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Mes de María en 2014-Día 30

31 mayo 2014

Nuestra Señora, Reina de los Corazones, advocación patrona de la Archicofradía de los esclavos de María y, en general, de los esclavos de María. La Virgen está coronada, el Niño sustenta el Orbe como su Rey y Señor, a la izquierda el arcángel San Gabriel portando la leyenda Ad Jesum per Mariam («A Jesús por María»), y a la derecha, San Luis María Grignion de Montfort ofrece su corazón a la Reina. El original es una talla en piedra que se venera en su santuario, regido por los Misioneros Montfortianos, en Roma, y hay alguna diferencia: como mínimo, en el original la Virgen tiene cetro, y el santo no está ofreciéndole el corazón. Servidor de ustedes tuvo el privilegio de visitar ese santuario.



CUÑA PUBLICITARIA.- Vuelvo a recordar al respetable que regalo las obras marianas de San Luis María Grignion de Montfort a quienes me las piden. Será en pdf, en audio (solo el Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen) o, cobrando como máximo los gastos de envío, en papel.


 

NUESTRA CONSAGRACIÓN DE MAÑANA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA 


 

«¡No es una devoción más!»

Decía siempre mi siempre recordado Ricardo María de Moreta que la consagración como esclavos de María «¡no es una devoción más!» Y no lo es. No es una oración tan importante como las otras o menos. Ni siquiera es una oración, porque lo que cuenta de la consagración es vivirla, y eso significa, ni más ni menos, todos los actos, palabras y pensamientos del resto de la vida; luego, también seremos de María por la eternidad.                      

Ha sido llamada esta consagración/vida de consagración «un estado nuevo» en el que uno ingresa, «a la manera de profeso». San Luis María, a su obra insuperable -que versa sobre la consagración como «esclavos de amor de Jesús en María» (Esclavitud Mariana)-, la titula el Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, que en la fotico la tenéis. «¡No es una devoción más!», y tanto Montfort como, ahora, la Virgen de Medjugorje piden una preparación de treinta y tres días para consagrarnos a ella. Si habéis hecho treinta intensos, imagino que está muy bien.

«Sed santos, como mi Padre celestial es santo»

Está claro que ninguna consagración [Foto: ¿Usted cree que la corona reina… o que se descubre vasallo?] puede ser más radical que la que hace de nosotros el Espíritu Santo en el Bautismo. Montfort presenta la consagración a María como una renovación de las promesas bautismales, de la consagración bautismal. Estamos de acuerdo en que la Virgen es santa, y San Agustín nos dice: Vera devotio est imitare quod colimus: «La verdadera devoción es imitar aquello a lo que tenemos devoción». Al final, por todos los caminos que pudieran rastrearse, la única verdadera devoción a María es ser santos o empeñarse decididamente en alcanzar la santidad. Ni podía ser de otro modo, cuando las únicas palabras que en el Evangelio la dulce Virgen dirige al público son: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5), y lo que Él nos dice es: «Sed santos» (Mt 5,48).

Y es el caso que a mí me cautiva considerar una declaración de Jesús: «Yo me consagro a fin de que ellos sean consagrados» (Jn 17,19). Jesús ya había sido consagrado de niño en el Templo (cfr. Lc 2,22-23). Pues ya se ve que eso -sin merma de su importancia como cumplimiento de la Ley- no le parecía consagración. Consagración era la que tenía que hacer Él (y yo) todos los días. Por estas razones, y por razones lingüísticas que se dan la mano con una profunda teología, otros traducen yo me santifico, y es exactamente lo mismo que yo me consagro. 

«Consagrado, conságrate»

Pero ahí están también otras palabras del Sermón de la Montaña, donde, después de unos mandatos, Jesús dice: «…para que seáis hijos de vuestro Padre». Y el caso es que c
uando se nos bautiza ya somos hijos de Dios. Pues hace falta más, ya se ve, y aquí viene esa máxima que dice: «Cristiano, sé lo que eres». Echemos hoy a rodar otra que desvele dormitantes, y digamos nosotros: «Consagrado, conságrate.»

No basta el bautismo. No basta la consagración a María de mañana. Uno y otra están soñando con tu santidad. Ambos son puertas de oro, pero a quienes no recuerdan la admonición de mi recordado y querido Ricardo María -«¡la consagración no es una devoción más!»-, no les sirven para nada; a muchísimos que la han tomado en serio, los ha llevado al cielo, y muchos de estos están en los altares. El más reciente, San Juan Pablo II, que tanta publicidad hacía de la Esclavitud Mariana. Otro muy querido, San Maximiliano María Kolbe, mártir de la caridad en Auschwitz.

No he dicho esclavos: he dicho amor

Quería aclarar dos cosas más. En primer lugar, ha habido en la historia muchos títulos de consagración a la Señora: muchos se consagran como siervos, otros como esclavos, propiedad, hijos, víctimas, en alianza de amor, etc. Yo vivo y propago el título de esclavo, y en la forma que le dio San Luis María Grignion de Montfort. A pesar de ello, soy consciente de que el título no es lo más importante, sino el amor que impulsa y el amor [Foto: imagen de San Luis María Grignion de Montfort venerada en el interior de la basílica de San Pedro] con que la consagración se vive.

Y es que nosotros nos consagramos solamente por amor. Eso es natural y va de suyo. Dos enamorados que no piensan en el matrimonio -aunque sea muy de lejos-, que no exploran su posibilidad, son una pareja en la que la mentira es recíproca. Por eso, a mi modo de ver, la consagración, que no es en absoluto obligatoria, sin embargo es lo más natural cuando existe el amor a María, y no es, en absoluto, una devoción particular.               

EL CORAZÓN DE MARÍA

En segundo lugar, San Luis María ha hecho, podemos decir, pocas referencias al Corazón de María en sus obras, y en la fórmula de consagración no lo incluye. Era otra circunstancia histórica. Hoy, después de Fátima, no se puede prescindir, en la consagración, de centrarla en ese Corazón Inmaculado. Yo de mí sé decir que soy esclavo del Corazón de María. La Señora desea la consagración al Corazón [2], y desde luego, sus razones tendrá, aunque la Cova da Iria no era el lugar apropiado para impartir a los niños un cursillo de teología. Esa teología se ha hecho, antes y después, y no la echáis en falta en este blog. Un poco de ella.

——————————————————

[2] Aunque nunca lo dijo, y la única consagración que pidió es la de Rusia, parece obvio que esto, que no está en las palabras del mensaje de Fátima está bien claro en su   espíritu.                                                     


 

Quisiera seros de utilidad presentándoos ahora unas palabras del santo que, en su brevedad, dan una primera idea acerca de qué es esto de la Esclavitud Mariana. No lo necesitarán los que ya me han pedido las obras de mi querido patrón.

CONTENIDOS ESENCIALES DE LA CONSAGRACIÓN

(Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, núms. 120-125)


La plenitud de nuestra perfección consiste en asemejarnos, vivir unidos y consagrados a Jesucristo. Por consiguiente, la más perfecta de todas las devociones es, sin duda alguna, la que nos asemeja, une y consagra más perfectamente a Jesucristo. Ahora bien, María es la creatura más semejante a Jesucristo. Por consiguiente, la devoción que mejor nos consagra y hace semejantes a Nuestro Señor es la devoción a su santísima Madre. Y cuanto más te consagres a María, tanto más te unirás a Jesucristo.

La perfecta consagración a Jesucristo es, por lo mismo, una perfecta y total consagración de sí mismo a la Santísima Virgen. Esta es la devoción que yo enseño, y que consiste -en otras palabras- en una perfecta renovación de los votos y promesas bautismales.

 

CONSAGRACIÓN PERFECTA Y TOTAL 

Consiste, pues, esta devoción, en una entrega total a la Santísima Virgen, para pertenecer, por medio de Ella, totalmente a Jesucristo. Hay que entregarle:

1. el cuerpo con todos sus sentidos y miembros;

2. el alma con todas sus facultades;

3. los bienes exteriores -llamados de fortuna- presentes y futuros;

4. los bienes interiores y espirituales, o sea, los méritos, virtudes y buenas obras pasadas, presentes y futuras.

En dos palabras: cuanto tenemos, o podamos tener en el futuro, en el orden de la naturaleza, de la gracia y de la gloria, sin reserva alguna –ni de un céntimo, ni de un cabello, ni de la menor obra buena–, y esto por toda la eternidad, y sin esperar por nuestra ofrenda y servicio más recompensa que el honor de pertenecer a Jesucristo por María y en María, aunque esta amable Señora no fuera -como siempre lo es– la más generosa y agradecida de las criaturas.

De donde se deduce que:

1. por esta devoción entregas a Jesucristo, de la manera más perfecta –puesto que lo entregas por manos de María–, todo cuanto le puedes dar y mucho más que por las demás devociones, por las cuales le entregas solamente parte de tu tiempo, de tus buenas obras, satisfacciones y mortificaciones.

Por esta consagración le entregas y consagras todo, hasta el derecho de disponer de tus bienes interiores y satisfacciones que cada día puedes ganar por tus buenas obras, lo cual no se hace ni siquiera en las órdenes o institutos religiosos […].

sanluiscera.jpg (15429 bytes)2. Una persona que se consagra y entrega voluntariamente a Jesucristo por medio de María, no puede ya disponer del valor de ninguna de sus buenas obras; todo lo bueno que padece, piensa, dice y hace pertenece a María, quien puede disponer de ello según la voluntad y mayor gloria de su Hijo.

Esta entrega, sin embargo, no perjudica en nada a las obligaciones del estado presente o futuro en que se encuentre la persona; por ejemplo, los compromisos de un sacerdote, que […] debe aplicar […] la Santa Misa a un particular. Porque no se hace esta consagración sino según el orden establecido por Dios y los deberes del propio estado. 

3. Esta devoción nos consagra, al mismo tiempo, a la Santísima Virgen y a Jesucristo. A la Santísima Virgen, como al medio perfecto escogido por Jesucristo para unirse a nosotros, y a nosotros con Él. A Nuestro Señor, como a nuestra meta final, a quien debemos todo lo que somos, ya que es nuestro Dios y Redentor.


 LA ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN, OS LA PUSE EL PASADO 31 DE MAYO. ES MUY RECOMENDABLE HACERLA DESPUÉS DE COMULGAR.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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7 comentarios leave one →
  1. Antonio Moreno permalink
    31 mayo 2014 10:18

    Hola. ¿Podría mandarme el PDF? Gracias y un saludo.

    Antonio M.

    Me gusta

  2. Clara permalink*
    31 mayo 2014 12:25

    Pregunta, quizás tonta: ¿Puede uno consagrarse a María cuando cada uno quiera, o tiene que ser el 31 de mayo?

    Me gusta

    • 2 junio 2014 19:30

      Dicen que no hay preguntas tontas, sino tontos que no preguntan.

      Uno puede consagrarse a María cuando quiera. No obstante, seguro que ves más apropiado hacerlo en una fecha muy especial. Esta fecha puede ser una fiesta mariana -como la del 31 de mayo, que va muy bien además porque se puede tomar el mes de mayo como la preparación-, y mejor que una fiesta una solemnidad. La renovación solemne que yo recuerdo de mi consagración fue en la Inmaculada del 93, y cada 8 de diciembre es solemnidad para mí más que para nadie en la Iglesia, amén. En la Sociedad Grignion de Montfort, hacemos el acto público en la Inmaculada y en la Encarnación (25 de marzo), que en realidad es la solemnidad más importante del año.

      Ahora, también puede resultar que en una fecha que no es fiesta uno haya recibido algún favor muy particular de la Virgen, o cosa semejante; parece natural que, si quiere, lo haga entonces.

      A mí me parece que es más importante la preparación que la fecha. Y si alguien se ha consagrado, pero ve que no ha habido suficiente preparación, puede escoger otra fecha dentro de unos meses y consagrarse en ella preparado. Vuelvo a insistir: Montfort en sus días y la Virgen de Medjugorje en los nuestros mismísimos insisten mucho en la preparación, que indican que sea de treinta y tres días.

      Me gusta

  3. Clara permalink*
    1 junio 2014 6:51

    Y otra pregunta más: ¿Se puede consagrar una persona a María y también al Corazón de Jesús?

    Me gusta

    • 2 junio 2014 19:15

      Como dice Montfort y todos los santos y todo el mundo, el único fin del culto a María es llevarnos a Jesús. María también lo dice. “Haced lo que él os diga” son sus únicas palabras dirigidas a “la gente” en el Evangelio. Por tanto, si la consagración a María es para ir a Jesús, uno puede consagrarse a Él y a ella… porque no se pelearán precisamente. Yo me consagro todos los días al Espíritu Santo, al S. Corazón y como esclavo del I. Corazón de María. O sea, que ¡te gano!

      Me gusta

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