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NOVENA A LA INMACULADA. DÍA QUINTO

4 diciembre 2013

 

Madre del Redentor, virgen fecunda, puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza y quiere levantarse.
Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador, y permaneces siempre virgen.
Recibe el saludo del ángel Gabriel y ten piedad de nosotros, pecadores.

¡Dios te salve, María Inmaculada,

de la gracia de Dios favorecida,

y con todo el poder de Dios creada,

y con todo el favor de Dios henchida,

y con todo el amor de Dios amada,

y sin mancha de culpa concebida!

Flor de las flores, adorable encanto,

gloria del mundo, celestial hechizo…

¡Dios no pudo hacer más cuanto te hizo!

¡Yo no sé decir más cuando te canto!

(José María Gabriel y Galán)

Rosa mística

Francisco Fernández Carvajal

“María, por su parte, guardaba estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc 2,19). “Su Madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón” (Lc 2,51). Por dos veces el Evangelista hace referencia a esta actitud de María ante los acontecimientos que se van sucediendo: en la Nochebuena de Belén y en Nazaret a la vuelta de Jerusalén, después de encontrar a Jesús en el Templo [1]. La insistencia del Evangelista parece ser el eco de la repetida reflexión de María, quien debió contarlo a los Apóstoles después de la Ascensión de Jesús al Cielo.

La Virgen conserva y medita. Sabe de recogimiento interior, y valora, guarda en su intimidad y hace tema de su oración los sucesos grandes y pequeños de su vida. Esta plegaria continua de María es como el aroma de la rosa, “que constantemente se eleva hacia Dios. Esta elevación suya no cesa jamás, tiene una frescura igual a la primera; es siempre jubilosamente nueva y virginal. Si la brisa de nuestras plegarias o los vientos tormentosos de este mundo pasan junto a Ella y la rozan, el perfume de la oración se levanta entonces más fuerte y perceptible; se convierte en intercesora incluyendo nuestra oración en la suya para presentarla al Padre en Cristo Jesús, su Hijo” [2].

Cuando estaba aquí en la tierra, todo lo hacía en referencia a su Hijo: cada vez que hablaba a Jesús, oraba, pues eso es la oración: hablar con Dios; y cuando Le miraba, y siempre que Le sonreía o pensaba en Él.

En Caná de Galilea, en las bodas de aquellos parientes o amigos, nos enseña con qué delicadeza e insistencia se debe pedir. “Era su Madre, le había acunado en sus brazos, y, con todo, se abstiene de indicarle lo que puede hacer. Expone la necesidad y deja todo lo demás a su arbitrio, segura de que la solución que dé al problema, cualquiera que sea, y en cualquier sentido, es la mejor, la más indicada, la que lo resuelve de la manera más conveniente. Deja al Señor el campo totalmente libre para que haga sin compromisos ni violencias su voluntad, pero es porque Ella está segura de que su voluntad es lo más perfecto que puede hacerse y lo que de verdad resuelve el asunto. No le ata las manos forzándole a adoptar un camino, a hacer algo determinado: confía en su sabiduría, en su superior conocimiento, en su visión más amplia y profunda de las cosas, que abarca aspectos y circunstancias que Ella podía, quizá, desconocer. Ni siquiera se planteó Nuestra Señora la cuestión de que a lo mejor Él no consideraba conveniente intervenir: expone lo que ocurre y lo deja en sus manos. Y es que la fe deja a Dios comprometido con más fuerza que los argumentos más sagaces y contundentes” [3].

Al pie de la Cruz, nos anima a estar siempre junto a Cristo, en oración silenciosa, en los momentos más duros de la vida. La última noticia que de Ella nos dan los Evangelios nos refiere que se encuentra con los Apóstoles, orando juntamente con ellos (cfr. Hch 1,14), en espera de la llegada del Espíritu Santo. El mismo Señor debió de aprender de su Madre muchas oraciones que se habían transmitido en el pueblo de Israel de generación en generación, de modo parecido a las que nosotros aprendimos de nuestras madres.

“El Santo Evangelio, brevemente, nos facilita el camino para entender el ejemplo de nuestra Madre: ‘María conservaba todas estas cosas dentro de sí, ponderándolas en su corazón’ (Lc 2,19). Procuremos nosotros imitarla, tratando con el Señor, en un diálogo enamorado, de todo lo que nos pasa, hasta de los acontecimientos más menudos. No olvidemos que hemos de pesarlos, valorarlos, verlos con ojos de fe, para descubrir la Voluntad de Dios” [4]. A eso ha de llevarnos nuestra meditación diaria: a identificarnos plenamente con Jesús; a darles un contenido divino a los pequeños acontecimientos diarios.

[1] Creo que nos hallamos ante un clásico error. En otro lugar (pinchad y buscad p. 104) aludo a la interpretación, más aceptable, de San Juan Eudes.

[2] F. M. Moschner, Rosa mística, p. 201.

[3] F. Suárez, La Virgen Nuestra Señora, pp. 266-267.

[4] S. Josemaría Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, 285.

Podéis tomaros la novena como preparación para consagraros el día de la Fiesta al Corazón de la Santísima Virgen como sus esclavos por amor. La fórmula preparada por San Luis María Grignion de Montfort la tenéis pinchando aquí. Pero tened presente que la verdadera consagración no es pronunciar un día palabras, sino buscar con María todos los días la santidad.

Libro recomendado de hoy.- TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN, de San Luis María Grignion de Montfort, Barcelona: Sociedad Grignion de Montfort-COMBEL, 2006, 178 pp. Muchísimos especialistas coinciden en que se trata del mejor libro dedicado a nuestra Señora en toda la historia de la Iglesia. La peculiaridad montfortiana consiste en centrar por completo un sistema espiritual en María, a través de la consagración como esclavos suyos por amor. Los frutos de esta escuela son una cascada que ha producido innumerables santos, congregaciones, asociaciones, movimientos, etc. Entre los hijos de S. Luis María, pueden contarse San Maximiliano María Kolbe, mártir en Auschwitz («yo quisiera ser reducido a polvo por la Inmaculada y esparcido en cenizas por todo el mundo») y el cercano santo Juan Pablo II, que tanto hablaba de su esclavitud mariana y que, entre otros, propone a Montfort como modelo de espiritualidad mariana en la enc. Redemptoris Mater, n.º 48, y otros documentos.- REGALARÉ ESTE LIBRO A CUANTOS ME LO PIDAN.

Otros libros recomendados.- Pinchad aquí pinchad aquí.

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