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PORQUE HAY QUE PASARLO BIEN

27 abril 2013

“…en Dios, que abundantemente de todo, para que lo disfrutemos practicando el bien”

(1 Tim 6,17)

“Ningún deber menospreciamos tanto como el deber de ser felices”

(Robert Louis Stevenson).

 EJEMPLO. AUTOESTIMA, EDUCACIÓN Y RESPETO POR CADA PERSONA

Violeta Alcocer

(Con agradecimiento a Joan Valls)

Hace años leí un artículo que me marcó. No recuerdo el autor (la memoria no es lo mío), pero su mensaje me caló hondo y me invitó a hacer una de esas reflexiones que se prolongan durante años y que, con el tiempo, terminan convirtiéndose en uno de los muchos hilos que guían nuestras acciones cotidianas. Así que, para empezar, ya que no recuerdo su nombre, por lo menos quiero agradecer a esta persona lo mucho que me regaló con su bonito artículo.

En el texto, el autor hablaba de su infancia y su juventud y de cómo se sentía un privilegiado porque su madre siempre se despedía de él diciéndole: “Pásalo bien”, en vez de “ten cuidado” o “pórtate bien”. El discurso que seguía venía a decir que lo que le agradecía profundamente a su madre era el hecho de no haberle obligado a crecer con miedo, concretamente con miedo a ser feliz, y que esos “pásalo bien”, a lo largo de los años, los incorporó como parte de sí mismo, y mucho tiempo después, ya maduro, se consideraba una persona con capacidad de afrontar los retos con optimismo. Él pensaba que parte de su actitud ante la vida se la debía a los “pásalo bien” con que su madre regó su infancia.

La actitud y las palabras de esa madre dicen mucho de ella y, además, encierran en sí mismas toda una rebelión contra lo establecido –que el niño nunca intuyó ,pero el adulto sí- y, por encima de todo, una confianza absoluta en el hijo que tenía. Imagino que esas palabras, además, se acompañaron de otros muchos pequeños gestos y tratamientos cotidianos que alimentaron en su hijo lo que más tarde fue una buena autoestima y una actitud ante la vida limpia y valiente.

Cuando uno se despide con un “pásalo bien” en la puerta del colegio, en casa de la abuelita o en un cumpleaños lleno de niños, está señalando la posibilidad de disfrute de cualquier experiencia por encima del temor a que al niño le pase algo o “se porte mal”.

De hecho, cuando uno avisa con un “pórtate bien”, parece que estuviera dando por hecho, de manera injustamente profética, que “portarse mal” será el resultado más probable de la jornada. Lo mismo ocurre con el “ten cuidado” o con el mucho peor “haz lo que te digan”.

Y aquí llegamos a otro tema importante, que es la cuestión de cómo los padres muchas veces valoramos a nuestros hijos por sus logros más que por sus procesos, y estamos más pendientes de los resultados que del camino que nuestros pequeños recorren para llegar a ellos. Porque, a fin de cuentas, ¿qué le deseamos realmente a nuestro hijo cuando se aleja de nosotros rumbo a clase o nos da un abrazo antes de desaparecer tras la puerta de la casa de su mejor amigo? ¿Qué esperamos de él, qué objetivo vamos a priorizar sobre el resto? ¿Su conducta o su vivencia?

“Pásalo bien” es contundente y encierra en sí mismo un punto de partida excelente (“cualquier experiencia puede ser disfrutada”), una gran confianza en nuestro hijo (“sé que te vas a desenvolver bien tu solito ahí donde vas”) y la sana elaboración de todos esos temores que inconscientemente le colocamos al niño cada vez que nos separamos de su lado (“algo horrible te puede pasar o algo vas a hacer fatal”).

Es también una sana crítica contra lo establecido, y cuestiona a una sociedad en la que parece que lo único que importa es la frivolidad del correcto cumplimiento y en la que la diversión sólo está vinculada al ocio y a la desconexión (o a “portarse mal”)…; nunca al trabajo, al cumplimiento de los compromisos personales o a las pequeñas rutinas diarias que tan felices pueden llegar a hacernos en realidad.

Incluso, más allá de todo eso, refleja además un optimismo brillante, una bella actitud ante la vida, y transmite uno de los mejores mensajes que puede recibir un niño: Adelante,  hoy puedes disfrutar, puedes ser feliz, tienes mi complicidad para pasarlo bien; puedes equivocarte sin temor, y todo ello en la confianza de que cuidarás de ti mismo lo mejor que sabes y te comportarás de la mejor manera que puedas.

Es un deseo de felicidad expresado sin reservas… y lo cierto es que no se me ocurre mejor buenaventura.

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2 comentarios leave one →
  1. Calamardo permalink
    28 abril 2013 15:50

    Sería de esperar que en una buena educación sobrara la mitad de instrucciones obvias, que el mismo hijo fuera capaz de extraer conclusiones acertadas para su conducta de las enseñanzas que ha recibido. En el fondo, puede tratarse del medio de evaluar si esta educación es correcta, ya que si el niño no es capaz de llegar a esta autonomía, se encuentra falto de libertad, por la causa que sea. La más habitual puede ser la protección excesiva, que coarta las iniciativas. Generar dependencia extremada es “domesticar” o “amaestrar” en modo caprichoso, algo que pasará factura sobre la vida de nuestros hijos, cuando nosotros faltemos.

    Sí, “pásalo bien” es algo que se debe decir cuando nuestro hijo se va una tarde del hogar; tiene que sobrar la larga lista de órdenes y recomendaciones con que demostramos falta de confianza en nuestro hijo y, en el fondo, en nuestra misma enseñanza.

    Cosa muy distinta es la instrucción puntual, que puede ser sobre una estafa que se da por la calle en aquel momento, una huelga de transportes o un sospechoso de lo que sea, que corre por el barrio. Por último, hay otras instrucciones que podemos dar, como que tenga paciencia con el tic nervioso de su amigo, que recuerde que los amigos no van muy bien de dinero en aquel momento, por lo que ha de ser sobrio… Son pequeños complementos de refuerzo que enriquecen la actitud con el detalle y dan mayor fuerza que los grandes rasgos educativos, ya que los presuponen. Con esto, podemos conseguir que el niño los cultive también por su cuenta, obteniendo una rica personalidad.

    Me gusta

    • 28 abril 2013 15:58

      Desde luego, Calamardo, tus hijos van a salir los mejores. Tu apunte es magistral, sobre todo -a mi gusto- por el último párrafo.

      Me gusta

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