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LA SABIDURÍA DE DIOS SEGÚN FRAY VICENTE-VIII

26 marzo 2013
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Un error de nuestros técnicos -¡qué bien queda decir eso!, pero soy, simplemente, Miguel- ha sido la causa de que este valioso artículo del querido Fray Vicente se publique con retraso.  Perdonadme o pegadme; lo primero es bueno; lo segundo, ya lo hace mi vecino del quinto.

REFLEXIÓN CUARESMAL DE ÚLTIMA HORA

         A lo largo de esta Cuaresma del 2013, he estado rumiando un pasaje del Evangelio según San Lucas y lo he hecho mío –carne de mi carne y sangre de mi sangre-. Y puesto que es mío, me complace profundamente compartirlo con ustedes, así como María compartió con su prima Isabel la Palabra Viva (el Verbo Divino) que se había hecho carne y sangre en Ella.

         El pasaje que quiero compartir con ustedes se encuentra en el capítulo 1 del Evangelio de San Lucas, y dice así:

39 En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.

40 Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

41 Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,

42 exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!

43 ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?

44 Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.

45 Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».

56 María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

            Vamos a analizar cuál fue la actitud de la Santísima Virgen inmediatamente después del “Día de su Primera Comunión” –es decir, después que el Verbo de Dios hizo Su morada en Ella.

            Si leen los versículos anteriores, hacía ya seis meses que Isabel, la prima de María y esposa de Zacarías, estaba encinta del que llegaría a ser San Juan Bautista.

            Ahora bien, en cuanto el ángel Gabriel le comunicó esa noticia a María, Ella (dice el versículo 39) “partió y fue sin demora” a casa de su prima Isabel para asistirla en el tiempo que aún faltaba para que diera a luz a San Juan Bautista.

            María no esperó a que Isabel la llamara. Cuando supo de la situación, partió hacia aquel lugar para servir, y lo hizo “sin demora” – “de prisa”, según dicen otras versiones. Esta virtud se llama diligencia.

            La verdadera caridad no espera a que la llamen. Acude en cuanto sabe que hay una necesidad. Yo siempre enseño que no hay cosa más humillante y ofensiva que decirle a una persona:  “Si me necesitas, llámame, tú sabes que puedes contar conmigo”.  ¡No!  No obligue a la persona a que se vea precisada a llamarle para pedirle la limosna de su ayuda… En el momento mismo en que usted tenga conocimiento de una necesidad, ¡acuda de prisa a ese lugar!  “Corra, vuele…”

            Y ¿adónde fue María? Según el versículo 39, Ella fue “a un pueblo de la montaña”.  En griego dice: “fue deprisa a la montaña”.

            ¿Se dan cuenta?  Para llegar a casa de su prima, María tuvo que subir una montaña.

            La caridad también exige en algunas ocasiones que subamos montañas.   Por ejemplo, María subió la montaña de sus propios intereses y de sus propias necesidades para poner por delante los intereses y las necesidades de Isabel. María necesitaba el tiempo para preparar el ajuar de Jesús, para ocuparse de los mil detalles de los que se ocupan las mujeres que esperan un hijo. Sin embargo, decidió sacrificar en beneficio de su prima los tres primeros meses de su gestación: los meses en los que estaría más ágil y más fuerte.

            Y para servir a nuestro prójimo, nosotros también tenemos que sacrificar tiempo, dinero, etc. Ésas son las montañas que es imprescindible subir y poner debajo de nuestros pies.

            El que obra de esa manera posee una virtud que es cada vez más rara en el mundo, y esa virtud se llama abnegación.

            Además, resulta muy significativo observar y examinar el diálogo entre María e Isabel. Lo que aquellas mujeres se dijeron fue todo tan edificante, tan santo, tan preciso, tan sano, tan piadoso, tan hermoso…, y podríamos seguir buscando y añadiendo adjetivos… María saluda, e Isabel compone una parte nueva del Ave María y llama a María bendita, gloriosa, bienaventurada.  Y entonces, María le responde con un cántico espiritual que se llama Magnificat y que rezamos siempre en la Hora de Vísperas.

            Cada vez que leo este pasaje, me parece que eso fue lo que San Pablo tuvo en mente cuando escribió la Carta a los Efesios y les dijo que “conversaran entre ellos con salmos, himnos y cánticos espirituales”.

            Sin embargo, ¿de qué hablamos nosotros cuando nos reunimos con otras personas? ¿De nuestra fe, de nuestros testimonios o de la vida de los demás?

            Por último, en el versículo 56 dice que María se quedó con Isabel “unos tres meses”…  O sea, se quedó hasta que Isabel dio a luz a San Juan Bautista. En otras palabras, se quedó allí hasta terminar la obra que había comenzado.  No la dejó a medias.  Esa virtud se llama perseverancia.

            San Pablo también enseña en diversas oportunidades: “No os canséis de hacer el bien”.

            Nosotros, empero, somos muy dados a empezar cosas y a dejarlas inconclusas, y prometemos a los necesitados que vamos a volver y luego, nos olvidamos de nuestras promesas.

            Mañana comienza la Semana Mayor: la Semana Santa. A la luz de estas reflexiones sobre el servicio al prójimo, tomemos resoluciones directas e importantes y pidámosle a la Santísima Virgen que nos ayude a imitar su ejemplo.

 Fray Vicente (Buenos Aires)

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17 comentarios leave one →
  1. JAVI MIRANDA permalink
    26 marzo 2013 17:47

    Hola, Miguel. Me ha encantado el escrito de La sabiduría de Dios según Fray Vicente-VIII. He reflexionado no sobre todas, pero sobre un par de cosas, y en general me ha gustado bastante. En una nota del 0 al 10, le pongo un 8.

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    • 27 marzo 2013 0:19

      Pues entonces, yo creo que deberíamos darle las gracias a Fray Vicente, ¿verdad?

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    • Fray Vicente permalink
      27 marzo 2013 14:39

      Querido Javi, me complace sobremanera que te haya agradado el artículo sobre la Visita de la Santísima Virgen a su prima. A mí también me ha servido de mucho. Su ejemplo nos llena de inspiración. Constreñida por el amor del Verbo Divino en su Corazón, el primer fruto que produjo fue la caridad.

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  2. Calamardo permalink
    27 marzo 2013 0:26

    Un primer vistazo de este pasaje da una sensación de que todo en él es sobrenatural, igual que el Avemaría o el Magníficat. Pero contemplándolo con un poco de detenimiento, descubrimos que es absolutamente todo lo contrario: lo más natural del mundo.

    Es muy natural que una mujer sin pecados sepa superar cualquier obstáculo para ayudar a su prima, sencillamente porque lo necesita. Se uniría a esto el cariño que le tendría, pero no fue a ver a otro familiar, sino a ella, porque estaba esperando y tendría dificultad para barrer la casa, preparar la comida, lavar la ropa… No haría otra cosa la Santa Madre de Dios cuando estuvo allí. (O sí, claro que sí. Animaría a Isabel, disiparía sus temores sobre el parto, le contaría lo que supiera sobre el resto de la familia.)

    Es lo más natural que Santa Isabel la reconozca como bendita entre todas las mujeres, porque sabe ya que está encinta del Señor, que vea la Gracia en su rostro y admire las consecuencias del “Sí” más importante de la historia, que la reconozca como Mediadora de todas las Gracias (y quizá fue la primera en hacerlo) y por ello, le pida que ruegue por todos nosotros. Ni siquiera me extraña.

    No, no me extraña, pero me conmueve la belleza de este encuentro y de toda esta estancia, la sencillez con que tratan estos aspectos tan santos. A través de esta consideración llegaron la diligencia, la abnegación y la perseverancia. No podemos esperar que nos bajen del cielo, envueltas en sedas y dentro de recipientes de plata, sino que nos salgan de dentro, porque están dentro de aquello mucho más precioso y bello que es la naturaleza de las cosas. “Hago esto porque mi prima lo necesita”, “digo esto a mi prima, porque es lo que siento y lo que sé”.

    Y el resto, lo hizo Dios. También lo hace para nosotros.

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    • Fray Vicente permalink
      27 marzo 2013 14:42

      Lo poco que dice la Escritura acerca de María compendia toda la praxis de la vida cristiana. Hay muchas montañas ante las cuales nosotros nos quedamos paralizados y no tenemos el valor ni el deseo de subirlas. Sin embargo, Ella no lo pensó dos veces y saltó por encima de la montaña de sus propios intereses (por legítimos que fueran) y permitió que la caridad prevaleciera en su vida.

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    • 27 marzo 2013 18:50

      (Es respuesta a Calamardo.)
      Si he entendido tus palabras, Antonio Machado lo dijo mejor: “Sed buenos, y no más”.

      Hay otra cosa. En mi opinión, es en ese mismo momento del saludo cuando, repentinamente, Isabel, al quedar con Juan llena del Espíritu Santo, tiene conocimiento de la maternidad de María; en el Evangelio no hay un solo indicio de que pudiera saberlo antes.

      A mí me pasma fijarme en el tiempo. Primero, dice S. Lucas que, después de ser constituida madre de Dios en la Anunciación, “por aquellos días, María se levantó y marchó deprisa” a ver a Isabel. Decía S. Ambrosio que “la gracia del Espíritu Santo no admite dilación”, o “demora”, o “lentitud”, según traducciones. No somos santos porque hacemos esperar al Espíritu Santo, y Él no da una lección mientras no hayamos aprendido la anterior. Seguro que Fray Vicente puede comentarnos ese “se levantó”, pero yo me fijo en que fue “deprisa”. Acaba de ser hecha madre de Dios, mujer protagonista de la esperanza de tantos siglos de Israel y, también, de la humanidad, lleva en su vientre al Mesías, al Esperado, al que inaugura la plenitud de los tiempos, etc., y no se le ocurre tomarse unos días para asimilar todo eso o dar gracias o replantear cómo ha de vivir; no hace unos ejercicios espirituales; no se retira a un monasterio. Se levanta ¡deprisa! a donde hay una mujer anciana encinta, y Zacarías puede ser de poca ayuda, y respecto de las demás, conviene la discreción. Se mezclaría con esas motivaciones la fuerte necesidad de comunicación de quien ha experimentado la maravilla, y sabe que sólo otra que la ha experimentado puede comprenderla. Pero ella fue ¡deprisa!

      María está con Isabel “unos tres meses”, dice S. Lucas. Pero fue porque el anuncio del ángel le dio como testimonio que la estéril Isabel estaba encinta “de seis meses”. Entonces María desaparece cuando todo va a ser entusiasmo en la comarca, y lo hace porque no quiere estar en el centro; comadronas habría, y ella se retira por humildad personal y porque -pienso que piensa- ya sabrá Dios cuándo su propio vientre abultado debe ser ocasión de preguntas por parte de todos.

      ¿Y la “duda” de S. José (que se encontró con que María estaba encinta)? Yo creo que el ángel que le explicó en sueños que era por obra del Espíritu Santo se lo explicó bien pronto; incluso hay autores -como S. Josemaría Escrivá, pero creo que antes hay una larga tradición- que pintan ya a S. José yendo con María a la Visitación.

      Y creo, sobre todo, que todo un S. José -que no sería precisamente necio ni poco fino- no pudo ni por un instante pensar que María podía haber pecado con un hombre; porque la conocía, y sabía que en una criatura como ella no cabía ni remotísimamente semejante sospecha. Lo de José fue duda, no fue sospecha. Él pensaría que ahí había algo misterioso que no podía entender, pero que no era el pecado; como hijo de María, a mí me ofende pensar que se pueda pensar.

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      • Calamardo permalink
        27 marzo 2013 20:32

        Creo que a San José le caracteriza mucho más la confianza que la duda. Se encontraba en un medio rural entre costumbres judaicas, no podía evitar que se supiera que María estaba encinta, que hubiera chismes, dimes y diretes. Podría haberla repudiado, según la ley y costumbre, pero no lo hizo. Creía en ella y esperaba de ella. Quizá se hizo una pregunta, pero nada más, no se puede decir que fuera una duda.

        Lo de Machado ¿no será un buenismo reduccionista? Opino que María no era buena “nomás”, sino “buena porque…” Es este porque lo que santifica.

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      • 26 mayo 2013 1:17

        Y ahora se me ocurre contaros que hay un villancico que, con un anacronismo que enamora, dice de la Virgen después del parto “que fue a Misa de parida / al Templo de Salomón”.
        Se parece al caso de un niño que, en catequesis, preguntó con toda ingenuidad: “Pero, si nosotros hemos de imitar a Jesús, y Jesús no hizo la primera Comunión, ¿por qué tenemos que hacerla nosotros?” Me imagino que la respuesta del catequista fue llamar urgentemente a su psiquiatra.

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  3. Fray Vicente permalink
    27 marzo 2013 21:30

    Si el Evangelio que llevamos por dentro no lo compartimos -si no explota hacia lo externo en palabra y obra-, se nos pudre adentro y no produce fruto.

    María, consciente de lo que se albergaba en Ella, corre a compartirlo -por eso va deprisa. La acción no puede esperar…

    Pero cuando llega al lugar y comienza a “servir”, entonces, la prisa se esfuma… Ya cumplió su función, y queda reemplazada por una paciencia infinita que se entrega y se da hasta terminar la misión a la que se siente llamada.

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  4. 27 marzo 2013 22:01

    (Respuesta a Calamardo)
    Me parece una preciosidad tu consideración de San José. No es óbice para que tengas razón el hecho de que sí “pensó repudiarla en secreto” (Mt 1,19), si aceptamos lo siguiente que he encontrado en nota al versículo en la “Biblia de Navarra (Ed. Popular)”: “El Evangelio nos muestra hasta qué punto era justo el Patriarca, con una justicia que iba más allá de la letra de los preceptos, pues ‘repudiarla en secreto’ equivalía a dejar a María libre de los compromisos de desposada. San José no duda de la virtud de su Esposa, sino que “se juzgaba indigno y pecador, y pensaba que no debía convivir con una mujer que le asombraba por la randeza de su admirable dignidad (…). Como no podía penetrar en el misterio, determinó dejarla” (San Bernardo, ‘Laudes Maria’, Sermo 2, 14).”

    La versión más extensa de la “Biblia de Navarra” anota (entre otras cosas): “José consideraba santa a su esposa no obstante los signos de su maternidad. Por tanto se encontraba ante una situación inexplicable para él. Tratando precisamente de actuar con arreglo a la voluntad de Dios [alude a la ley veterotestamentaria], se sentía obligado a repudiarla, pero, con el fin de evitar la infamia pública de María, decide dejarla privadamente.”

    Pero además, si no entiendo yo mal las cosas, lo que José decide incluye marcharse él de Nazaret. Y eso significa que todo el mundo pensaría -y él lo tendría presente al madurar sus planes- “la ha dejado encinta antes del momento en que puede (porque no convivían) y se ha marchado desentendiéndose del niño y de ella”. ¿Y no podemos ver aquí la más astuta maniobra de S. José para dejar libre de culpa a María tirándose él todo el lodo por encima? Eso es amor. Hay una pieza teatral del s. XVIII que se titula: “No hay en amor firmeza más constante / que dejar por amor el mismo amante”.

    Lo de Machado puede ser un buenismo reduccionista; él lo escribe en un poema a la muerte de Francisco Giner de los Ríos, y en ese contexto, creo que sí. Pero no quisiera abrir una línea paralela en esta preciosa conversación que estamos teniendo y que os agradezco -en calidad de Jefe que soy de este blog, compañeretes- a Fray Vicente y a todos, menos al vecino del quinto, que está dedicándose a regar -“en una sola ola”, diría Blas de Otero- sus hortensias y mis pantalones. Un día voy a subir.

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    • Calamardo permalink
      31 marzo 2013 1:00

      Paciencia, Miguel. Tus pantalones podrán encoger una talla y quedarse más a la medida, mientras que las hortensias dan gloria a Dios sin que tu vecino se entere. La ola de don Blas ha entrado aquí bordada.

      Desconocía lo relativo al repudio, había leído que pensó en hacerlo, pero creía que “se le pasó por la cabeza” y luego lo había descartado sin más. No soy precisamente buen conocedor de la ley judaica, pero creo que San José y la Virgen estaban ya de esponsales y que en esta situación sí podían tener contacto carnal, por entenderse que el matrimonio propiamente dicho era el civil (y no del todo en tierras medio romanizadas, una cosa un poco rara). Si no me equivoco, en los esponsales contraían matrimonio religioso y había luego un plazo para registrarlo. Pero que eran cuestiones jurídicas, mientras que lo que entendían verdaderamente como “estar casados”, era el religioso. Si no me equivoco (pero puedo estar haciéndolo), podría haber quedado encinta de San José y quizá llegar al parto sin que nadie se extrañara en absoluto.

      El embarazo del Hijo de Dios fue en un principio incomprensible para María (“¿Y cómo será esto, si no conozco varón?”), pero confía en el Ángel de la Anunciación y confía en Dios, que lo ha enviado. También es incomprensible para San José, pero tiene la misma confianza que su esposa. Un signo de fe, amor y confianza de los primeros cristianos del mundo. ¡Bendita confianza la del marido! María cree porque le ha venido un enviado especial de los Cielos, pero cree San José porque cree María. Así de sencillo, pero así de santo.

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      • 31 marzo 2013 1:27

        Se podría mirar un poco más, pero yo creo que no era tan lioso: había primero los esponsales y luego la conducción de la novia a la casa, y sólo después de ésta era lícito el trato marital.
        Y claro, si yo estoy decidido a quitar los pantalones cuando se sequen, y el del quinto está decidido a dejar de regar cuando yo quite los pantalones, acaso la única solución sea un buen terremoto que se nos lleve a los dos por delante, y muerto el perro, se acabó la rabia. Pero un día voy a subir.

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  5. Como una piña permalink
    28 marzo 2013 18:36

    Gracias, Miguel, por compartir este escrito. Además, es muy edificante poder entrar en las valoraciones que aquí se hacen y creo que me responde a una cuestión que planteaba a partir de otro artículo. En concreto, a la responsabilidad del cristiano frente a la negación por parte de otros de su fe.

    Fray Vicente dice: “Si el Evangelio que llevamos por dentro no lo compartimos, se nos pudre adentro y no produce fruto.”

    ¡Suficiente! Y mi valoración, aunque no se haya solicitado, es de 10 sobre 9.

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  6. Fray Vicente permalink
    30 marzo 2013 9:26

    The best way to find yourself is to lose yourself in the service of others.
    —Gandhi

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    • Fray Vicente permalink
      30 marzo 2013 9:36

      Perdón, la traducción a las palabras de Ghandi es la siguiente:
      “La mejor manera de encontrarte a ti mismo es perderte sirviendo a los demás”.

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      • 30 marzo 2013 16:29

        Pero vale más la palabra de Jesús que dice: “Quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”.

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