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DELIBES Y EL ABORTO: “PROGRESISMO” SINCERO, O EL “PROGRESISMO” VUELVE A LA CAVERNA

3 enero 2014

Actualizado a 13-I-2014

«Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social […], ¿qué pinto yo aquí?»

Doy gracias a José Ramón Ayllón, que desparrama hoy un bien inmenso sobre España con su actividad intelectual, y gracias a Gabriel Martínez, hermano sacerdote, que me han hecho llegar un artículo de Miguel Delibes. Este gigantesco escritor, para mí uno de los grandes humanistas del s. XX español, ofreció en ABC de  14-III-2010 un art. titulado Aborto libre y progresismo. Deja muy en su punto lo que el título indica, y os merece la pena. Al mismo tiempo, me indignan afirmaciones más de principio, y opto por criticar brevemente unas y omitir otras, en aras a la brevedad.

Delibes dijo en otro lugar que, ya que tanto hablábamos de progresismo, el que progresa es el hombre. Quizá esto pueda ser el fundamento de sus clarividentes explicaciones. Ustedes pasen y vean.

Rectificación posterior: el artículo es de 1987 (no puedo precisar más).

En estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: «Nosotras parimos, nosotras decidimos». En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión […]. Lo importante, en este dilema, es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es [1], parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio.

[…] Las partidarias del aborto sin limitaciones piden en todo el mundo libertad para su cuerpo […]. Esa misma libertad es la que podría exigir el embrión si dispusiera de voz, aunque en un plano más modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy reclaman sus presuntas y reacias madres. Seguramente el derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos, en el que también se incluiría el derecho a disponer de él [2], pero, naturalmente, subordinándole [por lo] al otro.

Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para estos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia. En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona [pensaron], mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto, y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podía recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.

[1] No hay derecho a dar por supuesto eso de proyecto de persona, porque en si es persona o no se juega toda la partida: si no lo es, da lo mismo matar a un feto que a una lagartija. Si Delibes no lo sabe, no aluda al tema. Yo tampoco sé mucho, pero puedo deciros que entran en colisión, por un lado, el concepto heredado del derecho romano -tan dañino en esto-, según el cual se es persona desde las 24 horas posteriores al parto (ya se dijo aquí, pinchad y leed el punto 5), y por otro, el concepto que debe estar en la base, que es la naturaleza de las cosas, o sea el filosófico, y un tema tan difícil se ha movido entre la definición de Boecio (ss. V-VI), “substancia individual de naturaleza racional”, y las contemporáneas definiciones personalistas, tan del agrado del filósofo Juan Pablo II. Pero si en seguida Delibes defenderá el “derecho a tener un cuerpo” como “el que encabezará el más elemental código de los derechos humanos”, entiendo que, sin saberlo y con contradicción, está reconociendo que el embrión es persona…, o bien que los derechos humanos se reconocen para los caballitos de mar y los sacapuntas.

Y permitidme una efusión personal. Hace dos cuaternarios, en una manifestación ante una clínica, compuse y recité justamente este poema:

La vida que mis padres

a mí me dieron,

yo la pongo al servicio

de los pequeños

que no pueden su grito

alzar. ¡Luceros!,

que habitáis en el cálido

seno materno;

que sois hombres, más digo,

niños completos,

niños que, aun sin abriles,

ya sois completos,

como todo hombre tiene

vida y derechos.

 

A las madres que tienen

plata y lucero

en su entraña, y palpita

dentro en su seno,

no un proyecto de hombre,

¡ya un hombre nuevo!,

les decimos vibrantes

que las queremos,

tendiendo nuestros brazos

hacia su esfuerzo.

[2] “Disponer de él, pero subordinándole [por lo] al otro” parece que se refiere a actos como la automutilación, el suicidio y otros. Y no. Dejemos la perspectiva religiosa, pues dialogamos con increyentes: sencillamente, eso es antinatural. Por otro lado, el cuerpo, co-principio de la persona, pertenece indisociablemente a la comunidad social como la persona le pertenece, y solo una consideración individualista (egoísta) priva a los demás dméde gozar de uno.

[3] Delibes ignora los métodos de aborto. ¿Indoloros? Vosotros juzgaréis si pincháis. ¿Científica? Se referirá a la ciencia médica, pero ¿esa no era, desde siempre, la destinada a curar y evitar la muerte? El otro día nos decía Iñigo Ruiz (punto 16) que “el peor estado de salud es la muerte”. ¿Esterilizada? Me parece que aquí se da demasiado por supuesto.

——————————

Y ahora, sed buenos con quien os quiere, y permitidle añadir una cosa que piensa desde muchos lustros ha. A saber: el asunto del aborto, para quien tenga un mínimo  de sentido común, es tan evidente y claro, que yo solo encuentro una única causa -“razón” es palabra demasiado noble para prostituirla en este sintagma- para defender todavía esa cachiporrez. La llamada causa es, bien sencillamente, que -según dicen- combatir el aborto es de Iglesia, de derechas y todo eso; ergo, si yo soy del otro lado (por los lados empiezan las guerras), defenderé el aborto y quedaré de progre. No hay más: cuestión de lucimiento simplemente.

Me fascina un lema que creo ser del Movimiento Cultural Cristiano (católico) y que dice: “Soy de izquierdas: por eso estoy en contra del aborto”. Buen resumen, que seguro que Delibes me habría comprado. Pero de lados, y de fachas y progres, he de hablaros pronto.

——————————-

4-I-2014.- Callaré cuando muera. Una de las novelas más célebres de Don Miguel es Las ratas, en la que el tío Ratero, que vive de la caza de ratas de río, se enfrenta a un competidor. Tiene uno de los finales más admirables posibles. Me he preguntado, paseandito, “qué ley, justicia o razón” (esto lo dijo Calderón de la Barca) me prohibía hacer un paralelo, en el cual el tío Ratero van a ser los abortistas y el antagonista cuyo nombre he olvidado va a ser el feto. Este es el final de la novela:

El tío Ratero estrangula y ahoga en el río al competidor, que como puede le grita:

“¡Da-te-a-ra-zo-nes-co-ño!”

El Ratero contesta y estrangula:

“¡Las ratas son mías!”

Y así, dada repetidas veces esta sorprendente razón para matar, el feto acaba muriendo a manos de su madre, y las últimas palabras  del relato son  la repetición enésima de la llamada a una actuación que pueda considerarse racional:

“¡Da-te-a-ra-zo-nes-co-ño!”

Obvio que tenían que ser las últimas, porque quien mata no está en la razón.

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8 comentarios leave one →
  1. 3 enero 2014 21:54

    “Nosotras parimos, nosotras decidimos”.

    Vale. Lo acepto.

    No olvides, mujer, que ambas decisiones conllevan obligaciones.

    Si pares, tendrás que cuidar a ese hijo, o procurar que alguien lo cuide por ti. ¿No es lo que exigís al padre para que os pase manutención?

    Si decides, tendrás que responsabilizarte de tus actos y sus consecuencias.

    Pare y decide. Nadie te niega ni la una ni la otra. ¿Por qué lo reivindicas?

    Me gusta

    • 3 enero 2014 22:12

      Lógica. Dos preguntas para mi Capitán:
      – ¿No es evidente que lo reivindican (inicuamente) en la medida en que se les niega?
      – ¿Nos estás diciendo en tu segunda línea que aceptas el aborto?

      Me gusta

  2. 3 enero 2014 23:50

    Acepto la petición. Pero no lo que quieren en pedir, sino lo que en realidad piden.

    Ellas quieren pedir derecho a abortar, pero lo que en realidad piden, queriendo engañar, es derecho a parir, que lo tienen, y a decidir, que también lo tienen. ¿No estás de acuerdo?

    Presunción de buena fe: ¿Recuerdas lo que te dije? Atiendo a lo que realmente dicen en lugar de a lo que esconden, ya que es más digno lo uno, lo que realmente piden, que lo otro, lo que piden con engaño.

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  3. 4 enero 2014 0:15

    Derecho a “decidir” (que significa “asesinar”), no lo tienen.

    Y, luego, no hagamos juegos malabares. No te quedes con el significado de lo que dicen, sino con su sentido. Cuando hay una manifestación pro-abortista en la que se grita esto, se exhiben pancartas que no pueden ser más evidentes, etc., no hay ninguna necesidad de quedarse con esa enunciación con la que reclaman lo que está bien claro: hay que quedarse con lo enunciado; y eso es lo que quieren ellas mismas. Ellas quieren que se entienda que reclaman abortar. No esconden nada. No se necesitan habilidades dialécticas: ellas quieren matar, y no hay más.

    Y, sin embargo, ¿para qué ondularnos en estos bizantinismos de academia por un eslogan que no es, ni de lejos, el centro del artículo? Parece que lo propio es comentar la cuestión de la relación inverosímil entre el “progresismo” y el “abortismo”, porque eso quería Delibes. Y porque es el centro de la diana.

    Me gusta

    • 4 enero 2014 0:41

      Vaya, pues tengo mala puntería.

      Soy cabezón, vale. Siguiendo por lo que dije: que aprendan a pedir. Si nos dejamos engañar, luego nos cuelan «progresismo» por «hágase mi propia voluntad», y cosas así. Exijamos que hablen con propiedad; si no, ni caso. Pervertir la palabra es algo grave. «Que vuestro sí sea sí, y vuestro no, no». Creo que se aplica no solo en el hablar, sino también en el escuchar.

      ¿Cómo vamos a reclamar los goles que nos hemos dejado colar?

      No sé si consigo hacerme entender.

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  1. SOIS UNOS INDIGNOS. POR LO DEL ABORTO LO DIGO. | soycurayhablodejesucristo
  2. LO QUE FALLA ES LO ELEMENTAL | soycurayhablodejesucristo

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