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¿POR QUÉ LA RESURRECCIÓN DE JESÚS ES EL CENTRO DE TODO? (JOSEPH RATZINGER-BENEDICTO XVI HABLA DE LA RESURRECCIÓN)

31 marzo 2013
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         [1] Si la resurrección de Jesús no hubiera sido más que el milagro de un muerto redivivo, no tendría para nosotros en última instancia interés alguno […]. Para el mundo […] nada hubiera cambiado […].

           En la “resurrección del Hijo del hombre” ha ocurrido algo completamente diferente. La resurrección de Jesús ha consistido en un romper las cadenas para ir hacia un tipo de vida totalmente nuevo, a una vida que ya no está sujeta a la ley del devenir y de la muerte, sino que está más allá de eso; una vida que ha inaugurado una nueva dimensión de ser hombre. Por eso, la resurrección de Jesús no es un acontecimiento aislado que podríamos pasar por alto y que pertenecería únicamente al pasado, sino que es una especie de “mutación decisiva” (por usar analógicamente esta palabra, aunque sea equívoca), un salto cualitativo. En la resurrección de Jesús se ha alcanzado una nueva posibilidad de ser hombre, una posibilidad que interesa a todos y que abre un futuro, un tipo nuevo de futuro para la humanidad.

            […] La resurrección de Cristo es un acontecimiento universal o no es nada, viene a decir Pablo […].

            Él ha entrado en una vida distinta, nueva; en la inmensidad de Dios y, desde allí, Él se manifiesta a los suyos.

          […] Él era completamente diferente, no un cadáver reanimado, sino alguien que vivía desde Dios de un modo nuevo y para siempre […].

          En los testimonios sobre la resurrección se habla de algo que no figura en el mundo de nuestra experiencia […], de algo único hasta ese momento; […] de una dimensión nueva de la realidad que se manifiesta entonces […]. Hay otra dimensión más de las que conocemos hasta ahora. Esto ¿está quizás en contraste con la ciencia? ¿Puede darse sólo aquello que siempre ha existido? […] Si Dios existe, ¿no puede acaso crear también una nueva dimensión de la realidad humana, de la realidad en general? La creación, en el fondo, ¿no está en espera de esta última y suprema “mutación”, de este salto cualitativo definitivo? ¿Acaso no espera la unificación de lo finito con lo infinito, la unificación entre el hombre y Dios, la superación de la muerte?

            […] Así es como la resurrección ha entrado en el mundo: sólo a través de algunas apariciones misteriosas a unos elegidos. Y, sin embargo, fue el comienzo realmente nuevo; aquello que, en secreto, todo estaba esperando.

         [2] Según todos estos datos bíblicos, ¿qué podemos decir ahora realmente sobre la naturaleza peculiar de la resurrección de Cristo?

           Que es un acontecimiento dentro de la historia que, sin embargo, quebranta el ámbito de la historia y va más allá de ella. Quizás podamos recurrir a un lenguaje analógico, que sigue siendo impropio en muchos aspectos, pero que puede dar un atisbo de comprensión. Podríamos considerar la resurrección (como ya hemos hecho […]) algo así como una especie de “salto cualitativo” radical en que se entreabre una nueva dimensión de la vida, del ser hombre.

          Más aún, la materia misma es transformada en un nuevo género de realidad. El hombre Jesús, con su mismo cuerpo, pertenece ahora totalmente a la esfera de lo divino y eterno […].

        Es esencial que, con la resurrección de Jesús, […] se ha producido un salto ontológico que afecta al ser como tal, se ha inaugurado una dimensión que nos afecta a todos y que ha creado para todos nosotros un nuevo ámbito de la vida, del ser con Dios.

         A partir de esto hay que afrontar también la cuestión sobre la resurrección como acontecimiento histórico. Por una parte, hay que decir que la esencia de la resurrección consiste precisamente en que ella contraviene la historia e inaugura una dimensión que llamamos comúnmente la dimensión escatológica. La resurrección da entrada al espacio nuevo que abre la historia más allá de sí misma y crea lo definitivo. En este sentido es verdad que la resurrección no es un acontecimiento histórico del mismo tipo que el nacimiento o la crucifixión de Jesús. Es algo nuevo, un género nuevo de acontecimiento.

        Pero es necesario advertir al mismo tiempo que no está simplemente fuera o por encima de la historia. En cuanto erupción que supera la historia, la resurrección tiene sin embargo su inicio en la historia misma y hasta cierto punto le pertenece. Se podría expresar tal vez todo esto así: la resurrección d Jesús va más allá de la historia, pero ha dejado su huella en la historia. Por eso puede ser refrendada por testigos como un acontecimiento de una cualidad del todo nueva.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret (Segunda parte: Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección), Madrid: Encuentro, 2011, pp. 283-288 [1], 317-319 [2]

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12 comentarios leave one →
  1. Luna permalink
    31 marzo 2013 2:28

    Me confundo un poco en la interpretación de los dos últimos párrafos. ¿Me los podéis explicar un poco? He de reconocer que hasta ahora, creía que la resurrección era el motor de la historia.

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    • el gato verde y alegre permalink
      1 abril 2013 7:52

      Yo creo que contraviene a la historia porque es un hecho distinto de lo ocurrido hasta entonces. (Corríjanme si me equivoco.) Pero también tienes razón tú, Luna, en que la muerte y resurrección de Jesús es un hecho que provoco como reacción innumerables otros hechos.

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      • Luna permalink
        3 abril 2013 0:51

        Entiendo que la novedad de un hecho no comprende la contradicción de la historia, la puede traer el propio devenir. La erupción del Vesubio se tragó literalmente a las ciudades de Pompeya y Herculano. Así, de golpe. Como primera vez que pasaba en la historia, pero no la contradecía: era el resultado de haber edificado cerca de un volcán.

        Si un edificio se desploma por problemas estructurales, no contraviene a su historia. A buen seguro, se encontrarán causas que han incidido para que esto ocurra, ya sea el motivo para escoger una técnica o material determinado, la falta de tratamiento de aguas freáticas, rotura de la piedra o ladrillo a cañonazos… Al final, la consecuencia lógica es que caiga.

        Quizá contraviene a nuestra historia (o a nuestra historiografía humana) el hecho de que Dios en persona baje a morir en la cruz por culpa de nuestros pecados, ya que a nuestro entender, no merecen más que castigo y la consecuencia lógica de los mismos: la degradación y la corrupción. Pero Dios piensa de otra manera y nos redime, precisamente porque pecamos. Si pudiéramos verlo con sus ojos, sería lo más consecuente con la historia que puede existir.

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  2. el gato verde y alegre permalink
    1 abril 2013 8:57

    La resurrección contraviene a la historia acontecida hasta entonces (por ser algo nuevo y distinto), pero es motor de la historia a partir del mismo momento de la resurrección, puesto que provocó innumerables otros hechos.

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    • Luna permalink
      3 abril 2013 0:55

      Veo que el cambio más importante producido por la Resurrección en la historia no es sobre sus hechos posteriores, sino de tipo ontológico. Pasamos de suponernos personas “que viven y ya está” a sabernos Redimidos por Dios. No es la misma la vida de quien ve el Cielo abierto y sabe que puede llegar a él que la de quien piensa que al morir, irá a pudrirse en la tumba y allí se acabará todo.

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  3. el gato verde y alegre permalink
    1 abril 2013 9:04

    La resurrección contraviene a la historia acaecida hasta entonces y es motor de la historia a partir del mismo momento de la resurrección.

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    • Luna permalink
      3 abril 2013 1:05

      Yo soy un poco más “complica” y creo que la historia tuvo por motor la Resurrección desde su inicio, desde la misma Creación. ¿Que todo sucedió para que Cristo resucitara? Puede ser una afirmación extremada o puede no serlo tanto.

      Lo que no se puede negar es que ya habían sucedido muchas otras cosas orientadas a este momento. No sólo desde el nacimiento de la Santísima Virgen, sino las profecías, que fueron cumpliéndose una tras otra. Pero es que todo va mucho más allá. Dios permite el pecado original a nuestros primeros Padres, la concupiscencia anida en el hombre, porque ya está prevista la Redención. Aquí vemos cómo mueve nuestra historia.

      Hemos visto que hubo un cambio sustancial y cualitativo en el espíritu humano, al ver el Cielo abierto, lo que motiva una vivencia determinada. Pero esta vivencia no tendría práctica posible sin la Doctrina. Como Jesús lo sabe, nos la predica a lo largo de su vida.

      O sea que podemos ganar el Cielo y tenemos instrucciones para hacerlo. Y aún tenemos otro acto de la Historia de la Redención que motiva la resurrección: La Segunda Venida de Jesucristo.

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  4. 2 abril 2013 1:58

    La resurrección de Jesús es el “big bang” de la historia de la Iglesia; un Nuevo Comienzo que estalla en Jesús para afectar a todos; el Octavo Día de la Creación; el Día Cero. En efecto, es el motor de la historia.

    Creo que nunca olvidaré el saludo de aquel profesor enfilando en Pascua el pasillo de la facultad de Teología: “¡Felices resurrecciones!”: la de Él y la nuestra. Porque la resurrección del Cristo es la causa de nuestras futuras resurrecciones; es el epicentro de un movimiento sísmico que afectará a todos.

    Para entender los párrafos en cuestión, hay que tener presente que muchos teólogos (?) niegan el carácter histórico de la resurrección, y que Ratzinger los combate con frecuencia. Creo que está escribiendo sobre esa falsilla, y diciendo hasta qué punto puede hablarse de la resurrección como hecho no estrictamente y solamente histórico, pero remarcando, sin concesiones, que también es genuinamente histórico.

    La resurrección -primero de los dos párrafos- “contraviene la historia”, porque “es algo nuevo, un género nuevo de acontecimiento”. Es algo que se sale de las leyes que rigen la naturaleza y la historia. Nadie nunca había resucitado como Él: los resucitados bíblicos volvieron a vivir, pero con la misma vida; y por tanto, luego murieron. La resurrección de Jesús aporta algo que se da estrictamente por primera vez, y es esa “nueva dimensión” que dice el autor, ese vivir desde Dios que ha descrito líneas más arriba.

    Pero -como Ratzinger dice en otro lugar- eso sólo es posible… si es verdad. Y la resurrección de un personaje histórico es un hecho histórico. Y corporal, contra quienes niegan la resurrección estricta del cuerpo suyo entonces y el nuestro en el futuro. “Sólo se redime lo que se asume”, dice la teología, y, para llevar a la humanidad y a la historia a esa nueva dimensión, Jesús ha tenido que ser verdaderamente hombre en una verdadera historia, la cual asume y, a fuerza de resurrección, lleva más allá de sí misma. De la crisálida sale la mariposa sólo a condición de que previamente haya una oruga de la cual pueda tomar el ser. La flor sólo puede estallar en colores si ya estaba, real pero irrealizada, en el capullo.

    Para ser, Luna, motor de la historia, la resurrección tiene que estar en la historia y al mismo tiempo ser algo más que historia. Lo mismo que para que el pensamiento de Dios sostenga, continuamente, todo lo que existe (providencia divina, sin la cual todo se reintegraría a la nada), ese pensamiento, ese Dios tiene que ser diferente a todo; y al mismo tiempo análogo a todo, porque todo es análogo a él, porque todo está hecho según su Logos, porque todo -en gradación de más a menos- refleja o destella la perfección divina.

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    • 3 abril 2013 16:14

      P. Miguel, me ha gustado mucho su aclaración. Muy bonita, sencilla y se le entiende muy bien, lo cual se agradece. ¡Feliz Pascua de Resurrección a todos!

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      • 3 abril 2013 22:50

        Gracias, OA. Qué bien que hagas el comentario, porque así me das ocasión de decirte que llevo tiempo tratando de mandarte correos por cierto asunto que te gustará, y tu ordenador no los recibe. Me harías un favor si me llamaras; el número lo tienes pinchando en mi foto. Gracias.

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  5. Luna permalink
    3 abril 2013 0:42

    Muy buena explicación. Gracias, Miguel.

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  6. 3 abril 2013 23:48

    Voy a meter aquí, bien empastaditas, observaciones sobre varios de los admirables comentarios recientes.
    Primero, no queramos desvirtuar, porque es absolutamente fundamental, el significado de las palabras de Ratzinger-Benedicto. La resurrección “sí” contraviene a la historia, y eso -a mi leal saber y entender- incluye que la contradice. “Hay que decir que la esencia de la resurrección consiste precisamente en que ella contraviene la historia e inaugura una dimensión”. Para mí, el núcleo de todo es esa nueva dimensión “que llamamos comúnmente la dimensión escatológica. La resurrección da entrada al espacio nuevo que abre la historia más allá de sí misma y crea lo definitivo.” El peso del mundo está en la escatología, o sea, nuestro ser posmortal y nuestro ser después de nuestra propia resurrección. Mirando al Cielo como Jesús hace posible y como Luna comenta, y si tenemos razón, como la tenemos, sabemos en qué paradisíacos abrazos terminarán nuestras contiendas de aquí abajo si las sustituimos por la Ley de Cristo; sabemos que, como Jesús dijo “bienaventurados los que lloran” (Mt 5,5), cada lágrima nuestra desembocará en un gigantesco mar de ternura divina, y veremos nuestros dolores de hoy colgar de la misma Cruz de la que pendió el divino Maestro. Y, por no alargarme, la escatología no es un suspiro que emitimos para tratar de consolarnos de lo de aquí, sino la única fuerza que, paradójicamente, nos hace tomar en serio esta ciudad que hoy pisamos, porque, como alguien ha dicho, “respeta la vida quien respeta la muerte”.
    Contravenir no es sólo ser un hecho “distinto” de lo histórico conocido. Es ser un hecho “imposible” que sólo resulta posible y real cuando emergen, como un oleaje, nuevas fuerzas, las leyes nuevas del Padre, que sigue siendo capaz de dictar leyes como las dictó el día de la Creación. “La esencia de la resurrección, vuelvo a copiar, consiste precisamente en que ella contraviene la historia” para traernos algo nuevo, Aquello definitivo, la Salvación hoy posible y ayer no. Si Jesús no hubiese traído nada nuevo, ¿para qué querríamos a Jesús? Si la historia hubiese de seguir siempre como siempre, chata y sin perspectivas de una alborada clamorosamente distinta, nueva y definitiva, el ser humano no tendría jamás escapatoria de sus limitaciones y de sus lancinantes dolores. Si no hubiese salvación, no veo cómo podríamos creer en el Salvador.
    Estoy con Luna, el “complica”, cuando dice, o transmite, que los efectos de la Resurrección de Jesús se extienden al mismísimo principio. Lástima que no sepa encontrarla en la Escritura, pero hay un versículo que dice: “Para ti, Dios ha creado el mundo” (y que, lógicamente, también se aplica a María). Yo creo, naturalmente, en la Resurrección “con efectos retroactivos”. Ahora bien, si me hacéis la pregunta repetida de qué hubiera pasado si Dios hubiese sabido que Jesús iba a escaparse de su Pasión (pudo), o si hubiese sabido que María iba a decirle al ángel que no estaba dispuesta a cumplir su función (pudo), si me preguntáis si Dios en ese caso hubiese o no creado el mundo, etc.; si me hacéis esa pregunta, os diré que no lo sé.
    De lo que no me cabe duda es de que hay por aquí algún que otro teologuillo que no sabe cuánto lo es.

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