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SIEMPRE RAMAS DE ALMENDRO

5 octubre 2013

 Con la intención de reforzar lo que le decía a Alicia en “Alicia tiembla al saberlo”(pinchad), copio un artículo del blog Admaioranatussum (pinchad), de mi hermano Iñigo, y una respuesta que allí le dejé. Él me ha dado su permiso. Quede claro que no hablamos de hijos, sino de que Dios nos ama en todo y ama todo lo nuestro. Y de que, para un cristiano, el cuerpo y todo lo corporal es importante y santo.

…olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera,

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera

(Antonio Machado) [1].

Está nevando muy copiosamente para lo que puede hacerlo en Barcelona, ciudad en donde esta circunstancia llama mucho la atención, porque no se da más de una vez cada dos años.

Veo los coches quedar cubiertos por una capa blanca, que no llega a cuajar en el suelo asfaltado de la calle. Desde la ventana, estoy viendo mi granado obrar un curioso portento. Doy gracias a Dios y luego os diré el motivo.

Algunos sabréis que  tuvimos malos resultados con embarazos anteriores, que nuestra hija Pilar es el séptimo intento y los otros fueron desafortunados. Cuando nació muerta nuestra hija Isabel, quedé con un inmenso dolor. Francamente, no pudo aliviarse hasta que me alumbró la esperanza. Y esta llegó con un canto de Viernes Santo:

“Quan contemplem, veient la branca nua           

que  -malgrat tot- l’ametller florirà,

aquesta alegria ningú no ens la prendrà”.

Que quiere decir: “Cuando contemplamos, al ver la rama desnuda, que el almendro florecerá -pese a todo- nadie nos quitará esta alegría”. Es un anticipo de la Resurrección Pascual y de la Redención, pero ¿qué queréis que os diga? Pese a lo incorrecto de trasvasarlo a mi situación, me llenaba de consuelo y de esperanza.

Lo recordaba al año siguiente  -en pleno invierno- al ver mi granado sin la menor yema ni hojita, “durmiendo”, como corresponde a las especies caducifolias.

Tenía un olivo que hasta entonces no había podado, por algo parecido a aquel Salmo que dice: “Tus hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa” (128). Me daba tanta pena cortar sus brotes, que le estaba negando la necesaria poda para su correcto crecimiento. Llegué a ofrecérselo a mi hermana para que ella lo cuidase, siendo consciente de que mi sentimentalismo no podía causar malos tratos a este árbol (negligencia de cultivo). Al fin, me sobrepuse y le apliqué el refrán: “Para el olivo, un sabio en el suelo (con el abono y las cavas) y un loco en la copa” (por lo mucho que a veces se ha de podar).

Lo achaco a la mayor cantidad de luz ultravioleta que nos traen las nevadas y a lo cercano de la primavera, pero mi granado, el que supone para mí esperanza, sacó ayer una yema minúscula. Esta mañana, estaba cubierto de ellas, y en una hora, he visto crecer sus hojitas rojas. Sí, las he visto crecer, como en los documentales, pero sin truco cinematográfico de animación. Como no daba crédito, he hecho unas fotos, en donde  compruebo que es cierto. Ayer una sola yema. Hoy, cincuenta y cuatro brotes.

La belleza de la escena bajo la nieve queda mejorada por el entorno: Junto a mí, lo veía mi hija Pilar, de diez meses. Aunque ella no pudiera entender lo que pasaba ni viera nada extraordinario en el fenómeno, yo lo sentía: como una muestra de amor, mi mujer llegó a arriesgar mucho de su salud (quizá su vida) y tuvimos como fruto a Pilar – flor de almendro pese a todo-, que Dios nos dio.

Te doy gracias, Padre. Por mi mujer y mi hija. Te agradezco estas curiosidades, que con su belleza, me acercan a ti. Te agradezco también la belleza de la vida que me das, pese a que es dura a veces.

Y ahora recuerdo que este arbolillo procede de una rama que clavé como tutor de otra planta, y que quedó como esqueje o estaca que se reprodujo al iniciar mi noviazgo. Desde luego, Padre, eres un artista.

Gracias, muchas gracias por todo.

Querido Iñigo: Yo no entiendo por qué, esa bellísima estrofa de la Pascua -yo no la conocía-, dices que no es correcto aplicarla a estas cosas. ¿No será perfectamente válido aplicar a estas cosas tuyas de la naturaleza la estrofa pascual, si tenemos en cuenta que ella misma está traspuesta de la naturaleza a la Pascua? Aplícala a los granados, a los olivos, a la nieve esa de la que allí no tenéis ni idea, a los hijos, a mi querida cuñada, a esta preciosa hija tuya, la Pil, de la que quisiste que fuese padrino. Es que, al final, encontrar demasiadas diferencias entre la Creación y la Pascua (o la Redención), ¿no es encontrar diferencias entre el Amor y el Amor?

Nevó Dios el Hijo, como un copo más -pero un copo más pobre- entre los humanos copos, para salvarnos, para ponernos delante de la cara “la branca nua que florirà”; pero Él ya se había percatado de que el hombre sufría en el cuerpo y en el alma, y tenía buena memoria, y recordaba claritamente que ambos, cuerpo y alma, los había creado su Padre un día, mucho, mucho tiempo atrás, y -como era un chico muy listo- no desconocía que el Sabio del Antiguo Testamento había dicho que “Dios ama entrañablemente todo lo que ha creado”. Y entonces la esperanza, la rama que traía, la trajo para todo el hombre, no para una sola parte del hombre.

Debería ponérseme cara de Profeta Importante, porque os anuncio, hermanos, que Cristo no es el Salvador de las almas, sino el Salvador de los hombres; y tan en serio se lo toma, que no tiene suficiente redención hasta que nos vea resucitados y lozanos y endomingados cuando suene la última trompeta y el triunfo sea cosa también de los cuerpos. Que no le basta que las almas vayan al cielo, porque Él está también para los cuerpos. Y si le importan las cosas del alma, las del cuerpo también. Estaría bueno que hubiese creado al hombre y luego se hubiese lavado las manos en relación con la mitad del hombre; eso, qué carape, no vale.

Y ahora viene el otro hagiógrafo y nos dice: “Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros”; y se interesa por nuestras cosas mucho más que nosotros, porque es Amor.

Pero todas nuestras cosas. ¿Acaso no crees como el Evangelio que el día de Isabel Dios lloraba más que tú? Además, tú llorabas por Isabel, pero Dios lloraba… por Isabel y por ti y por mi cuñada.

Si os dobláis una uña, si os sale un grano, si se os pierde el bolígrafo, si os despeináis, no penséis que a Dios no le duele; si acabáis un crucigrama, si os mira una moza bien plantada, si para postre ponen helado, felicitad a Dios, porque Él se alegra.

“L’ametller florirà”. Bien puedes decirlo mirando a la Pil que no para de dar botes. “L’ametller florirà”. Cristo es el Salvador. Y cada hijo es una Pascua.

[1] Este epígrafe no es de Iñigo, sino que lo añado yo.

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