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“NO ES POSIBLE CONTINUAR ACEPTANDO”. BENEDICTO XVI HABLA Y DENUNCIA SOBRE EL HAMBRE

10 diciembre 2013

Invitamos a todos ustedes a dejar de lado por lo menos media hora al mediodía del 10 de diciembre al ser parte de nuestro "ola de oración" que cruzará a través de todos los continentes del mundo.

Vengo contándoos que hoy se inaugura la campaña universal Una sola familia, alimentos para todos. Os traigo un discurso de Benedicto XVI que he recortado y que resulta espléndido, sobre todo si se lee pensando en las consecuencias que tendría el desarrollo de lo que propone. Es admirable la impasibilidad valiente con que hace gravísimas denuncias contra lo que está ocurriendo por culpa de las instituciones y tuya y mía. El último párrafo podría encuadrar la presente campaña. ¡”No es posible continuar aceptando la opulencia y el derroche”!,  y la lucha contra el hambre “es el signo más inmediato y concreto de la solidaridad animada por la caridad”.

Yo solo quería añadir que toda pasividad es complicidad y es pecado, y que San Jerónimo dice (y el Vaticano II lo recoge): “Alimenta al que muere de hambre, porque si no lo alimentas, lo matas”. 

DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LA F.A.O. CON OCASIÓN DE LA CUMBRE MUNDIAL
SOBRE SEGURIDAD ALIMENTARIA

Roma, lunes 16 de noviembre de 2009

Texto completo, aquí. Los titulillos son míos.

Señor presidente, señoras y señores:

[…]

La superpoblación es un mito. Lo que hace falta es que nos pongamos

Se confirma que la tierra puede nutrir suficientemente a todos sus habitantes. En efecto, si bien en algunas regiones se mantienen bajos niveles de producción agrícola a causa también de cambios climáticos, dicha producción es globalmente suficiente para satisfacer tanto la demanda actual, como la que se puede prever en el futuro. Estos datos indican que no hay una relación de causa-efecto entre el incremento de la población y el hambre, lo cual se confirma por la deplorable destrucción de excedentes alimentarios en función del lucro económico. En la Encíclica Caritas in veritatehe señalado que “el hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional. Es decir, falta un sistema de instituciones económicas capaces […] de asegurar […] el agua y la comida […] como de afrontar las exigencias relacionadas con las necesidades primarias y con las emergencias”. Y he añadido también que: “el problema de la inseguridad alimentaria debe ser planteado en una perspectiva de largo plazo, eliminando las causas estructurales […] y promoviendo el desarrollo agrícola […], para asegurar así también su sostenibilidad a largo plazo” (n. 27). […] Hay que oponerse […] a ciertas formas de subvenciones que perturban gravemente el sector agrícola, la persistencia de modelos alimentarios orientados al mero consumo y que se ven privados de una perspectiva más amplia, así como el egoísmo, que permite a la especulación entrar incluso en los mercados de los cereales […].

Cooperar no es invadir. Cooperación como factor contra la crisis global

[A] los países más pobres […], la tendencia de los mercados internacionales […] los obliga a […] recurrir a las ayudas de las instituciones intergubernativas. Sin embargo, el concepto de cooperación debe ser coherente con el principio de subsidiariedad, se ha de implicar “a las comunidades locales en las opciones y decisiones referentes a la tierra de cultivo” (ibíd.),  porque el desarrollo humano integral requiere decisiones responsables por parte de todos y pide una actitud solidaria que no considere la ayuda o la emergencia en función de quien pone a disposición los recursos o de grupos de elite que hay entre los beneficiarios […]. Dentro de este contexto de responsabilidad está el derecho de cada país a definir su propio modelo económico […]. Además, es importante subrayar cómo la vía solidaria para el desarrollo de los países pobres puede llegar a ser también una vía de solución para la actual crisis global. En efecto, sosteniendo con planes de financiación inspirados en la solidaridad estas naciones, […], no sólo se favorece el incremento económico en su interior, sino que puede tener repercusiones positivas para el desarrollo […] en otros países (cfr. ibíd., 27).

El escándalo de que nos acostumbramos al hambre. La solución, buscadla en los principios

[…] Esta desigualdad [entre países y áreas] no solo tiene que ver con los modelos de desarrollo, sino también, y sobre todo, con la forma que parece afianzarse de percibir un fenómeno como el de la inseguridad alimentaria. Existe el riesgo de que el hambre se considere como algo estructural, parte integrante de la realidad socio-política de los países más débiles, objeto de un sentido de resignada amargura, si no de indiferencia. No es así, ni debe ser así. Para combatir y vencer el hambre, es esencial empezar por redefinir los conceptos y los principios aplicados hasta hoy en las relaciones internacionales, así como responder a la pregunta: ¿qué puede orientar la atención y la consecuente conducta de los Estados respecto a las necesidades de los últimos? La respuesta […] se encuentra […] en los principios […]: solo en nombre de la común pertenencia a la familia humana universal se puede pedir a cada pueblo, y por lo tanto a cada país, ser solidario […].

Dónde hay que poner cada pieza. La ley natural, la ética, la justicia, la caridad, y solo después hablamos de derecho y de economía

No obstante, si bien la solidaridad animada por el amor excede la justicia, porque amar es dar, ofrecer lo “mío” […], esta no existe nunca sin la justicia, que induce a dar al otro lo que es “suyo” […]. No puedo “dar” a otro de lo “mío” sin haberle dado antes lo que le pertenece […] (cf. ibíd., 6). Si se busca la eliminación del hambre, la acción internacional está llamada […] a buscar nuevos parámetros —necesariamente éticos y después jurídicos y económicos— que sean capaces de inspirar la actividad de cooperación […]. Esto, además de colmar el desequilibrio existente, podría favorecer la capacidad de cada pueblo de sentirse protagonista, confirmando así que la igualdad fundamental de los diferentes pueblos hunde sus raíces en el origen común de la familia humana, fuente de los principios de la “ley natural” llamados a inspirar las opciones […] en la vida internacional (cfr. ibíd., 59) […].

El riesgo de infravalorar lo rural; orientar el comercio internacional al desarrollo

[…] Se ha de evitar el riesgo de que el mundo rural pueda ser considerado, de modo miope, como una realidad secundaria […]. Es necesario rescatar las reglas del comercio internacional de la lógica del provecho como un fin en sí mismo, orientándolas en favor de la iniciativa económica de los países más necesitados […], que podrán caminar hacia la autosuficiencia, que es el preludio de la seguridad alimentaria.

La ecología, en su verdadera perspectiva. Ecología humana. ¿Defendemos las focas y matamos a los niños?

[…] El deseo de poseer y de usar […] es la primera causa de toda degradación ambiental […] Hace falta un cambio en los estilos de vida […], pero sobre todo es necesario tener presente ese deber moral de distinguir en las acciones humanas el bien del mal para redescubrir así el vínculo de comunión que une la persona y lo creado.

[…] “La degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana: cuando se respeta la «ecología humana» en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia”. Es verdad que “el sistema ecológico se apoya en un proyecto que abarca tanto la sana convivencia social como la buena relación con la naturaleza”. Y que “el problema decisivo es la capacidad moral global de la sociedad”. Por tanto, “los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad” (ibíd., 51).

“No es posible continuar aceptando”

El hambre es el signo más cruel y concreto de la pobreza. No es posible continuar aceptando la opulencia y el derroche, cuando el drama del hambre adquiere cada vez mayores dimensiones. Señor presidente, señoras y señores, la Iglesia Católica estará atenta siempre a los esfuerzos para vencer el hambre; trabajará por sostener, con la palabra y con las obras, la acción solidaria —programada, responsable y regulada— que los distintos componentes de la comunidad internacional estén llamados a emprender. La Iglesia no pretende injerirse en las acciones políticas; ella, respetuosa del saber y de los resultados de las ciencias, así como de las decisiones determinadas por la razón cuando son responsablemente iluminadas por valores auténticamente humanos, se une al esfuerzo por eliminar el hambre. Es este el signo más inmediato y concreto de la solidaridad animada por la caridad, signo que no deja margen a retrasos y compromisos. Dicha solidaridad […] no debe excluir la dimensión religiosa, con su poderosa fuerza espiritual y de promoción de la persona humana. Reconocer el valor transcendente de cada hombre y mujer es el primer paso para favorecer la conversión del corazón que pueda sostener el esfuerzo para erradicar la miseria, el hambre y la pobreza […].

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6 comentarios leave one →
  1. Alicia permalink
    10 diciembre 2013 20:02

    Verdaderamente, hay más ansia que hambre.

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    • 11 diciembre 2013 3:23

      Alicia la buena habla como la Sibila de Delfos: sus palabras pueden tener más sentidos que yo pelos en la cabeza. La redacción envía un corresponsal especial para que nos lo explique un poco más, si es que -como muchos de vosotros, infelices- cuando hizo el comentario no se suscribió a los comentarios siguientes, y por eso no lee estas palabras.

      Me gusta

      • Alicia permalink
        11 diciembre 2013 20:32

        Intentaré tener buen habla como la profetisa, pero no le entiendo.

        Me gusta

  2. Alicia permalink
    11 diciembre 2013 20:34

    Vale, ahora lo entiendo; ¿y cómo lo suscribió?

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    • 13 diciembre 2013 1:35

      Si lo que preguntas es por qué publiqué tu comentario, ha de haber motivos muy graves para que yo deje de publicar uno.

      Por ejemplo, que me mordiera tu gato.

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  3. 13 diciembre 2013 1:30

    Eso digo yo: que tu comentario primero no se entiende. Oh Alicia.

    Me gusta

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