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UNA GOTA DE AGUA… Y EL DOLOR (ESPECIAL PARA ENFERMOS)

4 agosto 2013

Publicado por Luciano Pou Sabaté, pb.ro, en el suplemento de Escritos Arvo (Asociación ARVO, Salamanca) correspondiente a junio de 2013. Y da la siguiente explicación: “Hace años, revisando los papeles de un sacerdote que murió, en el breviario encontré un poema inédito, que he leído muchas veces en meditaciones, y luego me han pedido muchas personas que se lo facilitara, pues al oírlo se han llenado de consuelo, como aquel sacerdote, que tuvo que estar los últimos años de su vida enfermo, sin apenas poder moverse. Las monjas carmelitas descalzas de Vic me dijeron que probablemente lo habría escrito una hermana suya de Igualada, donde estaba ese sacerdote, que se llamaba Josep Bars. Seguramente esa alma buena, poetisa, se lo ofreció para que pudiera identificarse con el Señor en su enfermedad”.

Pues he aquí que una vez,

una gotita de agua

en lo profundo del mar

vivía con sus hermanas.

Era feliz la gotita…

Libre y rápida bogaba

por los espacios inmensos

del mar de tranquilas aguas,

trenzando rayos de sol

con blondas de espuma blanca.

¡Qué contenta se sentía,

pobre gotita de agua,

de ser humilde y pequeña,

de vivir allí olvidada,

sin que nadie lo supiera,

sin que nadie lo notara!

Era feliz la gotita…

Ni envidiosa ni envidiada,

solo un anhelo tenía,

solo un anhelo expresaba…

En la calma de la noche

y al despertar la alborada,

con su voz hecha murmullo,

al Buen Dios así rezaba:

“Señor, que se cumpla en mí

siempre tu voluntad santa;

yo quiero lo que Tú quieras,

haz de mí cuanto te plazca…”

Y, al oír esta oración,

Dios sonreía… y callaba.

Una tarde veraniega

durmiose la mar, cansada,

soñando que era un espejo

de fina y bruñida plata.

Un sol de fuego lanzaba

sus besos más ardorosos.

Era feliz la gotita

al sentirse así besada…

El sol, con tiernas caricias,

la atraía y elevaba

hacia él y, en un momento,

transformóla en nube blanda.

Se reía la gotita

al ver cuán alto volaba,

y, dichosa, repetía

su oración acostumbrada:

“Cúmplase, Señor, en mí

siempre tu voluntad santa…”

Mientras la oía, el Señor

se sonreía… y callaba.

Mas, llegado el crudo invierno,

la humilde gota de agua,

estremecida de frío,

notó que se congelaba,

y, dejando de ser nube,

fue copo de nieve blanca.

Era feliz la gotita

cuando, volando, tornaba

a la tierra, revestida

de túnica inmaculada

y en lo más alto de un monte

posaba su leve planta.                                             

Al verse tan pura y bella,

llena de gozo rezaba:

“Señor, que se cumpla en mí

siempre tu voluntad santa”.

Y allá, en lo alto del cielo,

Dios sonreía… y callaba…

Y llegó la primavera

de mil galas ataviada;

al beso dulce del sol,

fundiose la nieve blanca

que, en arroyo convertida,

saltando alegre cantaba

al descender de la altura

cual hilo de fina plata.

Era feliz la gotita…

¡Cuánto reía y gozaba

cruzando prados y bosques

en su acelerada marcha!

Y a su Dios esta canción

suavemente murmuraba:

“En el cielo y en el mar,

en el prado o la montaña,

sólo deseo, Señor,

cumplir tu voluntad santa…”

Y Dios, al verla tan fiel,

se sonreía… y callaba…

Pero un día la gotita

contempló, aterrorizada,

la oscura boca de un túnel

que engullirla amenazaba;

trató de huir, mas en vano;

allí quedó encarcelada

en tenebrosa mazmorra,

musitando en su desgracia

aquella misma oración

que antes, dichosa, rezaba:

“Señor, que se cumpla en mí

siempre tu voluntad santa…

En esta noche  tan negra,

en esta noche tan larga

en que me encuentro perdida,

Tú sabes lo que me aguarda.

Yo quiero lo que tú quieras.

Haz de mí cuanto te plazca…”

Mirándola complacido,

Dios sonreía… y callaba…

Pasaron días y noches

y pasaron las semanas,

pasaron, lentos, los meses

y la gota, aprisionada

en aquel túnel tan triste,

iba avanzando en su marcha

y… fue feliz la gotita,

porque cuando a Dios oraba,

sentía una paz muy honda

y, de sí misma olvidada,

vivía para cumplir

de Dios la voluntad santa.

Mas he aquí que, de pronto,

quedó como deslumbrada.

Había vuelto a la luz

y se encontró colocada

en una linda jarrita

que una monjita descalza

depositó con amor

sobre el ara consagrada.

Presa de dulce emoción,

la pobre gota temblaba

diciendo: “Yo no soy digna

de vivir en esta casa,

que es casa de mi Señor

y de sus esposas castas.

El Señor, que la vio humilde,

sonreía… y se acercaba.

Empezó la Eucaristía.

La gotita, que, admirada,

los ritos iba siguiendo,

sintió que la trasladaban

desde la bella jarrita

hasta la copa dorada

del cáliz de salvación,

y, con el vino mezclada,

en puro arrobo de amor,

repetía su plegaria:

“Señor, que se cumpla en mí

siempre tu voluntad santa…”,

y sonreía el Señor,

sonreía… y se acercaba.

Llegado ya el gran momento,

resonaron las palabras

más sublimes que en la tierra

pudieron ser pronunciadas,

y el altar se hizo Belén

en el Vino y la Hostia santa.

Y… ¿qué fue de la gotita?

¡Feliz gotita de agua!…

Sintió el abrazo divino

que hacia Sí la arrebataba,

mientras, por última vez,

mansamamente suspiraba:

“Señor, que se cumpla en mí

siempre tu voluntad santa…”

Y al escucharla su Dios,

sonreía… y la besaba

con un beso tan ardiente

que el Todo absorbió a la nada,

y en la sangre de Jesús

la dejó transubstanciada…


Añado yo hoy (noviembre de 2016) unas palabras del Catecismo (n.º 1368):

“En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo es también el sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo  se unen a los de Cristo y a su total ofrenda, y adquieren así un valor nuevo.” De lo cual he hablado ya en La obra que Dios quiere (la Santa Misa)

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23 comentarios leave one →
  1. 4 agosto 2013 20:31

    El Padre Llucià Pou es sacerdote de la Obra, fue de los primeros en ayudarnos. Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz. A.M.D.G. ¡Gracias! Saludos. René (TODOCATOLICO.ORG).
    ——————

    (Nota.- René es un buen amigo cubano residente en Miami, que con pocos colaboradores ha levantado una familia de páginas de textos religiosos de todo tipo (TODOCATOLICO.ORG); su especialidad -su amor- es la Santísima Virgen, y, si no entendí mal cuando me lo dijo, solo en esa página hay ya alrededor de 300.000 textos. Os invito a visitarla, porque es un verdadero paraíso: MARIOLOGIA.ORG. Un abrazo y mucha gratitud para René y su monumento.)

                   

    ________________________________

    Me gusta

  2. Juan permalink
    4 agosto 2013 22:51

    ¡Jo! ¡Ya me has hecho llorar!
    ¡Simplemente preciosa!

    Me gusta

  3. 5 agosto 2013 15:43

    ¡Qué profundo…! Así deberían ser siempre nuestras vidas. Nuestra felicidad depende, más que todo, en dejar que se cumpla la Voluntad Santa de Dios en nosotros y confiar en su amor, que es lo que nos sustenta y hace que siempre confiemos y permanezcamos en Él. Cada vez que decimos “Jesús, en ti confío” y “que se haga tu voluntad”, independientemente del estado en que nos encontremos, una gracia llena de la sonrisa y mirada tierna de Jesús se derrama en nuestra alma y corazón, porque Dios nos protege. “Dios es amor” (1 Jn 4,8.16).

    Me gusta

  4. Juan. permalink
    5 agosto 2013 21:44

    No me resisto a poner aquí un poema de uno de mis autores favoritos: José María Pemán.

    Romance de la infanta jorobadita

    Hila, hila, que hila,

    hilaban las dos infantas.

    La mayor hilos de oro,

    la segunda hilos de plata.

    La más niña de las tres,

    se distraía y no hilaba.

    Sobre el faldellín de raso

    ociosa la mano blanca,

    los ojos claros perdidos

    más allá de la ventana,

    en la noche, toda llena

    de estrellas y luna clara…

    Con la sonrisa en los labios

    la miran las dos hermanas.

    Como era jorobadita,

    todos la menospreciaban.

    ………………………………………………………………

    Entrara, en eso, la dueña,

    la dueña temblona y cana;

    -¿Qué están hilando a estas horas

    mis señoras las infantas?

    -Yo hilo un vestido de oro,

    yo hilo un vestido de gala,

    para lucirlo en las bodas

    que mi padre me prepara.

    -Yo hilo un vestido de corte,

    yo hilo un vestido de plata,

    para esperar al buen príncipe,

    el de la pluma de grana.

    -Y mi infantita, la ociosa,

    ¿qué tiene que no hila nada?

    -No espero bodas ni príncipes,

    no hilo con oro ni plata.

    Hilo rayos de lucero

    y rayos de luna clara,

    sin otra devanadera

    que el anhelo de mi alma.

    Un vestido voy tejiendo

    claro, sutil como el alba.

    Cuando lo tenga acabado,

    vendrá por mí el que me ama.

    No sé si será de noche,

    No sé si será mañana.

    Sólo sé que allá muy lejos,

    alguien me quiere y me llama…

    Con la sonrisa en los labios

    la oían sus dos hermanas.

    Como era jorobadita,

    todos la menospreciaban.

    …………………………………………………………………………

    Esto fue a la prima noche.

    Cuando sonreía el alba,

    murió la jorobadita,

    como se muere una lámpara.

    Corrió por todo el palacio

    la noticia comentada:

    -No vivía en este mundo.

    -Era una criatura extraña.

    Sus hermanas, recelando

    por sus trajes de oro y plata,

    preguntaban a la dueña:

    -¿Qué dura el luto de infantas?…

    …A la noche la regaron

    de lirios y rosas blancas.

    La sacaron de puntillas

    por la puerta excusada.

    Como si fuera al encuentro

    del novio que ella soñaba,

    iba la risa en sus labios,

    la paz en la frente blanca.

    Las estrellas y la luna

    la vestían de oro y plata.

    ——————

    Un poco más abajo hay un comentario de Marlene sobre esto.

    Me gusta

    • 12 agosto 2013 2:38

      Pemán es una gran figura. Yo prefiero sus ensayos. En 1998 se celebró a bombo y platillo el centenario del nacimiento de Lorca y el de la generación del 98, pero casi nadie se acordó de que era también el del nacimiento de Pemán. Tenía un problema: no era de izquierdas -como Lorca, Alberti, Miguel Hernández, que siguen siendo grandes tótems intocables-. Era católico a machamartillo, del “Opus Dei” y monárquico. Por eso su recuerdo seguirá perdido mientras sea la progresía quien siga marcando el paso de lo que hay que pensar, sentir y gustar.

      Dime si no hay arte cuajado y una profunda sabiduría en estos versos que os mandé el otro día:

      «Preguntáronle al Amigo
      en dónde estaba el Amado…
      Y él respondió: “En el suspiro
      con que me lo has preguntado”.»

      «Señor: Yo sé de la belleza
      tuya porque es igual
      al hueco que en mi espíritu
      tiene escarbado la inquietud sin paz.
      Te conozco, Señor, por lo que siento
      que me sobra en deseo y en afán:
      ¡porque el vacío de mi descontento
      tiene el tamaño de tu inmensidad!»

      (“Obras selectas, inéditas y vedadas-I”, Barcelona: DOPESA, 1972, pp. 422 y 292 respectivamente)

      Es autor del himno del Congreso Eucarístico de 1952, que todavía se canta:

      « De rodillas, Señor, ante el sagrario,
      que guarda cuanto queda de amor y de unidad,
      venimos con las flores de un deseo,
      para que nos las cambies en frutos de verdad.
      Cristo en todas las almas y en el mundo la paz.
      Cristo en todas las almas y en el mundo la paz.

      Como ciervos sedientes que van hacia la fuente,
      vamos hacia tu encuentro sabiendo que vendrás;
      porque el que la busca es porque ya en la frente
      lleva un beso de paz, lleva un beso de paz.
      Cristo en todas las almas y en el mundo la paz.
      Cristo en todas las almas y en el mundo la paz.

      Como estás, mi Señor, en la custodia
      igual que la palmera que alegra el arenal,
      queremos que en el centro de la vida,
      reine sobre las cosas tu ardiente caridad.
      Cristo en todas las almas y en el mundo la paz.
      Cristo en todas las almas y en el mundo la paz.»

      Su obra más famosa es “El divino impaciente”, pieza teatral de 1925 (creo) sobre la vida de S. Francisco Javier. Y el éxito que cosechó fue de tales proporciones que enviaba jóvenes en masa del teatro al seminario. Hubo una curiosa excepción: unos seminaristas representaron la obra…, y hubo uno que dejó el seminario y se hizo actor. Ya ves.

      Me gusta

  5. nuria viñolas esteva permalink
    7 agosto 2013 15:05

    Una poesia preciosa. Nos enseña el valor de la humildad y del abandono en las manos de Dios. Muchas gracias por mandarme tan bellos tesoros.
    Núria

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  6. 7 agosto 2013 15:27

    Juan, eso es más que profundo… ¡Me encantó…! Gracias por compartirlo.

    Me gusta

  7. Sope permalink
    7 agosto 2013 18:25

    Este poema yo ya lo encontré en Fórum hace bastantes años y dice así:
    Llucià Pou Sabaté Fórum, 14/7/2005

    Romance de la gotita de agua, por una carmelita descalza

    Transcribo un poema escrito por una carmelita descalza de Igualada (Cataluña, España), que ha llenado de consuelo a más de una persona enferma, y que puede servirnos a todos, pues describe la trayectoria de la vida, con momentos de luces y de sombras, pero que al final todo encuentra un sentido en los planes de Dios. Me limitaré a algunos comentarios, en cursiva. En la primera parte, habla de sueños y de infancia, de imaginación y de ganas de vivir, sin codicia que la distraiga del deseo de cumplir la voluntad de Dios, que va naciendo en su alma y que cultivará día a día, pues la vida cristiana puede resumirse en docilidad en dejarse llevar por el Espíritu de Dios:

    “Pues, he aquí que una vez, / una gotita de agua / en lo profundo del mar / vivía con sus hermanas.
    Era feliz la gotita… / libre y rápida bogaba / por los espacios inmensos / del mar de tranquilas aguas / trenzando rayos de sol / con blondas de espuma blanca.

    ¡Qué contenta se sentía, / pobre gotita de agua, / de ser humilde y pequeña, / de vivir allí olvidada / sin que nadie lo supiera, / sin que nadie lo notara!

    Era feliz la gotita… / ni envidiosa ni envidiada, / sólo un deseo tenía, / sólo un anhelo expresaba…

    En la calma de la noche / y al despertar la alborada / con su voz hecha murmullo / el Buen Dios así rezaba: / “Señor, que se cumpla en mí / siempre tu voluntad santa; / yo quiero lo que Tú quieras, / haz de mi cuanto te plazca”… / y escuchando esta oración, / Dios sonreía… y callaba.

    Una tarde veraniega / durmióse la mar, cansada, / soñando que era un espejo / de fina y de bruñida / un sol de fuego lanzaba / sus besos más ardorosos.

    Era feliz la gotita / al sentirse así besada… / el sol, con tiernas caricias, / la atraía y elevaba / hacia él y, en un momento, / transformóla en nube blanda.

    Se reía la gotita / al ver cuan alto volaba, / y, dichosa, repetía / su oración acostumbrada: / “Cúmplase, Señor, en mí / Siempre tu voluntad santa”… / al escucharla el Señor / se sonreía… y callaba.

    (Son momentos de subir, de goce, de sentir entusiasmada que todo se ve de color rosa, que todos los sueños ser harán realidad)

    Mas, llegado el crudo invierno / la humilde gota de agua, / estremecida de frío, / notó que se congelaba / y, dejando de ser nube, / fue copo de nieve blanca.

    Era feliz la gotita / cuando, volando, tornaba / a la tierra, revestida / de túnica inmaculada / y en lo más alto de un monte / posaba su leve planta.

    Al verse tan pura y bella / llena de gozo rezaba: / “Señor, que se cumpla en mí / Siempre tu voluntad santa”… / y allá, en lo alto del cielo / Dios sonreía… y callaba….

    (Aquí veo referencias a la vocación al Carmelo –monte- vestida ya del hábito -túnica inmaculada-. Una vez vencido el afán de independencia, la entrega a Dios da un gozo de auténtica libertad. Sin embargo, la vocación de cada uno es la importante, lo que quiere Dios es que cumplamos su voluntad, manifestada en primer lugar en los mandamientos, pero –como siguió diciendo Jesús al joven rico- seguirle en las circunstancias en las que nos llama, y decirle que sí. Por tanto no se trata de un “estado de perfección” al que nos subimos y ya está hecho, sino de la “perfección en el propio estado”, ahí dejarse llevar por lo que Dios quiere, en docilidad manifestada en las cosas de cada día, como sigue diciendo la poesía…)

    Y llegó la primavera / de mil galas ataviada; / al beso dulce del sol / fundióse la nieve blanca / que, en arroyo convertida, / saltando alegre cantaba / al descender de la altura / cual hilo de fina plata.

    Era feliz la gotita… / ¡cuánto reía y gozaba / cruzando prados y bosques / en su acelerada marcha! / y a su Dios esta oración / suavemente murmuraba: / “En el cielo y en el mar, / en el prado o la montaña, / sólo deseo, Señor, / cumplir tu voluntad santa”… / y Dios, al verla tan fiel, / se sonreía…y callaba…

    (No es difícil esta oración, cuando todo va según el entusiasmo de esta segunda juventud, en el entusiasmo que da el seguimiento del Amor auténtico… pero llega la cruz, y ahí se demuestra que la santidad no es sólo decir “Señor, Señor” sino cumplir su Voluntad…)

    Pero un día la gotita / contempló, aterrorizada, / la oscura boca de un túnel / que engullirla amenazaba, / trató de huir, mas en vano, / allí quedó encarcelada / en tenebrosa mazmorra / musitando en su desgracia / aquella misma oración / que antes, dichosa, rezaba: / “Señor, que se cumpla en mí / siempre tu voluntad santa… / en esta noche tan negra, / en esta noche tan larga / en que me encuentro perdida / Tú sabes lo que me aguarda, / yo quiero lo Tú quieras, / haz de mí cuanto te plazca”… / mirándola complacido / Dios sonreía… y callaba…

    (En esos momentos de oscuridad, cuando llega la noche, el sufrimiento, la cruz que no esperábamos, la perseverancia junto al Señor, con paciencia, da paz. Y, cuando más negra es la noche, amanece Dios: no hay pena que mil años dure, ni Dios nos prueba por encima de nuestras fuerzas, sino que cuando nos manda una prueba también nos da la gracia para llevarla…)

    Pasaron día y noches / y pasaron las semanas, / pasaron, lentos, los meses / y la gota, aprisionada / en aquel túnel tan triste / iba avanzado en su marcha / y… fue feliz la gotita, / porque cuando a Dios oraba, / sentía una paz muy honda / y de sí misma olvidada, / vivía para cumplir / de Dios la voluntad santa.

    Mas, he aquí que, de pronto, / quedó como deslumbrada, / había vuelto a la luz / y se encontró colocada / en una linda jarrita / que una monjita descalza / depositó con amor / sobre el ara consagrada.

    Presa de dulce emoción / la pobre gota temblaba / diciendo : “Yo no soy digna / de vivir en esta casa, / que es la casa de mi Dios / y de sus esposas castas”. / El Señor que la vio humilde / Sonreía… y se acercaba.

    (En esta parte final, vemos nuestra participación en el sacrificio de la Cruz de Jesús, cuando ponemos todo en la ofrenda y nuestra vida se convierte en sacri-ficio: de “sacra”, sagrado; y “facio”, hacer: hacer sagradas las cosas, introducirlas en Dios, que como decía san Josemaría Escrivá, no hacemos sólo lo que el mito del rey Midas que transformaba todo lo que tocaba en oro, sino que transformamos todo en gloria.)

    Empezó la Eucaristía, / la gotita que, admiraba, / los ritos iba siguiendo, / sintió que la trasladaban / desde la bella jarrita / hasta la copa dorada / del cáliz de salvación / y, con el vino mezclada, / en puro arrobo de amor / repetía su plegaria: / “Señor que se cumpla en mí / siempre tu voluntad santa”… / y sonreía el Señor, / sonreía… y se acercaba…

    Llegado ya el gran momento, / resonaron las palabras / más sublimes que en la tierra / pudieron ser pronunciadas, / y el altar se hizo Belén / en el Vino y la Hostia santa. / Y…¿qué fue de la gotita ?… / ¡Feliz gotita de agua!… / Sintió el abrazo divino / que hacia Sí la arrebataba / mientras, por última vez / mansamente suspiraba: / “Señor, que se cumpla en mí / siempre tu voluntad santa”… / y, al escucharla su Dios / sonreía…y la besaba / con un beso tan ardiente / que el “Todo” absorbió a la “nada” / y en la sangre de Jesús / la dejó transubstanciada…

    Esta es la pequeña historia / de una gotita de agua / que quiso siempre cumplir / de Dios la voluntad santa.

    (Cuando nos unimos al sacrificio de Jesús y hacemos del día una Misa… es el “Todo” que nos asume y nos perdemos en Él, nos hacemos Cristo, para la Vida de todos…)

    Me gusta

    • 12 agosto 2013 3:14

      Tú nos das la versión de la casi segura carmelita con el comentario de Llucià/Luciano (que de ambas maneras se firma). El texto del poema, erratas y demás aparte, es idéntico. Pero tendrías que haber aclarado que la prosa explicativa no es de la monja. A mí me pareció que era más interesante publicarlo sin los comentarios del sacerdote. Y, por lo demás, hay dos o tres importantes diferencias en el comentario, que, por supuesto, como autor él puede variar.

      Pero es el caso que, por ciertos contactos que han tenido lugar, yo creo que Luciano acudirá a ver el poema en este blog, y seguro que nos cuenta cosas interesantes.

      Gracias, Sope.

      Me gusta

  8. lola fernandez oris permalink
    8 agosto 2013 15:36

    Me ha emocionado. Y me hizo pensar que para llegar a esa felicidad debemos sufrir como Jesús. Aceptando su voluntad.

    Me gusta

  9. Calamardo permalink
    11 agosto 2013 0:05

    Miguel: Sé que es un encargo difícil, pero ¿podrías escribir una entrada sobre la espiritualidad -siempre sencilla y hermosa- de Pemán?

    Al leer el poema de la entrada, pensaba: “¿Quién fuera esa gota?”, pero luego me he dado cuenta de que soy mucho más que una gota de agua, que puedo dar gracias por mucho más. No obstante, también podría ser como ella…

    Me gusta

    • 12 agosto 2013 4:08

      Gracias, Calamardo. A lo primero, no puedo, por tiempo y porque todos esos libros están en Barcelona. Ya me gustaría. Precisamente…, sé de quien a lo mejor lo hace.

      A lo segundo, no ser la gota, pero sí como ella, sería perfecto, pero nunca creas que te va a ser fácil.

      Me gusta

  10. 12 agosto 2013 19:05

    ¡Hola a todos! Soy Llucià/Luciano, y aprovecho para saludar a los amigos de hace tiempo (René, Nuria) y a los que acabo de conocer. Agradezco vuestros comentarios. Si hay que corregir cosas en la poesía, también agradeceré las erratas, pues ya había en la copia que encontré. Saludos a todos, y a vuestra disposición.

    Me gusta

    • 13 agosto 2013 0:59

      Muchísimas gracias, Luciano. Me encantaría que me enviaras más textos para publicar en el blog…, si es que quieres y puedes.

      Me gusta

      • 8 diciembre 2013 13:23

        Hola, Miguel, encantado de mandarte cosas. Dime el c. el. para mandártelas, o si los publico directamente. Escríbeme, por favor, a [me da su dirección], que he entrado aquí de casualidad, y no me entero de cómo estar conectado a las respuestas. Un abrazo.

        Estoy ilusionadísimo con que me mandes cosas, y me parece -puedes verlo por los comentarios- que mi gente también.

        PARA LLUCIÀ Y PARA TODOS.- En efecto, estar suscrito al blog supone recibir todos los artículos en el c. el. En cuanto a los comentarios, unos los reciben, otros no, y yo todavía no he conseguido entenderlo. Parece ser que quien desea recibir los comentarios debe hacer uno (aunque sea de una línea) y llevar cuidado de marcar debajo “recibir comentarios por c. el.” Y os agradecería que me comentarais, aquí o a mi c. el., si os está funcionando. Sobre todo, porque puede ocurrir que el que siga mi indicación reciba solo los comentarios a ese artículo, no los demás…, y yo me voy enterando de lo que pasa y lo que no. Hasta luego, viejos.

        Me gusta

  11. como una piña permalink
    14 agosto 2013 21:45

    Muchas gracias por vuestra labor y por recuperar estos tesoros.

    Esta noche mi hija Irene, de 6 años, ha escuchado muy atenta el poema… y me ha dicho: “¡Qué suerte ha tenido la gotita!” “Sí, tenemos mucha suerte, le he dicho…: sabemos que siempre que hablamos con Dios, Él nos escucha y se pone muy contento…, y aunque a veces no obtengamos lo que deseamos, no nos debe importar, porque si estamos siempre felices, como la gotita, ¡Dios nos sonríe!

    De nuevo, gracias…, aun estando muy lejos de ser humildes gotitas de agua.

    Me gusta

  12. 9 diciembre 2013 19:19

    ¡Precioso el comentario de la niña (Irene)!

    Me gusta

  13. 11 diciembre 2013 3:16

    Pues ya sabes, Marlene, que el capitán de este artículo solo puede referirse a ti. Lo de “niña” son cosas de Andalucía…

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↝CUERPO, MENTE Y ESPÍRITU↜

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Soy lo que pienso, lo que siento, lo que imagino...

Página de Miguel Vega Manrique

"Acaso algún día logre capturar un instante en toda su violencia y toda su belleza". Francis Bacon.

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