran pensamientos míos, “cogidos con alfileres”, como dije. Yo no debo, yo no quiero, yo no deseo desnortar a nadie valiéndome de mi condición de sacerdote –y predicador informático, porque está precisamente para lo contrario. Léase mi apostilla como yo la escribí, o, si no, dejaré de verter opiniones y enseñaré solo el Catecismo.

      Supongo que te refieres, Elisa, sobre todo a la llamada “duda de José”: la que tuvo lugar cuando el embarazo de María. Los ganapanes que no me rezan el Rosario –y, por tanto, carecen de finura y de instinto mariológico- pintan a José enfadado y quizá hasta recriminando a la Virgen y preguntándole “quién ha sido”. Me niego en redondo a creer eso. Me parece de todo punto imposible que José, conociendo tanto a María y sabiendo hasta qué extremo daba importancia a su compromiso de virginidad, la ofendiese con la más mínima sospecha. No le parecería posible que María hubiese tenido relaciones con un hombre. Ni por un segundo pudo pensarlo.

      Es más: existen expresiones escritas y artísticas en las que aparece S. José de camino a Ain-Karén a la visita a Isabel. Si eso es cierto, implica con toda evidencia que la Virgen se explicó a a la primera de cambio, pues que dice Lucas que María, después de la Anunciación, fue “deprisa” (Lc 1,39).

      Las dudas, si las hubo, no serían sobre con quién había pecado María (¡pecar María! He sentido algo extraño en los dedos al escribirlo), sino sobre qué extraño misterio era ese, que eso sí que es lógico preguntárselo. Y es más, conocida María, seguramente la pregunta sería más o menos: “¿Qué misterio DIVINO es este, y qué parte me toca a mí para cooperar?”

      Por si acaso, advierto que nada de esto es doctrina de la Iglesia, sino opiniones mías, en algunos casos compartidas con otros; “cogidas con alfileres”.

      Letradísima amiga: ¿Te referías a más vacilaciones de S. José?

      2. He hurgado en una larga colección de artículos sobre S. José que tengo, y he encontrado uno que afirma que José fue santificado en el seno materno, ya que –dice-, por su misión, “tiene un alma semejantísima a la de la Virgen María”; como S. Juan Pablo II, en “Redemptoris custos” (abrevia “RC”), dice que Dios quiso que José “participase… de la excelsa grandeza de ella”, el autor dice, como si nada: “Y ¿cuál es la grandeza de María sino su plenitud de gracia?” Ya. Y si viene otro y dice que la grandeza de María es la maternidad divina –como siempre se ha dicho-, ¿qué?

      Es un artículo que tiene cosas interesantes, pero que afirma mucho y prueba bien poco. Por lo pronto, deja en ambigüedad si S. José –como hace siglos decían algunos de María- fue concebido en pecado, pero inmediatamente santificado por el Espíritu, o fue inmaculado como María lo es; parece que el autor cree lo primero. En fin, yo copio aquí el artículo, que siempre es bueno reflexionar teológicamente.

      Es de Román Llamas, carmelita, ex-presidente de la Sociedad Mariológica Española, y que ha dedicado, yo creo, media vida al estudio y apostolado josefino.

      PLENITUD DE GRACIA DE SAN JOSÉ

      A la Virgen María la saludó el ángel llena de gracia, cuando le anunció que iba a ser la Madre de Dios. Lleno de gracia saludamos a San José, que tiene un alma semejantísima a la de la Virgen María y a quien Dios unió en matrimonio con ella, matrimonio predestinado por el Señor desde la eternidad para acoger en él a su Hijo Encarnado, y que llevó a cabo el Espíritu Santo, por el que se lo dio no “solo como compañero de vida, testigo de la virginidad y tutor de la honestidad sino también para que participasepor medio del pacto conyugal de la excelsa grandeza de ella” (RC 20). Y ¿cuál es la grandeza de María sino su plenitud de gracia?

      Sí, San José está lleno de la gracia de Dios por el Espíritu Santo desde el seno de su madre: fue santificado en su seno y esa santificación fue debida a su condición de esposo de María y padre virginal de Jesús. El Espíritu Santo le llenó de su caridad, de sí mismo de una manera perfectísima. Hasta tal punto que no podía pecar voluntariamente, porque la llenez de gracia y caridad y amor le impedían pecar. El que ha nacido de Dios no comete pecado…, y no puede pecar porque ha nacido de Dios, dice san Juan (Jn 3,9). San José fue afirmado en el bien de tal modo que durante todo el curso de su vida terrena no cometió ningún pecado actual voluntario. Por la ardentísima caridad se da el conocimiento de la verdad que excluye todo error.

      Además, esta plenitud de gracia y de caridad ataron la concupiscencia del pecado –el fomes peccati- de modo que no pudiese caer en ella. Lo exigía la alteza de su ministerio, una vida de la más grande, amistosa y familiar intimidad con la Virgen María y con el Verbo encarnado. Y esta intimidad con la más pura que los ángeles y el más blanco que los lirios del valle exigía en José la mayor semejanza con su Esposa y con su Hijo Jesús en todas las virtudes pero especialmente en el candor de una integridad y pureza angelical. Y lo obró el Espíritu Santo llenándolo plenamente de su gracia y de su caridad.

      La confirmación en gracia de la santísima Virgen María fue por divina providencia, impidiendo a su sensibilidad todo movimiento desordenado. Del mismo modo podemos decir que San José fue confirmado en gracia por Dios que no permitió que apareciese en él ningún movimiento desordenado de la concupiscencia. Así se explica que no haya cometido durante su toda vida pecado alguno voluntario inmortal ni venial. Todo santo.

      A lo largo de la historia de la historia de la Iglesia ha habido santos que han sido confirmados en gracia en un momento concreto de su vida. El caso de Santa Teresa que ella describe en las séptimas moradas y lo llama matrimonio espiritual en el cual Jesús le ha dado un signo sensible de esta gracia: la entrega de un anillo o una palabra como esta: ya eres toda mía y yo todo tuyo.

      San Juan de la Cruz dice que la Virgen María desde el principio fue levantada a este alto estado (del matrimonio espiritual) y que siempre su moción fue por el Espíritu Santo, del que estaba llena (3S 2,10) Proporcionalmente San José estuvo también desde el principio lleno del Espíritu Santo y solo se movió por él; vivía una vida de santidad ajena a todo pecado. Su único motor érale espíritu Santo, que es amor y caridad esencial. En San José vivía en Espíritu Santo.
      ———————————–
      (La respuesta de Elisa ha quedado dos apostillas más abajo.)

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      • 21 marzo 2015 20:52

        Sobre la formulación dogmática de la corredención, hay que decir, ante todo, que no por no ser dogma deja de creerse por casi todos en la Iglesia, como ha ocurrido con todos los dogmas. Solo que hay que tener la máxima seguridad antes de que la fe de la Iglesia se vincule con una verdad diciendo que es obligatoria, de suerte que quien no la cree no tiene la fe de la Iglesia. Eso solo puede hacerse cuando se llega a la certeza de que la verdad ha sido revelada por Dios, sea en la Escritura, sea en la Tradición, si bien la Tradición siempre ha de tener una base en la Escritura, aunque sea mínima. La Iglesia no puede obrar a golpes de entusiasmo…, y tiene que dejar a Dios ser Dios.

        Existe hoy un potentísimo movimiento en favor de la definición. ¿Se logrará? “Los caminos del Señor son inescrutables”. ¿No se creyó en la Inmaculada desde bien pronto, y la definición tuvo lugar en 1854? Porque resulta que, si no me equivoco, en la corredentora –entonces se hablaba de “Nueva Eva”- se cree desde antes que en la Inmaculada…, y no por eso hay que concluir nada. Dios sigue pudiéndolo todo, con la condición de que quiera.

        Y el problema no es, en primer término, el diálogo ecuménico –visto que los reformados se niegan a cualquier intervención en la Redención que no sea la de Cristo-. Es interno. Es de contenidos. Y, en gran parte, es –como tantos problemas en esta vida- una cuestión de palabras.

        Hoy muchos tienen problema con la palabra “corredentora” por considerar que iguala a María a su Hijo. Es bien curioso que la palabra nació para evitar esa igualación, ya que en la Edad Media se hablaba de la “redentora”. Es lo mismo que algunas palabras femeninas españolas que no designan un oficio o condición, sino que la tal mujer es la esposa de quien lo ejerce. “La regenta” (título de una de las grandes novelas españolas) es la mujer del regente. La “redentora” era, no la mujer, pero sí la madre del Redentor.

        Uno de los problemas –y bien serio- que presenta la palabra “corredentora” lo expuso el cardenal Ratzinger, y hay que tener aquí en cuenta que, a pesar de su inmensa autoridad (no de Papa), habla aquí a título oficioso, porque se trata de una entrevista:

        “No creo que en un período previsible se atienda esa solicitud por la que abogan varios millones de personas. La respuesta [ignoro cuál] de la Congregación de la Fe dice que lo que eso pretende expresar ya está resumido mejor en otros títulos de María, mientras que a fórmula ‘corredentora’ se aleja demasiado del lenguaje de las Escrituras y de la patrística y, por tanto, provoca malentendidos […]. Una intención correcta se expresa con un vocablo erróneo. En asuntos de fe, es esencial enlazar con el lenguaje de las Escrituras y de los Padres; el lenguaje no es manipulable a voluntad” (Joseph Ratzinger-Peter Seewald, “Dios y el mundo”, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona 2002, 287-288).

        Y, visto que existe este problema de vocabulario, me escribió hace meses un señor que cree que solo hace falta cortar el nudo, y proponía otra palabra: “prorredentora”, como existe, por ejemplo, la “procreación”. A la vista del párrafo de Ratzinger, estamos igual, porque no creo que en la Biblia ni los Padres se encuentre esa palabra, y en la Biblia al menos, tampoco la palabra “procreación”.

        Las palabras del cardenal tienen mucha miga. Fíjese mi letradísima en cómo dice que no le parece posible “en un período previsible”…, y luego quizá sí. También Pío XII, en “Humani generis” (1947), decía: “No se ve el modo como…” pueda compaginarse el poligenismo con el pecado original, y por lo mismo aceptarse. Hoy sí “se ve el modo”, y no tenemos problema con ese poligenismo.

        Por otro lado, es fundamental que, cuando se define algo, todos estemos entendiendo lo mismo. Otra cosa podría dar lugar, incluso, a herejías y cismas. Por eso, los términos tienen que estar en la Escritura y los Padres, como máximos testigos de la Tradición.

        Dice también que el contenido de la “corredención” está ya recogido en otros títulos que la Iglesia utiliza. Yo, francamente, no sé cuáles son; pero pueden ser la “mediación” de María, su “maternidad espiritual”, su “asociación al Redentor”.

        A mí, particularmente, me gusta mucho hablar de María como la Asociada. Porque con eso indico: a) su cooperación a la Redención (que puede llamarse corredención aunque no haya dogma) y b) una cosa que me parece fundamental para la aceptación, por parte de muchos –no solo de los hermanos separados-, de la asociación mariana: el dato de que esa asociación fue una obra de Dios a la que María únicamente consintió, exactamente lo mismo que el “hágase” con que empieza a ser madre de Dios y nuestra, que fue pura cooperación con la obra de Dios. Son esas pasividades activísimas en las que el alma pone todo su ser para no poner nada, y que todo llueva de Dios. No le des demasiadas vueltas, porque es un misterio (la pasividad activa). Te lo contarán los místicos.

        Pero yo llamo la atención sobre el hecho de que, en la Redención, María es un reflejo, o un destello, o quizá un fragmento de la mediación del único mediador; que Cristo está ejerciendo su mediación en ella mientras la ejerce en Sí mismo (siendo el Mediador único, cfr. 1 Tim 2,5); que la mediación de María es una obra de Dios y de Cristo, y por eso podemos seguir diciendo que Cristo es el único Mediador; que “una espada atravesó su alma” (cfr. Lc 2,35), pero era esa espada misma con que atravesaron el pecho de Jesús.

        Y llamo la atención sobre el hecho de que, al menos en este párrafo, Ratzinger (mi queridísimo Ratzinger/Benedicto) ni menciona el problema de conflictos con los separados. Aunque muchos aducen que el dogma perjudicaría el diálogo ecuménico, son varios los Papas que han enseñado que, bien al contrario, la causa de María es la causa de la unidad (las palabras son mías) y que María, lejos de ser escollo para la unidad, es el “recinto de la unidad” (las palabras son de un Papa).

        En el Corazón de María, nos encontramos todos.

        El Majagranzas
        —————————————-
        La respuesta de Elisa ha quedado tres apostillas más abajo.

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  3. 21 marzo 2015 19:57

    Tranquilo, que entendí bien que todo es opinión. Lo que pasa que lo mío fue más aseverativo por un cambio de postura, apelando más a la lógica que a la opinión. Pero queda claro que de dogma, aquí no hay nada.

    Aquí te pego el enlace de un icono muy similar al que me habían explicado. Fíjate la explicación que da sobre San José. Es muy similar a la que me habían dado a mí. Sé que en su momento me explicaron las razones de la duda y la tentación en este icono, que no tenían que ver con la virginidad de María, sino que era otra cosa, porque era una supuesta tentación en el momento del Nacimiento. Y aunque ahora ya no lo recuerdo, sí me había dejado esta impresión de un José tentado y dudoso.

    http://parohiaortodoxazaragoza.com/paginas-en-espanol/el-icono-del-nacimiento-de-jesus/

    Y lo de Román Llamas, es verdad, no alcanza para probar la inmaculada concepción de José. Pero tranquilamente pudiera ser que Dios le hubiera concedido la confirmación en gracia desde muy temprano. Y aunque nos gustaría más la inmaculada concepción, no sé si pudiera haber medios suficientes para probarlo, sabiendo tan poco sobre él como sabemos.

    Pero la verdad es que tampoco hay medios para negar esta posibilidad. Tranquilamente pudiera ser posible.

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    • Miguel permalink*
      22 marzo 2015 18:59

      No, Elisa. Llamas no prueba nada, lo dictamina todo. Presenta argumentos de conveniencia: “como esto es así, esto tiene que ser así”. Y son muy magras premisas para muy orondas conclusiones. Allá se quede él aspirando el aroma de sus “lirios del valle”, que yo no me embarco en esta. Por otra parte, hame dado la impresión de que no tienes el mismo concepto de “confirmación en gracia” que yo; para mí, la “confirmación en gracia” es la misma que postulaban los contrarios a la inmaculada concepción de María: en el seno materno, y un instante después de la concepción. Es decir, supongo que Llamas quiere decir esto.

      Ahora bien, con o sin inmaculada concepción, y para continuar revolucionando tus concepciones, se suele pensar que San José es el santo más grande después de su Hijo y su esposa. Decía Santo Tomás (a otro propósito) que quien más cerca está del manantial es quien más agua recibe del río. Otro argumento que cito de nuevo es el mandamiento de honrar padre y madre: el Hijo divino de quien lo instituyó ¿no iba a ser su mejor cumplidor? Con toda razón, nuestro amor a San José es la más lógica prolongación de nuestro amor a Jesús y de nuestro amor a María.

      Lamento no haber podido ver el icono que me mandas, porque sigo con algunos problemas técnicos.

      Majagranzas

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      • Elisa Shejtman permalink
        24 marzo 2015 4:48

        “Los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos” (Sl 19, 9).

        ¿No te encanta el Salmo 19? ¡Me grafica al Padre con tanta claridad…!

        ¡Y mucho más me encanta justificar a San José con el cuarto mandamiento!

        ¡Impecable! ¡Moción aprobada!
        ——————————–
        Contestado el 30 de marzo (queda más abajo).

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  4. 22 marzo 2015 1:57

    Con respecto al quinto dogma:

    Para empezar, una cosa que me molestó tan solo leerla. No sé. No soy quién para opinar al respecto, pobre hormiga que pretende dárselas de letradísima.

    Pero el diálogo ecuménico ¿puede ser una interferencia en lo dogmático? Si la verdad es la Verdad, la unidad vendrá a su tiempo por añadidura, porque es la Verdad y es más fuerte. No podemos andar con estos temores o diplomacias si se trata de las Verdades de nuestra fe. Lastimosa opinión de quien sabe poco y nada, insisto.

    En cuanto a las razones de la corredención, habló Ratzinger. El resto son las opiniones de los millones que más que saber, es que ya en el corazón lo vivimos como Verdad, sin conocer razones. Y será cosa del Espíritu Santo, que ama tanto a su Esposa, o no sé qué sea. Luego será respetar lo que Dios mande y lo que la Iglesia diga.

    De todos modos, de puro atrevida me atrevo a opinar, y coincido con vos en tus opciones. Lo de prorredentora me queda corto. Pero voy un poco más lejos, siempre hablando, como dijimos, en términos de opinión. Y que me ampare la burra de Balaán, porque creo que nadie más lo hará, con el grado de atrevimiento de lo que voy a decir. Voy a tratar de ser lo mas ordenada posible para que se entienda.

    -San José murió antes de la Pasión de Jesus. Por allí dijiste algo al respecto. Pudo haber pasado lo mismo con María para que no tuviera que sufrirlo, para evitarle ese dolor. Pero Dios no lo quiso. Pudo Dios haber apartado a María de Jerusalén por un millón de razones posibles aquella Pascua, para que no tuviera que ver a su Hijo masacrado. Pero Dios no lo quiso. Dios la quería justo ahí, en la Pasión.

    -En segundo termino: María, concebida inmaculada, es perfecta. Ama perfectamente, y tambien sufre perfectamente. No puedo imaginar cómo sería sufrir perfectamente. Pero a modo conceptual me queda claro que ama y sufre infinitamente más que yo, porque la perfección no tiene límites, no conoce amar o sufrir limitadamente, como yo, que mis lagrimas me cuesta.

    Y mucho más siendo Madre de Dios. San Francisco de Sales dice algo así como que, cuando María quedó embarazada, entró en adoración y contemplación de su Hijo en el vientre, se metió dentro de sí misma y quedó prendada en la contemplación de su Hijo, y ya nunca más saldría de esta contemplación de su Hijo-Dios. Lo cual significa que su Corazón estaba en perfecta contemplación, incluso durante la Pasión del Señor, y en perfecto dolor de Madre viendo morir a su Hijo asesinado cruelmente.

    -Entonces: (si el Señor me perdona ser tan atrevida), dada su perfección en amar y sufrir, y dado que Dios lo quiso, y ella dijo “sí”, y que estaba en perfecta contemplación de su Hijo, ¿no podemos decir que ella sufrió su propia Pasión, unificada a la de su Hijo? Porque ¿no decimos acaso que Cristo es crucificado en todo aquel que sufre? Y esto lo han dicho los Papas. Y no solo uno. Bueno, creo que no me equivoco.

    Esto tomando en cuenta aquello de San Pablo de “completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo” (Col 1, 24). Esto ¿no la hace a Ella principalmente la gran Corredentora de la humanidad?

    Ella es capaz de sufrir perfectamente. Ella sufrió en cuerpo, corazón y alma el dolor de su Hijo, sufrió como Madre, sufrió como Esposa, porque ¿acaso Dios no lloraba la muerte de su Hijo?, y ella, la esposa, sufre los dolores del Esposo. Porque amó perfectamente también como Esposa. Sufrió la ceguera de la humanidad, los desprecios. ¿Acaso los motivos de sufrir aquella Pasión del Hijo no eran espirituales? En escala proporcional, por supuesto, ya que María no es divina. Pero sí perfecta. Y no era una mujer ignorante de todo viendo morir a su Hijo; era la esposa del Espíritu Santo viendo a la Iglesia triunfar. ¡Si ella misma no podía esperar! Impulsó a su Hijo en Caná. Si el Hijo hasta la quería frenar: “Mujer, si no ha llegado mi hora”. María sabía todo, eso me queda claro. Me emociona pensarlo.

    Así es que si ella sufrió perfectamente y soportó con entereza la Pasión del Señor, ¿no fue acaso esperando la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte? Si algún día la Iglesia lo manda, me lo guardaré, pero no puedo llamar a esto de otro modo que no sea Corredención.

    ¡Dios me perdone ser tan descarada de opinar! Pero no puedo conmigo, tenía que decirlo.

    ¿Majagranza tiene femenino? ¿O es neutral?

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    • Miguel permalink*
      23 marzo 2015 21:01

      1. Refiriéndose a los problemas de la desunión y de la crisis teológica incluso entre cristianos, se ha dicho:

      “María no es ‘parte del problema’ […]. Ella es la solución. Ella es la Madre de la Unidad y la Señora de la teología y no solamente una de muchas e inferiores partes de la misma. La prioridad del tema mariano es absoluta, los otros son relativos al mariano […].

      “La ilusión ha sido fomentada por la interpretación del pluralismo religioso e indiferentismo dogmático como diversidad dentro de la unidad, especialmente en lo referente a la mediación materna de María.”

      Son palabras de Fr. Peter Damian M. Fehlner, (“’Mariae Advocatae Causa’. El tema mariano en la Iglesia contemporánea”, rec. por Joaquín Ferrer Arellano, “La mediación materna de la Inmaculada, esperanza ecuménica de la Iglesia”, Arca de la Alianza, Madrid 2006, la cita en p. 299). De nuevo una cuestión opinable, o quizá no tanto, según las enseñanzas, de que te hablé, a propósito de la relación entre la Señora y el ecumenismo, a propósito (decía un Papa) del “recinto de la unidad”). La dejo para que opinéis, y por cierto que quedáis todos invitados, majetes, que esto ha de se]r una tertulia y no un duólogo.

      [Pero, como de momento es duólogo, aviso a la Letradísima de que, desde aquí, escribo escuchando “Los Chalchaleros”]

      Ocurre que el Concilio estableció que en el diálogo ecuménico se podía y debía tener muy en cuenta la “jerarquía de las verdades reveladas”. Es decir: podríamos, en aras de la unidad, dejar de usar agua bendita, pero jamás en la Santísima Trinidad. ¿Y los temas marianos? Supongo que los habrá más y menos importantes, pero este de la corredención parece absolutamente primario. La conferencia citada dice también:

      “Es, por tanto, de una sorprendente extrañeza que durante el último medio siglo, a pesar de las más solemnes recomendaciones de las más altas autoridades eclesiásticas acerca de que verdades de fe nunca deben ser edulcoradas con fines de diálogo ecuménico (cfr. “Lumen gentium”, n. 67), las verdades marianas, y esta en particular [la corredención], han sido minimizaas o silenciadas.

      “Tratándose de un misterio tan central […], apenas puede haber una razón sólida que justifique el silencio.”

      Si bien nos hace estar sobre aviso, a propósito de este autor, confrontar la referencia que hace a “Lumen gentium” y comprobar que no tiene relación con las tesis a cuyo servicio se la apropia. La pasión se lo come. Y, como alguno dijo, “no tiene ninguna necesidad de mentiras aquella que es madre de la Verdad”.

      En cualquier caso, yo veo muy difícil que alguna verdad mariana no sea imprescindible o pueda ser colocada en lugar bajo en la escala de la “jerarquía de verdades”. La Corredención, desde luego, no. Esto, por lo que se refiere al diálogo ecuménico, además de que puedo dar noticia de que un grupo de diálogo ecuménico alcanzó una forma de aceptar los reformados la corredención, y es justamente lo que decía el otro día: sobre lo que me gustaría hacer la tesis doctoral: la corredención de María es una obra de Dios; su mediación celeste también (apostilla del día 21).

      Para las verdades marianas en general, yo pido dos cosas: coherencia y corazón; toda vez que fue solemnemente declarado (discurso del B. Pablo VI), en el Concilio –y el Concilio también refleja la idea-, que María es madre de la Iglesia; y ya que la invocamos como madre espiritual de cada uno, coherencia y corazón: seamos, sin exageración y sin incurrir en esas mentiras que ni siquiera necesita ella, celosos en la defensa de lo que la concierne; tengamos las verdades marianas como más importantes que la mayoría de las demás; y dejemos que la unidad entre los cristianos, que hoy a veces se ve casi imposible, nos venga como una sorpresa cuando nos encontremos todos juntos –reformados, ortodoxos, anglicanos, católicos- en la palma, en la palma y en el Corazón de María. Allí se juega muy bien, todos a una…

      2. Hablemos del párrafo de Ratzinger:

      a) Que exponga –quizá apesadumbrado- cómo ve el asunto no quiere decir que no crea, quizá el primero, en la corredención.

      b) Dice que no cree en la definición “en un período previsible”. Acaso el día siguiente sí.

      c) Dice que lo que expresa el término ya está expresado en otros. Si es así, la definición no es estrictamente necesaria.

      Repito, por si fuera necesario: no hay necesidad de una declaración dogmática para creer algo que no contradiga la Revelación. Entre nosotros, todos creemos en el Ángel Custodio, y no es dogma, ni mucho menos.

      3. [Reconozco humildemente que acabo de apagar a “Los Chalchaleros”. Me desconcentraban.] Te contrapones a Ratzinger. Estás en tu derecho, porque eran declaraciones oficiosas. Razonable, no sé si lo es mucho. Veamos.

      No. Razonable, no creo que lo sea. Apuntemos, en primer lugar, la calidad humana, doctrinal, teológica de esta especie de superhéroe de la teología.

      Hablamos de Ratzinger y María. Mira lo que dice él mismo, como acercándose a tu “estilo” (la corazonada por encima de la materia gris):

      “La verdadera devoción mariana garantiza a la fe la convivencia de la “razón”, a todas luces indispensable, con las no menos indispensables “razones del corazón”, como diría Pascal. Para la Iglesia, el hombre no es únicamente razón ni solo sentimiento; es la unión de estas dos dimensiones. La cabeza debe reflexionar con lucidez, pero el corazón ha de estar caldeado: la devoción a María […] asegura de este modo a la fe su dimensión humana completa” (Joseph Ratzinger, en íd.-Vittorio Messori, Informe sobre la fe, BAC, Madrid 1985, 117).

      Pero también tiene dicho que “[La unión con María es un] vínculo que en todos nosotros tiene naturalmente una fuerte resonancia afectiva, pero que, ante todo, tiene un valor objetivo” (homilía en la creación de cardenales, 25-III-2006).

      Porque lo subjetivo se fundamenta en lo objetivo. Nosotros amamos a María por muchas razones, todas históricas, objetivas: que es madre de Dios, que es madre nuestra, que es inmaculada, que es corredentora, etc. Pues ¡ahí te pillé, Letradísima amiga! No es tu corazón el que dictamina que María es corredentora, sino que lo RECONOCE y entonces se echa a querer.

      El párrafo en que hablas del sentimiento de millones –millones no: la mayoría, o casi todos los creyentes-, que puede ser obra del Espíritu Santo, y que, sin embargo, se somete a la jerarquía, me parece perfecto. Estás hablando del “sensus fidelium”, el “sentido de los fieles”, que puede sentar doctrina cuando con total unanimidad (no sé cuándo es eso posible) se cree una verdad. Algo así ha ocurrido, precisamente, en mariología más que en los otros campos. Aquí, como decía Pemán, el piropo acaba siendo dogma. Pues, si así son las cosas, ¿no será quizá que Ratzinger pensara en esta posibilidad cuando dijo “no creo que EN UN PERÍODO PREVISIBLE?”

      CODA. Tengo que dejarlo. Mañana, o cuando pueda, sigo con mi perorata. Quien quiera decir algo, que lo diga y traiga galletas.

      El femenino de “Majagranzas” es “Letradísima”.

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      • elisashejtman permalink
        24 marzo 2015 4:51

        Debatir teología escuchando Los Chalchaleros… ¡Ja, ja! ¡Sos lo más! Aquí espero el resto de la perorata.

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      • 24 marzo 2015 21:31

        A mí que no me había dado por pensar estas cosas de San José… Venga, os traigo las galletas y sigo leyendo a los entendidos.

        Como no sé las que os gustan, os dejo todas estas para elegir:

        https://www.google.es/search?q=galletas&client=ubuntu&hs=njC&channel=fs&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ei=CMkRVdTNKo3PaIWPgbAB&ved=0CAcQ_AUoAQ&biw=1024&bih=705

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      • 30 marzo 2015 22:24

        [SIGO RESPONDIENDO A LA APOSTILLA DE ELISA DEL 22 DE MARZO.]

        EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

        -que, por merecerlo, así pasan a llamarse todas las intervenciones aquí, bajo los pies de este artículo-, paso a refutar casi todo lo que dice la Letradísima, y ello, porque no ha sabido distinguir. Acontece, hermana, que se debe distinguir entre los hechos históricos y su valencia teológica. Estos días celebraremos, entre otras cosas de valor infinito, cómo María, en efecto, sufrió horrorosamente, con toda su sensibilidad, los dolores de su Hijo. Incluso celebraremos la atroz crucifixión del mejor hombre de la historia. También contemplaremos a los verdugos, al infame que se lavó las manos, al apóstol que lo vendió y a los apóstoles que se escapan.

        Todo ello es historia, pero no todo ello coopera a la salvación; y si alguien me dice que Judas sí contribuyó, o Pilatos, etc., le diré que es una cooperación muy directa: la cooperación de los malos.

        Hay, pues, que distinguir el plano de la historia del plano de la teología. Si hemos visto que unos intervinientes no corredimen, o corredimen “a la inversa”, cabe preguntarse por los demás. Cabe preguntarse por María. Vaya por delante la declaración de que creo en la corredención a pie firme. Pero no pasa nada, ¿verdad?, por barrer fundamentaciones que no se consideran válidas. No se enfade doña Elisa por lo que voy a hacer.

        Elisa presenta a María sufriendo infinitamente por decisión divina. Yo no lo sé, pero le pregunté al profesor de Sagrada Escritura que hoy es decano de mi facultad, y me dijo que no creía que Jesús hubiera sufrido “infinitamente”; que lo que da valor a la Pasión es la obediencia al Padre y el amor a los hombres (un solo haz); es decir, los hechos cuentan, pero mucho más sus motivaciones. Y me dijo su opinión de que muchas personas, como los prisioneros de los campos nazis, pudieron sufrir más que Jesús. En ellos, como dice Elisa, está sufriendo Jesús, pero no María –o, al menos, eso no lo ha dicho nadie que yo sepa-.

        Dices, oh Letradísima: “Esto tomando en cuenta aquello de San Pablo de “completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo” (Col 1, 24). Esto ¿no la hace a Ella principalmente la gran Corredentora de la humanidad?” No. Esto hace corredentores a solo Pablo, o a todos los cristianos, incluida María, pero tanto como nosotros. Falta la razón por la que llamamos a María “cooperadora enteramente singular” (“LG” 61).

        Y si los sufrimientos acerbos no conforman por sí solos la corredención, ¿de dónde decimos que nace esta? Lo primero que hay que decir es que la Redención de Cristo no está solo en su Pasión, sino en toda su vida, que se orienta a la Pasión, y en la Pasión encuentra su “momento consumativo”. Del mismo modo, yo creo que la corredención mariana, que es “mediación materna” (S. Juan Pablo II), comienza en el “fiat” de la Anunciación y termina al pie de la Cruz, que, igualmente, da sentido a todo.

        Yo creo que uno de los mejores argumentos es la “personalidad corporativa” y la importancia de que viéramos participar a una mujer. “Personalidad corporativa” la tienen algunas personas muy destacadas en la Escritura: Adán, Eva, Abrahán, no sé si David, Jesús sobre todo, María la segunda, y los que me haya dejado. Ellos, en cada momento, nos representan a todos y nos hacen presentes ante Dios de una manera particular.
        S. Ireneo, hablando de la Redención, dice que el nudo solo podía ser desatado siguiendo el mismo movimiento de los cabos, en dirección contraria. Es lo que llama la “recirculación”, que culmina en la “recapitulación”, porque de nuevo todo tiene a Cristo como cabeza (‘caput, capitis’). Y dice: el pecado consistió en un hombre, una mujer y un árbol; la Redención consistió en lo mismo: Jesús, María y la Cruz.
        Y parece bastante importante que, cargada de “personalidad corporativa” y de representatividad, esté ahí María, pero representando también a los hombres.

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    • 30 marzo 2015 1:16

      EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA:

      Te respondo a la apostilla del 24 de marzo. A menudo es imposible contestar donde se debe.

      En el salmo, me encantan dos cosas, que en realidad son saetas disparadas al mismo blanco, y que son soberbios argumentos frente al relativismo.

      1. La primera está en la proclamación de que la ley moral es verdad. Cátate que, en el instituto de secundaria -hace de ello dos cuaternarios-, nos decía el profesor con todo convencimiento que los enunciados imperativos no pueden ser falsos ni verdaderos. Había verdad o mentira en “falta agua”, pero al decir “llénalo de agua”, no había más que mandato o ruego. Parece bastante razonable, pero ahora viene el salmo.

      Y nos dice: “Los preceptos del Señor son rectos… Los juicios del Señor son veraces, son enteramente justos”. Entonces, no hay más: en los mandatos y ruegos hay verdad o mentira. ¿Cómo puede ser? Porque el mandato justo se ajusta a lo que es verdad -los dos tenemos sed, yo soy viejo, tú eres joven: “llénalo tú de agua”-.

      Desde un punto de vista de la lógica filosófica, estrictamente, será cierto que esos enunciados no son verdad ni mentira, porque no se ajustan ni desajustan con la verdad; pero mojan raíces en las aguas de la verdad o la mentira; no son en absoluto neutros; y si no, fíjese usarced: el enunciado “Aborta esta misma semana” es espeluznantemente mentira. También las obras son verdad o mentira, y si la nena en cuestión llega a abortar, su conducta es mentira. En definitiva, los enunciados imperativos no son verdad ni mentira, pero participan de la verdad o la mentira.

      Yo me divierto mucho explicando esto -y poniendo “Los Chalchaleros”, ¡y también a Jorge Cafrune y Marito, si a mano viene!-. Mira, oh Elisa: lo tomo de un poco lejos. Hace unos años, en Londres circulaban unos autobuses con la publicidad: “Es posible que Dios no exista”. Y sacaban la consecuencia: “Disfruta de la vida”. Ya se ve que estos tipos consideraban a Dios como un rival o competidor de la felicidad. Y a mí me parece que casi todos nosotros tenemos un autobús de esos incrustado en el cerebelo. Que nos levantamos todas las mañanas teniendo, muy inconsciente, miedo a ese Rival…

      Pero resulta que los diez mandamientos son diez autopistas a la Felicidad, ya en la tierra aunque con las limitaciones que no faltarán nunca, y luego, en el cielo, delirantemente, caudalosamente, inimaginablemente, filialmente. ¡Padre…! (¡Hijísimooo…! ¡Madre…! (¡Qué guapo es mi niño…!)

      Por consiguiente, proclamo que “la ley de Cristo es la verdad del hombre” (esto lo dijo un profesorote), pero, junto a ello, proclamo que la Ley de Dios es la Ley del Hombre. Cumpliéndola, estamos dando cumplimiento a nuestra naturaleza, y somos felices, restallantemente felices en la medida del cumplimiento por amor.

      Porque habéis de saber -oh ignorantes todos- que, cuando Dios se metió en la dura faena de encontrar mandamientos para el hombrecito, los hizo de acuerdo con lo que el hombre era. Sacó de algún baúl milenario los planos con los que había hecho al hombre, y estudiando tomó sus notas, y entonces dijo: “Vamos a ver… ¿Cómo es el hombre? Ah, tiene lenguaje. (Y le ordena a San Gabriel:) Anota: ‘No dirás falso testimonio ni mentirás’. A ver…: Tiene padres: le conviene quererlos. Anota: ‘Honrarás a tu padre y a tu madre’.” Y así fue haciendo con todos los mandamientos. Y cuando acabó, respiró satisfecho.

      De donde sabemos que la moral no arranca de la ley, sino que la ley moral arranca del ser. Y todo, de la voluntad divina de darnos cobijo junto a Sí.

      2. “Es que yo no sabía…” “Es que yo no tengo pecados…” “A mí, la conciencia no me acusa…” Y llega, demoledora y finísima, esta petición del salmo, que a menudo empleo yo cuando me confieso: “Absuélveme de lo que se me oculta”. “De las faltas ocultas, absuélveme”. Si supierais cuánta gente deambula por el mundo convencidísima de que no tiene pecado y -faltaría más- encantada de haberse conocido…

      Y así les dice el Señor a estos: “Pues mira que voy a poner pleito contra ti porque dijiste: ‘No he pecado'” (Jer 2,35). “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Jn 1,8). “Aunque en nada me remuerde la conciencia, no por eso quedo justificado. Quien me juzga es el Señor” (1 Cor 3,16-4,9). Claro y contundente.

      Ya se ve, pues, que los que quedan tranquilos por no tener remordimientos de conciencia no obran lógicamente, ni agradan al Señor, y no quisiera estar en su lugar en el momento de la muerte. El criterio de vida no es la conciencia: la conciencia es un resonador de la verdad, que proviene de Dios.

      Esto implica acercarse a Dios para oírle, e implica acercarse a la Escritura, al Sagrario, a la Virgen nuestra Señora, al catecismo, al cura, al grupo de no sé qué que hay en mi parroquia, al movimiento de no sé cuántos que hay en mi ciudad, etc.

      Si así lo hacéis, entonces, justamente, “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8,32).

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  5. 29 marzo 2015 23:29

    EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

    Clara María, para mí, las de chocolate… que queden después de pasar Amalia.

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  6. Elisa Shejtman permalink
    1 abril 2015 2:47

    EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

    ¡Buenas! ¿Llego tarde? ¿Quedan galletas todavía? Traigo mate calentito pa´ acompañar. Para Amalia, cebamos mate de leche.

    https://www.google.com.ar/search?q=mate&es_sm=122&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ei=UEEbVZKKIsfooASxgIGwDg&ved=0CAcQ_AUoAQ&biw=1152&bih=620&dpr=1.25#tbm=isch&q=amigos+tomando+mate&revid=1349272793&imgdii=_

    -Con respecto a la Corredencion, El que avisa no traiciona dicen, ya te habia prevenido que iba de puro atrevida, y será por hablar de lo que no sé.
    Tu argumento me vale, pero no me alcanza. No puedo dar teoría de lo que intuyo, pero intuyo más, y el dolor de Maria y de su Hijo se me convierten en algo fundamental. ¿Será proyección? No lo sé. Como me dijo un amigo una vez, solo se que de lo que no se, no hablo (no hablo más).

    -Con respecto a la apostilla sobre San José. Lo dicho: “Los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos”. Iluminan los ojos…, te hacen ver con claridad y reconocer la Verdad porque estás configurándote como Dios te quiere configurado.

    Y es que la Verdad existe, es externa al hombre, Dios la tiene y nos la regala por ser hijos suyos. Por eso no puede ser relativizada, uno no puede “moldear” lo que a Dios le pertenece. Se puede hacer la fantasía de que domina esta Verdad, que la modifica, con lo cual la Verdad automáticamente se convierte en mentira.

    Por eso escucho a mi Padre y obedezco.

    Ahora, en todo esto recuerdo una duda que me ronda en la cabeza desde hace tiempo. Cuando Dios te habla, cuando el Espíritu Santo sopla información que “te hace saber” que estas en lo correcto por ejemplo, o cuando lees el Evangelio, y te sale una reflexión que antes no habías razonado, y dices: “Dios me ha hablado, es Dios quien me ha hablado”, ¿dónde se recibe esta información primero? ¿En la mente, en el corazón, en el alma? Es importante para estas intuiciones mías saber si proceden de la proyección o no.

    Clara, las de chocolate. ¡fabulosas! Pero creo que Miguel se las queda las cinco mil… Vamos, vamos, a compartir…

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  7. 2 abril 2015 0:36

    EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA, DECLARO:

    Elisa la matera: mejor dejamos para lo último lo de la corredención.

    1. Sobre dónde se recibe el soplo del Espíritu, si en la mente, en el corazón, en el alma o dónde, es que es muy difícil distinguir entre la mente, el corazón, el alma y otros “dondes”. Yo creo que será en todo eso, y, por tanto, habrá que decir “en la personalidad” o “en la persona”.

    Pero, más importante que eso, yo soy absolutamente ignorante en ese campo. Todo lo que pueda saber (casi nada), lo sé por experiencia, y no alcanza para responderte. Porque tú tienes la gracia ingente de tu enfermedad, y yo no. Yo tengo momentos duros, pero se pasan.

    2. Y, por lo que he vivido, tengo la teoría de que los que queremos seguir a Jesús (mi cariño del alma), cuando llega la enfermedad, la sublimamos. Es decir, le damos una relevancia espiritual, la llenamos de almas, la aceptamos y hasta pedimos más. Somos auténticos héroes, solamente porque lo necesitamos.

    Pero… amigo, cuando pasa el terremoto, cuando desaparece esa necesidad de sublimar la enfermedad que ya no está, entonces empezamos a ser lo que siempre habíamos sido, con nuestros defectos y trapacerías. Y tengo la opinión de que el único que santifica bien su enfermedad es el que hace todo lo necesario para quitársela de encima: porque eso es lo natural. Y muchas veces eso es muy difícil, y no lo hacemos. Teoría de la enfermedad, por Miguel Ruiz Tintoré, de profesión toro bravo.

    3. Y ahora, Elisa, pampeana, gauchesca, palafrén de Martín Fierro (y recuérdame que te explique lo que me ocurrió con el Papa, si no lo has leído, que por aquí contado está), sebaremos unos mates para hablar de la corredensión, si vos no tenés inconveniente, ¡pucha digo! (Recuérdame que te cuente lo que ocurrió a dos hermanos míos con argentino).

    Da la impresión de que te has quedado con la idea de que Ratzinger y yo no creemos en la corredención. Y duele, por mi honor de caballero de dama tan encumbrada. Yo creo en la asociación de María a pies juntillas, y estoy convencido de que Ratzinger cree a pies juntillas, y luego te lo pruebo, porque existen más textos que el de nuestra discordia.

    Ocurre que una cosa es la fe de casi todos, y otra una formulación dogmática. Una formulación dogmática es una declaración solemne que supone, por lo menos, que a) todos los católicos creen esta verdad y, por lo mismo, b) quien no la cree es un hereje. Pues bien: hace falta saber muy bien qué es lo que se define. Y eso va llegando con el tiempo: con manifestaciones evidentes del sentido de los fieles, con modificaciones de la liturgia (nuevas misas, por ejemplo), con los avances de la teología, que harán ver un común sentir cuando ello ocurra. Y mientras no llegue, no podemos definir, porque estamos anatematizando sin saber en nombre de qué, porque estamos obligando a creer no sabemos qué. No queda fino.

    Chupadita de mate. Que sepas que la cooperación de María a la redención ha sido profesada desde los más altos niveles y que vuelvo a poner “Los chalchaleros”. El problema surge con la palabra “corredentora”, que –dígase lo que se diga- sugiere paridad con el Redentor; estaríamos poniendo a María a la altura de Dios, y violentando la Escritura donde dice: “Uno solo es… el mediador entre Dios y los hombres” (1 Tim 2,5). Piensa en el significado de “copiloto”, “coautor”, “colaborador”, “condiscípulo”, “conmilitón”, “coheredero” y más, donde sin duda la persona significada está en paridad de condiciones con otra que queda implícita. Por esto y por otras razones, varios papas recientes han intentado la definición dogmática, y no han logrado llevarla a término.

    Demos un vistazo a esos más altos niveles, para que veas que lo que se puede llamar “cooperación de María a la obra de la salvación” es cosa de todos a pesar de que no haya formulación. ¿Chupadita de mate? Pues vamos p’allá.

    PÍO XII: “Por haber dado a luz a Jesús como Redentor nuestro y haberlo alimentado, por haberlo ofrecido como víctima junto a la cruz, en virtud de la misteriosa unión con Cristo y de una gracia suya del todo singular, fue nuestra reparadora y así es piadosamente llamada” (encíclica Miserentissimus Redemptor, en A.A.S., 20 (1928), 178).

    Nada menos que el CONCILIO VATICANO II dice:

    – “…fue en la tierra la esclarecida Madre del divino Redentor y en forma singular la generosa colaboradora entre todas las creaturas y la humilde esclava del Señor.

    “ Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo (…), padeciendo con su Hijo mientras Él moría en la Cruz, colaboró en forma del todo singular (…) en la restauración de la vida sobrenatural de las almas” (“Lumen gentium”, 61).

    [Los “Chalchaleros” están cantando “La-rai-laaa…” ¡Venga la matera, y una chupadita!]

    – PABLO VI: “Ella [María], más que toda otra criatura, tuvo parte -¡y qué parte!- única, activa, santísima…, en la pasión redentora de Jesús” (8-X-1969).

    – JUAN PABLO II es la figura más importante en este tema de la mediación mariana. Yo solo te pongo este decisivo pasaje:

    “La cooperación de los cristianos en la salvación se realiza después del acontecimiento del Calvario, cuyos frutos se comprometen a difundir mediante la oración y el sacrificio. Por el contrario, la participación de María se realizó durante el acontecimiento mismo y en calidad de madre; por tanto se extiende a la totalidad de la obra salvífica de Cristo. Solamente ella fue asociada de ese modo al sacrificio redentor; que mereció la salvación de todos los hombres. En unión con Cristo y subordinada a Él, cooperó para obtener la gracia de la salvación a toda la humanidad» (catequesis del 9 de abril de 1997)

    – Tu pesadilla negra, Benedicto XVI, dijo, cuando no era Papa, y en declaraciones extraoficiales que, por serlo, tienen muy poco valor como magisterio, que no ve fácil el dogma en período previsible (y otras cosas que ya subrayé). Vamos a ver qué dice cuando sus palabras son las de la persona de quien dijo Jesús: “Pedro, yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca; y tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos” (Lc 22,32):

    – “Su dolor [el de María] forma un todo con el de su Hijo (…). La Virgen en el Calvario participa en la fuerza salvífica del dolor de Cristo, uniendo su “fiat”, su “sí”, al de su Hijo” (Ángelus, 17 de septiembre de 2006).

    Ya ves que esta cita es imponente: “su dolor forma ¡un todo! con el de su Hijo”. Puedes quedarte tranquila, que lo he hecho aposta: mi última apostilla la dediqué a exponer las dificultades de la definición, pero era pensando en dedicar esta a la fe que “ya” tenemos.
    Venga, déjame que te diga cuáles dos son mis otros pasajes preferidos sobre la asociación de María a la Redención:

    El uno, de las revelaciones del Señor a Santa Brígida, cuando le dijo que la Redención la habían realizado Él y su madre “quasi uno corde”: “como con un solo Corazón”.

    El otro, de Arnaldo de Chartres, medieval también:

    “Con recursos admirables, aseguraron la obra de la redención humana […]; una mismísima voluntad impulsó entonces a Cristo y a María, y ambos ofrecieron juntamente un único holocausto a Dios: ella con la sangre de su corazón, él con la sangre de su cuerpo… La Virgen santa obtuvo con Cristo un efecto común en la salvación del mundo” (“Alabanzas a la bienaventurada Virgen María”: Migne, “Patrologia Latina”, vol. 189, 1726-1727).

    El parato había cambiado a Mercedes Sosa. “Graaacias a la viiiidaaaa…”

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  8. 6 abril 2015 1:45

    EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

    Bueno, la letradísima ha estado meditando. ¡Abróchense los cinturones!

    Don Miguel, te ha fallado la impresión. No es que crea que Benedicto XVI, queridísimo mío Benedicto, y vos, no crean en la Corredención. Me das razones de sobra para demostrarlo.

    Lo que digo es que hay más de lo que se ve. Eso intuyo. Es que no sé explicarme por falta de teoría. De puro “analfabeta espiritual”, por si no se entendió. Pero esta vez acude en mi auxilio el experto: he apelado a San Luis María. Y me meto en la boca del lobo, porque sé que es tu materia. Así que aquí va otro intento de explicación (no garantizo que sea el último):

    – En principio, dos cosas sobre el dolor de Jesús. Y me remito a tu apostilla del 30 de marzo.

    Tu amigo profesor ha dicho que no considera que Jesús haya sufrido infinitamente. No seré tan necia de ponerme a discutir con los que saben, pero me pregunto lo siguiente: Jesús tenía doble naturaleza, humana y divina. Esto es doctrina pura. Ahora, vamos a desglosar esto para después volver a unirlo, espero no “lo enredar”.

    Es posible que no sufriera infinitamente en su naturaleza humana, pero ¿cómo puede todo un Dios, que hace todo perfecto, no sufrir infinitamente en su naturaleza divina? De lo cual se desprende que: si sufrió infinitamente en su naturaleza divina, ¿cómo es posible que esta naturaleza divina no se lo comunicara a su naturaleza humana? Pues Dios no admite la división. Ya lo vemos en la Santísima Trinidad. Una sola sustancia siendo tres personas. Aquí, desde mi burrez, la letradísima otorga la misma propiedad a Jesús. Puede ser que diga pura blasfemia, sepa disculpar, Don Miguel, que vine de la ignorancia misma. A menos que alguien dijera que no sufrió en su naturaleza divina. Yo, letradísima, tengo entendido que van las dos juntas hasta el fin. En esta cuestion, quedo a la espera de que me confirmes la doctrina, “de mientras” caliento el agua del mate.

    -Lo otro sobre el dolor de Jesus es una teoría mía, como todo lo que vengo diciendo. Pero aquí entra también María.

    Una de las vías mas rápidas para perder a Dios es dar rienda suelta a los sentidos y entregarse de pleno a los placeres hasta el hartazgo. ¿Qué sería lo opuesto de esto? El sufrimiento. O la mortificación por voluntad propia. Por lo cual el sufrimiento tendría un papel clave en la redención de los hombres, pues no solo en la obediencia se cumple verdadero valor de la Pasión; hay más. Aquí es donde me cuesta darme a entender.

    Considero que la cruz, sufrir hasta el extremo como Jesús, o menos en cuotas, pero en forma constante, como nos pasa a muchos, es la vía directa al cielo porque el mismo dolor es el filtro. Es el cernidor que te habilita para subir a la Cruz redentora. A mí me parece que la “obediencia”, el “amor a los hombres”, sí; pero con el “dolor”, van ligados. Todo es parte de lo mismo. Y aquí te digo que apruebo rotundamente tu teoría de la enfermedad (apostilla 2 de abril). Tal vez no me pase tanto con el dolor (me refiero a querer dejar de sufrir), porque te diría que nunca estoy más cerca del Señor que cuando más me duele, por lo cual no puedo desear que se me quite. Pero sí con otras cosas no sufriendo las cuales disfrutaría mucho más. ¡Y cómo lo sabe Dios! Pero el Señor sabe más que nosotros, y sabe que volvemos a las andadas tan pronto nos las quite. Y por eso no las quita. Detalles de Jesús.

    Pero, volviendo al dolor, el dolor hasta el extremo lo sufrieron Jesús “y” María. Porque Dios no le ahorró ningún sufrimiento a ella, como no se lo ahorró a Él. ¿Cuál es el motivo? ¿Por qué la más preciosa Joya del Reino no fue cuidada en esto por el Dueño del Reino? Yo creo que su dolor también era fundamental en el plan de salvación de los hombres (y la letradisima insiste en que sufrió perfectamente por ser perfecta. Cito a San Luis María: “En esta creatura amabilísima ‘solo’ se hallará a Dios”. El Secreto de María/María es el paraíso de Dios).

    Y tomo tu cita de Benedicto: “En unión con Cristo y subordinada a Él, cooperó para obtener la gracia de la salvación a toda la humanidad”.

    ¿Que significa la palabra “unión”? Sabemos que Benedicto XVI no utiliza palabras al azar, en esto es impecable.

    ¿En qué “cooperó”? Siendo la Madre desde luego, aunque Jesús no lo necesitaba, pero lo quiso, para dignificar la maternidad y la familia y para no dejarnos huérfanos. La Iglesia tiene madre. Pero ¿para qué era necesario que no se le ahorrara ni un solo dolor a María? Si ya estaba cumplido que fuera su Madre. Porque no llegó de últimas a la Cruz, para que Jesús tan solo le diera instrucciones (“Ahí tienes a tu Madre”). El Hijo no trataría así a la que más amaba en el mundo. No. Era necesario que padeciera tambien María, y me sentiré totalmente ofendida con quien me diga que no sufrió hasta el extremo. Perdón, amor de hija.

    Y te pregunto, amigo montfortiano, algo que viene muy al caso. ¿Qué quiso decir San Luis María Grignion de Montfort cuando dice en el Secreto de María lo siguiente?:

    “Porque María, la Madre de los vivientes, ‘hace partícipes’ a sus hijos del Árbol de la vida, que es la cruz de Jesucristo. Pero, ‘al repartirles grandes cruces’, les comunica también la gracia de cargarlas con paciencia y hasta con alegría” (El secreto de María, “María ayuda en el sufrimiento”).

    Y sigue: “Ella, en efecto, endulza las cruces que ‘da’ a los suyos”.

    Toda la frase me llama la atención, y hasta me parece que San Luis María comprendiera [imagino que Elisa ha querido decir comprendería] lo que quiero decir. Pero te resalté entre comillas lo que más me sorprende. ¿Ella decide sobre nuestras cruces? Miguel, el sufrimiento de María es clave, y no puedo no verlo como parte de la corredención. Es histórico, y no es teológico. ¿Pero que es? Ya sé, no todo está dicho.

    Hasta aquí el dolor, pero va una yapa [que en Argentina sabran qué significa]. Me da la impresión de que el problema, más que la palabra “corredentora”, es “mediadora”, porque “Uno solo es… el mediador entre Dios y los hombres” (1 Tim 2,5). No sé con que palabra se pudiera reemplazar, porque ella hace de “inter-mediaria” intercediendo. Hace una mediación entre Dios y los hombres en su calidad de Madre de la humanidad. Creo que es una cuestion semántica, según se emplee la palabra. Porque bien puede significar cosas distintas. “Mediador” en el sentido de nuestro “justificador”, y “mediadora” en el sentido de intercesora, la que habla en lugar nuestro por tener mejores atributos y méritos.

    Bueno, ya puedes desabrocharte el cinturón; creo que hemos llegado ilesos.

    Letradísima. Femenino de majagranzas.

    Letradisima. Femenino de majagranzas.

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    • 7 abril 2015 20:01

      EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

      Mucha, mucha tela que cortar. ¿Has “oído” alguna vez sonrojarse a alguien? Pues yo –charco entre dos pies y dos pezuñas- te oigo sonrojarte a ti, con la vergüenza característica de quien no puede evitar darse cuenta de que es el mejor. Te voy conociendo, ciudadana Shejtman, y eres tan la mejor en tantas cosas… Y esto te lo digo para que te animes, que yo sé que la vida… Callemos.

      De tanta tela, hoy he cortado la que he podido hasta que, “de mientras”, te has puesto a calentar el agua del mate. Cargadito, por favor, que hoy no he escuchado “Los Chalchaleros” ni Cafrune, y me cumple ofrecerles mi penitencia. Vamos allá.

      ¿FUERON INFINITOS EL DOLOR DE JESÚS Y EL DE MARÍA?

      Tengo que pedirte perdón. Si te hubiera explicado más, probablemente no te habrías metido en tales atolladeros. Mi profesor me dijo que lo que da su valor inmenso, sacratísimo y redentor al dolor de Cristo es la Persona que lo sufre y es el amor con que lo sufre. De ahí puede entenderse un sufrimiento infinito no físico, un sufrimiento finito físicamente (de acuerdo con lo que decía el viejo cátedro), pero válido como redentor por tratarse de la Persona de Quien sufre, un sufrimiento finito físicamente, pero válido por tratarse de tal Persona y por la elevación de la actitud espiritual con que se proyectaba hacia la muerte, y, obviamente, lo que parece más probable si descartamos el sufrimiento físico infinito, esto es, la mezcla de las dos últimas posibilidades: sufrimiento infinito no físicamente que es válido como redentor por ser Él quien es y por su actitud espiritual.

      Piensa seriamente: ¿Puede una humanidad sufrir infinitamente, si ella es limitada? La humanidad de Jesús quiso ser VERDADERAMENTE humana, y por ende limitada: y se cansa, tiene sed, es tentada, etc.; no habría podido caminar en un mes hasta Moscú: eso dejaría de ser un hombre y sería un monstruo, y un monstruo solo redime monstruos, según la máxima clásica “solo se redime lo que asume”. Hay otra máxima que dice que Jesús es “perfectus Deus, perfectus homo”: “Dios al completo, hombre al completo”. Un hombre al completo entraña enormes limitaciones en las que el “perfectus Deus” quiso meterse con su humildad insospechable. Él, que, “siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza” (2 Cor 8,9). Elisa, recuerda las bofetadas de la Pasión: pues estoy pensando ahora que un sufrimiento infinito exige, necesariamente, que cada una de ellas tenga una fuerza infinita, y que sean numéricamente infinitas; y las bofetadas fueron quizá de lo menos duro de la Pasión. Pero es que dijeron los viejos escolásticos que la perfección en lo físico no podía darse; y la infinitud es perfección, y en cambio, para eso el Verbo se hizo carne: para llevarle la contraria a su propia perfección.

      No creo, como ves, en sufrimientos físicos infinitos en Jesús, en María ni en nadie. Para mí, la Pasión de Jesús es la Pasión del Corazón de Jesús, que de Este brota espiritualmente en el momento en que se ofrece e inicia, por obediencia al Padre y amor a los hombres (o sea: por obediencia al Padre, que es el Que importa), de Él sigue brotando mientras dura, porque mantiene esa misma actitud, y ya en la Cruz, es físicamente alcanzado por la lanza del soldado. Y de ese Corazón de Jesús -Santidad de Persona divina, obediencia perfectísima al Padre, amor mucho más que heroico hacia los hombres- sí que puede surgir y surge una perfección que no deja nada que desear.

      Pero, ah curioso: esa lanza, cuando se clavó en ese Corazón, ya no le encontró el alma. Pero era la misma lanza predicha por Simeón en estrechísima trabazón (corredentora) de ambas vidas, de ambas muertes, y no encontrando vida, se fue derecha al Corazón de María (“y a ti misma una espada te atravesará el alma”). De manera que se puede decir que la Pasión es más propia del Corazón de María que del Corazón de Jesús, puesto que en María solo el Corazón es alcanzado. Y nadie piense que digo que la Pasión fue cosa de María: eso lo diría él, y yo solo digo que en cada uno se obró según unas particularidades, derivadas de quiénes eran los dos.

      b) Y quédate, si quieres, con lo que yo me quedo: con un Jesús y una María que, en todo momento de su vida, pero en especial en “la hora” a la que han venido, quieren tributar al Padre un culto “en espíritu y en verdad” (Jn 4,24). A ver si aún va a resultar (sangre, clavos…) que “los hombres miran las apariencias, pero Dios mira el corazón” (1 Sam 16,7).

      ¿QUÉ DECIR DEL ARGUMENTO DE ELISA DE LAS DOS NATURALEZAS?

      Que es una petición de principio, es decir, un argumento que se argumenta consigo mismo. Había que demostrar que Jesús sufrió infinitamente, y Elisa ha partido de que sufrió infinitamente en su naturaleza divina. Su tenue argumentación es: “¿Cómo puede todo un Dios, que hace todo perfecto, no sufrir infinitamente en su naturaleza divina?” Contempla a Jesús en su Pasión y dice: como esto es sufrimiento de Dios, ha de ser perfecto. Por tanto, es infinito en la naturaleza divina, y por la comunicación de las dos naturalezas en la única Persona del Verbo encarnado, la divina es causa de que también el dolor de la humana sea infinito.

      Muchos rodeos veo yo, lo cual indica empeñarse en demostrar una cosa contra viento y marea. Es un argumento que se supone a sí mismo. Y yo le digo a Elisa, además (¿tenés la shherbamate?), que no identifique “perfecto” con “infinito”; lo que dices de que Dios no admite división, el parangón que pones con la Santísima Trinidad, etc., me parece que están muy bien, aunque estén muy lejos de poder demostrar el sufrimiento infinito.

      Luego insistes en que Jesús sufriera en su naturaleza divina. Y este es un misterio nada fácil para nadie. La naturaleza humana sufre. Las dos están estrechísimamente unidas en la unicidad de la Persona del Hijo. Esto no puede negarlo nadie. Nadie puede negar que la naturaleza humana de Jesús sufrió. Pero tampoco queremos negar que Dios es impasible, porque es inmutable, y lo sabemos por enseñanza del magisterio, que no sé yo cuál es ni cómo lo explica.

      San Buenaventura decía que Dios es incapaz de padecer…, pero capaz de com-padecerse.
      K. Rahner decía que Dios es “impasible en lo que es, y pasible en lo que asume” (lo que asume en Jesús: la naturaleza humana). Es una frase profunda. La anterior es emocionante. Pero no se sabe que pueda llegarse mucho más adentro de este profundísimo misterio, como que es misterio (voy a decir yo ahora) “personal” de Dios.

      Pero también es verdad que “en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo” (2 Cor 5,19).

      Y es verdad que S. Ireneo, u otro padre de la Iglesia, dijo aquello de “uno de la Trinidad ha sufrido”.

      Y, no obstante, aún podemos pensar: si se trataba de la redención, que es, antes que todo, “expiación vicaria” que, en el Hombre Jesucristo, le ofrece a Dios solo el hombre, no parece razonable que sufriera la naturaleza divina, antes se sufre “cara a” la naturaleza divina o las Personas divinas de la Trinidad.

      No podemos solucionar a Dios; cerrarle la boca al misterio. Pero, si el magisterio ha dicho que Dios es impasible por ser inmutable, no hay más que hablar. El Magisterio es la norma próxima de la fe. Si se nos argumenta que estamos poniendo al magisterio por encima de la Escritura –la hemos citado- y la Tradición –padre y doctor que hemos citado-, sépase que aquel del que emanó ese acto de magisterio ya los conocía, y tenía además un sumando de cierta importancia: el Espíritu Santo. Que, como yo suelo decir, tiene un poco más de experiencia que vosotros.

      Majagranzas

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      • 21 junio 2015 10:19

        ADICIÓN A MI PROPIA APOSTILLA DEL 7 DE ABRIL

        Hoy he encontrado en un manual de teología las siguientes palabras:

        “Lo importante de la cruz no fue la ‘sangre’, que es lo visible y sensorial, que también derramó el ‘buen ladrón’, sino la entrega cruenta. Cuando el NT y especialmente la Carta a los Hebreos alude a la ‘sangre’ de Cristo, se entiende, esencialmente, [a] la muerte con derramamiento de sangre. Lo decisivo es la victimación interior de Cristo” (Aurelio Fernández, “Teología dogmática”, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2009, 858). La victimación interior; por eso puede ser “conmemoración” y actualización sacramental de ese Sacrificio la Santa Misa, a pesar de no haber derramamiento de sangre. Una vez más, “los hombres miran las apariencias, pero Dios mira el corazón” (1 Sam 16,7).

        De todos modos, lo verdaderamente decisivo en último análisis no es, ¡tampoco!, la victimación interior. Hay muchas almas que interiormente se victiman. Quizá quepan aquí muchas madres por sus hijos; pero yo me refiero a personas que se ofrecen a Dios, y a su Asociada, en calidad de víctimas, para sufrir en expiación por los pecados del mundo, o en intercesión por las necesidades del mundo, etc. Y estos no son nuestros redentores, luego la victimación no basta; y estoy convencido de que el autor de mi manual (llevo 858 aridísimas páginas conociéndolo) me daría la razón si le dijese que lo importante es el hecho de ser la víctima Quien es.

        Es claro que los dos aspectos se multiplican mutuamente: el ser el Hijo de Dios encarnado multiplica al infinito el valor de esa victimación, y la victimación, y el abismo de abyección que la victimación supone multiplica el valor que dimana de ser Él Quien es.

        No se preocupe nadie por si la Pasión fue un dolor infinito o un poco menos. Si Jesús es Dios, el más mínimo sufrimiento aceptado con voluntad redentora tiene valor infinito; por ejemplo, la caída de una brizna de paja sobre su piel. Hubiese bastado.

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  9. 7 abril 2015 23:44

    EN LETRADÍSIMA ACADEMIA

    Bueno, el Magisterio habla, la letradísima calla. Y me quedan más claras las cosas ahora.

    Me quedo con lo de algo “personal” de Dios. Cosas secretas entre un Padre y su Hijo, y… la Madre.

    Muy bello. Me alcanza.

    Saltá de vez en cuando a los Caravajal, que por mucho que me guste, tanto Cafrune bajonea.

    Acabo de sacar del horno magdalenas integrales de limón. Pa’l mate.

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    • 8 abril 2015 4:42

      EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

      Quedan todavía muchísimas cosas. Me da por numerarlas.

      1. Lamento no “pinchar” todavía a Caravajal, porque mi hermano está durmiendo.

      2. Vamos ya a cosas de menor importancia. No me parece correcto adjudicar al sufrimiento un papel en la Pasión como le adjudicas tú. Es indudable que el dolor, la obediencia y el amor van unidos, tal cual dices. Jesús ama al Padre y por eso le obedece; y entonces le pregunta: “Sí, Padre, y eso que me dices de redimirlos, ¿cómo ha de ser?” “Pues mira, Precioso mío, a mí me parece que lo mejor es que sufras, y que exhibas tu sangre ante los imperios y los siglos, para que no les quede ninguna duda de nuestro amor”. “Pues, con tu permiso, Papi, me tiro para allá”. Le planta dos besos, y hasta luego.

      No he hecho más que traducir un versículo muy poco conocido, pero sorprendentemente luminoso. Comienza (prácticamente) la Pasión, y él, que va a la Pasión por nosotros (qué duda cabe), quiere explicarles por qué va a la Pasión: “Viene el príncipe del mundo [el demonio]; contra mí no puede nada, pero el mundo debe conocer que amo al Padre y que obro tal y como me ordenó” (Jn 14,30).

      ¡Es imposible encontrar más ligados la obediencia, el amor y el dolor! Lo inicial es el amor, que induce a una obediencia que induce a un dolor. Por eso decía Benedicto XVI que la Cruz, los azotes, la muerte no nos hablan de sufrimiento y de sangre, sino de un amor que es capaz de llegar a los azotes, al sufrimiento, a la sangre, a la muerte.

      Y yo digo que el sufrimiento no es el elemento constitutivo de la Redención (ni de la corredención), sino que lo es el amor. Jesús podría habernos redimido sin sufrir, pero no sin amar. Añado que, quedando como quedan dos virtudes, la obediencia y el amor, y no siendo posible, en el organismo de la persona -y de Aquella Persona, mucho menos-, separar las virtudes, yo me encuentro con un amor al Padre que supone obediencia, y si el Padre le manda hacer lo que hizo por nosotros, no son dos amores. ¡No son dos amores! Es un solo amor, numéricamente uno –si se me permite hablar así-, que se enfoca diversamente, ora al Padre, ora a los hijos, y, por supuesto, sin que en ningún momento el servicio a Uno o los otros implique –ni siquiera permita- olvidar un instante a los otros o al Uno.

      Quizá sí quepa no separar, pero sí distinguir las virtudes del amor y la obediencia, o sus efectos; por así fuera, yo quisiera defender que el elemento constitutivo de la Redención de Cristo –que acabamos de ver que no es el sufrimiento-, contra lo que podría parecer, es la obediencia. Es obvio que el amor es más excelente, pero también es más abarcante. Hizo falta obediencia (y mi admirado versículo lo ha dicho) para la Pasión. No la hizo para la creación. Y el hecho de que la haga para la santificación por parte del Espíritu –ciertamente, se habla varias veces de que el Padre enviará al Espíritu- ¿me quita la razón o me la da, para el caso de la Redención? Yo no veo manera de saberlo; quizá es una confirmación.

      Y por eso, vivo convencido de que la virtud más importante del sacerdote es la obediencia. Y –salvajemente, sí; excesivo como soy-, en algunas ocasiones les he dicho a mis hermanos: “Si no quieres obedecer, ¡secularízate!”

      Yo veo, para la Redención, un elemento fontal, que es el amor (al Padre primero y, en Él, a todos), un elemento constitutivo, que es la obediencia, y un elemento manifestativo, que es el sufrimiento.

      Para la corredención mariana (que prefiero llamar “asociación a la Redención”), probablemente lo vería de igual modo.

      2. Función del dolor… ¡No hay más amor que el que sabe sangrar! Y los besitos, las más de las veces, son búsquedas de uno mismo y de la propia autocomplacencia. ¡No hay más amor que el que sabe sangrar! ¿Quién dijo que las apostillas tuvieran que ser breves, como sean enjundiosas? Voy a resumir una leyenda de mi queridísimo Gustavo Adolfo Bécquer, y me entenderéis bien, aunque sangre, no hay. A un enamorado de una dama, en Toledo, le pregunta esta: “¿Me amáis?” El amante protesta repetidas veces que la ama. “Pues. si me amáis, me lo demostraréis… robando para mí la ajorca que lleva la Virgen del Sagrario de la catedral…” “Pero, señora,…” “¿Me amáis…?” Y el hombre no puede librarse, se esconde en la catedral, cierran…, y entonces empieza a ver las sombras, y a representarse figuras, y multiplicar endriagos y vestiglos… Al día siguiente lo encuentran, con la ajorca en la mano, loco por las visiones y padecimientos.

      3. Me ha gustado leerte “el dolor hasta el extremo lo sufrieron Jesús ‘y’ María”, ¿sabes? Porque, como sabes, preparo la tesis doctoral sobre la mediación mariana, tenemos ese versículo que tú citas “Uno solo es… el mediador entre Dios y los hombres” (1 Tim 2,5), y yo me propongo demostrar la máxima unidad entre Jesús y María en la mediación, y la mediación de María como obra de Cristo; y rebuscando bibliografía, me encontré con un libro que se titula: “El único mediador: Jesús y María”…: lo hemos encargado.

      4. De todos modos, sobre qué extremo es posible, ya hablamos ayer. Y María es exactamente todo lo perfecta que puede ser una simple criatura –hasta extremos inimaginables-… y exactamente nada más.

      5. Creo que ya lo dije: seguramente, la conveniencia de que María sea asociada por Dios a la salvación se deriva de una “personalidad corporativa” que incluiría la presencia de una mujer, Nueva Eva junto al Nuevo Adán Jesús.

      6. Lo mismo el agua ya está. Hay un puntito ahí que para mí está siendo un poco difícil. Tú dices que Jesús no necesitaba madre. La Iglesia desde muy pronto ha enseñado que, si bien absolutamente no la necesitaba –apelación a la omnipotencia absoluta de Dios contra la cual el teólogo nunca tiene nada que hacer-, no obstante, de hecho, tal como han sucedido las cosas por la voluntad de Dios, por el famoso “designio salvífico inicial”, sí la necesitó, para tomar de ella la naturaleza humana (recuerda: “perfectus Deus”, “hombre por completo” y no apariencia de hombre). Creo que con esto hemos de quedarnos, pero sin embargo, Joseph Ratzinger, en una obra que no pertenece al papado (pero no recuerdo cuál), dice rotundamente: “Jesús podría haber nacido en una familia humana normal”, y no por la omnipotencia de Dios, sino, dice, porque el ser Hijo de Dios no es cuestión biológica, sino ontológica. Supongo que fue lo que hoy llamamos técnicamente una “tirada de la moto” juvenil, y que continuaremos creyendo lo mismo que los siglos. ¿Estaba el agua?

      7. Hame dado en la nariz que piensas en una corredentora solo en el momento de la Cruz. Todos los mariólogos te arrearían. Si tú quieres dolor, no te preocupes, porque ya pocos días después del nacimiento se le anuncia la espada; pero, para mí, el dolor de María comienza antes que el “fiat”: cuando el ángel hace su anuncio, ella comprende (en mi opinión) tres cosas: que va a ser Madre de un Mesías Dios; que este Mesías va a sufrir inimaginablemente; que ella va a sufrir lancinantemente con Él, sobre todo en un momento final; que ella, al decir que sí y ser madre de Dios, lo será también nuestra (y aquí me callo una precisión).

      Pero la Redención y la corredención no se hacen solo de dolor. Todos los momentos de la vida de Jesús son redentores, aunque sea por referencia a la Cruz; en mi opinión, todos los momentos de la vida de María (al menos desde el “fiat”) son corredentores hasta la Cruz. Y cuando disfrutan, también están redimiendo y corredimiendo.

      8. Sobre la cita de S. Luis María, a mí me parece que María nos entrega las cruces como las alegrías: por intercesión y dispensación, que constituyen, desde la Asunción y hasta la Parusía, la segunda fase de la mediación mariana. No creo que haya que sorprenderse.

      9. Sería necesario que me aclararas estas palabras sobre el sufrimiento de María: “Es histórico, y no es teológico. Pero ¿qué es? Ya sé, no todo está dicho”.

      10. El problema del único Mediador y la mediadora con toda certeza mediadora se supera desde la noción filosófica de “participación”. Por poner un ejemplo burdo, unos niños pueden ser muy altos porque participan de la altura de sus padres por cuestiones genéticas (y a María la llama Dante “hija de su Hijo”). Dejémoslo así. El caso es que el problema lo resolvió el Concilio de una manera que me parece maravillosa y que te voy a copiar aquí:

      “60. Uno solo es nuestro Mediador según las palabra del Apóstol: «Porque uno es Dios, y uno también el Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó a sí mismo para redención de todos» (1 Tm 2, 5-6). Sin embargo, la misión maternal de María para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder. Pues todo el influjo salvífico de la Santísima Virgen sobre los hombres no dimana de una necesidad ineludible, sino del divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo; se apoya en la mediación de éste, depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder. Y, lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta […].

      “Lo cual, embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador.

      “Jamás podrá compararse criatura alguna con el Verbo encarnado y Redentor; pero así como el sacerdocio Cristo es participado tanto por los ministros sagrados cuanto por el pueblo fiel de formas diversas, y como la bondad de Dios se difunde de distintas maneras sobre las criaturas, así también la mediación única del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de cooperación, participada de la única fuente.
      “La Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador.”

      Y así, si quieres cambiar la palabra “mediadora”, di “mediadora por participación”; es más aburrido.

      11. Con Dios.

      Majagranzas

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  10. 9 abril 2015 2:28

    EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

    No, no. El sufrimiento no es el elemento constitutivo de la Redención, ni de la corredención, no dije eso. Pero sí que el dolor tiene un papel fundamental en el plan de salvación, y por supuesto van ligados. Ahora se me ocurre que pudiera ser el modo en que Dios prueba, ademas de la obediencia, si de veras lo amamos tanto.

    Yo digo: “Dios, te amo”, y Él responde: “Ajá… mmm… Veamos qué cierto es eso”. Y te pone en el yunque y te da martillazos a más no poder. Y yo digo: “No importa lo que me pruebes, yo te amo”. Entonces Él responde: “Quiero que estés enteramente segura de tu afirmación”, porque Él conoce los corazones, pero yo bien pudiera estar engañándome. Entonces lo hace de nuevo, para que yo este segura de que de ningún modo, nada, nada, pero nada de nada, cambiará mi amor por Él. O sea, amor fiel y sincero.

    Porque, por ejemplo, ¿cómo sería posible que un Dios que nos ama permitiera la salvajada de la yihad? Esto solo tiene sentido y solo se puede comprender a la luz del mensaje cristiano. Tanto como comprendimos el sacrificio de los mártires que morían devorados por los leones. El misterio mismo del martirio.

    Aahh…, ¡por Dios! Y me vino a la mente esto tan bellísimo de San Ignacio de Antioquía:

    “Soy trigo de Cristo y quiero ser molido por los dientes de las fieras para convertirme en pan sabroso a mi Señor Jesucristo. Animad a las bestias para que sean mi sepulcro, para que no dejen nada de mi cuerpo, para que cuando esté muerto, no sea gravoso a nadie. Si no quieren atacarme, yo las obligaré. Os pido perdón. Sé lo que me conviene. Ahora comienzo a ser discípulo. Que ninguna cosa visible o invisible me impida llegar a Jesucristo. Poneos de mi lado y del lado de Dios. No llevéis en vuestros labios el nombre de Jesucristo y deseos mundanos en el corazón. Aun cuando yo mismo, ya entre vosotros, os implorara vuestra ayuda, no me escuchéis, sino creed lo que os digo por carta. Os escribo lleno de vida, pero con anhelos de morir.”

    ¿Ya entraste a la página del museo virtual de los Mártires de Barbastro? Bueno, a lo mejor estás cerca y los habrás visto en persona. Me elevó el alma a la enésima potencia. ¡El amor me devora!

    Y te cuento que ¡estoy pasmada! Queriendo explicarme mejor, acabo de encontrar “Salvifici Doloris”, Carta apostólica de San Juan Pablo II. El Espíritu sopla y envía respuestas. Toda ella es una verdadera belleza. Pero vamos por partes. Te pego aquí la respuesta a cuestiones de apostillas anteriores con respecto a la doble naturaleza de Cristo (dejé algunas citas numericas que pertenecen a la Carta apostolica en Vatican.va):

    “17. Las Escrituras tenían que cumplirse. Eran muchos los testigos mesiánicos del Antiguo Testamento que anunciaban los sufrimientos del futuro Ungido de Dios. Particularmente conmovedor entre todos es el que solemos llamar el cuarto Poema del Siervo de Yavé, contenido en el Libro de Isaías. El profeta, al que justamente se le llama ‘el quinto evangelista’, presenta en este Poema la imagen de los sufrimientos del Siervo con un realismo tan agudo como si lo viera con sus propios ojos: con los del cuerpo y del espíritu. La pasión de Cristo resulta, a la luz de los versículos de Isaías, casi aún más expresiva y conmovedora que en las descripciones de los mismos evangelistas. He aquí cómo se presenta ante nosotros el verdadero Varón de dolores:

    ‘No hay en él parecer, no hay hermosura
    para que le miremos…
    Despreciado y abandonado de los hombres,
    varón de dolores y familiarizado con el sufrimiento,
    y como uno ante el cual se oculta el rostro,
    menospreciado sin que le tengamos en cuenta.
    Pero fue él ciertamente quien soportó nuestros sufrimientos
    y cargó con nuestros dolores,
    mientras que nosotros le tuvimos por castigado,
    herido por Dios y abatido.
    Fue traspasado por nuestras iniquidades
    y molido por nuestros pecados.
    El castigo de nuestra paz fue sobre él,
    y en sus llagas hemos sido curados.
    Todos nosotros andábamos errantes como ovejas,
    siguiendo cada uno su camino,
    y Yavé cargó sobre él
    la iniquidad de todos nosotros’ (41).

    “El Poema del Siervo doliente contiene una descripción en la que se pueden identificar, en un cierto sentido, los momentos de la pasión de Cristo en sus diversos particulares: la detención, la humillación, las bofetadas, los salivazos, el vilipendio de la dignidad misma del prisionero, el juicio injusto, la flagelación, la coronación de espinas y el escarnio, el camino con la cruz, la crucifixión y la agonía.

    “Más aún que esta descripción de la pasión nos impresiona en las palabras del profeta la profundidad del sacrificio de Cristo. Él, aunque inocente, se carga con los sufrimientos de todos los hombres, porque se carga con los pecados de todos. ‘Yavé cargó sobre él la iniquidad de todos’: todo el pecado del hombre en su extensión y profundidad es la verdadera causa del sufrimiento del Redentor. Si el sufrimiento ‘es medido’ con el mal sufrido, entonces las palabras del profeta permiten comprender la medida de este mal y de este sufrimiento, con el que Cristo se cargó. Puede decirse que este es sufrimiento ‘sustitutivo’; pero sobre todo es ‘redentor’. El Varón de dolores de aquella profecía es verdaderamente aquel ‘cordero de Dios, que quita el pecado del mundo’ (42). En su sufrimiento, los pecados son borrados precisamente porque Él únicamente, como Hijo unigénito, pudo cargarlos sobre Sí, asumirlos con aquel amor hacia el Padre que supera el mal de todo pecado; en un cierto sentido, aniquila este mal en el ámbito espiritual de las relaciones entre Dios y la humanidad, y llena este espacio con el bien.

    “Encontramos aquí la dualidad de naturaleza de un único sujeto personal del sufrimiento redentor. Aquel que con su pasión y muerte en la cruz realiza la Redención es el Hijo unigénito que Dios ‘dio’. Y al mismo tiempo este Hijo de la misma naturaleza que el Padre sufre como hombre. Su sufrimiento tiene dimensiones humanas, tiene también una profundidad e intensidad —únicas en la historia de la humanidad— que, aun siendo humanas, pueden tener también una incomparable profundidad e intensidad de sufrimiento, en cuanto que el Hombre que sufre es en persona el mismo Hijo unigénito: ‘Dios de Dios’. Por lo tanto, solamente Él —el Hijo unigénito— es capaz de abarcar la medida del mal contenida en el pecado del hombre: en cada pecado y en el pecado ‘total’, según las dimensiones de la existencia histórica de la humanidad sobre la tierra”.

    (O sea, si no entendí mal, todos los pecados del mundo desde el principio hasta el fin de los tiempos.)

    Y te pego una cosa con respecto a la “doctrina de la Cruz”, el sufrimiento ligado al amor:

    “18. …Cristo sufre voluntariamente y sufre inocentemente. Acoge con su sufrimiento aquel interrogante que, puesto muchas veces por los hombres, ha sido expresado, en un cierto sentido, de manera radical en el Libro de Job. Sin embargo, Cristo no sólo lleva consigo la misma pregunta (y esto de una manera todavía más radical, ya que Él no es sólo un hombre como Job, sino el unigénito Hijo de Dios), pero lleva también el máximo de la posible respuesta a este interrogante. La respuesta emerge, se podría decir, de la misma materia de la que está formada la pregunta. Cristo da la respuesta al interrogante sobre el sufrimiento y sobre el sentido del mismo, no sólo con sus enseñanzas, es decir, con la Buena Nueva, sino ante todo con su propio sufrimiento, el cual está integrado de una manera orgánica e indisoluble con las enseñanzas de la Buena Nueva. Esta es la palabra última y sintética de esta enseñanza: ‘la doctrina de la Cruz’, como dirá un día San Pablo.

    “Puede decirse también que se ha cumplido la Escritura, que han sido definitivamente hechas realidad las palabras del citado Poema del Siervo doliente: ‘Quiso Yavé quebrantarlo con padecimientos’ (51). El sufrimiento humano ha alcanzado su culmen en la pasión de Cristo. Y a la vez esta ha entrado en una dimensión completamente nueva y en un orden nuevo: ha sido unida al amor, a aquel amor del que Cristo hablaba a Nicodemo, a aquel amor que crea el bien, sacándolo incluso del mal, sacándolo por medio del sufrimiento, así como el bien supremo de la redención del mundo ha sido sacado de la cruz de Cristo, y de ella toma constantemente su arranque. La cruz de Cristo se ha convertido en una fuente de la que brotan ríos de agua viva (52). En ella debemos plantearnos también el interrogante sobre el sentido del sufrimiento, y leer hasta el final la respuesta a tal interrogante.”

    Y un poco mas… ¡Estoy al borde de las lágrimas! ¡Qué belleza!

    -Partícipes del sufrimiento de Cristo.

    “20. …La participación misma en los padecimientos de Cristo halla en estas expresiones apostólicas casi una doble dimensión. Si un hombre se hace partícipe de los sufrimientos de Cristo, esto acontece porque Cristo ha abierto su sufrimiento al hombre porque Él mismo en su sufrimiento redentor se ha hecho en cierto sentido partícipe de todos los sufrimientos humanos. El hombre, al descubrir por la fe el sufrimiento redentor de Cristo, descubre al mismo tiempo en él sus propios sufrimientos, los revive mediante la fe, enriquecidos con un nuevo contenido y con un nuevo significado.

    Te contesto esto del punto 9): “Es histórico, y no es teológico. Pero ¿qué es? Ya sé, no todo está dicho”.

    Cuando hablaba de que María sufrió perfectamente, o infinitamente, me habías dicho que no había sabido diferenciar entre lo histórico y lo teológico. Lo cual es verdad. ¿Pero en qué categoría entra el dolor de María dentro de todo lo que comprende la Iglesia? Porque no solo es histórico segun yo lo veo. No es filosofía, ni psicología del dolor de María. Pero entonces, ¿qué es? Esa era mi pregunta. Imaginando que responderías como ya has hecho, que hay cosas en la Iglesia que ya son vox populi, pero de la que aún no se ha formulado doctrina. Perdón por el embrollo. No me expliqué bien.

    Si antes teníamos mucha tela por cortar, ¡amigo! ¡Cuanta riqueza en nuestra Iglesia!
    Por hoy basta. Se me atragantó el mate…

    Conmovidísima.
    Enamoradísima.
    Dolorosísima.

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    • 10 abril 2015 21:36

      EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

      Uf, me meto sin tener ni idea, y seguro que sin tener que meterme. Yo todavía no entiendo casi lo del sufrimiento, pero creo que no nos lo envía Dios. Muchas veces nos viene y Él no lo impide por la libertad que nos ha dado, nos traen otros el sufrimiento, los de la yihad, y otros… Él nos da la libertad y algunos eligen hacer daño a los demás o hacen daño sin pensar en los demás, solo en sí mismos. Y quizás nosotros lo que elegimos en nuestro sufrimiento es dejarnos querer por Dios o alejarnos de El. Pero os dejo y os sigo leyendo, que yo cada vez estoy más liada.

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      • 11 abril 2015 2:34

        EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

        Tú vas a participar aquí como el que más. ¿Sabes por qué? Porque “la ignorancia no es no saber, sino no querer saber” (que lo dijo uno). Y cada vez que tú plantees una pregunta, probablemente estarás expresando la misma de otros que no me la escriben.

        Lo que ocurre esta vez es que yo, sobre el origen del dolor (que no es el tema del que hablábamos la Letradísima Elisa y yo), tengo demasiadas dudas como para no declararlas aquí mismo en aduana y abstenerme de responder. Lee a Ratzinger.

        Majagranzas

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      • 15 abril 2015 3:13

        EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

        Clara, me da gracia. Como si yo entendiera algo. De oídas y de puro atrevida es la cosa. Pero sí te puedo decir algo que escuché, no recuerdo dónde. Que el Señor permite aquellos sufrimientos que son necesarios para nuestra santificación. Pero segun entiendo teniendo la gracia. Si no, estas expuesto a otros peligros.

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    • 11 abril 2015 2:01

      EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

      [Respondo a Elisa, 9 de abril]

      He visitado, sí, el lugar del martirio de Barbastro… y ¡quién pudiera! Además, un hecho se apoderó de mi espíritu. En un rincón de un inmenso mural donde están todos representados, están escritos, con pintura roja, dos versos que dicen así:

      “Por Vos, mi Reina,
      la sangre dar”.

      ¡Y quién pudiera, Dios de lo alto!

      Hice una de las “Perlas para mis amigos” con esos versos, y ahora la buscaré y te la mandaré. Los demás, buscadla en el menú de cabecera, “Perlas para mis amigos…”/noviembre de 2012/“Son deseos del amor”.

      Paso a responder, con mis numeritos amados.

      1. Queda firmemente asentado un acuerdo: la unión estrechísima entre el amor, la obediencia y el sufrimiento en la Redención y la corredención.

      2. Cuando me hablas de “pruebas” que Dios nos pone, primero me acuerdo de lo que decía Eugenio D’Ors: “Los experimentos se hacen con gaseosa”. Pero no, porque luego veo que son pruebas para que nosotros mismos –entre yunque y martillo inmisericorde- nos veamos el amor. Bien sé la razón qué tienes, como quien conoce la enfermedad, y bien sé la alegría enorme que, en medio del inmenso dolor y gracias a él, se siente cuando se descubre que, en medio de la tortura, todos los golpes del martillo fueron agradecidos y besados porque eran golpes del Amado. Entonces se toca la evidencia palmaria de nuestro amor a Dios, y se ve, no solo que no hay manera de negar ese amor, sino también que Él mismo no se atreverá a hacerlo jamás…

      (Y cuentan de Santa Teresa que sufrió un golpe duro y le dijo el Señor: “Teresa, así trato yo a mis amigos”. Y, con donaire, la santa respondió: “Por eso tenéis tan pocos.”)

      3. Pero echo de menos la coherencia, porque un caso como el que describes (describimos), que supone tiempo más o menos prolongado de dolor, no es lo mismo que lo de tantos mártires –por ejemplo, muchos de los de la “yihad”-, para los que no hay tiempo para un proceso.

      Por otro lado, has bajado sin aviso de la Redención y la corredención al tema del dolor nuestro de cada día. Me parece bien, pero avisemos, y recordemos además que nuestro dolor, si lo vivimos cara a Dios, es corredentor: de forma distinta del de María, pero, si quieres, parecida a Juan que con ella se tortura al pie de la misma Cruz.

      4. Y ahora comentaré lo que me parezca de lo que nos ofreces. No hay duda de que es difícil y profundo. Y, como quiera que, decididamente, el dolor es un misterio, de él pueden decirse bastantes verdades, pero no puede agotarse: ni filosófica, ni teológicamente.

      5. Leo: “aquel amor hacia el Padre que supera el mal de todo pecado”. Interpreto: no es que “tenga fuerza” y “lo empuje”. Es mucho más que tener fuerza: el Papa está diciendo –creo yo- que es un amor más grande que toda la mole casi infinita, rugiente y purulenta, de los pecados de todos los tiempos. San Pablo escribe que “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. Y dice el Papa que fue el amor al Padre; el amor al Padre; le preguntáramos por la obediencia o por el dolor, y nos diría quizás lo que nosotros tanto repetimos: que son, con el amor, la tríada inseparable de la Redención.

      Pero hay que fijarse en otro aspecto: en la frase del Papa, el amor que supera “todo pecado” es “aquel amor hacia el Padre”. La explicación la ha dado él; en cuanto a mí, no puedo por menos de acordarme de las tres preguntas de Jesús a Pedro, que se entienden hechas para darle oportunidad de reparar las tres negaciones del Apóstol. Es Jn 21,15-17, y tres veces le dice Jesús “apacienta mis corderos/ovejas” después de la respuesta afirmativa a su pregunta; pero llama poderosísimamente la atención (sobre todo al sacerdote) que, para confiarle tres veces el rebaño, no pregunte tres veces si ama al rebaño, sino si lo ama a Él.

      Entonces entendemos qué es la “caridad pastoral” que la Iglesia nos dice que es el distintivo por excelencia del sacerdote: amor a las ovejas por amor al Pastor; me parece que ya he hablado aquí de Jn 14,31 (“Es preciso que el mundo sepa que yo amo al Padre y hago lo que Él me manda”), pero el sacerdote –y todos- estamos convidados a inmolarnos por los demás en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu, y no son dos amores (a los hombres por Dios), sino un solo amor que puede enfocarse diversamente, y al amar a los hombres por Dios, ama a los dos en la relación debida, ama primero a Dios y, dentro de Él, ama a todos los demás).

      6. Dice que Jesús “sufre como hombre”; solo “como hombre”, no en su naturaleza divina.

      7. Al hablar de la intensidad del dolor, habla de una incomparable profundidad e intensidad únicas en la historia. Y si aquí no dice “infinitas”, amiga Elisa, es que no lo cree; porque momento más propio para decirlo, imposible imaginarlo.

      Quedémonos, no obstante, con lo pasmoso dicho, y recemos ahora con San Pablo y San Juan Pablo: “El Hijo de Dios me amó con una incomparable profundidad, con una intensidad de delirio que la historia ni vio antes ni verá jamás, y por ese amor, se entregó por mí” (cfr. Gál 2,20).

      Por último, según el Papa, es el ser “Dios de Dios” (por tanto, la naturaleza divina) lo que hace posible que un hombre, a pesar de ser hombre, pueda abarcar el mal de tanto pecado con un sufrimiento tan inimaginable. Él sufre solo en la naturaleza humana, pero esta, al parecer, está potenciada por la divina a través de la unión de las dos en la Persona de Cristo.

      Quisiera hacer una observación –todavía- sobre el hecho de que Jesús sufre solamente en su naturaleza humana. Tenemos claro que la divina es impasible porque es inmutable. Pero no hemos caído en cuenta de otra cosica: Jesús, Redentor del hombre, redime al hombre ante Dios, y para eso se hace Hombre. Es Dios para el hombre por su naturaleza divina, y Hombre para Dios por la humana. Y se ha encarnado porque había que redimir; porque el que “debía” redimir era el hombre y no podía, y porque Dios no “debía”, pero “podía”. Solución adorable: hacer un Dios-hombre. ¿No es maravilloso?

      Pero, si hay que redimir, si hay que reparar, y si todo el pecado es del hombre, carece de todo sentido que padezca la naturaleza divina; esto nos redimiría tanto como el hecho de que una bombilla se fundiera.

      ¿Pudo ser de otro modo? Posiblemente. Pero la teología explora las realidades divinas no según pudieron ser, sino según han sido. Es decir, después del designio originario de Dios, y no antes; de lo contrario, serían posibles todas las teologías, y válida ninguna.

      8. Sobre lo del famoso “punto 9): “Es histórico, y no es teológico. Pero ¿qué es? Ya sé, no todo está dicho”. Yo quizá dije algo parecido a que en la Iglesia hay cosas que son “vox populi”, pero sobre las que aún no se ha sentado doctrina. Perdono el embrollo, pero tengo que puntualizar:

      a) No es que se haya o no sentado doctrina, como se sienta jurisprudencia en los juzgados, que luego se administra en un “Aranzadi” ante el que todos los abogados deben hacer genuflexión. Es que en la Iglesia las creencias tienen grados; y no por no estar en el rango supremo deja algo de ser verdad. Y así, hay verdades “de fe divina” (por ejemplo, la Eucaristía, tan indudablemente instituida por Jesús), otras “de fe católica”, otras “de fe divina y católica”, opiniones teológicas, creencias o increencias en apariciones, etc. Es verdad, eso sí, que un dogma “sienta doctrina”; pero no hace falta una declaración dogmática para todo, o para que estemos seguros de cada punto.

      b) El dolor de María solo puede ser teológico si es histórico; si no, no es verdad. Pero además de ser histórico, es teológico, como otros no lo son: así el dolor del pecador. ¿Y qué hace corredentor y teológico el dolor de María? Su perfecto asenso a la voluntad de Dios sobre su Hijo, sin un solo fallo entre “fiat” y “stabat”, entre la maternidad y la Cruz. Y, con el asenso, la aportación personal de lo que le correspondía como madre.

      Al pie de la Cruz, María –enseñan los Papas- consiente en la inmolación, abdica de sus derechos maternos sobre su Hijo, ofrece expresamente el Hijo, se ofrece también ella misma (y es aceptada).

      Suele tenerse de la mediación un concepto “geométrico” tradicional de muchos siglos, y del que yo dudo no poco y que tendré que estudiar. Consiste en ver al hombre pidiendo a María, a esta a Jesús y a Este al Padre. Yo veo eso como un obstáculo más para la aceptación de la mediación. En su lugar, creo que hay que entenderla como “comunidad de intención”: Dios y María siempre querrán lo mismo; lo que te he descrito de la corredención lo deja ver.

      9. ¡Que me pusiste “Carabajal”, y por arte de birlibirloque he descubierto que son “Los Carabajales”!

      10. Mi hermano me ha colocado una bombona de butano encima de la taza del inodoro.

      Majagranzas

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  11. 15 abril 2015 4:41

    EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA PERDIDÍSIMA

    Bueno, letradísima tambien está perdidísima.

    Hagamos un recuento de lo que tenemos hasta ahora, tomando tu apostilla anterior de abajo hacia arriba, intercalando otras cosas. ¿Por qué al revés? Porque soy mujer y complicada. ¡Aguántese!

    1- Queda firmemente asentado un acuerdo: la unión estrechísima entre el amor, la obediencia y el sufrimiento en la Redención y la corredención. (Majagranzas, 11/04).

    ¿Esto hace que los tres elementos sean constitutivos de la corredención? De la Redención ya lo sabemos.

    2- “En unión con Cristo y subordinada a Él, cooperó para obtener la gracia de la salvación a toda la humanidad” (Benedicto XVI; lo cito yo en apostilla del 06/04, pero no encuentro dónde lo mencionás vos primero).

    Reafirmando el punto uno.

    3- El dolor de María se convierte en teológico por su perfecto asenso a la voluntad de Dios sobre su Hijo, sin un solo fallo entre fiat y stabat, entre la maternidad y la Cruz. Y, con el asenso, la aportación personal de lo que le correspondía como madre. (Miguel, apostilla anterior).

    Reafirmando el punto uno.

    4- “Tenemos claro que la divina (naturaleza) es impasible porque es inmutable” (apostilla anterior, número 7, párrafo 4).

    ¿Dios es inmutable e impasible? “Lento para enojarse” (Sl 103,8) significa que Dios se enoja, no me parece inmutable.
    Sin entrar de nuevo en la doble naturaleza de Jesús, me viene a la cabeza tambien la expulsión de los mercaderes del templo. O cuando Jesús llora por Jerusalén. Sin hablar de sentir Amor… ¿Se puede llamar a eso ser inmutable o impasible? (No me cabe duda que me estamparás la nariz con doctrina aquí, y… con Ratzinger, pero tengo que hacer la preguntonta.)

    Me baso en las definiciones de Rae.es:

    inmutable.
    (Del lat. immutabĭlis).
    1. adj. No mudable, que no puede ni se puede cambiar.
    2. adj. Que no siente o no manifiesta alteración del ánimo.

    impasible.
    (Del lat. impassibĭlis).
    1. adj. Incapaz de padecer o sentir.
    2. adj. Indiferente, imperturbable.

    5- Entendido que Jesús sufre solo en su naturaleza humana, pero me falta una cuestión aquí. Si es el mal el que provoca el sufrimiento (Salvifici Doloris de Juan Pablo II -apostilla mía de 09/04), y Jesús cargó sobre Sí todos los pecados, o sea la sumatoria del total de los pecados de los hombres desde el inicio hasta el fin de los tiempos, y si Juan Pablo dice esto:

    “Su sufrimiento tiene dimensiones humanas, tiene también una profundidad e intensidad —únicas en la historia de la humanidad— que, aun siendo humanas, pueden tener también una incomparable profundidad e intensidad de sufrimiento, en cuanto que el Hombre que sufre es en persona el mismo Hijo unigénito: ‘Dios de Dios’”;

    si, pues, traducimos la medida de los males de los hombres a la cuota equivalente de sufrimiento que todos esos males implican, ¿cómo cierra la ecuación? ¿Jesús sufrió en su divinidad una intensidad de sufrimientos equivalentes al que por justicia divina, corresponden todos los males del mundo? [Nota del Jefe Majagranzas.- Parece claro que la Letrada quiere decir algo como: “Jesús sufrió… una intensidad de sufrimiento equivalente a la que, por justicia divina, corresponde a todos los pecados del mundo?” Pero, como no estoy del todo seguro, no le enmiendo la plana.]

    Así que sus sufrimientos no fueron infinitos. Pero se me ocurre pensar que esta medida equivalente de sufrimiento implica todos los tormentos de purgatorio, por ejemplo, que corresponderían a todos los pecados veniales de los hombres, más la medida equivalente por los sufrimientos de los tormentos del infierno por los pecados mortales de todos los hombres que hayan existido en la tierra desde el inicio hasta el fin.

    Matemáticamente, no es una cifra infinita, porque la cifra de hombres no será infinita. Pero ¿cuánto dolor es esto? Me abruma. Me abruma pensar que Jesús tuviera coraje para ponerse en pie en el Huerto de los Olivos y no huir despavorido.

    6- “Teresa, así trato yo a mis amigos”. Y, con donaire, la santa respondió: “Por eso tenéis tan pocos.” ¡Me encantó!

    7- Por otro lado, has bajado sin aviso de la Redención y la corredención al tema del dolor nuestro de cada día [Nota del Jefe, que soy Yo.- Esto se lo escribiría yo por ahí arribota.]– Van ligados, sigo sin poder hablar de una cosa sin la otra. Lo siento.

    8- Don Miguel, ¿sería contravenir a la Iglesia que yo misma me empaque hoy mismo en llamar a mi Madre Corredentora y Medianera, entendiendo que Jesús es el único Mediador, pero que Ella es una parte fundamental y constitutiva de plan de salvación de los hombres?

    9- ¿Qué es una bombona de butano?

    Letradísima, en Ilustrísima Academia. [Sí, ilustre, todavía, pero hacemos aguas…- El Jefe.]

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    • 20 abril 2015 19:48

      EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

      Quiero agradecer pública y abiertamente a mi amiga Elisa la Letradísima, no solo el trabajo que se toma en este dulce coloquio –hablamos de Jesús y de María-, ya que lo que hace se lleva bastante esfuerzo y bastante tiempo; sino también ese instinto teológico suyo, que, sin haber estudiado teología, la hace proceder con un método limpio, ordenado y riguroso, tener intuiciones finísimas, y lo que más vale de todo, el amor por lo que se debate: este dulce Jesús, esta María mi Señora, y también esta Iglesia a la que tiene una fidelidad inquebrantable. Al cabo, “la teología es la búsqueda para poder conocer mejor al que se ama”: primera cita de Ratzinger que asomo, no sé si para desentumecer mi cerebrito o para que mi elogiada comience a mosquearse. Burgos, esto es España, tres y treinta y uno de la tarde, y empezamos a contestar a quien hemos elogiado, sin saber todavía si habrá muchos desacuerdos o más bien muchísimos. Hace buen tiempo, y hoy voy a oír a Brahms.

      Procederé en dos fases. Primero examinaré y contestaré lo que dice la argentinita, tal como está, y luego repasaré yo también las apostillas precedentes, porque bien pudiera ser que encontrara algo más de lo que ella ha encontrado.

      1. Ciertamente, estamos de acuerdo en “la unión estrechísima entre el amor, la obediencia y el sufrimiento en la Redención y la corredención”. Pero no en que los tres sean elementos constitutivos de la Redención. Para mí –y puedo equivocarme-, tal como, más o menos, tengo dicho, sea cual sea la relación entre los tres –y creo que el amor es el elemento originante, la obediencia, el constitutivo, y el amor, el manifestativo-, puede muy bien entenderse que el devastador sufrimiento de Jesús, siendo lo que es, sin embargo no es elemento constitutivo, y la Redención pudo haberse realizado sin sufrimiento, pero no sin amor ni sin obediencia.

      2. Esto es importante, también, para la cuestión famosa de la infinitud o finitud del sufrimiento de Cristo, aunque sé que el tema asoma la patita luego. Porque, sencillamente, dejaremos de disputar sobre si fue infinito, y nos iremos derechos a contemplar el amor, y a enamorarnos de Él como aquel Pablo que exclamaba: “Me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gá 2,20): pone el amor primero, como causa, y el dolor después, como consecuencia. O bien aquel Juan que aseguraba: “En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. Por eso también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos” (1 Jn 3,16). Y: “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Jn 4,16). Y el mismo Pablo: “En realidad, es difícil encontrar a alguien que muera por un hombre justo. Quizá alguien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios demuestra su amor hacia nosotros porque, siendo todavía pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom 5,7-8). Y el mismo Jesús es el que dice: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13), o sea, Él. Y: “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo Unigénito” (Jn 3,16).

      3. Puntualizo, y no me cansaré de repetir, que para Cristo, y así debería ser para nosotros, el amor que importa es el amor al Padre. Como lo ama, le obedece y viene a morir. Y está contada la Pasión. Ellos Dos tienen una misma voluntad y se tienen un mismo amor, que es el Espíritu Santo. Y Jesús nos ama “dentro” del mismo amor que tiene al Padre, y muere porque el Padre se lo manda/pide. No son dos amores: es un amor que se enfoca a dos amados: Él, nosotros. Y ahí están, para no dejarme mentir, las palabras de la Cena, cuando Jesús –que va a morir por nosotros- explica por qué va a morir: “Viene el príncipe de este mundo (el demonio); contra mí no puede nada, pero el mundo debe conocer que amo al Padre y que obro tal y como me ordenó” (Jn 14,30-31). ¿No está claro?: a) por amor al Padre –elemento originante-, b) le obedezco y c) me dejo pisotear por el príncipe de este mundo (dolor, Pasión, muerte). ¿No llama la atención que va a morir por nosotros y, puesto a explicarse, ni nos mencione? Sí nos menciona: estamos en la palabra “Padre”…

      4. ¿Y en la corredención? ¿Qué decirte? Sabemos todavía tan poco… Quizá son más las disputas que las certezas, más sobre la naturaleza y sobre la nomenclatura; puesto que casi todos los teólogos aceptan esa cooperación de María que no hay manera de negar, como que está en los documentos de tantos Papas y en el mismo Vaticano II. Pero es una certeza con muchas penumbras; conocemos la isla, faltan aún exploradores suficientes.

      Y yo diría que puede ser que en la corredención también el amor sea la fuente, la obediencia amorosa la substancia, y el dolor, la manifestación. Puede ser, sobre todo porque la cooperación en la redención –y nadie piense solo en la Pasión: hablamos de la Anunciación hasta la Cruz- solo es posible si es una participación en la Redención de Jesús, que se coloca junto a ella de manera analógica.

      Es decir: lo mismo que hay un solo Sacerdote, Cristo, y miles de sacerdotes que son sacerdotes EN Cristo, así María es corredentora EN el Redentor y mediadora EN el único Mediador (“porque uno solo es Dios y uno solo también el mediador entre Dios y los hombres”, 1 Tim 2,5).

      Y la analogía indica que es “en parte igual, en parte diferente”: por eso podemos asegurar la mediación sin hacer de María una Diosa-mujer Mediadora, y el sacerdocio sin hacer de los sacerdotes (con lo calvos que son) los redentores del mundo.

      En total: podría ser, por esa participación y esa analogía, que fuera correcto emplear el mismo esquema (amor-obediencia-dolor) para la corredención.

      5. ¿Dios mutable o inmutable? Premisa: hablamos del ser de Dios; hablamos de dos misterios profundísimos, de los cuales nunca tendremos seguridad, a no ser el Magisterio de la Iglesia, que para eso le pagan; es decir, que para eso es la “norma próxima de la Revelación” sin ser él mismo Revelación.

      Si Elisa ve a Jesús enfadarse o amar, eso creo que es sencillo: eso acontece en su naturaleza humana. Como las dos naturalezas están íntimamente unidas en su Persona, “sin distinción y sin confusión” (Conc. de Calcedonia), existe una comunicación entre ellas; pero cómo es esa comunicación es cosa que no sé.

      Si Elisa trae un ejemplo bíblico del Dios mutable, yo le pregunto por qué se dejó los demás seiscientos dieciocho mil. Y, sin embargo, Dios sigue siendo inmutable, porque lo ha dicho el Magisterio, que no está por encima de la Biblia, pero se la ha leído más veces que mi amiga.

      Y lo que ocurre es, en realidad, lo mismo que ahora y siempre. Necesitamos representarnos las realidades trascendentes en motivos sensibles, humanos, inteligibles. Y, por ejemplo, llenamos el infierno de llamas, lo concebimos como un lugar, pintamos al Padre anciano sabiendo que es coeterno con los Otros Dos. Y luego viene la necesidad de retraducir, de explicar los motivos válidos de una representación en parte desacorde con la realidad, ofrecer el sentido y, también, confeccionar representaciones nuevas.

      Así es como en la Biblia hay miles de manifestaciones de antropomorfismo aplicado a Dios. Así el enojo que aduces. Y, así como muchísima gente cree todavía a pies juntillas en el infierno de fuegos y tridentes, también las representaciones eran creídas. ¿Y qué hay de cierto en el enojo divino? A mi modo de ver, la llamada de atención sobre la gravedad del pecado, el aviso sobre sus consecuencias, el aviso sobre el desagrado de Dios (si no es esto también pasibilidad), y, en definitiva, la llamada a la conversión.

      Bien: ya te he estampado doctrina. Pero, como dices que tienes que hacer “la preguntonta”, sepa vuesa merced que no existen preguntas tontas, sino tontos que no preguntan.

      6. En el planteamiento de la ecuación, se demuestra, en efecto, que es un número que se va de las galaxias, y yo sostengo que una naturaleza humana, un alma humana, un cuerpo humano, no puede sufrir esto, aunque esto no sea el infinito. También hay que decir que no creo que la medida usada para decidir Dios el sufrimiento de Jesús fuese (aunque parezca lógico a alguno) la pena posmortal que a cada uno corresponde. Es otro ámbito.
      Yo digo otra vez que el sufrimiento no creo que fuera infinito. Fue en la naturaleza humana. Fue, entre otras cosas, en el cuerpo de carne y huesos, indudablemente finito. Y lo finito no es capaz de lo infinito. Se moriría en el primer instante, y ya no habría infinito, y se frustraría el plan de Dios; el cual, de haberlo planeado así –con infinito-, demostraría ser tonto; y Dios no es exactamente muy tonto.

      Pero aquí cumple su misión lo que yo digo del sufrimiento como elemento meramente (aunque no sea poco) manifestativo del amor, y la obediencia por amor u obediencia-amor (inseparables) como elemento constitutivo de la Redención. Me explico: íbamos al “Via Crucis” (que es una excelente devoción) a buscar un amor infinito, y volvimos desencantados, porque creímos haber visto que se nos amaba con medida; ya que vimos un sufrimiento finito. Y teníamos razón. Pero, llegados a casa, abrimos un periódico y leímos que… ¡Benedicto XVI! nos decía que la Pasión no era el sufrimiento, la sangre y las espinas por sí mismos, sino que el sufrimiento, la sangre y las espinas estaban para indicarnos un amor capaz de llegar al sufrimiento, a la sangre, a las espinas (aproximadamente).

      Y entonces, ese amor hecho obediencia es el núcleo de la Pasión. Y yo digo, pues, que la Pasión de Cristo es la Pasión del Corazón de Cristo. Y digo –suele decirse- que, en su Corazón, Dios, Cristo, nos aman divinamente con un Corazón humano. Y no lo sé, pero creo que el amor –en la Pasión- sí puede ser atribuido a las dos naturalezas, y eso sí es infinito. Sea como sea, no necesitamos grandes teologías para saber que Jesús nos amaba infinitamente. Y digo de paso que, con el amor que puso en el peor momento de la Pasión, con ese mismo amor nos ama ahora mismísimo. A cada uno, yo creo que sin dejarse a Satanás.

      Queda salvada la Pasión. Lo que cuenta es Quién la sufre y con qué amor la sufre.

      7. Me encanta que, por el mecanismo psicológico o intelectual que sea, no puedas separar el dolor de Cristo del dolor humano. Te invito a que leas una homilía de Mons. Santiago Agrelo que publiqué, en la que se dice un poco lo que tú dices: “Ya no podrás hablar del Hijo de Dios sin hablar de ti, pues Él no quiso volver al Padre sin llevarte consigo”. Es una joya:

      https://soycurayhablodejesucristo.wordpress.com/2014/06/15/se-te-ha-dado-volver-con-el-hijo-a-la-eterna-fuente-de-la-que-el-ha-nacido-solemnidad-de-la-santisima-trinidad/

      8. A la pregunta de tu número 8, en primer lugar, pongo una condición: que entiendas esa mediación quizá como constitutiva, como dices, pero nunca necesaria; o, mejor dicho, Dios necesita de María porque quiere necesitar. Y te comunico mi opinión de que esto es mucho más honroso para María. Porque si yo canto muy bien y me invitan a la catedral a cantar en una fiesta, me sentiré honrado porque canto bien. Pero si me invitan porque sí y porque quieren gozar de mi compañía, y que participe ocupándome del sonido para que esté ahí con ellos, eso es muchísimo más honroso y me da mucha más alegría. No me usan: me quieren.

      Quizá te he liado. Si es así, quédate con este dato: Dios no necesita a María ni a nadie. Tampoco en la corredención.

      Luego, “empacarse”, obstinarse, contra la Iglesia, siempre es malo. Pero tú manifiestas que no quieres contravenir sus disposiciones, y encima preguntas. No puede haber disposición más excelente, y no la llames “empacarse”.

      Y, por fin, no sé cómo puedes dudar. No sé cómo puedes creer todavía que eso pueda ser una rebeldía. Casi todo el mundo en la Iglesia cree en María mediadora o medianera, y en María corredentora; algunos que saben más rechazan el término “corredentora” y usan otro, pero estoy firmemente convencido de que el mismo… ¡Ratzinger! tiene devoción a María corredentora, llámela como la llame (que ya me enteraré).

      Parece que no ves una cosa, a saber: que una creencia puede ser totalmente común en la Iglesia sin que sea dogma. Todos creemos en los ángeles custodios. ¿Por qué no se promulga ese dogma? Porque no hace falta.

      9. Una bombona de butano es un adminículo empleado para sellar un inodoro, de modo y manera que un hermano cura no pueda ejecutar en él las funciones de grato alivio a que comúnmente se destina.

      Y con esto y mis cortesías, y con el permiso de vuecelencia, me retiro, señora, a mis aposentos privados. Taluego.

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      • 21 abril 2015 20:21

        EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

        Oh… Bello, bello Brahms, casi puedo escucharlo.

        Miguel, gracias por tu generosidad. No me avergüences con elogios que no merezco. Aunque creo que te has formado una mala opinión de mí, yo también amo a Ratzinger. Ya me desquitaré cuando lo lea como se merece.

        1.- Entonces, tratando de ser ordenada:

        Los tres elementos, amor-obediencia-dolor, en estrecha unión, pero en duda si los tres como elementos constitutivos. Al parecer, no, y yo estoy de acuerdo en eso.

        2.- Es verdad, hablemos de Amor, que Jesús es hermoso. Y aquí tambien hay tela para rato.

        3.- Fundirme en el corazón mismo de Dios y de Jesús ¡es lo más! Verlo así, tan prolija y teológicamente escrito, que definitivamente “estoy” en el amor de Jesús, y en el Padre, me ha pagado de todos los avatares de este día.

        4.- Qué feliz acierto el de utilizar la palabra analogía. ¡Soy feliz…! Me parece que le da un marco brillante a la corredención y mediación de María.

        A ver…

        Analógicamente a la inmolación del Hijo, victima inocente, y por amor, María, la amada María, víctima inocente también (Inmaculada), inmola su amor de Madre, le entrega al Padre su vida y hasta su maternidad, la maternidad de un Dios, pues no rehúsa darle su Hijo, que es del Padre. Vean a María: sin tener doble naturaleza, una mujer meramente humana, también da el ejemplo, y nos demuestra con su propia inmolación cuál es el camino, la verdad y la vida. Caminando al lado de Jesús hacia el árbol de la vida, que es la cruz, puede padecer tan intensamente por amor al Padre, y por amor a las almas en perfecta obediencia”.

        ¿Algo así?

        Dios es inmutable, pero seguro se derretiría de amor por ella viendo que era capaz de darle “completamente” el amor que todos le mezquinamos.

        ¿Sería lógico pensar que sí era necesaria una humana al pie de la cruz en el plan de salvación, para que quede demostrado que no solo un Hombre-Dios, sino que todos podemos llegar hasta el Calvario, e incluso inmolarnos por amor a Dios y a los hombres? Porque si Jesús hubiera quedado solo en su sacrificio, era muy factible el comentario “ah, pero Jesús era Dios. Así cualquiera”. En cambio, ahora no tenemos excusas. Pudo Él, pudo ella, podemos todos.

        7.- Y aquí viene la sorpresa. He leído el enlace que dejaste de Mns. Agrelo. Y… creo que no estamos alumbrando con la linternita apropiada la cuestión de la corredención. Transcribo:

        “No se entra en el misterio de Dios por la fuerza de la deducción lógica, sino por la gracia del encuentro amoroso. Sólo el amor abre el cielo para que oigas y veas, para que conozcas y creas, para que gustes y ames”.

        ¿Significa que todas nuestras conclusiones lógicas pudieran ser erróneas?

        8-Entendido

        Letradísima (sonrojada)

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      • 22 abril 2015 23:17

        EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

        1. Y entonces te darás cuenta de que no había motivo para esperar, de que leyéndole serás presa, con frecuencia, de arrebatos de sublimidad; ahora, si has leído poco o por encima, no puedes darte cuenta del todo.

        2. Yo estoy seguro de eso. El dolor no es constitutivo, ni fue necesario para estrictamente redimirnos; solo que había que hacernos, además, la gran declaración de amor.

        3. Pues fíjate en que a mí me gustaría pero mucho de mucho que me pasaras para el blog un artículo sobre Jesús hermoso. Y cortas la tela. No me digas que no… Pero ya, cualquier comunicación sobre esto, por c. e.

        4. La teología se hace de rodillas. No tengo duda de lo que dice Agrelo, entre otras cosas, porque, si para llegar a Dios fuese necesaria la teología, sería imposible para casi todos. Y he visto buena cantidad de teólogos menos que mediocres como cristianos.

        Pero ¿qué será que la teología pone alborozo en tu corazón tras las malaventuras de un día acerbo? La mejor respuesta es la de San Pío de Pietrelcina (creo que es suya): “A Dios, se lo busca leyendo, y se lo encuentra orando”. Y hoy has hecho ambas cosas.

        “Fides non cogitata non est fides”, reza un aforismo medieval: “Una fe no pensada no es fe”. Y yo siempre he dicho que cada hombre lleva dentro un filósofo, y cada cristiano, un teólogo. Dios no pide a todos lo mismo, y hay quien pueden ser casi nulamente teólogos. Pero no tiene ningún sentido pensar que los misterios de la fe puedan vivirse sin conocerse en sus líneas fundamentales al menos; o bien la gracia suple.

        Pero yo necesito imperativamente saber –en la medida en que se puede, en la medida de mi capacidad- qué estoy haciendo cuando estoy consagrando el Pan. Yo necesito saber si tal acción es moralmente válida. Yo necesito saber cómo va la cosa, difícil de entender, del infierno.

        Yo necesito como el agua que bebo saber qué es eso de la Redención, que me liberta (¿por qué?) del demonio, del pecado y de la muerte; saber cómo puede agradar a Dios que su Hijo muera, y, antes, si le agrada o no; qué valor tiene el sufrimiento (o borramos, oh Elisa, las apostillas anteriores, treinta y tantas); yo necesito saber el valor de la Resurrección en su relación con la Cruz (o sea, para qué fue resucitado Jesús).

        Yo necesito saber todo lo que estoy estudiando sobre la mediación y corredención marianas, y sabré, de esa manera, por qué extraña razón puedo decir “Ave, María”.

        Y, en fin, estampas primero la respuesta y luego la pregunta cuando dices: “Verlo así, tan prolija y teológicamente escrito, que definitivamente ‘estoy’ en el amor de Jesús, y en el Padre, me ha pagado de todos los avatares de este día.”

        5. A mí me parece mucho más fecundo el principio de “participación” que el de “analogía” para la mediación (corredención e intercesión celestial). Pero, pues que te entusiasma a ti el otro, te cuento:

        “Todo el desarrollo teológico se basa en la utilización analógica de la doctrina tomista sobre Cristo mediador. Así como la mediación de Cristo es principal, independiente, por sí misma suficiente y absolutamente necesaria, la mediación de María es secundaria, dependiente (es decir, subordinada a la de Cristo), no autosuficiente (pues su valor procede de la de su Hijo) e hipotéticamente necesaria (o sea, necesaria exclusivamente por un libre designio divino)” (Juan Luis Bastero de Eleizalde, “Virgen singular”, Rialp, Madrid 2001, 238-239).

        Esto nos dice más cosas –con perdón- que la descripción que tú haces. Ahora bien, yo le reprocho al señor Bastero: si analogía es ser “en parte igual y en parte diferente”, no debió usted dar por supuestos los elementos comunes.

        Sí, señora, hay que hacer un esfuerzo para no predicar desde los ambones que Dios se enamora más de María a cada día que pasa…

        6. No creo que la razón de la necesidad de la Señora al pie de la Cruz sea esa. Porque, justamente, no creo que, como tú dices, “podamos todos”. Y es cosa que podrá sorprender, pero verás. Tú pones la meta más alta y la exiges a todos porque María pudo. Pero, lo mismo que sin María en el Calvario estaríamos tentados de decir: “Siendo Dios, cualquiera”, con María podríamos decir: “Siendo llena de gracia, cualquiera”.

        Por otra parte, no parece justo poner igual meta para todos. Porque unos arrancan de mucho más atrás que otros. Tú y yo, sin ir más lejos, somos católicos, tenemos la plenitud de la verdad, tenemos el Espíritu Santo, tenemos los sacramentos, tenemos a la propia María, etc. ¿Se nos exigirá lo mismo que al que no tiene la fe, y quiero decir inculpablemente?

        Justicia es tratar desigualmente a personas desiguales. Tratar a todos por igual es generalmente una injusticia. Y como Dios lo sabe, no pone a todos la misma meta. Y al que dio dos denarios, dos denarios le pide; y al que cinco, cinco, y al que diez, diez; lo que no admite es cruzarse de brazos (cfr. Mt 25,14-30). Quizás a una viejuca de los pueblos que yo tuve le pedía tres avemarías y perdonar a medias a la vecina; a mí, más, porque he recibido mucho más. Y, si es cierto que siempre quiere el diez, Él, que “sí” es justo, y no igualitario, adapta el baremo.

        San Luis María Grignion de Montfort lo ha dicho claro:

        “Dios… no da a todos el mismo grado de gracia, aunque da a cada uno la suficiente. El alma fiel con mucha gracia hace grandes cosas, y con poca gracia, pequeñas… Estos principios son incontestables” (“El secreto de María”, 5).

        ¿Y qué decir entonces del “sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48)? Eso tiene muchas respuestas, pero partimos del acuerdo en que no podemos cumplirlo. Quizá Jesús esté aludiendo a una aspiración que debemos alimentar, diciéndonos aquello de: “Si quieres mantener tu surco derecho, ata tu arado a una estrella” (M. Hebrard). Quizá el secreto esté en el “como”, que en griego puede tener varios significados, no solo el de intensidad, sino también el de motivo (“porque vuestro Padre…”) o el de modo (y si queremos saber el modo de ser santo Dios, nos ayudará ir al paralelo en Lc, y maravillarnos al ver que dice: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso”, 6,36).

        7. En teología, la compasión de María y el ver morir a su Hijo se entiende que es el punto culminante de su corredención, que empezó en el “fiat” y se consuma en el “stabat” (“’estaban’ junto a la cruz de Jesús su madre y…”, Jn 19,25). Unos autores entienden que era necesaria esa presencia para la corredención, otros que no. Yo creo que, si hemos de aplicar la invocada ley de analogía, la participación en la Pasión y Cruz es tan necesaria para la corredención como las mismas Pasión y Cruz lo son para la Redención. No de suyo, porque Dios pudo redimirnos de cualquier otra manera –menos dejando el pecado donde estaba-, sino “después” de una determinación divina.

        Y si María tenía que ser nuestra corredentora, no podía culminar la corredención de otro modo que al modo del Redentor, es decir, debía participar (decíamos) en la muerte redentora como, Elisa, tan bien dices. Debía sufrir y amar su sufrimiento y donarlo por nosotros, y sufrir el cambio doloroso del Hijo Amado por los amados hijos. De este modo, con sufrimiento y con aceptación amorosa de este (dos elementos necesarios), María “cooperó en forma enteramente impar” (Vaticano II, “Lumen gentium”, 61) a la Redención. Y esta es la razón por la que la tenemos en el Calvario.

        Ahora bien, ¿qué necesidad había de una corredentora? ¿Es que no bastaba con el Verbo encarnado y muriente, el que “no tomó la muerte a causa de la vida, sino la vida a causa de la muerte” (como dice un santo)?

        a) Quiso Dios que el hombre cooperase a su propia Redención. Parece como si obedeciese a aquel Agustín que escribió para cada hombre singular: “Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Todos podemos y debemos ser corredentores: “completo, dice San Pablo, en mi carne lo que falta a la pasión de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1,24); todos debemos aspirar a ser San Juan que acompaña a María. Lo seremos de modo especial en el dolor, pero también en cualquier acción con que agrademos a Dios. (Pero no se despisten: Cristo sangra; y mucho, muchísimo tiene la sangre cuando la bendicen; sufrir, y sufrir bien, es el mayor apostolado y, después del sacerdocio, la consagración más gloriosa, o así lo entiendo yo.)

        No obstante, la corredención de María es distinta, y no solo por ser más intensa y más santa, sino también cualitativamente. María “es otra historia”. Y lo que tiene de distinto y privativo (la “forma enteramente impar” que dice el Concilio) es que es una corredención materna y que solo ella, además de ser madre, corredimió en el momento mismo de la Redención.

        De este modo, investida de una función tan singular, María posee –y aquí quería yo llegar- una “personalidad corporativa”. Es este un concepto difícil para nosotros, no para la mentalidad hebrea, pero puedes acordarte, por ejemplo, de las palabras de San Pablo -¡hoy lo cito más que a Ratzinger!- según las cuales “en Adán pecamos todos”, y por eso les resultaba obvio que los descendientes naciesen con ese pecado, cosa que nos parece a nosotros injusta, y que será bueno algún día tratar por aquí.

        Personalidad corporativa es la que representa a todos en un sentido teológico. Tienen personalidad corporativa, al menos, Adán, Eva, Jesús y María, y puede que también Abrahán, Moisés, David y otros. Y ahí, en la cumbre del Calvario, está Jesús, que ha asumido todo el pecado de la historia, y hace de él “expiación vicaria” (o sea, “en vez” de nosotros) y voluntaria (por tanto, sin asomo de castigo); y con Él, la invariable compañera, su madre. ¿Por qué decimos que en ella se encuentra también la personalidad corporativa? Veamos.

        b) Las palabras antes aludidas dicen, más por extenso: “Así como por medio de un solo hombre entró el pecado en el mundo, y a través del pecado la muerte, y de esta forma la muerte llegó a todos los hombres, porque todos pecaron…” (Rom 5,12). Cristo es el Nuevo Adán que nos devuelve lo que Adán nos quitó; y más, ya que “el don no es como la caída; porque, si por la caída de uno solo murieron todos, cuánto más la gracia de Dios y el don que se da en la gracia de un solo hombre, Jesucristo, sobreabundó para todos” (Rom 5,15).

        Pero en el pecado, con Adán, estaba Eva. Y San Ireneo, en el s. I o II, hace un planteamiento soberbio de la Redención. Para él, el nudo atado por la desobediencia de los primeros padres no podía ser desatado de cualquier f0rma (se entiende que en el designio divino; porque, en términos absolutos, Dios nos redime moviendo un dedo si así llega a querer): sino que es necesario hacer con la cuerda los mismos movimientos en dirección contraria.

        Y cuando la caída hubo un árbol, hubo un hombre y hubo una mujer. Para la restauración (fue mucho más que restauración, nos ha dicho S. Pablo), hubo de haber, y ahí estuvieron, un Hombre, una mujer y el árbol de la Cruz. Y dice Ireneo: “el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María”; “obedeciendo fue causa de su salvación propia y de la de todo el género humano”; “por eso no pocos Padres antiguos, en su predicación, gustosamente afirman con él: ‘El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María: lo que ató la virgen Eva por la incredulidad, la Virgen María lo desató por la fe’ ; y comparándola con Eva, llaman a María ‘Madre de los vivientes’, y afirman con mucha frecuencia: ‘La muerte vino por Eva, por María la vida’” (“Lumen gentium”, 56). Nótese, de paso, cómo la obediencia ha vuelto a hacernos aparición.

        Así pues, como dice otro santo, Eva es aquella madre que nos dio la muerte antes de darnos la vida; pero en su lugar tenemos, con el nuevo Adán en el nuevo Árbol, a la nueva Eva. Y hay que notar que, con la Redención –y, al pie, la corredención-, no fuimos solamente restaurados: “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”, y estamos mucho mejor que estaban Adán y Eva antes del pecado. Abundamos en bienes sobrenaturales incontables. También nos quedan los restos de la caída, el hambre, los terrores, la inclinación al pecado. Pero recuerda siempre, Elisa, que en el momento más solemne de la liturgia, la Vigilia Pascual, la Iglesia llega al extremo increíble de bendecir el pecado: “¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!” Y es que el Redentor es más grande que el pecado; que aquella mole que te enfrascaste en calcular el otro día, y que se iba de las galaxias.

        Y por lo mismo puede decir San Bernardo:

        “Muchísimo daño nos ocasionaron -amadísimos hermanos- un hombre y una mujer, pero -a Dios gracias- por otro hombre y por otra mujer, todo quedó igualmente restaurado y con gran cúmulo de privilegios, por cuanto no hay proporción entre el don y el delito, sino que la magnitud del beneficio excede con mucho al daño ocasionado […]. El prudentísimo artífice no quebrantó el vaso hendido, sino más bien prefirió rehacerlo de nuevo, esto es, plasmando un nuevo Adán del viejo, al par que transformando a Eva en María” (Sermón en el domingo infraoctava de la Asunción, 1).

        Recapitulando: la personalidad corporativa la vemos cuando entendemos que, “en Adán pecamos todos” y que “en Cristo todos fuimos justificados”; y, aunque no se diga, si hubo Eva, hubo de haber María; su presencia no es -gratuita. Y los dos nos representan a todos, cada uno en su grado y lugar.

        c) Existe, casi con seguridad, una tercera razón para la presencia de María y su asociación al Redentor. Y es que este segundo ser humano, este segundo representante nuestro, sea una mujer. En la corredención, en la inmaculada concepción, en la virginidad, en la maternidad divina sobre todo, en los demás títulos y privilegios de María, resplandece la belleza espiritual de la mujer, y Dios le muestra al mundo cómo, lejos de despreciar a la mujer –cosa tan común en esa sociedad y en tantas de hoy mismo-, la coloca exactamente en el puesto más alto. De nuevo cito a ese genio de San Bernardo:

        “¿Y con qué fin hizo [Dios] esto? Quizá para que Eva pudiera justificarse por medio de su Hija, y cesara ya la queja del hombre contra la mujer. No digas ya en adelante, oh Adán: La mujer que me disteis por compañera me dio del fruto de aquel árbol, y lo comí [Gén 3, 12]: di más bien: La mujer que me disteis me ha alimentado con un fruto bendito [Cristo]” (“Sermo de aquaeductu”).

        En fin, por todas partes le sobra razón a Diego de San Pedro cuando en el s. XV escribe en la “Cárcel de amor”:

        “No ay pecado más abominable ni más grave de perdonar que el desconocimiento [ingratitud]; ¿pues quál lo puede ser mayor que desconocer el bien que por Nuestra Señora nos vino y nos viene? Ella nos libró de pena y nos hizo merecer la gloria; […] por ella, que fue muger, merecen todas las otras corona de alabança.”

        8. Sonrojada ¿por lo de la bombona y el inodoro, querés desir?

        Majagranzas

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      • 26 abril 2015 15:35

        Debéis dar un vistazo a un sermón preciosísimo de San Efrén, que he publicado, sobre todo, por la mucha relaciòn que tiene con algunos asuntos que vamos tratando:

        https://soycurayhablodejesucristo.wordpress.com/2015/04/26/la-cruz-de-cristo-salvacion-del-genero-humano/

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      • 29 abril 2015 10:26

        EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

        [En ilustrísima academia, esta apostilla es una glosa de la del 20 de abril, en su punto 3. Las apostillas no siempre caen donde yo quiero.]

        Quisiera copiar unas palabras de S. Gregorio Magno que están en la Liturgia de las Horas del Domingo IV de Pascua, las cuales me parece que dicen exactamente lo mismo que yo. Reconozco que no son necesarias, vista la fuerte evidencia del versículo “él no puede nada contra mí, pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y hago lo que Él me manda”. Pero dicen así:

        “Por ello dice también el Señor en el texto que comentamos: “Igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre, yo doy mi vida por las ovejas”. Como si dijera claramente : “La prueba de que conozco al Padre y el Padre me conoce a mí está en que entrego mi vida por mis ovejas; es decir: en la caridad con que muero por mis ovejas, pongo de manifiesto mi amor por el Padre.”

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      • 3 mayo 2015 5:40

        ¡Recién lo veo!

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  12. 26 abril 2015 3:30

    EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

    Muy buenas, jefe. He vuelto. Un poco agrisada por la ceniza volcánica. Esperemos que no opaque el entendimiento.

    Todo sí, todo sí, todo sí, hasta punto 6. Porque creo que “todos podemos”. Cada cual podrá en la medida de cruz que Dios le ponga, porque si no, estamos diciendo que para algunos el Señor nos lo pone mas difícil que a otros arbitrariamente, y no es así. Creo que el Señor, que conoce los corazones, sabe quién soporta más y quién menos, pero todos debemos “poder llegar” a la realización del amor en la cruz para entrar al cielo, de nuevo, cada cual en la medida que Dios disponga. Imagino que tendrá que ver con la misión especifica que Dios nos ha dado en nuestro paso por este mundo. Por eso algunos más que otros. Digo.

    Con respecto al punto 7, Dios pudo habernos redimido de cualquier otra manera como decís. Pero eligió esta, imagino que aplicando siempre el criterio de “todo lo hago perfecto”. Y si eligió este modo, es que era lo mejor. No puede esperarse menos de Dios, que no escatima esfuerzos por rescatarnos.

    Bien. Ahora comunico a todo el público lector, jefe incluido, que me he convertido oficialmente en bruta consagrada. Finalmente entré en rae.es y busque la definición de ‘corporativo/a’, porque yo decía: “¡qué feo queda un termino empresarial en la teología, mucho más en la teología mariana!”. A decir:

    corporativo, va.
    (Del lat. corporatīvus).
    1. adj. Perteneciente o relativo a una corporación.

    Luego:

    corporación.
    (Del ingl. corporation, y este del lat. corporatĭo, -ōnis).
    1. f. Organización compuesta por personas que, como miembros de ella, la gobiernan.
    2. f. Empresa, normalmente de grandes dimensiones, en especial si agrupa a otras menores.

    Finalmente he entendido lo que tratas de decir en las no sé cuantas apostillas que llevamos. Perdón…

    8- ¡Ja, ja. ja! ¡Nooo! ¡Es por los elogios!

    Letradísima,
    con título honorífico de analfabestia.

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    • 29 abril 2015 12:38

      EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

      Que no vale eso. Que si tenés un volcán dando la murga, no hay que aludirlo: hay que contarlo. Lo esperamos…, subjefa.

      Creyendo que me llevas la contraria, dices lo mismo que yo con distintas palabras. Tu tesis es que la presencia de María al pie de la Cruz pudo ser debida al deseo de Dios de evidenciar que “todos podemos llegar hasta el Calvario” (21 de abril, n.º 6). Te niego esa premisa, argumentando que eso no puede demostrarse porque no es verdad: no todos podemos llegar hasta el Calvario. Supongo que la raíz del desacuerdo –más ficticio que real, como mostraré- es el significado que para una y otro tiene eso de “llegar hasta el Calvario”; luego vuelvo.

      Porque, por lo demás, la volcánica Elisa, para llevarme la contraria, dice lo mismo que yo y no se ha dado cuenta. Yo pongo al servicio de mi tesis (no todos podemos llegar hasta el Calvario) los siguientes asertos (todo en 21 de abril, n.º 6):

      a) Tu razonamiento es inválido porque “lo mismo que sin María en el Calvario estaríamos tentados de decir: “Siendo Dios, cualquiera”, con María podríamos decir: “Siendo llena de gracia, cualquiera”. Y a esto, no me contestas.

      b) “No parece justo poner igual meta para todos. Porque unos arrancan de mucho más atrás que otros (…). Justicia es tratar desigualmente a personas desiguales. Tratar a todos por igual es generalmente una injusticia.”

      c) Un argumento bíblico, el de la parábola de los talentos (Mt 25,14-30).

      d) Por aplicar esa justicia de los desiguales, “Él, que ‘sí’ es justo, y no igualitario, adapta el baremo”. Y esto creo que es importantísimo que lo entienda tanta gente que ve en la iglesia santos extraños de treinta y cinco siglos atrás, el uno vestido de cosa rara, el otro azotándose las carnes, el de más allá en éxtasis ante una visión. Estos santos –que no podemos quitar- forman parte de una concepción de la vida de santidad que hay necesidad acuciante de modernizar (y no quito los azotes ni el rapto místico).

      Los santos del siglo XXI tienen que ser, en su mayoría –porque eso son la mayoría de cristianos- padres y madres de familia, carniceros, fabricantes, funcionarios, cantantes de fama, actores de cine (ahí tenemos, en primera línea, a Eduardo Verástegui, Mel Gibson y algunos más que habrá), poetas, políticos, científicos, y también, por supuesto, sacerdotes y religiosos. Pero la clave de esto es que los laicos entiendan bien que –como decía San Josemaría Escrivá- Dios no se ha olvidado de ellos, que todos tenemos vocación a la santidad desde el día del bautizo.

      Hablo a las señoras mayores de los pueblos de santidad –y es un ejemplo entre miles-, y percibo que no pueden evitar la sensación de que la santidad es para otros, es imposible o demasiado difícil, está muy lejana, ¡es otro planeta! inalcanzable para ellas…, y ni se lo proponen; porque ellas no pueden ser como San Benito. Lo máximo que puedo hacer es hablarles de San Isidro labrador, porque son pueblos labrantines, y este santo era como ellos: estaba casado (y también su esposa está canonizada) y labraba las tierras. En él les puedo demostrar más que en el San Benito de enfrente.

      Quede claro: Dios “adapta el baremo”. A una persona muy formada y que se encuentra en un ambiente muy favorable, le pide el diez para ponerle un diez. A las señoras de mis viejos pueblos, para ponerles un diez, les pide quizás un cinco. A los chavalitos de ahora, a los que no se les enseña una palabra de religión, quizá les baste con ser leal a sus amigos, y tienen el diez.

      Esto es un breve articulejo que publiqué sobre este tema. Me gustaría que os fijarais en la ilustración que puse:

      https://soycurayhablodejesucristo.wordpress.com/2013/11/02/santo-yo-como-has-dicho/

      Los dos de la ilustración perfectamente pueden estar santificándose.

      e) Doy un argumento de autoridad, a saber, la cita de un santo que ha estado a punto de ser proclamado doctor de la Iglesia; no me la contestas.

      f) A unas palabras de nuestro Señor que parecen derrumbar todo mi canto, les doy una explicación (no inventada), según la cual no exigen lo que parece a simple vista; no me contestas, Elisa, domadora de trece volcanes; no me contestas.

      Estos son mis argumentos. ¿Cuáles son los de Elisa? Los mismos, poco más o menos:

      – “Cada cual podrá en la medida de cruz que Dios le ponga, porque si no, estamos diciendo que para algunos el Señor nos lo pone más difícil que a otros arbitrariamente, y no es así.” La medida de la cruz adaptable según sujetos es lo que yo llamo “el baremo”, ¿no está claro? Y, con arreglo a esa medida (cruces grandes para los fuertes, cruces pequeñas para los pequeños), el Señor nos lo pone, sin duda, más difícil a unos que a otros…, pero no arbitrariamente: porque la regla de la justicia no es el igualitarismo, sino tratar desigualmente a personas que son desiguales.

      (Digamos de paso que no acaba de gustarme este idioma en el cual santidad es sinónimo de cruz. Nadie puede negar la presencia y la importancia excelsa de la cruz en la vida del cristiano. Pero es una concepción que no acaba de olerme bien. Es coger el rábano por la hoja amarga. ¿No podríamos hablar de la santidad en términos de amor a Dios, de imitación de Cristo, de caridad, de dulzura, de alegría, de fraternidad? Es buen ejemplo de lo que decía antes: hablamos de la santidad en términos que asustan, y quien se asusta se va corriendo a los volcanes.)

      – “Creo que el Señor, que conoce los corazones, sabe quién soporta más y quién menos, pero todos debemos ‘poder llegar’ a la realización del amor en la cruz para entrar al cielo, de nuevo, cada cual en la medida que Dios disponga. Imagino que tendrá que ver con la misión específica que Dios nos ha dado en nuestro paso por este mundo. Por eso algunos más que otros.”

      Exactamente lo mismo que había dicho yo, con la hipótesis, probable, de que el criterio pueda ser la vocación.

      En la sospecha de que el sorprendente desacuerdo que en todo está de acuerdo se deba a una cuestión de palabras, especifico que la manzana de la discordia parece ser lo de “subir al Calvario” como vocación del cristiano. Y aclaro que, o bien cada cristiano tiene su calvario en la medida de sus posibilidades, etc., o bien Dios, que llama a todos a subir al Calvario, no pide a todos que lleguen a la cumbre, sino que unos quedarán a medias, otros en la falda, otros a punto de llegar y otros lejos, pero –el Señor lo pide, el Señor lo manda- siempre en camino. No sé si he aclarado mucho, pero, en cualquier caso, espero que Elisa suba al monte Calvario, sin equivocarse y subir a los volcanes. Se caería en el cráter, y tampoco es eso.

      Todavía, a la volcánica analfabestia, debo decirle que “personalidad corporativa” es un término técnico cuyo significado no encaja con las definiciones que das; supongo que tú piensas en la Iglesia, pero, ni la Iglesia encaja en esas definiciones (en ella, no todos gobernamos, y además, no es una empresa), ni el término hace referencia a la Iglesia, como que se aplica, nada más y nada más, al padresito Adán y la madresita Eva. Lo tienes explicado por ahí arriba, que ahora me da pereza levantar el cuello para buscar. He dicho.

      Majagranzas

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      • 29 abril 2015 18:57

        Subjefa. ¡Juá! Menos mal que la Iglesia no se sostiene con columnas “tan importantes” como la de esta subjefa. ¿A dónde iríamos a parar? Menos mal que contamos con el Espíritu Santo.

        Lo del volcán Calbuco, en el sur chileno, fue tremendo, aunque precioso. Unas fotografías muy bellas del volcán, que entró en erupción dos veces la semana pasada. Pero fotos muy tristes de los poblados que durante dos dias no vieron la luz del sol. Y donde 40 cmts de ceniza estropearon mucho. Es una zona que vive del turismo principalmente. Y ya venía esa zona desde hacía dos meses con incendios muy severos. No quiero ni pensar en las pérdidas que habrá tenido esta pobre gente. El volcán es chileno, aunque afecta directamente a una de las zonas mas bellas de la Argentina. Todavía no cesa la actividad. Se esperaba un tercer estallido. Aunque ya creo que han retirado la alerta roja.

        Bien, volviendo a los acuerdos en desacuerdos. Ajustemos las cuerdas:

        a) Haces mal en creer que te llevo la contraria, no me gustan las competiciones, eso es infantil. Me gustan los acuerdos que salen de charlas muy amistosas, aunque la subjefa sea dura de entendederas. Por lo que te verás obligado conmigo a romperte la cabeza para hacerme entender.

        b) Como diría mi amada Teresa, “no sé como acertar a explicarme”.

        c) Corres con ventaja lingüística. Lo cual es bellísimo. Porque aprendo.

        d) Como ya dije por allí arriba, tampoco torceré el cuello por buscar dónde, no seré tan necia de discutir con los que saben.
        Dejando un momento la teología, digo lo que creo, sin embargo durante toda mi vida lo que he creído siempre estuvo de cabezas, por lo que confío en mí muy poco. Será que he tenido padre y madre valientes, que me enseñaron a ser dura y fuerte, y como yo puedo, creo que todos pueden. Justamente una de las áreas donde más le cuesta a Jesús conmigo es esta. Es que no me rindo. Será que lo digo para tenerme en pie. Y es que el Señor no me quiere en pie. En la debilidad se glorifica el Señor. Yo ya lo sé. Pero tengo esta dura lucha conmigo, que bastante infeliz me hace. Y como ves, ha vuelto a aflorar.

        Ha salido tema de sobra para mi próxima Confesión.

        e) Gracias…

        Ahora, lamento decir que que tus anteriores explicaciones sobre la cuestion corporativa no entran en mi pobre cabeza hueca. Así que ¿me lo explicas de nuevo como para bobos?

        Letradísima

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      • 2 mayo 2015 22:25

        EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

        Mira, Letrada: Lo que he dicho de la personalidad corporativa, no lo borres, pero ponlo en entredicho. Porque yo pensaba que era una adquisición segura en teología, y, hecha alguna consulta, no pasa de ser una tesis –para explicar el pecado original- entre otras existentes. Más tendré que mirar, que mi Señora cae bajo esta figura si es que es acertada.

        Majagranzas

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  13. 27 abril 2015 0:12

    Bueno, jefe, he leído a San Efrén , y una cosa lleva a la otra. De repente sentí curiosidad de ver qué opina Benedicto XVI al respecto.

    ¡Sííí! Siéntete feliz: he leído a ¡Benedicto! Y mira lo que encontré. Se te romperá la cabeza cuando veas lo que te voy a preguntar. Transcribo (Benedicto XVI sobre Duns Scoto):

    “Ante todo, meditó sobre el misterio de la encarnación y, a diferencia de muchos pensadores cristianos del tiempo, sostuvo que el Hijo de Dios se habría hecho hombre aunque la humanidad no hubiese pecado. Afirma en la ‘Reportata Parisiensia’: ‘¡Pensar que Dios habría renunciado a esa obra si Adán no hubiera pecado sería completamente irrazonable! Por tanto, digo que la caída no fue la causa de la predestinación de Cristo, y que —aunque nadie hubiese caído, ni el ángel ni el hombre—, en esta hipótesis Cristo habría estado de todos modos predestinado de la misma manera’ (in III Sent., d. 7, 4). Este pensamiento, quizá algo sorprendente, nace porque para Duns Scoto la encarnación del Hijo de Dios, proyectada desde la eternidad por Dios Padre en su designio de amor, es el cumplimiento de la creación, y hace posible a toda criatura, en Cristo y por medio de Él, ser colmada de gracia, y alabar y dar gloria a Dios en la eternidad. Duns Scoto, aun consciente de que, en realidad, a causa del pecado original, Cristo nos redimió con su pasión, muerte y resurrección, confirma que la encarnación es la obra mayor y más bella de toda la historia de la salvación, y que no está condicionada por ningún hecho contingente, sino que es la idea original de Dios de unir finalmente toda la creación consigo mismo en la persona y en la carne del Hijo” (audiencia general, sala Pablo VI, 7 de julio de 2010).

    Entonces… si Jesus de todos modos estaba destinado a encarnarse, aunque el hombre no hubiera caído en pecado, ya que el fin de su encarnación era “la idea original de Dios de unir finalmente toda la creación consigo mismo en la persona y en la carne del Hijo”, y ya que Benedicto afirma que “digo que la caída no fue la causa de la predestinación de Cristo” y… si decimos que María es corredentora porque colaboró corporativamente en el plan de salvación, de no haber sido necesaria la Redención, ¿qué título hubiéramos dado a María en lugar de Corredentora, siendo ella el “punto de fusión” entre Dios y los hombres, por haber sido su Madre? ¿Sostenemos medianera? ¿Hubiera sido necesaria la mediación entonces? ¿Es esta afirmación de Benedicto relevante en la Corredencion-Mediación de María?

    Letradísima

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  14. 27 abril 2015 0:17

    Rectifico: ”digo que la caída no fue la causa de la predestinación de Cristo” fue Duns Scoto no Benedicto. Igual se sostiene la pregunta.

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    • 2 mayo 2015 23:51

      EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

      Menos mal que te has dado cuenta –me estaba asustando- de que todo eso lo dijo Escoto. Y lo opinan hoy muchos teólogos, que en su derecho están. Pero ha de quedar claro que lo que de hecho ocurrió es el pecado y, por ende, una encarnación redentora. Especular sobre lo que pudo ocurrir y no ocurrió es teología-ficción.

      Porque tú, en esas preguntas, me pides que escriba la historia de lo que no ocurrió. Y yo solo he estudiado la de lo que ocurrió. Me pides respuestas a preguntas que se van del mundo; que son tan generales, que caen tan lejos, que no hay manera; si nos cuestionamos cuál debe ser desde el punto de vista teológico la edad aproximada de la Confirmación, probablemente llegaremos a un arreglo; pero, sobre cosas que están tan en los principios de los principios –los designios eternos de Dios de encarnarse: con pecado, sin pecado-, todo se nos escapa de las manos, o eso me parece a mí. Vamos a verlo un poco.

      Dices: “Si decimos que María es corredentora porque colaboró corporativamente en el plan de salvación, de no haber sido necesaria la Redención, ¿qué título hubiéramos dado a María en lugar de Corredentora, siendo ella el ‘punto de fusión’ entre Dios y los hombres, por haber sido su Madre? ¿Sostenemos medianera? ¿Hubiera sido necesaria la mediación entonces?”

      No sé por dónde empezar. Por ejemplo: no sé qué significa “medianera”, o “mediadora”, si no coopera en una Redención ni intercede por nosotros, quienes, al no estar sujetos a los efectos del pecado original, no tenemos necesidades. ¿Será mediación el aspecto materno, pero sin Cruz, sabiendo que en ese aspecto se integra ese sufrimiento junto a la Cruz? Tampoco, porque si no es redentor, no es mediador. Y así, como insinúas en la última pregunta, a mi modo de ver, sin pecado, no hay mediación.

      Ahora bien, sin pecado, ¿seguro que hubiese sido la madre? Yo no lo sé, yo no lo sé, yo no lo sé, yo no escarbo en las galaxias. Pero la teología conocida y arraigadita en la Biblia nos dice que precisamente porque se encarnó como Redentor, Cristo debía ser Dios para el hombre y Hombre para Dios; la Culpa la tenía el hombre, y el hombre tenía que pagar. Y así, el hombre “debía”, y Dios “podía”. El hombre no podía satisfacer ante el Dios infinito la mole de sus pecados. Dios no debía –era el ofendido-, pero lo hizo.

      El hombre debía. El Hijo se hace Hombre. Pero tiene que ser “perfecto hombre”: sin que le falte nada para ser totalmente hombre, excepto el pecado, que es lo más inhumano. Así, “no se redime lo que no se asume”.

      Por eso ha de tener madre, de la que nacerá (“lo que nacerá ‘de’ ti”, Lc 1,35); el Padre será Dios en la fuerza del Espíritu Santo, y por eso tendremos un Hombre-Dios, para Dios y para el hombre. Esta es la razón –acaso la principal entre otras- de que quiera nacer de mujer entre mil posibilidades de su omnipotencia.

      Si esto es así –y quién duda que puedo equivocarme en algo y aun en algos-, ya se ve que, sin pecado, la madre no era necesaria; y toda tu pregunta depende de la palabra “madre”. Pudo ocurrir cualquier cosa. Y creo que no vale decir: “Pero seguramente escogería también una madre, porque…” Lo único que vale es confesar la ignorancia. Y con esto me encuentro hoy, primera vez que me enfrento con la hipótesis escotista: que tiene sus derechos, pero el hombre que la acepte se condena al silencio. O bien, por supuesto, a hablar de la teología “real”, la de bulto, la que no es una hipótesis, sino toneladas de revelación contante y sonante. En ese caso, claro está, la hipótesis se encalla, luminosa, pero quieta, como un ángel atónito que comprendiera que no tiene derecho a más preguntas.

      Majagranzas

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      • 3 mayo 2015 5:37

        El que avisa no traiciona, dicen. Te avisé que te romperías la cabeza.

        Muy bien, nada de intergalaxias ni de condenados al silencio. Más teología de revelación contante y sonante. Pero perdonamos a Scoto, que ganó un debate defendiendo la Inmaculada.

        Y me has puesto entre paréntesis la personalidad corporativa.

        Mañana voy a la Basílica, colocan el manto nuevo a Nuestra Señora de Luján. El domingo pasado estuve cuando le quitaron el viejo. ¡Y he podido besar su manto! Ya estamos próximos a su fiesta. Mucho preparativo por aquí. Como la diócesis está pegadita, muchos peregrinan a pie los 35 Kmts, cumpliendo promesas. Todo comienza el 7 con los piropos a la Virgen.

        El manto que quitan lo cortan muy chiquito y arman estampas de la Virgen con trocitos del manto adheridos. Si consigo una, te la envío.

        Letradísima

        (el Calbuco volvió a explotar. 6.500 evacuados)

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      • 3 mayo 2015 21:25

        EN ILUSTRÍSIMA ACADEMIA

        A ver, Lujanera. Nunca puede uno fiarse de sus lectores. Si te interpreto bien -porque no puedes fiarte de tus lectores-, me interpretas que critico la tesis de Escoto y la rechazo. Yo saco unas consecuencias, pero lo que es verdad es verdad, y probablemente la tesis lo es; lo que ocurre es que a) no lo sabremos nunca y b) no podemos seguir hablando; y nos marchamos a la “teología de revelación contante y sonante” porque no sé quién abandona la teología porque la tesis de Escoto no dé de sí; pero no nos marchamos porque nos desencante.

        Por lo demás, como en el texto de Ratzinger apreciábamos, es una tesis bien fulgurante, que denota ricas intuiciones y nos evidencia que el amor de Dios está con nosotros vayan las cosas como vayan, a todo trance, sin firmar ningún pliego de condiciones.

        Majagranzas

        Me gusta

      • 4 mayo 2015 5:16

        Sí, sí. Es decir, entendí que no lo rechazas, pero nos condena al silencio como dijiste, y me temo que ambos estamos fritos si nos condenan al silencio… No habrías de rechazar algo de tu/nuestro amado Benedicto. Solo que se nos va de campo.
        Vayamos a lo que se pueda debatir.

        Han bordado en el manto de la Virgen de Luján, en su pecho, junto a su corazón, la imagen de la Sagrada Familia, con el fin de implorar su intercesión por el Sínodo de la Familia.

        ¡Precioso!
        ——————–
        RESPONDIDO UN POCO MÁS ABAJO. Miguel

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  15. 6 mayo 2015 23:21

    ¡Buenooo…! ¡Tú y yo, en silencio! Si lo nuestro es la garrulería insaciable…

    Creo que Benedicto, en el pasaje, está enunciando el pensamiento de Escoto, con el cual puede identificarse o no. No era cosa de dar su parecer en una audiencia general, puesto que es una cuestión teológica, disputable y libre.

    De Benedicto XVI (2005-2013), no voy a rechazar nada, pero si llega el caso, no me dolerán prendas en rechazar lo que haga falta del teólogo Joseph Ratzinger; pero después de tentarme mucho la ropa, que no soy yo mucho David para tanto Goliat, proclamo.

    Y, por lo que me cuentas de Luján, yo creo que ya no tendrían que celebrar el sínodo; bastaría con una sesión, la de las conclusiones. Porque, como dijo otra de vuestras amadas Vírgenes amaricanas,

    “¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?
    ¿No estás por ventura en mi regazo?
    ¿Qué más has menester?”

    Me gusta

    • 7 mayo 2015 4:28

      ¡Casi salto del asiento en plena misa de la emoción!

      Y ya que estamos, aclárame esta duda. Tuvimos un debate el otro dia con mi hermana. Yo estaba convencidísima de haber leído en algun lado que María llegó a Belén con los dolores de parto, y ella vio en EWTN que no, que María no tuvo dolor. Y no lo puedo encontrar. ¿Aluciné? ¿Tendría fiebre? ¿Sueño? Porque no sé de dónde lo saqué.

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  16. 16 mayo 2015 5:29

    Tal como, precisamente, puse uno de estos días, la virginidad en el parto supone la integridad del himen y la ausencia de dolores. Teológicamente, es un signo más de la actuación del Espíritu Santo (“el Espíritu Santo vendrá sobre ti”, Lc 1,35), que es el sentido primordial de la virginidad de María.

    Tenías razón tú.

    María, que no sufrió dolores en el parto del hijo de su fisiología e hijo de Dios, los tuvo al pie de la Cruz, en el segundo parto, en el que nos engendraba a los hijos espirituales. La lanza del romano no alcanzó al alma de Jesús, que ya no estaba; pero alcanzó de lleno al Corazón de María.

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