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LLAMADA A CAPÍTULO. TENEMOS LA RAZÓN.

4 agosto 2014

Los modos combativos o acusadores de defender la vida frente al abortismo deben cesar, y dejar todo el sitio a la propagación de la verdad. Publiqué este artículo el 17 de julio en el blog Barcelona Vida para defender esta opinión mía. Quería titularlo De azoteas y guantazos, y veréis por qué, pero azares editoriales hicieron que saliera con otro título. Y copio la valiosa conversación que se cruzó luego en las apostillas al artículo.

 

 

 

Tenemos la razón

Llamada a capítulo. La lectura de un artículo del blog y sus numerosas apostillas me ha hecho caer en la cuenta de un hecho en el que pienso que debemos reflexionar todos los que nos empeñamos en la lucha por la vida. Son cosas que en parte ahí se dicen, y en parte se desprenden.

Se trata de esto. Nosotros tenemos toda la razón. La consecuencia es que ellos tienen que dar guantazos. Poned también mentiras, maniobras, etc.

A nosotros nos avalan toda la ciencia, toda la ética, toda la metafísica y también todo el sentido común, que no es muy distinto de decir la ley natural. Y si defender la vida es de ley natural, es imperativo para todas las religiones; además, para todos los hombres de cualquier creencia, increencia o agnosticismo. Quedan excluidos los ornitorrincos.

Estamos cargados de argumentos de toda ley, expuestos en innúmeros libros, películas y todo lo que usted quiera, a lo largo de un tiempo sobrado. Nuestra actitud no tiene ninguna fisura. Nosotros no somos capaces de dudar de la causa provida, como Descartes descubrió que era incapaz de dudar de su duda. Tenemos la razón. No hay más. Y encima, lo sabemos. Y sabemos explicarlo. ¿Qué más quiero, Baldomero?

No tienen la razón

¿Y «ellos»? Quiero hacer unas tomas en el artículo y las apostillas de autos. Y no me importa qué «ellos» sean en concreto, porque esta reflexión se sale del artículo y atañe a «todos ellos».

– Un «ello» deja caer que nos denominamos provida para no llamarnos antiabortistas y disimular. ¿No parece obvio asegurar que los anti- son quienes atentan contra un bien efectivo y positivo, la vida, por mucho que piensen hacer bien? Ha fallado la lógica.

– Por todas partes se argumenta con conceptos que no se argumentan, y así, la argumentación es inválida. Se dan por supuestos, una y otra vez, el derecho al propio cuerpo, la libertad sexual entendida como “posibilidad de todas las posibilidades y del contrario de todas ellas”, un concepto de fascismo insostenible (y que en el fondo parece significar «todo el que no piense como yo»), etc.; se nos espeta que la independencia [de Cataluña] «será feminista o no será», lo cual está largamente necesitado de explicación. Se ha puesto en huelga la lógica.

– Los fascistas y demás se concentran «proclamando “el derecho a la vida”. O, mejor dicho, negando el derecho a decidir sobre su propio cuerpo a las mujeres». Aparte del dislate de no saber contar -son dos cuerpos-, de dar otra vez por supuesto lo que había que demostrar -ese derecho- y más cosas, resulta que, de la ecuación asentada, podemos concluir: «afirmar el derecho a decidir… es negar el derecho a la vida». Es el mismo asunto de ver a quién hay que dar el verbo positivo y a quién el negativo, es lo de mi guión primero…, pero esta vez me lo han dicho ellas: han declarado la guerra a la lógica.

– «Queremos decir bien alto que tenemos el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo», etc. Como alguno dijo, nadie tiene más razón por gritar más alto. Me faltan los argumentos. Me falta la lógica.

– Entre los que se concentran «encontramos numerosos grupos de la ultraderecha [nadie sabe qué es; además, imposible meter los colectivos que cita en un mismo espectro], como Alternativa Española, el sindicato Manos Limpias, Democracia Nacional, España 2000, OPUS, KIKOS [ambos apolíticos], o la Conferencia Episcopal [tan de ultraderecha como turco yo]. No exageramos, pues, cuando tildamos de fascistas [nadie sabe qué es fascista] estas marchas [se entiende que por su composición], no solo por negar el derecho al propio cuerpo [jamás lo argumentan, porque o es un dogma o no es nada] de las mujeres [y ahora el argumento ya no es la composición, y sobran todos los colectivos], sino también por atacar [atacar, creo que no; en las concentraciones, seguro que no] a todas las sexualidades disidentes de la norma heterosexual y patriarcal [yo no sé qué es esta], así como por mantener posturas racistas [demuéstrese] y españolistas [algunos, sí; todos, no], que recuerdan los tiempos de la dictadura franquista [no había racismo; el españolismo era otro]». Prescindo de algunas mentiras, porque me ocupo de la lógica… y no encuentro la lógica.

– Y os he reservado un broche final, un fin de fiesta. Es de antología de las antologías. En un manifiesto, se reclama: «Queremos unos Países Catalanes [o Països Catalans, ustedes escojan] feministas donde se garantice el derecho al propio cuerpo y el aborto libre y gratuito […] y donde la vida sea el centro de nuestra sociedad.» El más gigante despropósito a que asistieron los siglos. Se escapa la lógica, llora la lógica, se suicidó la lógica seis veces…, y yo, impertérrito, me río en la proa de la razón que tengo.

Dejad los guantazos para «ellos»

Lo que precede me hace pensar lo siguiente.

Si nosotros tenemos toda la fuerza de la verdad, y «ellos» ninguna; si la verdad, tarde o temprano, acaba imponiéndose por sí sola; si lo que necesita el mundo es que se le berree la verdad desde todas las azoteas existentes; si no tienen un solo argumento, y mil guantazos que den no lo suman tampoco; si necesitamos nuestras energías para lo que reza el canto juvenil:


«A golpe de libros iban

fabricando la enseñanza

y forjando las razones

en las mentes preparadas»,


 

y no nos conviene nada desgastarnos en tortas o en dicterios, o en qué malos sois, o aquello de «¡Morini asesini!»…, entonces, dejemos los guantazos para ellos y dediquémonos a decir la verdad [1].

Creo, así, que en muchos lugares es preciso cambiar el tono en la lucha por la vida. Se pierde un tiempo precioso acusando a quien, sabemos, no va a aceptar la acusación. No es el destino de nuestras energías. No es lo que a «ellos» les hace falta.

Porque creo que sé lo que les hace falta. Justamente en el articulejo que me hace pensar, encuentro varias veces la proclama de las abortistas: «Si no podemos decidir, no podemos ser libres.» Es una verdad que se vuelve contra ellas, pero cierta para todo bípedo implume. Porque ¿es libertad la de quien no conoce -entre otras cosas- las posibilidades, y por ende no puede elegir entre ellas? ¿Soy libre de elegir en el mercado las marcas de leche si tapan las baratas con un bulto? Una libertad no informada «no puede decidir», y no es libertad (sino posibilidad a la espera de libertad). No solo existe la libertad, o, si queréis decirlo así, la libertad sin verdad no existe. Conozcan estas señoritas algo de lo que es un feto, y la ética, y la existencia de alternativas, y empezará algo de su libertad.

Ellas tienen razón. Necesitan poder decidir. Necesitan, por tanto, libertad. Necesitan, en fin, la verdad, y la verdad, en lo del aborto, es la nuestra.

No me creo que la acepten mañana. Hace falta que sigamos siendo pacientes y persistentes, y hace falta una difusión capilar que requiere tiempo. Pero eso ocurre con todo, ergo no debe preocupar a nadie.

Dejad los guantazos para ellos, y subid inmediatamente a las azoteas.

———————————-

[1] Contra el siniestro Morín nos manifestábamos innumerables veces delante de su clínica en Barcelona. Parece difícil recomendar un sitio mejor que Barcelona Vida para situar al personaje.



(1) Carlos.- Miguel, me ha gustado mucho tu artículo, sobre todo ese llamamiento a la paciencia y a persistir en nuestro empeño.
Ciertamente, la vida es una verdad con mayúsculas que no debe sucumbir a las modas culturales ni a los miedos de una sociedad que no debe temer a la vida que está para llegar y sí debe temer quedarse sin hijos.
De todas maneras, como nos explicó el doctor Argemí en una reciente conferencia en el museo de la vida, aun teniendo la verdad, tenemos que hacer como si no la tuviéramos y ofrecernos a nuestros conciudadanos para analizar a fondo la situación, de manera que se imponga la racionalidad y no el eslogan.

(2) Luna [responde a Carlos].- Creo que sobre todo hemos de romper la imagen de que todo el mundo es proabortista. Se están valiendo de esta mentira para ganarse a las personas indecisas. Hay que hacerles «ver más allá», como afirmábamos en la entrada de este blog http://barcelonavida.wordpress.com/2014/07/17/corto-cuerdas-un-nino-con-paralisis-celebral-conquista-el-corazon-de-los-locos-de-la-academia/.

Que se una una vez más lo verdadero a lo bello y a lo bueno, como no puede ser de otra manera.

 

(3) Carlos [responde a Luna].- Sí, y esta tarea será compleja porque quienes teóricamente son más pro-familia no son del todo pro-vida. Quizá alguna abortista podría preguntar a qué viene tanto hablar de la vida si las familias, incluso la mayoría de las católicas, se limitan a la parejita… ¿Hay mucha diferencia entre abortar o usar otros métodos para evitar los hijos?

Pienso que media sociedad es abortista y la otra media, salvo honradas excepciones, antinatalista, es decir, de ninguna manera están dispuestos a aceptar más hijos de los que a ellos les convienen con su criterio egoísta.

(4) Luna [comentando el artículo].- Efectivamente, sabemos que tenemos la razón porque la verdad de todo esto es conocida por todos (la nieguen unos, la afirmemos otros). Así, no se trata de una creencia infundada, sino de que lo que argumentamos nos lleva a la verdad, mientras que lo que ellos argumentan (cuando lo hacen) no lleva a ninguna parte, se encuentra siempre -como bien ha dicho Miguel- en oposición a la lógica, el gran escollo de cuando se niega una evidencia por simple postura ideológica.

Un mal que ha arraigado en nuestro siglo y que amenaza con echarlo al traste es el de la composición de «carteras de creencia» (o negación). Son conjuntos ideológicos que se presentan en bloque y apoyándose unos a otros, como los fondos de inversión buscan un conjunto de valores bursátiles. Parece que hayan de estar ligados el secesionismo [catalanista], la izquierda, el aborto y el anticlericalismo. ¿Por qué? Cada uno tiene una causa y unas consecuencias diferentes. Puede una persona no creer en Dios y proteger la vida, ser separatista o no serlo con independencia de lo anteriormente dicho. No está la coherencia en atar todo esto en un mismo haz. Somos personas cada uno de nosotros y todas podemos ser diferentes, no es necesario -ni humano- alinearnos en «tipo A»: derechas, provida, Real Madrid y ópera; «tipo B»: izquierdas, abortistas, Hemmm… Barça [En ambos casos, por decir nombres de equipos rivales, no por nada más] y Iron Maiden.

(5) Miguel [que soy talmente yo; respondo a Luna (4)].- A propósito de lo de ser abortista cuando no existe ni pizca de razón para ello, en mis cavilaciones he llegado a la conclusión de que solo es posible que exista una: que queda «avanzado», y así, se queda bien. No puedo concebir otro móvil; y ahora digo «móvil» porque, claramente, la palabra «razón» es demasiado noble como para traerla por estos barros.

El problema les viene cuando han de abrir la boca, y entonces, como he probado, lo dan todo por demostrado -justo porque es indemostrable- y evidente, o nos ponen en riesgo de cascar a carcajadas el planeta.

A propósito de tu último párrafo, me convencí de que no deberían existir adjetivos calificativos de esos que dan, por así decirlo, el resultado de la suma de creencias. Nunca debiéramos decir «este es de izquierdas» (me he prohibido la palabra, ved https://soycurayhablodejesucristo.wordpress.com/2014/02/13/arrojo-al-mar-palabras-que-dividan/). Deberíamos decir: «Este vota a tal partido y es abortista y lee ‘El País’ y…”» Es muy diferente. Además, tomándonos el trabajo de buscar los «rasgos», siempre surgirá buena porción de ellos que desequilibrará el conjunto y nos hará decir: «Este… ¿es de izquierdas? ¿Sabe alguien, por Dios, qué son izquierdas o derechas?»

Y lo más importante, señores: prometo un televisor de plasma de los de ver la final y un tresillo con mesa para poner los pies y los cacahuetes a cualquiera que ponga una crítica o comentario adverso a mi artículo o nuestras apostillas. Porque ya está bien, esto de los blogues.

(6) Carlos.- (Respondiendo a Luna (4)) Precisamente estoy leyendo un libro que explica la reacción de los católicos franceses, y europeos por lo general, contra la revolución francesa, que había atacado a la Iglesia, pero también a la monarquía. Los católicos hicieron frente común con la monarquía y con las ideas e instituciones del Antiguo Régimen.

Quiero con esto decir que esas nefastas «carteras de creencias» son muy antiguas, y el ser verdaderamente liberales y abiertos es importante, pero difícil de conseguir. También para los cristianos, aunque pienso que en algunos ámbitos cristianos hemos avanzado muchísimo…

(7) Carlos [respondiendo a mi ilustre persona (5)].- Sí, pero cuando una chica está agobiada porque tiene en su interior una vida que la supera y se siente abandonada de su entorno, tal vez no se plantee «la verdad» de la razón, sino otras verdades. Cuando un estudiante ve que no se sabe la pregunta y que va a suspender, trata de copiar y nada se plantea sobre si es justo ante los demás o la sociedad, etc.

Quiero con esto decir que mientras no tengamos una sociedad emocionada con la vida, de poco servirán estas verdades.

(8) Miguel [¡todos atentos, que vuelvo a hablar yo!].- A CARLOS, EN SU PRIMERA APOSTILLA DE HOY (7).- En parte, disiento. En mayor parte, asiento y admiro.

Disiento de la negación de diferencias entre no tener hijos y matarlos. ¿Necesita esto algún argumento? Pues vamos a lo siguiente.

Admiro. No me cabe duda: parte de la población es abortista, parte antinatalista. Desde luego, has exagerado muchísimo en las proporciones del cóctel, porque creo que los abortistas son la exigua, pero tan sonora parte de la población. Desde luego, creo que quisiera matizar diciendo que esos matrimonios son «antinatalistas prácticos», porque -lo dices tú en posterior apostilla- tienen la parejita por conveniencia, no por convicción. Al cabo, ¿qué importa la verdad?

Pero verdaderamente admiro. Y a eso tan valioso que aportas, será bueno añadir que: así como casi todos deciden engendrar o no, o espaciar los nacimientos más o menos, por criterios económicos, hay muchos otros criterios que tener en cuenta:

– Todos los que tienen que ver con la salud de hijo y madre, que no justifican aborto, pero pueden justificar regulación natural de la fertilidad.

– Situación de la familia: el único hijo muy seguramente necesita hermanos; o no hay manera posible de meter más hijos en el domicilio, ni posibilidad de otro domicilio; la situación laboral de los padres dificultará por el momento un contacto suficiente con los hijos; etc.

– Ante todo, los creyentes deben tener en cuenta que en absoluto engendran para una felicidad en la tierra, sino para la incalculable y eterna del cielo, donde el Amor está. Y ese, para ellos, es el criterio principal. Y la mayor razón para negar el aborto de los peores enfermos, y el motivo para -dentro de una razonabilidad- tener hijos aún en la pobreza, etc. Un hijo no está para «disfrutarlo», sino para que lo disfrute Dios y viceversa. No está para darle besitos, sino para que se lleve los besazos del Dios que es Amor.

Pero los creyentes no quieren oírlo cuando San Pablo lo grita: «Nosotros no ponemos nuestros ojos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; porque lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno». Lo que cuenta es el «doberman» y las vacaciones. El antinatalismo práctico es ir alejándose de la fe.

(9) Miguel [nada menos].- A CARLOS, EN SU SEGUNDA APOSTILLA DEL 18 (7).- Dices gran verdad, y nosotros mismos no podemos vivir lo que sabemos, pero no tira de nosotros. Supongo que tenemos que sacar la conclusión de que, para que den valor a la vida, han de vivir una vida que tenga valor. Y, ya se entiende, para que tenga valor hay que llenarla de valores. No de móviles.

Será cierto que, si la señorita siente sin saberlo que su vida no tiene mucho valor, no verá demasiados inconvenientes en impedir la vida que llama a la puerta para salir.

Será cierto que, desde las azoteas, son muchas las cosas grandes y fascinadoras que nos toca gritar.

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One Comment leave one →
  1. Clara permalink*
    5 agosto 2014 18:08

    Solo puedo estar de acuerdo con todo lo que dices y con tus amigos de las apostillas.

    Por cierto, a veces las apariencias engañan y puede que lo de la parejita o el hijo único no sea por antinatalistas, sino porque no llegan más.

    Creo también que una cosa es que una persona sea abortista o antivida, que defienda que todas las mujeres puedan abortar, muchas veces sin haberlo vivido, y otra distinta las mujeres que, con un embarazo inesperado, ni se han planteado si son abortistas o no, pero todo a su alrededor las lleva a buscar esa solución a sus problemas. Normalmente, ya sabemos que cuando se las acompaña a buscar otras soluciones a sus problemas, tienen a sus hijos y no se arrepienten, son muchísimo más felices.

    Hace unos años, una persona que estaba en Cáritas recibió a una joven embarazada: “Me han dicho que aquí me ayudan a quitarme esto”, señalando su barriga.

    Esta persona le dijo: “Mujer, aquí te ayudamos a tenerlo”.

    La acompañó a todos los sitios donde podían solucionar los problemillas que tenía, la dejó en buenas manos, y cuando tuvo a su bebé, volvió para darle las gracias, diciendo que les había salvado la vida tanto al bebé como a ella.

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