Skip to content

«MARÍA NO ES EL CENTRO, PERO ESTÁ EN EL CENTRO». EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

1 enero 2015

«María no es el centro, pero está en el centro.» En la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, vamos a darle un vistazo a este pensamiento del sacerdote Kentenich, y vamos a tratar de sacarle consecuencias y punta.


            ¿Por qué –nos podemos preguntar- debo honrar a la Virgen? La respuesta es fácil. El Señor ha sido el primero en honrarla. María es la Madre de Cristo, los designios de Dios se cumplieron por medio de Ella, la Providencia hizo girar en torno a esta Mujer escogida su plan de salvación del mundo 

(Pablo VI, cit. por José María Carda Pitarch, El misterio de María (Compendio fácil de teología sobre la Virgen), Sociedad de Educación Atenas, Madrid (2) 1986, 171).

 

Y hemos de ir a la Biblia. Sin abarcar tantísimo como se podría abarcar, tengo que decir que la Biblia me traiciona… por exceso. Ya que en ella María está en el centro, en el principio, en el final… y mucho más.

En el principio, ella es garantía de la Redención, porque el Redentor –se nos dice- va a ser un fruto de sus entrañas: «Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo. Este te aplastará la cabeza, y tú le morderás a él el calcañal» (Gén 3,15)[1].

 

En el centro está una madre


Luego, la Anunciación, propiamente, parece más eso que una pregunta; el ángel no pregunta: le espeta a María que el cielo en pleno va a derramarse sobre ella. Sin embargo, sí parece haber algo de expectación por parte del ángel, que sin preguntar, espera una respuesta: un consentimiento. Por eso San Bernardo escribe los párrafos maravillosos que os entregué el otro día. Si les dais un vistazo, veréis a toda la creación anhelosa de que María acepte, y con ello le dé su «Príncipe de la Paz» (Is 9,6). El cosmos a una mira a María para recibir por ella salvación y sentido. María no es el centro: lo es el Dios que la requiere de amores. El que la hizo hermosa para escogerla, y luego la escogió porque la vio hermosa. El Espíritu Santo, que es la Gracia que encontró a María llena de Gracia. Porque primero se dice: «Dios te salve, llena de gracia» (Lc 1,28), y luego: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti» (1,35).

No. María no es el centro. Pero ¿qué pasaría si ella hubiese contestado con una negativa? Responder a esa pregunta es vano: es hacer teología-ficción. Pero sí podemos adivinar lo que hubiese pasado si San Ignacio (es un ejemplo) no hubiese secundado su vocación… y sospechar lo que puede pasar como nosotros no secundemos nuestras vocaciones: la vocación a la santidad, y, luego, las diversas vocaciones, en particular si la tenemos específica.

Sería vano, entonces, responder a esa pregunta. ¿Se hubiese realizado la Redención? ¿De qué manera? No digáis nada, porque nada sabéis. Yo propongo que, en cambio, miremos lo que de hecho ocurrió y sabemos, y ello es que María agachó, turbada y confiada, la cabeza, y respondió lo que el orbe le demandaba, lo que quería Dios oír al enviarle al Arcángel: «He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).

 

Está en el centro como madre


Nos enseña la Iglesia que en ese preciso instante María fue fecundada por el Espíritu Santo. Y fijaos en tres centellas: Gabriel le dice: «Lo que nacerá de ti santo será llamado Hijo de Dios» (Lc 1,35) [1bis]. San Pablo dice que «envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer» (Gál 4,4). El Credo que profesamos dice –en la versión llamada apostólica- «nació de María Virgen», y  no es, pues, nacido en una mujer. Queda claro que ella es madre con todas las de la ley; que no es un canal del que Dios se sirva para hacerlo todo y entregárnoslo a su través.

No. María es madre verdaderísima. No es el centro, pero está en el centro. Cristo venía a redimir a los hombres. Como decía San Ireneo, «lo que no se asume no se redime» [1ter]: tenía que ser hombre. María cumple en el plan de Dios la función de cooperadora asociada a la Redención de Cristo (que es el Centro), y la asociación que se establece es la de una madre y un Hijo. El papel principal de María es el de darle humanidad al Redentor [2], y la virginidad cumple la función de dejar espacio al Espíritu Santo, a fin de que el Nacido sea divino por Este y humano por María[3].

Me parece que se va confirmando nuestro lema: María no es el centro, pero está en el centro. 

Y a propósito de todo lo que iba diciendo, ocúrreme que me acuerdo de un gesto litúrgico bien ilustrativo. El Misal lo pone como preceptivo para todos, y luego no lo hace nadie: a) porque el cura jamás lo enseña; y b) porque casi ningún cura lo hace. Vamos bien. Es el caso que, en el momento de la recitación del Credo, debe hacerse una reverente inclinación de cabeza a las palabras «y por obra del Espíritu Santo, se encarnó de María la Virgen, y se hizo hombre» o las equivalentes en el Credo apostólico. Es decir: el momento central de la historia (porque el Credo comienza con el Padre, principio absoluto, y termina con la Parusía o segunda venida de Cristo, en que la historia terminará) es esa Encarnación: y –mire usted por dónde- en ese justo momento estamos mencionando a María. ¿Hacemos reverencia por ella? No, sino por el Centro, que ha venido a la historia. Y, sin embargo, ella está ahí… Ella está en el centro, y nos coloca al Centro en el pesebre.

También me fijo en otra maravilla. El pasaje de la Anunciación es, nada menos, la primera revelación expresa de la Santísima Trinidad en la Biblia. Puesto que aparecen inequívocamente mencionados el Padre, el Hijo y el Espíritu. Y allí está María, que no es el centro, pero…

«La respuesta es: ‘¡Sí!’ ¿Cuál es la pregunta?»


Y es normal la respuesta de la dulce Señora, que no es un: «acepto, Arcángel, que el Verbo divino tome carne en mis purísimas entrañas, por obra…» No. El mensaje era tan grande, su novedad tan desconcertante, que ella seguramente entendió bien poco. Y respondió: «Hágase en mí según tu palabra» (1,38), tal como tú la entiendes y yo no. Se suele pensar que tuvo claro que iba a ser madre del Mesías divino y que iba a sufrir indeciblemente con Él. Muchos creemos que supo también que esa maternidad incluía la maternidad espiritual de la humanidad[4]. Desde luego, no parece que entendiese mucho de la Trinidad, ni de la actuación del Espíritu Santo en ella, etc. Hace poco, escribí por aquí: «asiente “al sentido que a las palabras del ángel daba aquel de quien provenían: Dios mismo” (San Juan Pablo II). Mi madre María firmó un cheque en blanco en el banco sagrado que se llama Fiat. Ella, ese día, dijo: “La respuesta es: ‘¡Sí!’ ¿Cuál es la pregunta?”»[5]

Y gracias a ella, Dios no puede mirar a su Hijo sin acordarse de ti


 

Vamos a otro pasaje que, visto desde mi particular punto de vista, se parece bastante al de la Anunciación. «Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió su Hijo, nacido de mujer, nacido súbdito de la ley, para redimir a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos. Y como sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: ¡Abbá!, ¡Padre!» (Gál 4,4-6).

 

¿Tengo o no tengo razón?: «la plenitud de los tiempos» se hace aquí evidente que es la venida del Verbo a la carne; y ahí está María para darle la carne. Y como se realizó esa Encarnación, resulta que (Jesús el Centro, María su Asociada) el Maestro nos redimió, hemos sido hechos ¡hijos de Dios!, se nos ha entregado en el corazón ¡el Espíritu Santo!, que nos hace gritar y en nosotros clama: «¡Padre!»[6] Esto es «la narración explícita de la Trinidad económica»[7], o, en otras palabras, el relato esencial de lo que la Trinidad hace en la salvación de ustedes y de yo. ¿Y a quién resulta que encontramos mencionada en la aventura…? María está en el centro. 

Y ¿por qué, hablando de la Encarnación y de sus fines y efectos, Pablo ha querido o necesitado mencionar a «la mujer» que se llama María? Pueden darse, por supuesto, interpretaciones que destaquen el papel de la mujer (como tal) en la salvación, pero no serán contradictorias con otra que parece, según el contexto, más inmediata: María es necesaria para engranar aquella naturaleza divina que se venía para nosotros con la naturaleza humana en que el Hijo había de salvarnos, puesto que «lo que no se asume no se redime».

Hijo y madre en el centro de la espada


             “La participación de María en el drama final de la redención fue el término de un largo camino. Tras haber comprobado cómo la predicción de las contradicciones que Jesús tenía que sufrir se había ido cumpliendo en su vida pública, María comprendió más vivamente al pie de la cruz el significado de aquellas palabras: “Una espada te atravesará el corazón” (Lc 2,35). La presencia en el Calvario, que le permitía unirse con toda el alma a los sufrimientos del Hijo, formaba parte del designio de Dios. El Padre quería que ella, llamada a la cooperación más íntima en el misterio redentor, estuviese asociada al sacrificio y compartiese todos los dolores del Crucificado, uniendo la propia voluntad a la suya en el deseo de salvar al mundo”

(Juan Pablo II, 4-V-1983).

Existe, también, un pasaje que es extraordinariamente importante, sin que habitualmente nos demos cuenta. Voy a tratar de comentarlo solo por lo que se refiere a mi insistencia: María no es el centro, pero está en el centro[8]. Es la profecía de Simeón en el Templo, cuando la Sagrada Familia acude para la presentación del Niño y la purificación de su madre: «Dijo a María, su madre: “He aquí que este está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y como signo de contradicción –y a ti misma una espada te atravesará el alma-, para que se revelen los pensamientos de muchos corazones”» (Lc 2,34-35). Jesucristo es Juez que para todos ha redactado, en la Cruz, sentencia absolutoria («perdonándoos todos vuestros delitos, borrando el acta de los decretos que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz», Col 2,14): sabía que al final de la historia iba a venir como Juez, y supo arreglarlo preparando la sentencia. Pero ocurre que, por mucho que yo entregue un regalo, si el otro lo rechaza, se queda sin el regalo, y eso con pena del dador. En las Alianzas del Antiguo Testamento, había que merecer, y el pecado del pueblo suponía el rompimiento. La Alianza de Dios con los hombres en el Dios-hombre Cristo no es así; es la «Alianza nueva y eterna», y nueva sobre todo por eterna, ya que el adjetivo supone que no depende de nuestra conducta. Que Dios no nos mira a través de nuestras obras, sino a través de la Obra de Cristo, y esa, no la cambiará nadie nunca jamás.

Pero, como en todo, hay quienes no quieren enterarse. Cristo está puesto como «signo de contradicción», no porque Él condene a nadie, sino porque ellos lo rechazan y de ese modo se auto-condenan. ¡Nosotros no hemos de hacer nada! «Ellos le preguntaron: “¿Qué haremos para realizar las obras de Dios?” Jesús les respondió: “Esta es la obra de Dios, que creáis en quien Él ha enviado”» (Jn 6,28-29). Exclusivamente, se trata de creer, porque creer equivale a adherirse a Cristo. La obra que Dios quiere es aquella que no es obra, y sin embargo es comienzo de todas las obras. Ahora bien, ocurre que uno no se adhiere a quien dio unos mandatos si no los cumple; ocurre que «la fe sin obras es fe muerta», la fe sin obras es fe sin fe[9]. Las obras que salvan son las de Cristo, pero yo tengo que aceptar esa salvación haciendo las obras de esta nueva condición que consiste en ser cristiano.

Muchos, dice la Página, caerán, muchos se levantarán. De esa manera, se revelará –dice al final- lo que hay en los corazones. Cristo será la medida con que los hombres se medirán a sí mismos. Y a esa medida corresponde uno u otro final después de la muerte.

No hay manera de escaparse a esta certeza: ¡Jesús es el centro! Pero resulta astronómicamente significativo que, entre estas palabras –tan unitarias, que debían seguirse sin solución de continuidad-, de golpe y porrazo, Simeón intercale una profecía mariana inesperada y estremecedora. A pie de página os he dejado más referencias, y podéis mirarlas, porque hay otras interpretaciones; pero la más tradicional y la más seguida es la de que ese rechazo de algunos afectará también, y como un obús, al Corazón de María. Dado que el rechazo llevará a la Cruz al rechazado, y dado que ella lo seguirá fidelísima hasta el extremo, allí le tocará sufrir como la madre que más ama al Hijo a quien más puede amarse[10]. Los extremos de dolor de ese Corazón, solo podremos entenderlos cuando subamos a verlo. Y de esta manera, María no es el centro, pero es la Asociada.

Y me gustaría que apreciarais que, en las palabras de Simeón, a María se la introduce entre mitad y mitad, se la coloca allí para que esté en el centro. De una manera, repito, que resulta forzada; pero cuando alguien fuerza una cosa, es que le parece importante.

Única espada, por decisión de lo Alto


Y, de hecho, me parece que el problema que tienen muchos –en la práctica, también muchos católicos- para aceptar la mediación de María, así como el miedo que sienten a exagerar en la piedad mariana, en detrimento del culto a Jesucristo, desaparecerá cuando acertemos a explicarles que esa mediación de la Virgen no es paralela a la de Cristo, ni se le suma,  ni compite con ella. Porque es una mediación interior a la de Cristo. La mediación mariana es una obra de Dios y de Cristo en María por la humanidad. La mediación mariana es un destello, o un reflejo, o un aspecto, o, mejor, un fragmento de la mediación del «único mediador entre Dios y los hombres» (1 Tim 2,5). Y esto, tanto por lo que se refiere a la corredención como por lo que toca a la intercesión actual, en la cual María no ¡convence! a Dios –no hace cambiar de opinión al que es omnisciente e inmutable-, sino que «el Espíritu mismo intercede por nosotros [ella] con gemidos inefables» (Rom 8,26): ¡es Dios quien le inspira las peticiones!, el cual (continúa San Pablo) «intercede por los santos [digamos María] conforme a la voluntad de Dios» (8,27) [*].

En la corredención, quisiera expresarlo de manera simbólica, reproduce más la realidad el lejano oráculo de Simeón que el stabat mater (cfr. Jn 19,25), vertical, sin tangencia, sin declaración del pavoroso derrumbamiento interior de la madre. La profecía del anciano describe mejor lo que está pasando, el dolor del Corazón de María injertado en el dolor del Corazón de Jesús –la pasión de Jesús es la pasión del Corazón de Jesús; la com-pasión de María es la com-pasión del Corazón de María, y de manera más especial, puesto que en su caso, el cuerpo no fue alcanzado-, en una unidad que depende del hecho de que es la misma espada la que atraviesa ambos Corazones. María, más que nunca, está en el centro: en el centro vivo y caudaloso del dolor inenarrable del Hijo y del amor que Él (¡loco!) tiene por esta humanidad que lo rechaza con espada tal.

Y usted ¿tiene a María en su mismísimo centro?


Ahí está, por lo tanto, María: por voluntad de Dios, en el centro. Y en el centro mismo de nuestras vidas nos corresponde, por lógica, colocarla nosotros. ¿La santidad no era imitar a Dios?

Ocurre que muchos que no se aclaran temen a las exageraciones de las masas. Haberlas, habralas. La teoría lo dice, en efecto. Pero yo tengo algunas cosas que decir sobre esto, y es el caso que no me acuesto sin decirlas:

– Primero, que las exageraciones, yo no me las he encontrado nunca, salvo en casos de apariciones reales o no, que son casos aparte. Rectifico: hago memoria, y pongo una ocasión.

– Segundo, que he conocido gente que –por este miedo- cultiva el trato con Jesús (tibiamente), y no, o casi nada, el trato con María, y prometo que no he encontrado una sola persona devota de María que no ame profundamente a Jesús, más cuanto más devota de María sea. Si alguien ha visto lo contrario, que me avise: abrimos un zoológico.

– Tercero, que si usted entra en casa de un pintor y pasa dos horas elogiando sus obras, jamás en la vida el hombre quedará molesto porque no lo haya elogiado a él. María es un cuadro, Dios un pintor.

– Cuarto, que las exageraciones son posibles en la forma, no en la intensidad de la devoción: sobre todo, atribuirle cosas divinas. ¿Y cómo puedo decir esto? De la misma manera que personas que algo sabían han dicho cosas como, por ejemplo:

«La razón última y suprema del culto a María está en Dios, según ella misma proclamó, mirando al futuro: “Todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí” (Lc 1,48-49)[11]. En el fondo, es lo del pintor.

«No se puede contemplar a María sin ser atraídos por Cristo, y no se puede mirar a Cristo sin descubrir inmediatamente la presencia de María. Existe un nexo inseparable entre la Madre y el Hijo engendrado en su seno por obra del Espíritu Santo. Y este vínculo lo percibimos de manera misteriosa en el sacramento de la Eucaristía»[12].

«Nadie puede ser demasiado devoto de María»[13].

«Nunca podremos cumplir plenamente nuestro deber de venerar a María, cuyo derecho a tales honores sobrepasa nuestros límites y nuestras posibilidades»[14].

(Se quejan muchos de nuestra mariolatría: damos a María el culto debido a Dios. Antes decía yo que en la intensidad, era imposible exagerar) «No se debe reprochar a nuestro beato (Maximiliano María Kolbe), ni a la Iglesia con él, el entusiasmo que ha consagrado al culto de la Virgen; ese entusiasmo jamás alcanzará el nivel del mérito (…). No se incurrirá jamás en una “mariolatría”, como jamás quedará el sol oscurecido por la luna»[15].

No teman mis furibundos adversarios. Nos recordó –y es un buen símbolo- San Juan Pablo II que «el centro del avemaría (…) es el nombre de Jesús»[16]. Garantía para ellos de que los rosariantes no nos echaremos a la herejía. Garantía para nosotros de que, una vez más, María no es el centro, pero está en el centro. 

«Hacer Reina de nuestros corazones a la que es Reina del Universo»


Acabo (¡por fiiiiin…!, ¿verdad?). Yo quería seguir diciendo que, si Dios ha puesto a María Santísima en el centro, nosotros hemos de hacer lo mismo. Quisiera que lo dijera quien mucho supo de esto:

«Lo que lógicamente se deduce de la doctrina de la Mediación Universal de Nuestra Señora es la importancia de la devoción a Ella, sobre todo de la verdadera devoción. Hay que dar a la Madre de Dios, en la Ascética, el lugar que le corresponde y el que tiene en el Dogma, según el común sentir de la Iglesia. Hay que ponerla en nuestra vida espiritual en el lugar donde Dios la ha puesto en el cielo y en el mundo: hay que hacer Reina de nuestros corazones a la que es Reina del Universo. No podemos contentarnos con darle una capilla lateral, un altar, aunque sea preciosísimo, en el templo de nuestro corazón; hemos de ponerla en el altar mayor del santuario de nuestra alma. Es decir, que no podemos contentarnos con obsequiarla fervorosamente con prácticas de devoción afectuosas; hemos de profesarle una devoción continua y completa, que sea como la directriz de toda nuestra vida espiritual. Si María Santísima es la única escala y la única puerta para llegar a Cristo; si es la Tesorera, que tiene en sus manos la única llave de los tesoros de Dios, ¿cómo no contar con Ella siempre y para todo?

»Este principio general debe aplicarse a todos los grados de la vida espiritual y a todos los estados y condiciones de personas»[17].

Está refiriéndose a la consagración a María como esclavos de amor, según enseña S. Luis María Grignion de Montfort y mi ordenador difunde. Va siendo hora de que, en cuanto pueda, os enjarete unos buenos artículos sobre el tema. Hoy os perdono, hoy tenéis que perdonarme la jaqueca.

*   *   *

Podemos concluir con unas palabras sorprendentemente afines a las de Kentenich, pero de una personalidad mucho más elevada: el Beato Pablo VI enseñó:

«María no es el centro del cristianismo, pero es central al cristianismo» [18].


[1] Se ha solido traducir «ella te aplastará…, y tú le morderás a ella…», pero filológicamente no es correcto (por el masculino), de suerte que la referencia directa es al Redentor; indirectamente, sigue siendo posible ver aquí a María, como madre de ese linaje y, por tanto, cooperadora en la Redención: porque ella lo es, ante todo, como madre del Redentor, y el padecimiento horroroso de su Corazón en el Calvario forma parte del ejercicio de esa maternidad. En ese sentido, sigue siendo válido el ipsa conteret («ella pisará»), y también si pensamos que, desde su Asunción y hasta el último día, ella es la mediadora de todas las gracias (que están en Cristo como en su fuente y en María como en su canal), porque por todas intercede y nos las dispensa todas. Y atribuir el ipse conteret al Redentor no deja desamparado el dogma de la Inmaculada: apoyo mucho más firme tiene en el «llena de gracia» (Lc 1,28) de la Anunciación.

[1bis] Así se encuentra en abundantes traducciones, no sé si en depemdencia de la Vulgata de S. Jerónimo; en otras se lee simplemente «lo que nacerá santo», así en la versión actualmente oficial, la Neovulgata, que tenéis aquí. 

[1ter] «El Verbo, al recibir nuestra condición humana y al ofrecerla en sacrificio, la asumió en su totalidad» (S. Atanasio, Carta a Epicteto, 5: Migne, Patrologia Graeca, 26, 1058).

[2] Como escribe San Atanasio:

«El Verbo de Dios […] debía ser semejante en todo a sus hermanos, asumiendo un cuerpo semejante al nuestro. Por eso María está verdaderamente presente en este misterio, porque de ella el Verbo asumió como propio aquel cuerpo que ofreció por nosotros […]. El cuerpo que el Señor asumió de María era un verdadero cuerpo humano, conforme lo atestiguan las Escrituras; verdadero, digo, porque fue un cuerpo igual al nuestro. Pues María es nuestra hermana, ya que como todos nosotros es hija de Adán» (S. Atanasio, Carta a Epicteto, 5: Migne, Patrologia Graeca, 26, 1058). Me aprovecho, para endosaros todas estas citas, de que versan exactamente sobre la fiesta de hoy.

[3] Y es cuestión que no debe entenderse como siendo María el principio femenino y el Espíritu Santo el masculino; María es el principio humano, el Espíritu es el divino: bien diferente.

[4] Algo de esto expliqué aquí.

[5] Novena a la Inmaculada en 2014: día 2.º: Anunciación y Encarnación del Hijo de Dios.

[6] Cfr. Rom 8,26.

[7] Aurelio Fernández, Teología dogmática, BAC, Madrid 2009, 258.

[8] Quien quiera más detalles, puede mirar mi tesis de licenciatura sobre la devoción al Corazón de María, pp. 36-37, 96-99, y también el artículo «¿Qué es el Corazón de María? Objeto de esta devoción en la obra del P. Joaquín María Alonso (1913-1981)», n.º 1.

[9] Podéis ver, en relación con esto, un texto verdaderamente impactante de Benedicto XVI, que publiqué con el título A toda la marea sucia del mal, se contrapone la obediencia del Hijo.

[10] Ténganse en cuenta, no obstante, estas palabras de Joaquín María Alonso, sumamente interesantes:

«Todo el conjunto, es decir, tanto el destino trágico del Niño, cuanto el dolor acerbo de la Madre, tienen un mismo fin: la discriminación del juicio de Dios escatológico. Sería, creemos, disminuir indebidamente la plenitud literal del texto, el reducirlo al momento de la Pasión de Cristo […]. Se contempla todo el panorama vastísimo de una Redención mesiánica, cumplida de una vez para siempre en la muerte de Cristo (Hb 10,14), pero que se continúa en su actuación hasta la parousía, hasta el último discernimiento escatológico. Simeón une a la Madre con el Hijo en todo este destino salvador» (Joaquín María Alonso, El Corazón de María en la teología de la reparación, Ephemerides Mariologicae” 27 (1977) 315.

[*] Tengo que desdecirme de un punto: no es posible ver en el versículo citado la intercesión mariana. Ya se ve que yo interpretaba una “intercesión a través de los santos”, pero me he informado más, y la preposición que se traduce por es más bien en favor de. Mis puntos de vista no tienen porque alterarse, pero pierden una referencia bíblica trascendental.- 7-X-2016.

[11] José María Carda Pitarch, El misterio de María, Sociedad de Educación Atenas, Madrid (2) 1986, 141.

[12] Benedicto XVI, mensaje, jornada mundial del enfermo, 11 de enero de 2008, n.º 2.

[13] San Buenaventura (doctor de la Iglesia), III Sent., d. 3, p. 1, a. 1, q. 1, ad 4.

[14] Pablo VI, beato y papa: homilía, 15-VIII-1964: http://www.vatican.va/holy_father/paul_vi/homilies/1964.

[15]  Pablo VI, homilía en la beatificación de Maximiliano María Kolbe: Acta Apostolicae Sedis 63 (1971) 821.

[16] S. Juan Pablo II, carta ap. Rosarium Virginis Mariae (2002), n.º 33.

[17] Nazario Pérez, S. I., ponencia Aplicación de la doctrina de la Mediación Universal a la vida ascética y mística, Asamblea Mariana de Covadonga, septiembre de 1926. Cit. por Camilo María Abad, El R. P. Nazario Pérez, de la Compañía de Jesús. Una vida totalmente consagrada a Nuestra Señora, Sal Terrae, Santander 1954, 343-344.

[18] Ignoro la procedencia de estas palabras. Fue también el reciente Beato quien enseñó:

«La devoción a la Santísima Virgen, insertada en el cauce del único culto que justa y merecidamente se llama cristiano […], es un elemento cualificador de la genuina piedad de la Iglesia. La Iglesia, en efecto, refleja por íntima necesidad en la práctica del culto el plan redentor de Dios. Por eso corresponde a María un culto singular, porque singular es el puesto que ella ocupa dentro de dicho plan. Por lo mismo, todo auténtico desarrollo del culto cristiano lleva consigo necesariamente un sano incremento de la veneración a la Madre del Señor» (2-II-1974; cit. (sin más referencias) por José María Carda Pitarch, El misterio de María (Compendio fácil de teología sobre la Virgen), Sociedad de Educación Atenas, Madrid 21986, 172-173.

Anuncios
10 comentarios leave one →
  1. 2 enero 2015 9:30

    ¡Vaya! No sabía yo lo del Credo.

    Me gusta

  2. 2 enero 2015 21:15

    Aprovecho para recordar a todos que pueden copiar cualquier cosa del blog, simpre que citen la procedencia y, si es informáticamente, pongan el enlace.

    Y a ti, Clara, te sugiero que añadas, al final de todo y en cursiva: “María no es el centro, pero está en el centro”.

    Me gusta

    • 2 julio 2015 14:08

      Emergen hoy de mi fichero las siguientes palabras, que hacen muy al caso del artículo:

      “Ved, pues, cómo María va asociada absolutamente a todos los dogmas de nuestra santa Religión.

      “Y va asociada porque así lo quiso Dios. Va asociada porque Dios Nuestro Señor, con lazo únicamente fabricado y echado por Él, cual es el de la Encarnación, quiso asociar a María completamente a su obra redentora.

      “La Iglesia no es depositaria infiel: recibe el talento y hace que fructifique. Recibe ese dogma y procura que tenga todas las manifestaciones debidas en la liturgia, en el culto, en la vida general de la Iglesia.”

      Mons. Enrique Reig, rec. en “Crónica del Primer Congreso Mariano-Montfortiano, celebrado en Barcelona el año 1918”, El Mensajero de María, Totana (Murcia) 1920, 87

      Le gusta a 1 persona

Trackbacks

  1. DESCENDIMIENTO DE LA CRUZ Y LLANTO DE LA VIRGEN | soycurayhablodejesucristo
  2. NOVENA A LA INMACULADA COMO MADRE DE MISERICORDIA (2015)/Día 2.º | soycurayhablodejesucristo
  3. En el Credo |
  4. SUBSIDIOS PARA CONTEMPLAR LOS MISTERIOS DEL ROSARIO-I | soycurayhablodejesucristo
  5. «EN VERDAD, MARÍA ESTÁ PRESENTE EN ESTE MISTERIO». SAN LEÓN MAGNO Y SAN ATANASIO, FRENTE A LA MATERNIDAD DE MARÍA | soycurayhablodejesucristo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Anécdotas y catequesis

Anécdotas y catequesis

educarconsentido

Educación, enseñanza y familia

Ramita De Dios

DIOS Se Ha Hecho Hombre Para Morir Como Hombre En La Tierra, Y Resucitarnos Como ÉL Lo Ha Hecho: ¡En El Cielo!

Un poeta que habla español

blog de poesía inédita

Sistema del Sueño Sounder en Barcelona

La solución natural al Insomnio, el Estrés y la Ansiedad

Nistal Mayorga

Blog de la pintora Nistal Mayorga

Pikizu

Blog de fotografía

Harresi Kulturala Elkartea

Asociación Muro Cultural

Católicos con Acción

Bienvenidos a nuestro sito Web con contenido especializado para jóvenes

Memoria histórica Balmaseda

Recuperación de la Memoria Histórica de Balmaseda

❥ Coaching Somático Integral

Crecimiento personal a través del Coaching Corporal en Movimiento y el Método Feldenkrais®

Feldenkrais Online

Clases Online en Feldenkrais Barcelona www.FeldenkraisBarcelona.net

AUTOCONOCIMIENTO INTEGRAL

↝CUERPO, MENTE Y EMOCIONES↜

covisng.wordpress.com/

Soy lo que pienso, lo que siento, lo que imagino...

ArsArtis

"Acaso algún día logre capturar un instante en toda su violencia y toda su belleza". Francis Bacon.

A %d blogueros les gusta esto: